Qué es el Ataque Cerebral

El ataque cerebral es una afección causada por la súbita pérdida de flujo sanguíneo cerebral (isquémico) o por el sangrado (hemorrágico) dentro de la cabeza.

Cualquiera de las dos situaciones puede provocar que las neuronas se debiliten o mueran, ya que sin oxígeno las células nerviosas no pueden funcionar. Las partes del cuerpo controladas por las regiones del cerebro afectadas, consecuentemente, también dejan de funcionar.

Los efectos de un ataque cerebral son a menudo permanentes, ya que las células cerebrales muertas no se pueden reemplazar. Afortunadamente, por medio del reconocimiento temprano de los signos de un ataque cerebral y la búsqueda inmediata de atención médica se pueden reducir considerablemente las posibilidades de muerte y discapacidad. El tiempo perdido es cerebro perdido.

Los nuevos tratamientos sólo funcionan si son aplicados dentro de las tres primeras horas de presentados los síntomas iniciales, entre los que se cuentan:

Síntomas: Falta de sensación, debilidad o parálisis repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo; se trata del síntoma más frecuente.

Confusión súbita, problemas repentinos para hablar o entender. Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos. Dificultades para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación. Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad.

Factores de riesgo: Existen dos tipos de factores de riesgo para el ataque cerebral: controlables y no controlables. Los primeros son bastante conocidos, debido a que son los mismos que para la enfermedad coronaria y el infarto cardíaco: Hipertensión Arterial: Es el factor de riesgo más frecuente; está presente en casi el 80% de los pacientes que sufren un ataque cerebral en la Argentina. Diabetes: El control de la diabetes es esencial. En la Argentina, el 22% de los pacientes que sufren un ataque cerebral es diabético. Alcoholismo: El consumo excesivo de alcohol tiene una estrecha relación con el riesgo de sufrir hemorragias cerebrales. Cigarrillo: El riesgo de sufrir un ataque cerebral aumenta entre un 50% y un 70% en fumadores y el impacto es mayor en mujeres. Colesterol elevado: El colesterol aumenta el riesgo de que se tapen las arterias, incluidas las que van al cerebro.

Otros factores de riesgo que pueden ser controlados incluyen: Sedentarismo; la falta de actividad física puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Drogas ilícitas; la cocaína y otras drogas se asocian a una mayor frecuencia de ataques cerebrales. Obesidad; es un importante factor de riesgo y su presencia potencia a otros factores.

Sobre los otros factores de riesgo que no pueden ser controlados, es importante reconocerlos para poder identificar individuos con un mayor riesgo de sufrir un ataque cerebral: Edad. El riesgo de sufrir un ataque cerebral se duplica a partir de los 55 años de edad. Género. Los hombres tienen mayor riesgo con respecto a las mujeres. Herencia. Las personas con antecedentes familiares de enfermedad coronaria o cerebrovascular constituyen un grupo de mayor riesgo. Antecedentes personales. Quienes ya sufrieron un ataque cerebral tienen mayor riesgo de tener otro.

Cómo prevenirlo: Si bien el riesgo de sufrir un ataque cerebral no puede eliminarse por completo, puede trabajarse para disminuir la probabilidad de sufrir un evento mediante: Controles médicos regulares. Estricto control de la presión arterial. Abandono total del cigarrillo. Optimización y seguimiento médico de la dieta. Ejercicio físico bajo supervisión médica. Control estricto de la diabetes. Control y tratamiento de las enfermedades del corazón.

Cómo tratarlo. En los últimos años se han logrado importantes avances en el tratamiento del ataque cerebral. Como en otras emergencias médicas, la consulta debe hacerse inmediatamente ante la aparición del primer síntoma.

El tratamiento que se puede aplicar depende del tipo de ataque cerebral, edad, estado de salud y el tiempo transcurrido.

Consecuencias de un ataque cerebral. Nuestro cerebro lo controla todo: cómo nos movemos, cómo nos sentimos, cómo pensamos y cómo nos comportamos. Las lesiones al cerebro debidas a un ataque cerebral pueden afectar cualquiera de esas habilidades. Estas son algunas consecuencias posibles: Debilidad o parálisis de un lado del cuerpo, respectivamente. Afasia (dificultades con el habla y el lenguaje) o disfagia (dificultad al tragar). Disminución del campo visual y problemas de percepción visual. Pérdida de control de las emociones y cambios de humor. Negación de los cambios causados por la lesión al cerebro.

También existen efectos emocionales: depresión, apatía y falta de motivación, cansancio, frustración, enojo y tristeza, llanto involuntario, trastornos cognitivos (problemas de memoria, juicio, solución de problemas), cambios en la conducta.

Es posible mejorar de las consecuencias de un ataque cerebral, en la mayoría de los casos. Es importante recordar que los efectos de un ataque cerebral son peores inmediatamente después de ocurrido el evento. A partir de entonces, la velocidad y calidad de las mejoras dependen de la extensión de la lesión cerebral y del éxito del tratamiento y la rehabilitación.

Algunos puntos importantes a tener en cuenta: La recuperación comienza una vez finalizado el ataque y cuando el paciente está médicamente estable. Algunas mejoras son espontáneas y dependen de cómo funciona el cerebro después de la lesión. La depresión que sigue a un ataque cerebral puede interferir con la rehabilitación. Es importante tratarla.

Las mejoras suelen ocurrir más rápido durante los primeros meses después del ataque, y luego siguen con el esfuerzo y dedicación continuos a través de los años.