> Grandes de nuestro tango

Lucio Demare 

Si estuviese vivo, este 9 de agosto estaría cumpliendo 103 años. Gracias a Canaro, logró un extenso éxito en la España pre-franquista, como parte del “Trío Argentino”, más recordado como “Irusta-Fugazot-Demare”. Dirigió su propia orquesta, y desde los años 60 fue solista en varios boliches tangueros. Hoy sigue siendo valorado por la música de “Malena” y otros tangos de especial calidad, como “Tal vez será su voz”, “Dandy” y “Mañana zarpa un barco”. En marzo se cumplieron 35 años de su muerte.

Lucio Demare nació en Buenos Aires (barrio del Abasto) el 9 de agosto de 1906.

Domingo Demare, su padre, fue su primer maestro de música, a los 6 años de edad; también le enseñó su primo Luis Riccardi, y fue alumno del mítico profesor de piano Vicente Scaramuzza. Según el mismo Demare dijo, en una entrevista que el escritor y periodista Osvaldo Soriano le hizo el 27/1/1974, que el Maestro Scaramuzza “tenía una particularidad: si uno no tenía las condiciones que él requería, lo mandaba al ablande con su señora o con su hermana, y si no lo echaba. Tuve la suerte de que me tomara. El maestro me quitó todos los vicios que yo tenía y que requerían tiempo para modificar. Me enseñó la manera de colocar las manos, el relajamiento de los brazos y otras cosas. Lo pude captar y me quiso mucho.”

A los ocho años Lucio ya tocaba profesionalmente; uno de esos raros casos de niño prodigio al piano. “Sacaba cuarenta pesos mensuales en un cine cerca de mi casa acompañando la proyección de las películas mudas. Tocaba desde las dos de la tarde hasta las doce de la noche. Aún siendo un trabajo lo hacía con cariño. Esto era por el año 1914, desde entonces no paro de trabajar”. En el cine tocaba fragmentos de óperas, canciones, “de todo menos tango... el tango era algo que estaba en la calle y en un sector determinado; además era cosa de personas mayores”.
De 1922 al 24 integró la orquesta de jazz del banjista Nicolás Verona, con la que actuó en el “Real Cine” de la calle Esmeralda; y de 1924 al 26 con de la Eleuterio Iribarren en el cabaret “Ta-Ba-Rís”. Ahí sí estuvo “balbuceando algunos tangos, con entusiasmo porque me gustaba mucho. Pero entonces no lo veía como mi música exclusiva para el trabajo, porque una cosa es lo que está escrito y otra el swing, el yeite que se debe tener para tocarlo, como cualquier música popular”.

“Mi maestro en el tango fue Minotto Di Cicco. Él fue quien me dijo lo que tenía que hacer. Todo esto lo hacía cuando Canaro se iba, a las tres de la mañana porque él no quería que su orquesta funcionara con otros elementos que no fueran los suyos. Unos meses más tarde, le dije a Canaro que me llevara a Europa. Me preguntó que quería hacer y le respondí: «Tango». «Usted no sabe tocar el tango», me contestó. Yo, desde el palco de enfrente, el de jazz, le contesté que estaba aprendiendo, que me gustaba. No contestó nada. Pasó un tiempito y un día me pregunta si todavía andaba con ganas de ir a París”.

En 1926 Francisco Canaro le dice que vaya con su padre a París, para integrarse a su orquesta alternativa (la que dirigían sus hermanos Rafael y Juan), el veinteañero al piano y su padre como violinista. Entonces viajaron a la capital francesa.

Allá Canaro le insiste en que se sume a otros dos jóvenes músicos, los cantores y compositores Agustín Irusta y Roberto Fugazot. El trío debuta en Madrid, presentádose como “Trío argentino”, en 1927. Realizaban un cuadro criollo donde se presentaban con vestimenta gaucha. Consiguen un éxito impresionante, que pudieron prolongar por nueve años; sus temas son cantados por el pueblo y las radios los difunden sin cesar. Fichados por la empresa discográfica Gramófono, de Barcelona, dejaron registros; se vendían miles de discos.

En Europa fue que compuso algunos de sus grandes tangos románticos, como “Mañanitas de Montmartre” y “Dandy”, aunque esos nombres los adquirió tiempo después, cuando les agregaron letra. El segundo fue cantado por Gardel.

Como el trío le gustaba pero le parecía poco, Demare hizo un esfuerzo enorme y pudo juntar músicos argentinos como para una orquesta, aunque no muy grande. Entre ellos estaban Héctor María Artola y Antonio Polito. Entre todos armaron un espectáculo de hora y media de duración con el que recorrieron toda España.

Pese a que en el país del Quijote tenían siempre un éxito impresionante, desde allí viajaron a los países del Caribe. En México se presentaron sin Demare; el músico que sustituyó al pianista fue el guitarrista Rafael Iriarte.

El regreso a Buenos Aires recién fue en 1931, y así el trío debutó por Radio Sténtor y en el Cine Broadway. Venían de Caracas, donde solamente actuaron en una oportunidad (1931, pasando luego por Guayaquil y Lima).

En Buenos Aires el dúo de cantores y Demare sólo grabaron algunos temas con la orquesta de Francisco Canaro; entre éstos recordamos a “La muchachada del centro”, por su maravilloso dúo vocal.

Dado que en nuestra ciudad no gozaron del grado de éxito que estaban acostumbrados a lograr en España, vuelven a cruzar el océano, y en Barcelona se encuentran con una orquesta uruguaya, la que encabezaban Ángel Sica y Francisco Panedas. Deciden unirse, y siguieron juntos, por un tiempo.

La compañía Paramount, que contrataba a Gardel se interesó en ellos, pero Fugazot no quiso: “No, no, nosotros no. Los americanos nos contratan por semanas, nos van a hacer filmar cuatro o cinco películas como chorizos, nos pagan equis dólares y chau. Vamos a hacer la película que nos dé la gana y la producimos nosotros”, contó Demare que recalcó Fugazot, indicando lo que harían.

Lucio Demare debuta entonces en un rodaje de cine junto a sus compañeros del trío. En esa ocasión, la película fue “Boliche” (1935), y en ella también tuvo su primer desempeño su hermano Lucas, quien luego hizo una importante carrera como cineasta.

“Nos pusimos a trabajar rompiéndonos el alma. La filmación duró como 8 meses, dirigía Paco Elías, un español. Antonio Graciani era el libretista. Yo hacía el papel de un músico ciego, y mis compañeros hacían de cantantes. Las ocho o nueve canciones fueron todas pegadas mías. La película anduvo bien, pero no vimos un centavo, porque el señor distribuidor se quedó con todo. Se daba en un cine que estaba enfrente del que daba Luces de Buenos Aires, con Gardel, por lo que se enganchaba a la gente que salía de ver a Carlos.”

Dos años después, también aparecen en “Ave de paso”, otro filme rodado en España. En 1936, ante la inminencia de la guerra civil en España, el trío regresa a Buenos Aires. Ese mismo año participan en la película “Ya tiene comisario el pueblo”, donde todas las músicas eran de Lucio Demare (algunas colaborando con Francisco Canaro), y las letras de Claudio Martínez Paiva, de gran calidad pero que no llegaron al disco.

“Mis temas siempre los compuse solo. Me acuerdo una noche de 1931, que estábamos los tres (Irusta, Fugazot y él). Me levanté, porque no podía dormir, y fui a la sala de música. Empecé a hurguetear entre los libros y encontré Por el camino adelante, de Joaquín Dicenta, hijo. Y lo musicalicé a las tres de la mañana. En España fue un éxito notable. Allí conocían los versos de Dicenta, decían que eran versos españoles con la música de las pampas”. A él le gustaba componer sobre textos ya realizados; por eso no pudo hacer nada con Discépolo: porque el creador de Cambalache le dijo que no podía escribir una letra sin que le den primero la música. La mayoría de lo que hizo con Manzi fue con letras que le pasó Homero.

Ya disuelto el trío, en 1938 Lucio Demare forma su propia orquesta, en compañía del gran violinista Elvino Vardaro. El primer bandoneón fue Alfredo Calabró, y el canto estaba a cargo de Juan Carlos Miranda.

Al siguiente año se separa de Vardaro y prosigue solo. Ya como único director de la orquesta, trabaja tocando en Radio El Mundo, Radio Belgrano y en salas.

El primer disco grabado por la orquesta tenía “La racha” y “Telón” (éste con letra de Manzi). Contando esas grabaciones, hasta 1950 hicieron 62 registros para el sello Odeon, con las voces de Miranda, Raúl Berón y Horacio Quintana. Luego hicieron otras, para diferentes casas discográficas, como Columbia y T.K.

Como compositor se caracterizó por una ductilidad musical especial; sin dudas fue un compositor excelente. Sus primeras obras fueron fox-trots, allá por el año 1924: “Melodía de amor” que grabó Azucena Maizani con la orquesta de F. Canaro; también “Mr. Böhr”, dedicado al letrista José Böhr, a quien le musicalizó “Cascabelito”.

Musicalizó una serie de letras de Homero Manzi: “Hermana”, “Telón”, “Mañana zarpa un barco”, “Malena”, “Solamente ella”, etc. Algunos otros de sus grandes éxitos como compositor fueron (y siguen siendo, en varios casos): “Pa mí es igual”, “Negra María”, “Sorbos amargos”, “Tal vez será mi alcohol” (título que tuvieron que cambiar, obligados por la censura, por el de “Tal vez será su voz”), “No nos veremos más”, “Hermana”, “Mientras viva”, “Sentimiento tanguero”, “Más allá de mi rencor”, “La calle sin sueño”, “Sosteniendo recuerdos”, “Milonga en rojo”.

Además de los ya citados, durante sus años de labor la orquesta de Lucio Demare tuvo como cantores a Héctor Alvarado y Armando Garrido.

Desde sus inicios en el tango, Demare tuvo un estilo romántico, como si se hubiera enrolado en la llamada “escuela romántica”, aquella surgida poco antes con los tangos de Juan Carlos Cobián y Enrique Delfino; varias de sus creaciones “arromanzadas” están entre las de más alta calidad de las obras de esa índole, tendencia que tuvo su auge aproximadamente entre 1915 y 1935. Ya cuando tuvo orquesta a su nombre, y en Argentina, su estilo se puede encontrar más cercano a los de Aníbal Troilo y de Joaquín Mora, con una gran inspiración y riqueza, pero ganando porteñismo.

En el año 1948, y a raíz de la tentadora iniciativa de un empresario cubano, el trío Irusta-Fugazot-Demare vuelve a formarse para cumplir un contrato en la isla, actuando en radio y dejando más de cuarenta grabaciones no comerciales.

Musicalizó muchas películas argentinas, en especial las que dirigió su hermano: “Su mejor alumno”, “Pampa bárbara”, “La guerra gaucha”, “Mi noche triste”, “Payaso”, “Mercado de Abasto”, “El hijo del barrio”, “Su mejor alumno”, “Zafra”, “La cigarra está que arde”, etc. Algunas otras fueron: “La casa grande”, “Hermanos”, “Nativa”, “El mozo número 13” , “¡Arriba juventud!”, etc.

Con su orquesta, apareció en la película “Sangre y acero” (1955). En la década del sesenta, cuando muy pocas orquestas podían seguir funcionando (y con gran esfuerzo y sin las mismas recompensas económicas de antes) Demare siguió brindando su arte como solista en clubes nocturnos de Buenos Aires. La gente iba tanto a escuchar su música como a charlar con él, y en algunas ocasiones coincidían en tocar junto con Ciriaco Ortiz o con Máximo Mori.

“Inauguré Cambalache, con Tania, tenía mis amigos y ella los suyos. Tocaba hasta las cinco de la mañana como si el negocio fuera mío, pero yo era nada más que un empleado de ella. Dos años después hice una intentona para tener un local propio (“La Tanguería de Lucio”), en la calle Cangallo. Fui con Mercedes Simone. A los pocos meses se enfermó y le compré su parte con unos socios. Pero estos me defraudaron”.

Entonces en 1969 puso un nuevo local, pero en San Telmo (Balcarce y Giuffra), con el nombre de “Malena al Sur”. Entonces sí le fue muy bien.

Hasta aquí hicimos la reseña de un creador insoslayable. Que además fue testigo y al mismo tiempo jovencísimo protagonista de aquellos recordados tiempos del tango en Europa. Y que luego pudo volver para sí pasar a ser “profeta en tierra propia”. Vivió todo el tiempo con la música, ofreciendo su arte sin pausas, como cumpliendo una misión divina. Pasa a ser cuestión del lector curioso, apasionado, el seguir interesándose por conocer más detalles de Lucio Demare, sin ninguna duda un grande de nuestro tango.  (N. de la Redacción: quien quiera conocer la versión completa de la entrevista de Osvaldo Soriano a Lucio Demare, puede visitar el sitio www.todotango.com)