> Grandes de nuestro tango

Beba Bidart

Casi sin quererlo, como en un in crescendo del designio divino, se fue convirtiendo en un símbolo de Buenos Aires. Actriz, bailarina, cantante, sus dotes artísticas se desarrollaron de una manera tal que las mujeres porteñas se identificaron profundamente con ella, y el público en general no pudo resistirse a su talento y su carisma, generándose una corriente de especial cariño entre Beba y el gran público; eso que se da, de tanto
en tanto, con los elegidos.              

Nació en Buenos Aires el 3 de abril de 1924, en el barrio de Boedo, y su nombre real y completo fue Eliane René Schianni Bidart.

Su formación empezó como actriz, tan pequeña como a sus de 6 años de edad, en los elencos del Teatro Infantil Labardén. Un par de años después ingresó en la Compañía de Obras para Niños dirigida por Concepción del Valle. También estudió danzas clásicas. Y luego aquella maestra fue convocada para dirigir el cuerpo de baile del Teatro Casino, de modo que con ella debutó Beba como corista en 1941, a sus 15 años, escoltada por su hermana Nelly.

Ya a sus 24 años trabajó en el Teatro Maipo junto a los actores cómicos Adolfo Stray y Mario Fortuna. Y fue pareja del galán Carlos Thompson en la película “Los pulpos”, del director Carlos Hugo Christensen, cuyo estreno en marzo de 1948 constituyó su primer papel de importancia en el la pantalla grande. El filme tenía también como protagonistas a Olga Zubarry y Roberto Escalada.

También dejó registradas sus actuaciones en muchas otras películas, como “Una Atrevida Aventura”, “Por que mintió la cigüeña”, “El túnel”, “La Bestia debe morir”, “La vendedora de fantasías”, “La Casa Grande” junto a Luis Sandrini, “La Calesita”, “El túnel l2” de León Klimovsky, y “La Sentencia”, con Hugo del Carril, “Villa cariño está que arde” (1968), “Buenas noches, Buenos Aires” (1964), “Los muchachos de antes no usaban gomina”, “Susana quiere, el Negro también” (1987). Aunque ninguno resultó tan popularmente exitoso como “Rolando Rivas, taxista”, de 1974, junto a Claudio García Satur, donde tuvo el papel de una conductora de taxi. El filme fue la versión cinematográfica de la siempre recordada telenovela escrita por Alberto Migré, exitazo en 1972.

En la escena teatral acompañó a Tato Bores y a Olga Zubarry en la obra “Madame Trece”. Cantó con la orquesta de Francisco Canaro. Por entonces su carrera fue sumando más y más grandes éxitos y acompañando a figuras de gran prestigio. En el género “Revista”, fue convocada por Carlos Petit para actuar como primera bailarina y vedette, junto a grandes del espectáculo como Marcos Caplan y Pepe Arias, entre otras figuras. Durante los años 50 bailó junto al recordado Tito Lusiardo, y así quedó como su pareja de baile más famosa. Más tarde ella siempre recordaría con emoción la ocasión en la que bailó “El firulete” con Julio Sosa.

Fue importante su carrera televisiva: “Tropicana Club”, “La Revista de Dringue”, junto al gran Dringue Farías; programa en que le propusieron cantar tangos, cosa que empezó a hacer desde ese momento. En 1966 participó en varios episodios de “Yo soy porteño”, con dirección de David Stivel y un elenco rotativo de grandes actores y actrices, cantantes, bailarines. Otros programas nacionales que contaron con su presencia: “Villa cariño esta que arde”, “Bajo el mismo cielo”, “Chantecler”, “Porcelandia”, “La botica del Tango”, “Grandes Valores”, etc.

Beba Bidart estuvo unida durante más de 12 años con el locutor y animador Jorge Fontana. Tras la separación, adoptó un niño a quien dio su apellido y llamó Paulo. Según palabras de su hijo, Beba “siempre ha tenido un nivel de trabajo estupendo. A nivel profesional, era una persona muy responsable. Medía mucho sus tiempos, trataba de estar en buen estado, se cuidaba mucho. Ha hecho muy bien de madre y padre. Me ha educado, ha dado todo por mí y estoy más que orgulloso”.

Paulo es actualmente bailarín, y dirige la Escuela de Tango Beba Bidart, la cual fundó con ese nombre para darle un espacio artístico a su recuerdo.

El 15 de agosto de 1979, Beba inauguró “Taconeando” su coqueto local, transformando una vieja casona en un reducto de tangueros y amantes de esta simbiosis de música, poesía y baile que es tan cara al profundo sentimiento porteño como así también la gran vidriera de Buenos Aires (y de Argentina también) ante el mundo. Taconeando agregaba en ese momento una novedad: además del espectáculo artístico estaba la posibilidad de que el publico bailara. Ubicado en Balcarce 725, barrio de San Telmo, la Bidart supo conducirlo durante muchos años… y entiéndase “conducirlo” en sus dos sentidos: la animación del espectáculo, y la dirección general del local.

Beba grabó alrededor de treinta temas, entre ellos “Me bautizaron milonga” acompañada por orquesta, “El firulete” con el Trío Yumba y “Ventarrón” con la Orquesta Color Tango.

Participó de varios espectáculos tangueros, como “Tu cuna un conventillo”, “Somos del dos por cuatro”, “Una noche en Buenos Aires”, etc.

Bailó la milonga de Mariano Mores “Taquito militar” (con la que quedó siempre muy identificada) ante varios presidentes de la República, entre ellos Juan Domingo Perón, Pedro Eugenio Aramburu, Juan Carlos Onganía; y fue compañera de cortes y quebradas de Carlos Menem, aunque luego de aclararle que lo hacía “como radical”.

Su candidatura a la Academia Porteña del Lunfardo, firmada por Sebastián Piana y José Gobello, implicaba el propósito de insuflarle a la institución el aire de algo así como si fuese un Senado de Buenos Aires, donde estuvieran representadas todas las actividades culturales. Con unanimidad, el 2 de noviembre de 1991, fue aceptada la propuesta, y así se enriqueció la Academia con la presencia y simpatía de esta mujer; seguía siendo una de las personalidades más populares y queridas de la ciudad.

En sus últimos años, Beba Bidart trabajó con otras grandes figuras como Mario Sapag y Alberto Olmedo. Junto a éste, interpretó a la esposa argentina del dictador de Costa Pobre.

La muerte la alcanzó en un momento de descanso en su tanguería de San Telmo, el 27 de agosto de 1994. Se mantuvo ligada al espectáculo toda su vida. Y se despidió de la misma manera: trabajando en lo que amaba.