> Personalidad para recordar

Leonardo Da Vinci
           Primera  Parte         

Es, a la hora de explicar aquella importantísima Era conocida como el Renacimiento, el símbolo mayor, su referente más completo y ejemplar. Pese a que, por razones técnicas y otras, perduran de Leonardo muy pocas obras, sigue siendo considerado uno de los más grandes pintores de todos los tiempos. Pero también es cada vez más valorado como el genio integral sin igual, probablemente la persona con talento (y desarrollado) en el mayor número de áreas distintas de todas las épocas, tanto en los campos artísticos como científicos: ingeniero, inventor, anatomista, pintor, escultor, arquitecto, urbanista, botánico, músico, poeta, filósofo y escritor. Acerquémonos a esta personalidad apasionada y apasionante, que seguramente en los próximos años se pondrá otra vez en boca de todos, porque estamos a 490 años de la muerte de Leonardo, a sólo 10 años de su quinto centenario, y porque se siguen haciendo descubrimientos y pruebas asombrosas respecto
de su avanzadísima obra.

Leonardo Di Ser Piero da Vinci nació el 15 de abril de 1452 en lo que actualmente se llama Italia. Más exactamente, en una casa de Anchiano, a tres kilómetros del pueblo de Vinci, en lo que hoy es una de las 20 regiones italianas: la Toscana (cuya capital es Florencia). Fue hijo natural e ilegítimo del Maestro Piero Fruosino di Antonio da Vinci, notario florentino, canciller y embajador de la República de Florencia y descendiente de una rica familia de notables italianos; su madre fue una humilde campesina, conocida como Caterina, de la cual un estudio hecho hace 3 años sostenía que era una esclava originaria de Medio Oriente. Entiéndase que el “Da Vinci” estaba dado por el nombre del pueblo, pues por aquella época los apellidos eran usados solamente por las grandes familias, mientras que la gente del pueblo se designaba sumándole al nombre todo tipo de precisiones útiles: el nombre del padre, el lugar de origen, un apodo, el nombre del maestro (para los artesanos), etc.

Fue bautizado como Lionardo, según su nombre de bautizo, y pasó sus primeros años en la casa de su padre en Vinci, donde fue tratado como un hijo legítimo, aunque nunca legitimado “oficialmente”. Tuvo cinco madrinas y cinco padrinos, todos ellos habitantes del pueblo.

Recibe instrucción, aprendiendo lectura, escritura y aritmética. Pero, curiosamente, casi no aprendió latín, que era por entonces la base de la enseñanza tradicional. Tal vez un presagio del tremendo modernismo de quien sería una bisagra emblemática entre el mundo clásico (en el que Leonardo tanto abrevaba) y el mundo moderno que se anunciaba.

En 1457 Ser Piero arregló que Caterina se casara con otro hombre de Vinci (juntos tuvieron 5 hijos), mientras que él se casó con una joven de 16 años de una rica familia florentina, Albiera degli Amadori. Leonardo tenía 5 años.

Tras la boda con la florentina Albiera, tanto Leonardo como su padre se mudaron a Florencia, donde el joven recibió la refinada educación que se conseguía en esa ciudad, centro artístico e intelectual de los principales. Además, disponía de los valiosos libros de la biblioteca familiar, y de amigos de su padre. Albiera, al no tener hijos, volcó su afecto en Leonardo, pero murió de parto, muy joven, en 1464.

Su abuela paterna, Lucia di ser Piero di Zoso, ceramista y próxima a Leonardo, fue probablemente la persona que le inició en las artes.

Piero, el padre de Leonardo, se casó cuatro veces, y le dio diez hermanos y dos hermanas menores legítimos.[] Leonardo tuvo muy buena relación con la última mujer de su padre, Lucrezia Guglielmo Cortigiani, y dejó una nota llamándola “querida y dulce madre”. Leonardo tuvo un total de 17 medios hermanos y hermanas, con quienes siempre mantuvo contacto.

A los 15 años, su padre lo envió como aprendiz al taller de Andrea del Verrocchio, el artista más importante de Florencia, escultor, pintor y orfebre. Allí Leonardo cultivó su apasionada preocupación por la calidad y su interés en expresar la movilidad vital de la figura humana. Todo esto fue importante en la formación artística de Leonardo, que se inició en diversas actividades, desde la pintura de retablos y tablas, hasta la elaboración de grandes proyectos escultóricos en mármol y bronce. 

Se dice que ya desde jovencito era elegante, conversador persuasivo, y extraordinario músico e improvisador.

En esta etapa de su formación, el joven también estudió la anatomía humana, participando en la disección de cadáveres (de criminales) en la facultad médica. La disección de cadáveres era algo que estaba volviendo a hacerse, luego de que durante los siglos anteriores (los de la oscurantista Edad Media) estuviese estrictamente prohibido y castigado por la inquisitorial Iglesia. Este regreso a la importantísima investigación científica basada en la disección de cadáveres quedó como uno de los mayores logros y símbolos del Renacimiento (que éste por algo se llama así). Pero por entonces no existían la refrigeración, ni la conservación con formol, y por ende los cuerpos se descomponían muy rápido; el talento y curiosidad de Leonardo eran especiales para poder realizar esas observaciones y apuntes velozmente.

Estas investigaciones en anatomía le permitieron conocer las proporciones físicas de las personas, logrando figuras de asombrosa exactitud que utilizó en sus creaciones artísticas. Precisamente buscando la mejor representación del cuerpo humano, es que en sus apuntes dejó uno de sus dibujos más famosos: el Hombre de Vitruvio (ver el dibujo). Es un estudio de las proporciones del cuerpo humano, realizado a partir de los textos de arquitectura de Vitruvio, arquitecto de la antigua Roma. Representa una figura masculina desnuda en dos posiciones sobreimpresas de brazos y piernas e inscrita en un círculo y un cuadrado. También se conoce como el Canon de las proporciones humanas. El redescubrimiento de las proporciones matemáticas del cuerpo humano en el siglo XV por Leonardo y otros autores, está considerado como uno de los grandes logros del Renacimiento. El “Hombre de Vitruvio” es a menudo considerado como un símbolo de la simetría básica del cuerpo humano y, por extensión, del universo en su conjunto. Actualmente, este dibujo aparece en el reverso de la moneda de euro de Italia.

 

 

Leonardo montó su propio taller independiente en Florencia. El 10 de enero de 1478 recibió el primer encargo público, un retablo para la capilla de San Bernardo en el Palacio de la Señoría; recibió un adelanto, pero nunca inició su labor, que fue empezado recién en 1483  por Domenico Ghirlandaio, y terminado recién en 1485 por Filippino Lippi.

Es seguro que, al menos desde el año 1479, ya no vivió con la familia de su padre, dado que esa fecha consta en un documento del catastro florentino.

Según el Anónimo Gaddiano, en 1480 “estaba con Lorenzo el Magnífico (de Médicis) y, dándole provisiones, le hacía trabajar en el jardincillo sobre la plaza de San Marcos en Florencia”. La adquisición del terreno por parte de Lorenzo fue aquel mismo año y Leonardo tuvo que ejecutar trabajos de escultura y restauración.

En marzo de 1481 le encargaron la Adoración de los Magos, que no acabó, por partir hacia Milán, quedando la tabla incompleta en casa de su amigo Amerigo Benci en 1482.

Para la primavera de 1482 Leonardo ya estaba en Milán, que era una de las pocas ciudades en Europa que superaban los 100.000 habitantes, y estaba en el centro de una región también muy populosa, y especialmente rica. Decidió establecerse en Milán al darse cuenta de que los potentes señores tenían siempre necesidad de nuevas armas para la guerra interna, y consideraba que sus proyectos en la materia eran dignos de ser considerados por el ducado de Milán, aliado de los Médicis. Aunque Leonardo aborrecía la guerra, llamándola "locura bestial", no podía sustraerse a ésta, ya que en su época los estados italianos estaban constantemente en guerras entre sí, y a veces también con otros estados. Las ciudades más importantes eran: Nápoles en el sur, Roma en la parte del centro (controlada por los Papas de la Iglesia Católica Romana) y, en el rico norte, Florencia, Milán y Venecia.

Leonardo, ya con 30 años, era un músico de gran talento, creó una lira de plata en forma de cabeza de caballo, con la que Lorenzo de Médicis quedó tan impresionado que decidió enviarlos a los dos, la lira y su hacedor, a Milán, para asegurar la paz con Ludovico el Moro, que era Ludovico Sforza, duque de Milán y embajador de Florencia. Iba el gran Leonardo, entre otras razones, porque era único en el arte de tocar tal instrumento. Es en Milán donde Leonardo escribió la llamada carta de recomendación a Ludovico el Moro (en realidad, sintiéndose inseguro sobre su modo de expresarse, la hizo escribir por un llamado “hombre cultivado”, dado que el todavía se consideraba un “hombre iletrado”, por su desconocimiento del latín), conservada en su Códice Atlántico; en esa carta describía sus proyectos de aparatos militares, de obras hidráulicas, de arquitectura, y sólo al final, de pintura y escultura. El duque se maravilló de todos los conocimientos que dominaba Leonardo: como arquitecto, ingeniero, hidráulico, inventor; hacía dibujo, pintura, esculturas en mármol, bronce o terracota mecánica, ingeniería militar. Aseguraba que sabía construir puentes portátiles, que conocía las técnicas para realizar bombardeos, construir barcos y vehículos acorazados, cañones, catapultas y otras máquinas de guerra como bombardas (pequeños cañones), trazar caminos y construir portones.

El 25 de abril de 1483, con los hermanos pintores Evangelista y Giovanni Ambrogio De Predis, por un lado, y Bartolomeo Scorione, prior de la Confraternidad milanesa de la Inmaculada Concepción, por otro, estipuló el contrato para un retablo a colocar sobre el altar de la capilla de la Confraternidad en la iglesia de San Francesco Grande; es el primer documento relativo a “La Virgen de las Rocas”, que atestigua su presencia en Milán, en un principio huésped de los hermanos De Predis. La elaboración de este cuadro llevó bastante tiempo, implicó un litigio y acabó habiendo dos versiones de la obra. En esa pintura aplicó un esquema de composición triangular que encierra a la Virgen, el Niño, San Juan y el Ángel; además, utiliza por primera vez la técnica del sfumato (esfumado).

 

 

En 1485 Ludovico el Moro le había encargado un cuadro para enviarlo como regalo al rey de Hungría, Matías Corvino. En 1487 le pagaron los proyectos para el cimborrio de la Catedral de Milán.

Estuvo 17 años en Milán, trabajando en proyectos de todo tipo, tanto artísticos como científicos, en los que aprovechaba siempre para experimentar. Las principales preocupaciones de Leonardo se centraban en las leyes de movimiento y propulsión. Sus esfuerzos estaban depositados en el estudio de la ingeniería militar; desarrolló métodos para disparar catapultas y desviar ríos, sirviendo al Duque como ingeniero y arquitecto en sus numerosas empresas militares. Incluso también fue músico y organizador de fiestas, inventando ingeniosos mecanismos para los espectáculos teatrales, torneos y festivales del Duque.

Aquella dedicación hacia el duque Sforza no le impedía tomar, de tanto en tanto, encargos artísticos para Florencia, que no solían ser grandes pero que igual frecuentemente dejaba inacabados, ocupado como estaba en sus investigaciones de todo tipo y en los trabajos importantes (también de diferentes índoles) para los poderosos señores que lo protegieron. Aún así, como ya veremos, en otras ocasiones sí terminó algunos de esos trabajos menores.

En esos tiempos, además, estudió a Euclides con el matemático italiano Luca Pacioli, y ayudó a éste en su célebre obra La Divina Proporción”. También empezó a explorar los principios del vuelo humano y continuó sus estudios de anatomía. Así como hablaba dialecto y solamente aprendió el Latín de grande, Da Vinci profundizó sus conocimientos matemáticos recién cuando ya maduro considero que le resultaba necesario para seguir avanzando en sus inquietudes. 

 

Su estudio en Milán estaba lleno de actividad con sus aprendices y estudiantes, para los cuales escribió los textos que más tarde agruparía en su “Tratado de la Pintura”.  

En enero de 1490 se reanudaron las fiestas por la boda de Gian Galeazzo Sforza e Isabel de Aragón, boda y preparativos cuya realización se había interrumpido tiempo antes por la muerte de la madre de la esposa; en esos festejos, según escribió el poeta Bernardo Bellincioni en 1493, “se había fabricado, con el gran arte e ingenio del Maestro Leonardo da Vinci florentino, el Paraíso con todos los siete planetas que giraban, y los planetas estaban representados por hombres”. Por esa época sí llega a realizar algunas pinturas de caballete, como el famoso Retrato de dama, llamado “La Belle Ferronnière” (por ser la esposa de un ferretero) que está en el Museo del Louvre.

En 1491 tomó a su servicio a Gian Giacomo Caprotti da Oreno, de diez años, llamado Salaí –diablo, un mote tomado del Morgante de Pulci– a quien Leonardo definió un año más tarde como “ladrón, embustero, obstinado, glotón”, pero al que trató siempre con indulgencia. Años más tarde, el joven Salaí le sirvió de modelo para una pintura de San Juan Bautista.

Se ocupó, en 1492, de preparar los festejos para las bodas de Ludovico el Moro y Beatriz de Este y para las de Ana Sforza y Alfonso I de Este. Es que le encargan importantes trabajos no sólo para el duque sino para diferentes integrantes de la familia, según la ocasión.

Es probable que el 13 de julio de 1493 haya recibido la visita de su madre, Caterina.

Inició en 1495 la “La Última Cena”, pintura mural en el refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie, que le demandó dos años. Respecto de 1496, el registro de una detallada lista de gastos para una sepultura y funeral sugiere que puede haber sido por la muerte de su madre.  (continuará)

En “La Última Cena” recrea un tema tradicional (el último séder, la cena ritual de pésaj, pascua judía de Jesús junto a sus discípulos) pero de manera completamente nueva: no muestra a los doce Apóstoles aislados, sino agrupados de tres en tres, representando muy efectivamente el momento de sorpresa entre los apóstoles al recibir la noticia, de boca de Jesús, de que uno de ellos lo iba a traicionar. Forma una composición con una dinámica muy especial que marcó un hito histórico importantísimo en la historia de la pintura.  Sin embargo, en este caso (como en algunos otros) tenemos que lamentar su ansia de experimentación respecto al soporte, pues utilizó el óleo sobre yeso seco, lo que no resultó bueno: por el contrario, llevó al rápido deterioro de la magistral obra, apenas tres años después. Desde 1726 se llevaron a cabo intentos fallidos de restauración. Pese a todo, la pintura resistió a varias guerras, incluyendo los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.  

A fines de la década de 1970 se inició un programa de restauración de la obra, ahora sí usando tecnologías más modernas, y se lograron mejoras. Aunque la mayor parte de la superficie original se ha perdido, la grandiosidad de la composición y la penetración fisonómica y psicológica de los personajes alcanzan a ser percibidas, y así se puede imaginar lo que habrá sido cuando la pintura no se había perjudicado.  

Durante su larga estancia en Milán, Da Vinci realizó otras pinturas y dibujos, la mayoría de los cuales no se conservan; escenografías teatrales, dibujos arquitectónicos y modelos para la cúpula de la Catedral de la ciudad.

Pero aún no hicimos mención al mayor encargo que realizó: el monumento ecuestre en bronce de Francesco Sforza, padre de Ludovico, homenaje de tamaño colosal, para su ubicación en el patio del Castillo Sforzesco; en esa gran estatua Leonardo trabajó durante 16 años (casi durante toda su estadía en Milán). Pero en diciembre de 1499 Milán fue invadida por las tropas francesas, la familia Sforza fue expulsada de la ciudad, y para colmo la estatua, que aún no estaba terminada,  fue destruida por los arqueros franceses. Ya vemos que la principal responsabilidad de que la Humanidad de todos los tiempos no pueda apreciar una gran obra del inmortal “Lionardo”, al menos en este caso, no fue del mismo artista.

Ante tales cambios, Da Vinci regresa a Florencia y vuelve a desempeñarse como ingeniero militar, dadas las necesidades del momento. Pese a todo, también continuó sus estudios en anatomía, realizando múltiples disecciones, mejorando sus conocimientos y perfeccionándose.