Leonardo Da Vinci  (Segunda Parte)

En marzo de 1499 Leonardo estaba en Génova, ciudad sobre la cual se ceñía la tempestad de la guerra que él mismo había contribuido a provocar; mientras Ludovico estaba en Innsbruck, buscando en vano hacerse aliado del emperador Maximiliano, los franceses del rey Luis XII conquistaron Milán el 6 de octubre de 1499. Leonardo se encontró una mañana con que los arqueros franceses estaban usando su modelo de arcilla a escala real del caballo de la gigantesca estatua ecuestre (homenaje a Francisco Sforza, padre de Ludovico) como blanco de práctica para tiro.

El monumento ecuestre estaba destinado a sobrepasar en tamaño las otras dos mayores estatuas ecuestres de bronce del Renacimiento: “Gattamelata” de Donatello (en Padua) y “Bartolomeo Colleoni” de Verrocchio (en Venecia).

Leonardo ejecutó en arcilla el modelo. De haberse finalizado, hubiera sido una estatua en bronce, de 8 metros de altura, y se alzaría en Milán. Se prepararon 70 toneladas de metal para moldearla. El monumento quedó sin acabar durante varios años, lo que no era inusual en Leonardo, como ya explicamos en la nota de mayo. Miguel Ángel dijo que Leonardo no era capaz de fundir la estatua. .En 1495 el bronce se usó para fabricar cañones para el Duque, en un intento de salvar Milán de los franceses, en 1495.

Aquella imagen de su modelo de arcilla incendiado por la guerra es muy probable que haya sido tremenda para Leonardo, tras su largo trabajo creativo. Pero también puede que haya sido un poco un alivio, porque la chicana de Miguel Ángel Buonarotti era propia de una relación conflictiva como la que tenían los dos genios, pero se basaba en la realidad innegable de la dificultad de la tarea de fundir tantas toneladas de bronce, una tarea para la cual Leonardo sin duda debía requerir ayuda de expertos.

Por iniciativa privada, se construyó en 1999 en Nueva York una estatua construida según los planos de aquella monumental estatua, que fue donada a la ciudad de Milán, donde se erigió.

Tomada Milán, el 14 de diciembre Leonardo hizo depositar 600 florines en el Hospital de Santa María Nuova de Florencia, que actuaba como banca, y abandonó Milán con su asistente Salaí y el matemático Luca Pacioli, uno de sus amigos.

Leonardo permaneció primero en Vaprio d'Adda, cerca de Bérgamo, en la villa del conde Giovan Francesco Melzi.

Luego pasó por Mantua, siendo huésped de Isabel de Este, a la que hizo dos retratos a carboncillo. Se dice que ella puede haber sido su amiga femenina más afin.

Llegó a Venecia en marzo de 1500. Allí fue empleado como arquitecto militar e ingeniero, ideando métodos para defender la ciudad de un ataque naval, previsiblemente de los turcos.

Supervisó las obras en las fortalezas de los territorios papales del centro de Italia, viajó con su ejército y diseñó un puente para cruzar el golfo de Estambul que, aunque no llegó a construirse, es considerado perfectamente viable por los ingenieros actuales.

Leonardo volvió a Florencia a finales de abril del 1500.

Sin embargo, en principio fue una época en que no estuvo mucho tiempo en un solo lugar. Por ejemplo, fue a Roma en marzo de 1501. En abril de ese año estaba de nuevo en Florencia, como huésped de los Servitas en la Santísima Anunciada; aquí dibujó el primer cartón de “Santa Ana, la Virgen, el Niño y san Juanito”, hoy en Londres. Hay testimonios de que por esa época sus experimentos matemáticos lo tenían bastante renuente a los pinceles.

Entró al servicio de César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, en el año 1502, como arquitecto e ingeniero, siguiéndolo en las guerras de éste en Romaña; en agosto estuvo en Pavía, e inspeccionó las fortalezas lombardas de César.

Desde marzo de 1503 Leonardo se encuentra nuevamente en Florencia, y en ese segundo periodo florentino pintó varios retratos, pero el único que se ha conservado es el de la "Mona Lisa", el más famoso de toda la historia de la pintura. También conocida como "La Gioconda", esa pintura recibe ese nombre al identificarse a la modelo del retrato como Lisa Gherardini, la esposa de Francesco del Giocondo. Sin embargo, se tejieron varias hipótesis sobre su verdadera identidad, como que la modelo pudo haber sido Caterina Sforza, o incluso una que afirma que La Gioconda es en realidad un autorretrato del artista. De hecho, se dice que Leonardo sentía una gran predilección por esta pintura, pues la llevaba consigo en todos sus viajes. Esta obra maestra de Da Vinci incluye varias innovaciones técnicas, como el sfumato y el claroscuro, además de la enigmática sonrisa de la retratada.

Además de “La Gioconda pinta una “Leda hoy perdida (quedan los bocetos y una copia). En abril recibió el encargo del fresco de “La batalla de Anghiari en el Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio; Miguel Ángel, que fue elegido para ornar la pared opuesta de ese mural público. Quien le ayudó a conseguir ese encargo fue Maquiavelo, el autor del famoso libro político “El Príncipe”, dado que se habían conocido.

En julio fue a Pisa, asediada por los florentinos, para estudiar la posibilidad de desviar el río Arno y empantanar algunas zonas limítrofes con la ciudad como presión final en busca de que la ciudad capitule.

El 9 de julio de 1504 murió su padre, Piero; Leonardo, inquieto, anotó varias veces este hecho. “Dejó 10 hijos masculinos y 2 femeninos”, según esas mismas anotaciones. El padre no lo nombró heredero y, pese a que los hermanos le oponían la ilegitimidad de su nacimiento, Leonardo busca el reconocimiento de sus razones: después de la causa judicial por él promovida, el 30 de abril de 1506 se liquida la herencia de Piero da Vinci, pero Leonardo quedó afuera del reparto. Sin embargo, tras la muerte de un tío muy querido, Da Vinci logró evadir las artimañas de sus medios hermanos, y entonces sí obtuvo tierras y dinero como parte de la herencia que le correspondía.

Integró la comisión que debía decidir la colocación del David (1505). Se cree que la presencia de Leonardo fue de importancia capital para el cambio de sitio de la escultura, aunque Miguel Ángel estaba disgustado por ello. La batalla de Anghiari ocupó a Leonardo todo un año, recibiendo pagos de la República de Florencia por la obra hasta febrero de 1505.

En 1506 dejó Florencia y marchó nuevamente a Milán, comprometiéndose volver al cabo de tres meses, lo que no hizo, prolongándose su estancia en Lombardía más de lo previsto. Milán estaba entonces en manos de Maximiliano Sforza después de que mercenarios suizos expulsaron a los franceses. Tuvo dos estadías en Milán: de junio a octubre de 1506 y de enero a septiembre de 1507.

En 1506 entró a formar parte de la casa de Leonardo el joven Francesco Melzi, de quince años, hijo del ya citado aristócrata lombardo. Después de tempestuosas escenas de celos, Salai aceptó un nuevo arreglo en su relación con Leonardo, y los tres llevan a cabo varias giras a través de Italia. Aunque Salai fue siempre presentado como su discípulo, nunca produjo nada, ni una obra. Melzi, en cambio, se convirtió en su discípulo y compañero de toda la vida. Viajó a Francia con Leonardo y estuvo con él hasta su muerte.

Más allá de la amistad, Leonardo fue muy reservado respecto a su vida privada. Afirmaba también tener una falta de interés en las relaciones físicas involucradas en la procreación humana: “el acto de la procreación y todo lo que está relacionado con ella es tan desagradable que los seres humanos se extinguirían pronto si no existieran los rostros hermosos y las disposiciones sensuales”.

Todos los datos apuntan a que Leonardo era homosexual; sufrió persecución por eso, y estuvo a punto de enfrentarse a la Inquisición. Sus protectores consiguieron siempre que eludiera el juicio público, que en algunos casos terminaba con la quema en la hoguera. Como sea, permaneció soltero y sin hijos. Leonardo siempre manejó ese tema con gran discreción, quizá debido a que en su juventud estuvo preso dos meses por haber participado en al menos un encuentro de ese tipo.

En 1508 estaba en Florencia, pero después regresa a Milán, ocupándose entre otros proyectos de una estatua ecuestre en honor de Gian Giacomo; obtiene durante casi un año una provisión de 390 sueldos y 200 francos del rey de Francia, que era gran admirador suyo.

Luego se estableció por tres años en Roma bajo el mecenazgo de Giuliano de Médicis, pariente del Papa León Diez. Se alojaba en el Palacio del Belvedere en el Vaticano, residencia del Papa, ocupándose fundamentalmente de experimentos científicos y técnicos. La única prohibición que le impuso el Papa para sus estudios en anatomía y fisiología humana fue disecar cadáveres, pero ya eso solo limitaba considerablemente las investigaciones. Aunque apartado de la bulliciosa vida social y artística del Vaticano, dominada por Rafael y sus seguidores, era reconocido por sus logros.

En 1515 Francisco I de Francia volvió a tomar Milán. Leonardo recibió el encargo de hacer un centro de mesa, un león mecánico, para las conversaciones de paz entre el rey francés y el papa León X en Bolonia, donde probablemente conoció al rey.

En Roma comenzó a trabajar en un viejo proyecto de espejos que campasen los rayos de sol para calentar una cisterna de agua. Pero tuvo dificultades con los trabajadores alemanes, especialistas en espejos. Se cree que fueron ellos quienes enviaron una carta anónima en la que se le acusaba de brujería. En ausencia de la protección de Giuliano de Médicis y enfrentando una situación preocupante, Leonardo se vio motivado, una vez más, a marcharse. Esta vez había decidido abandonar Italia. Era anciano, necesitaba tranquilidad y alguien que lo apreciase y ayudara. La última noticia de su periodo romano data de agosto de 1516, cuando medía las dimensiones de la Basílica de San Pablo.

En 1517 Francisco I de Francia lo invitó a su país, donde en mayo, junto a Melzi y el sirviente Battista de Vilania, se alojó en el castillo de Clos-Lucé, cerca de Amboise, honrado con el título de “Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Reino”, y de una pensión de 5.000 escudos. Fallecido Giuliano de Médicis, Leonardo se fue quedando definitivamente en Francia, protegido por el poderoso e incondicional admirador que ahora tenía.

Proyectó el palacio real de Romorantin, que Francisco I pretendía erigir para su madre Luisa de Saboya: sería una pequeña ciudad, para la cual previó el desvío de un río que la enriqueciera con agua y fertilizase la campiña vecina. En 1518 participó en las celebraciones del bautizo del Delfín y de las bodas de Lorenzo de Médicis con una sobrina del rey francés. Ese mismo año Salai abandonó a Leonardo para volver a Milán, donde más adelante (en 1524) perecería en un duelo.

En sus últimos años vivió en el castillo de Cloux, donde murió el 2 de mayo de 1519, a los 67 años, en brazos del mismo Rey de Francia (según cuenta la leyenda). Fue enterrado en la Iglesia de San Valentín, en Amboise. En sus últimos días, Leonardo pidió que un sacerdote recibiera su confesión y le diera la extremaunción.

En su testamento, legó todos sus manuscritos, dibujos, instrumentos, libros, ropa y dinero a su alumno favorito, Francesco Melzi. A Salai, le dejó las pinturas que conservaba en su estudio, incluyendo la “Mona Lisa”, que posteriormente fue comprada por el Rey Francisco I en doce mil francos. Da Vinci dejó un proyecto inacabado, un “Tratado de la Pintura”; fue recogido por Melzi, pero este joven aprendiz no supo cómo ordenarlo ni tuvo los cuidados necesarios para conservarlo para su publicación.

Tras la muerte de Melzi, la herencia de Leonardo comenzó a dispersarse entre los herederos del discípulo, quienes ignoraban la importancia de lo heredado, lo que los llevó a almacenar los dibujos y manuscritos de Leonardo en un desván, e incluso regalando o vendiendo muy baratas algunas partes a amigos y coleccionistas.

Leonardo no fue pintor prolífico, pero sí fue un prolífico dibujante; sus diarios se mantenían llenos de pequeños esbozos y detallados dibujos que acumulaban todo tipo de cosas que llamaran su atención. Además de los diarios, hay muchos estudios de sus pinturas, algunos de los cuales pueden identificarse como preparatorios de algunas obras concretas como La adoración de los Magos, La Virgen de las Rocas y La última Cena.

Entre sus famosos dibujos está el Hombre de Vitruvio, la Cabeza de un ángel (para La Virgen de las Rocas del Louvre), un estudio botánico de Estrella de Belén y un gran dibujo (160x100 cm) en tiza negra sobre papel coloreado de La Virgen, el Niño Jesús, Santa Ana y San Juan Bautista en la National Gallery de Londres. Este dibujo emplea la sutil técnica del sfumato para sombrear, al estilo de la Mona Lisa. Se cree que Leonardo nunca hizo con ello una pintura, siendo lo más parecido a ello La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana del Louvre de París.

Otros interesantes dibujos incluyen numerosos estudios de deformidades faciales a los que frecuentemente se les llama “caricaturas” (Cabezas grotescas, hacia1490); dado que coincide temporalmente con un examen detenido de las proporciones del esqueleto se cree que la mayor parte están basadas en modelos reales.

Hay numerosos estudios de su bello joven, Salaino, con sus raros y muy admirados rasgos faciales, el perfil griego. A menudo lo representa con disfraces. Hacia 1508 realizó un hermoso dibujo femenino, conocido como La despeinada.

De sus obras, quizás sobreviven 15 pinturas, además de sus preciados diarios (hoy divididos en Códices), que contienen dibujos, diagramas científicos, y notas. Planeó frecuentemente pinturas grandiosas con muchos dibujos y esbozos, dejando los proyectos inacabados.

La admiración hacia Leonardo como científico e inventor es relativamente reciente, puesto que a lo largo de cuatrocientos años su enorme fama se debió casi por completo a sus logros como pintor. Pero esa admiración no por reciente es menos merecida y emocionante.

Leonardo comprendió y utilizó el auténtico método experimental un siglo antes de que Francis Bacon filosofase sobre él y de que Galileo lo pusiera en práctica. Dijo que la verdadera ciencia se basa en la observación y que si pudiera aplicarse a ella el razonamiento matemático, podría lograrse mayor certeza, lo que hoy en día es uno de los pasos fundamentales del método científico.

Registraba con minuciosidad sus elucubraciones sobre temas técnicos y científicos; pero además, combinando perfectamente el arte con la ciencia para representar de la mejor manera posible la materialización de sus ideas. Incluso la geología fue parte de sus inquietudes, pues hizo certeras observaciones sobre diversos restos de fósiles.

Así, descubrió cómo la sangre recorre constantemente todo el cuerpo humano, llevando el alimento a cada una de sus partes y retirando los desechos, adelantándose así al descubrimiento de Harvey sobre la circulación de la sangre. Estudió los músculos del corazón e hizo dibujos de las válvulas que parecen demostrar que conoció su funcionamiento.

Sus notas contienen dibujos de numerosas innovaciones, como diversas máquinas para volar, incluido un artefacto parecido al helicóptero. El 3 de enero de 1496 ensayó una de sus máquinas para volar, sin éxito. Prefiguró, entre otras cosas, el esnórquel de buceo, el paracaídas, un submarino y un dispositivo con engranajes que se cree era una máquina para calcular. Relativamente pocos de sus diseños fueron construidos o eran posibles en vida del autor.

Da Vinci consideraba a la mecánica como la más noble de las ciencias, pues mediante ella realizan sus acciones todos los cuerpos que poseen movimiento. Previó el principio de la inercia –que después Galileo demostró experimentalmente– y demostró la ley de la palanca por el método de las velocidades virtuales, un principio que ya había enunciado Aristóteles y utilizó más tarde Galileo. También se interesó por la hidrodinámica, estudiando las corrientes de agua y la propagación de las olas sobre la superficie. Sus estudios versaron sobre las olas en el agua, las ondas del aire y las leyes del sonido, adelantándose a la moderna teoría ondulatoria de la luz.

Su fascinación por la maquinaria lo llevó a estudiarlas desde muy joven; esto ya lo fue aprendiendo en el estudio de Verocchio. A partir de las observaciones obtuvo un conocimiento práctico acerca de su diseño y estructura. Algunos de sus primeros dibujos muestran cómo trabajaban las partes de diversas máquinas. Su gran talento como ilustrador le permitió materializar sus ideas mecánicas con tal claridad que, quinientos años después, muchos de sus dibujos pueden ser usados fácilmente como planos para crear modelos perfectamente funcionales.

Diseñó una máquina voladora, el orintóptero, un modelo dotado de alas giratorias equipado con amortiguadores para conseguir un suave aterrizaje. Aunque nunca se construyó, el helicóptero moderno está basado en ese concepto. El primer paracaídas fue diseñado por Leonardo da Vinci, pues estaba convencido de su utilidad para cuando se construyeran las máquinas voladoras.

La vida personal de Leonardo es en gran parte un misterio; apenas han llegado indicaciones acerca de sus costumbres, gustos o defectos. Se sabe que era estrictamente vegetariano, por sus cartas y escritos sobre anatomía, en los que llama a los omnívoros "devoradores de cadáveres". Se dice que compraba animales enjaulados y los liberaba.

Escribió la mayor parte de sus escritos en toscano, un dialecto florentino. Además, escribía al revés, de derecha a izquierda, pudiendo leerse su escritura solamente vista a través de un espejo (escritura especular). La explicación más aceptada acerca de eso es que, como era zurdo, se le dificultaba escribir de izquierda a derecha sin que se embarrara la tinta. Sólo cuando escribía una carta u otro texto para alguien más, lo hacía normalmente. Sin embargo, al final de su vida, ser zurdo resultó considerablemente ventajoso, ya que sufrió una parálisis en el brazo derecho que le impedía pintar, pese a lo cual, pudo continuar dibujando y escribiendo sin problemas con su mano izquierda.

Leonardo Da Vinci fue, como pocos, quizá como ningún otro, una personalidad para recordar. También para acercarse y conocer.