> Grandes de nuestro tango

Sebastián Piana

Este mes de julio se conmemoran 15 años del fallecimiento de este músico, uno de los de más larga trayectoria de la música popular argentina. Más que como pianista, Sebastián Piana es recordado como un gran compositor. Entre sus más famosas obras están los tangos “Sobre el pucho”, “El pescante”, “Viejo ciego”, “Silbando”, “Tinta roja” y las milongas “Milonga sentimental”, “Milonga triste” y “Milonga del 900”, éstas con letras de Homero Manzi. Vale la pena conocer y recordar a tan importante artista.

Sebastián Piana nació en Buenos Aires un 26 de Noviembre de 1903, en el barrio de Almagro, en el hogar de una familia de inmigrantes italianos. Su infancia la pasó en Villa Crespo.

Su padre también se llamaba Sebastián, y además de peluquero y músico aficionado, tocaba varios instrumentos: mandolina, guitarra, piano. Era amigo de Adolfo Pugliese (papá de Osvaldo) y de Pedro Maffia, e integraba los primitivos grupos de tango en los cafés de La Paloma y Tontolín, a los que lo llevó desde muy chico.

Comenzó estudiando el violín con su tío Pedro Bertolero, que no era muy buen docente, en 1910. Pero dado que el pequeño no se sentía a gusto con ese instrumento, abandonó durante dos años la música. Ya a los 10 años volvió a estudiar, pero piano, y ya junto a su padre. Estudió también en el instituto Musical Odeón, con el maestro Antonio D´Agostino, el mismo que por la misma época le enseñaba a Osvaldo Pugliese.. Empezó en un trío infantil cuando tenía sólo 12 años. Profesionalmente, debutó en un cine de barrio, a los 17 años, tocando valses y fragmentos de óperas.

Ya recibido como profesor de piano y solfeo, estudió armonía con el padre Martín Cazzaniga, y luego estudió con Juan Francisco Giacobbe, ambos del barrio de Almagro. Pero como su deseo era ser concertista, siguió perfeccionando sus conocimientos con un muy importante músico argentino: Ernesto Dragonsch, hasta que éste murió, en 1925.

Compuso a los 17 años de edad sus primeros tangos influenciado por las renovaciones de músicos como Agustín Bardi y de Juan Carlos Cobián: “Sabor popular”, “La tapera” y “El hombre orquesta”. Pero no los difundía, porque hasta entonces su intención era ser un buen profesor de piano, “ser un músico de responsabilidad y profesión, en forma seria”, como él mismo rememoró en charlas. El tango lo sentía porque estaba cercano al ambiente, pero no lo tenía como plan. Hasta que...

En 1922, junto a José González Castillo, amigo de su padre, compuso el tango “Sobre el pucho”, para presentarlo al concurso de obras con letra organizado por los cigarrillos Tango, y entre 154 tangos, obtuvo el segundo lugar. El ganador de aquel concurso fue “El ramito”, de Juan de Dios Filiberto. Además, la decisión de darle el segundo puesto (y no el primero) estuvo muy difícil y resolvieron darle el segundo porque les parecía muy corto; hasta ese momento los tangos solían tener al menos 3 partes, pero Piana y González Castillo hicieron un tango de los que se venían: sólo 2 partes diferentes. Los 500 pesos del premio eran algo importante para la época; González Castillo, recordemos que era amigo de la familia Piana, aduciendo que ya estaba muy contento con el galardón conseguido, no quiso tomar su parte del dinero. Con ese monto total, el joven compositor compró el piano que tuvo durante el resto de su vida.

“Sobre el pucho” fue grabado enseguida por Gardel, resultando el primer gran éxito personal de Piana. Y entre el premio “cigarrillos Tango” y el enorme premio del registro del Zorzal Criollo, Piana se fue haciendo a la idea de que tenía que seguir haciendo tangos.

Entonces un amigo le dijo que Sofía Bozán buscaba un pianista que le enseñara los tangos que ella debía estrenar, entonces se acercó y quedó. Se hizo muy amigo de ella, y le estrenó un tango suyo (con letra de Manuel Romero): “Carnaval de antaño”. Y en eso se fue “mezclando” más en el ambiente tanguero.

En 1923, colaborando de nuevo con González Castillo (y con el hijo de éste, Cátulo Castillo, en la música), hicieron el gran tango “Silbando”, estrenado por Azucena Maizani en la revista Poker de Ases, en el viejo Teatro San Martín. La primera parte la escribió G. Castillo, sugiriéndole que si le gustaba le hiciera la segunda. “Águila Real” (dedicado al aviador Claudio Mejía) fue su siguiente obra uniéndose poco después a Pedro Maffia, que luego se convertiría en su cuñado, en la dirección de una academia de música -en la calle Salguero- donde comenzó su carrera docente.

Cátulo Castillo fue quien insistió en que conociera a Homero Manzzione (Manzi), “un muchacho que escribe muy bien”. Homero tenía 18 años.

Con el bandoneonista Maffia compuso “Arco iris”, tango consagrado segundo en los concursos de la grabadora Glücksmann, y grabado por Francisco Canaro. En 1929, compuso un tango para orquesta que se llamó “Milonga clásica” y, con Cátulo Castillo, la música para “El ciego del violín”, con versos de Homero Manzi; hoy día ese tango es conocido con el título “Viejo ciego”.

Hacia 1930, Rosita Quiroga le encargó a Manzi que escribiera una milonga, y éste le pidió a Piana que compusiera la música, para así poder luego escribir los versos. Fue ahí que compuso “Milonga del 900”, pero decidió que estaba muy bien, y en lugar de darle la música a Manzi, se la dio a González Castillo. Pero Manzi insistió en la música para su milonga y así, en tan solo una hora, Piana compuso “Milonga sentimental”, que para la época fue un éxito impresionante. Pero miren qué ironías tiene el destino: la “Milonga del 900” recién tuvo versos tres años después de haber sido compuesta por Piana, y fue Manzi quien se los escribió, y no fue Rosita Quiroga quien la estrenó, sino Mercedes Simone.

Siguió componiendo milongas acompañadas por los versos de Manzi, como “Pena Mulata”, “Ropa Blanca”, “Papá Baltasar” o la muy famosa “Negra María”. El binomio Piana-Manzi es, además, autor de “Milonga triste”, “Milonga de los fortines”, “Milonga de Juan Manuel”, “Milonga de Puente Alsina”; los tangos “El pescante” y “De barro”, y el vals “Esquinas porteñas”, también con letras de Homero. La milonga por aquellos tiempos estaba relegada a tan sólo letra, como la milonga surera o de los payadores. Fue el talento de Sebastián Piana lo que logró renovarla. Según él, la música era lo fundamental. Gracias a todo ese afán por revitalizar a la milonga (y el candombe), muchas veces a Sebastián Piana se lo evoca como el “Señor Milonga”.

También compuso un conjunto de temas en colaboración con el poeta León Benarós, como las milongas “Guitarra de Echeverría”  “La Milonga de Arolas”, “Milonga del lecherito”, y “Morocha soy todo tuyo”, y el tango “Buenos Aires tres mil”.

Integró la orquesta de Pedro Maffia esporádicamente, cuando la misma tenía dos pianos (el otro era Vicente Demarco) y dirigió el acompañamiento de Mercedes Simone hasta formar su Orquesta Típica “Candombe”, con la que grabó para el sello RCA-Victor.

Para cine, hizo la música incidental, y también canciones, para muchas películas argentinas: “Sombras porteñas”, “Una porteña optimista”, “Nobleza gaucha”, “Las de Barranco”, “El hombre que nació dos veces”, “Carnaval de antaño”, “Los muchachos se divierten”, “Confesión”, “Fortín Alto”, “Vidalita”, “Arrabalera”, “Los isleros”, “Vivir un instante”, “Derecho viejo”, “La parda Flora”, “Los orilleros”, y “He nacido en Buenos Aires”, entre otras producciones cinematográficas. También musicalizó una pieza teatral de Goicoechea y Cordone: “La boina blanca”.

Y volvió a brillar con todo su repertorio tanguero con otras obras perdurables: “Tinta roja”, “Juan Tango” y “No aflojés”, y el vals “Caserón de tejas” (con letra de Cátulo).

Profesor del Conservatorio Municipal Manuel de Falla y maestro de canto coral en la enseñanza primaria, dio a conocer también “Misa de Gloria” (coral a tres voces) y “Escenas de Ballet”. Además de las composiciones populares ya citadas, le pertenecen, en distintos momentos de su trayectoria, los tangos “Recién pudo llorar”, “Trampa”, “Una aventura más”, “Campanas de dolor”, “Misa rea”, “Princesa arrabalera”, “El misterioso soy yo”; “Billetes”, “Dale, dale” y “Son cosas del ayer”, entre un total de alrededor de 500 temas.

Aún a los 90 años seguía componiendo y dando clases. También fue Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo.

Murió en Buenos Aires el 17 de Julio de 1994, en la ciudad de Buenos Aires.