No molestar: ¡Niño con berrinche!!

por:  Viviana.S. González - Docente

Muchas veces nos desconcertamos ante las rabietas de los pequeños, quienes de un momento al otro pasan de ser angelitos a pequeños monstruitos.

Debemos saber que las llamadas rabietas y crisis de llanto, que ponen nerviosos hasta a los padres más pacientes, son habituales en los niños hasta los 3 años. El berrinche es una etapa en el desarrollo emocional de los pequeños.

Esto tiene que ver con que promediando el primer año de vida, el bebé aprende a caminar, se siente más independiente, puede deambular a su antojo. Cuando descubre que el mundo está para él y puede ser más autónomo, le cuesta aceptar los “NO”. Ahora que quiere y puede, hará valer sus posibilidades a toda costa.

El berrinche tiene una característica: va dirigido a alguien, generalmente a la mamá o al papá. Los niños no hacen berrinches solos en su cuarto, a menos que sepa que hay alguien que está afuera escuchando. Lo más importante es recordar que el berrinche es una inhabilidad de controlar las emociones profundas que sienten, pero a esta temprana edad no puede ser considerado como un síntoma de inestabilidad.

Los caprichos comienzan a ceder paulatinamente cerca de los tres años de edad, porque en ese momento es cuando el niño comienza a apropiarse del lenguaje, comienza a expresar sus emociones, sentimientos, desagrados. Ya no necesitará del llanto y la rabieta para decir lo que quiere y no quiere. Puede hacer uso de la palabra para comunicarse con el mundo de los adultos.

Sin embargo, aunque comprendamos el porqué de estos berrinches, es necesario que los adultos (padres, maestros, abuelos, etc.) intervengan para que estos caprichos no se conviertan en hábitos y, de esa manera, se constituyan en el modo de reacción habitual para conseguir lo que quiere.

El modo de reacción del niño es el resultado de una serie de variables: su personalidad, sus experiencias de vida, y por sobre todo la actitud de los padres, dado que la manera en que ellos afronten las reacciones de su hijo será determinante para su comportamiento futuro. Es importante que ellos mantengan una postura coherente y constante, sosteniendo los acuerdos a los que llegaron respecto del modo de abordar al niño y sus rabietas.

Cada niño necesita diferentes maneras para calmarse frente a sus propios enojos. Lo importante es que frente al propio enojo no se sienta solo, que sepa que podemos estar cerca, aunque sin hablar. Hay niños que entre llantos y gritos, piden el abrazo de la mamá. Lo necesitan para retomar la calma.

Pero siempre se deben sostener los límites o pautas planteados. Es necesario mostrar firmeza, mantener la decisión tomada y sin claudicar. Un NO constituye un límite que lo tranquilizará y lo aliviara, aunque no este de acuerdo.

¿Qué podemos hacer ante un berrinche?

> Dar opciones: Aunque se trata de cumplir una orden, brindarle opciones le da al niño cierta sensación de control de su decisión. Ejemplo: es hora de dormir, ¿preferís un cuento o una canción?

>Cada vez que se le dice que no, decirle algo de lo que sí puede hacer.

>Darle el motivo del límite o la pauta impuesta.

>Distraerlos (leer un cuento, juegos o una broma)

>Tomarse un tiempo antes de actuar espontáneamente. Que sea la razón la que oriente la decisión, y no la emoción. Lo importante es enviar el mensaje de que de esta forma no va a conseguir nada.

Ahora, si después del NO, los padres ceden al pedido del pequeño con el sutil “pero mira que la próxima vez…” entonces la batalla estará perdida. Manipularán lo que querían y lo harán más seguido y en público para ejercer presión.

Los padres son los responsables de enseñar y ayudar a crecer a sus hijos. Responder con enojos o con violencia a los enojos y rabietas de los hijos sólo generará en ellos mayor violencia e inseguridad.

La tolerancia, la contención, el criterio, AMOR y el buen humor deberán servir de guía a los papás para actuar ante estas situaciones, dado que los berrinches forman parte de las conductas esperables de los niños.