Acoso entre niños

        Por la  Prof. Gabriela Betina Borbolla

La gordita de las que todos se ríen; el de anteojos; la que nadie invita a los cumpleaños; el que tartamudea y todos lo imitan; el morochito, el judío. Los que de alguna manera son vulnerables por sus características personales, o por su carácter, muchas veces se ven obligados a soportar verdadero acoso por parte de un grupo de compañeros en la escuela.

Se denomina bullying (en inglés; la traducción es intimidación, matoneo) al hostigamiento, en forma repetida y durante un tiempo prolongado, de un alumno por otro que actúa como líder de un grupo sin que los adultos lleguen a enterarse.

Es diferente de la violencia escolar, que es ocasional y esporádica. Es un maltrato psicológico o físico, que mina la autoestima de quien la soporta y potencia la prepotencia y las actitudes agresivas de quienes la ejercen. Esto sucede cada día, silenciosamente, y no distingue niveles socioeconómicos.

Mientras que las víctimas son tímidas, ansiosas y tienen una baja autoestima, el adolescente acosador tiene un perfil violento: no puede controlar los impulsos.

En general, el que hostiga lidera un grupo y se presenta como el más fuerte y, por lo tanto, establece el sistema de valores de quienes lo admiran y festejan lo que hace.

Lamentablemente la mayoría de los padres, cuando se los enfrenta con la situación, no ven como un problema que el hijo sea acosador.

 

CUÁNDO SOSPECHAR QUE UN CHICO O CHICA ESTÁ SIENDO HOSTIGADO

 

No quiere asistir a clase; moretones injustificados; irritabilidad, nerviosismo, tristeza, insomnio; no tiene ganas de ver a sus amigos ni de salir de su casa; pérdida de objetos; cefalea y dolores abdominales.

Tiene problemas para integrarse con sus pares; desciende el rendimiento académico; no entrega la tarea a pesar de que la hizo (quizá se la robaron).

¿QUÉ HACER?

 

La mejor prevención del hostigamiento es hablar con los chicos, tanto en casa como en la escuela. Lo peor que se puede hacer es ignorar la situación o mirar para otro lado.

Ante todo, se deben detener las conductas de acoso en el momento en que se producen. Citar a los padres del agresor y del agredido para informar sobre la situación, elaborar con el hostigador un compromiso por escrito de no agresión.

Las escuelas pueden fomentar la ayuda entre pares, poner una efectiva supervisión en el recreo, promover reuniones entre padres y profesores.