> Grandes de nuestro tango

Ángel Vargas

Este 22 de octubre “cumple” 105 años. Y lo escribimos así por sentimiento, pues los cumple aunque “se fue de gira”: hace ya 50 años que falleció. Muchos tangueros coinciden con esta idea de su supervivencia, porque quedó en la historia como uno de los modelos más consensuados de lo que es “el cantor de orquesta”, y porque en el recuerdo y el cariño de milongueros y porteñas almas siempre está él, con su sencillo y querendón canto.

Nació el 22 de octubre de 1904 en nuestra ciudad (más precisamente, en Barracas), y su nombre real fue José Lomio. Su madre fue María Magdalena Michelli, y su padre, Felipe Salvador Lomio. Desde bien niño se mudó con su familia al barrio del Parque de los Patricios.

Participó en el coro de su escuela (en la primaria), de modo que muy probablemente podamos encontrar en esos primeros años un esbozo de su vocación definitiva.

Ya adolescente, comienza su carrera de cantor en presentaciones y cines barriales, hasta llegar al Club Wilde Sporting, que fue un paso muy importante para consagrarse como profesional del tango.

De joven fue chatero, y su voz ya se oía por los bodegones de la zona del Mercado de Abasto... casualidad o causalidad: eran los mismos recodos donde se había iniciado Carlos Gardel. Una coincidencia con algo de curioso y mucho de misterio.

Pero la primera vez que se escuchó su voz emitida desde un escenario fue en 1923, en un cine de Parque Patricios. Se presentaba con su nombre real, pero pronto lo cambió por el nombre artístico con el que pasó a la fama y la inmortalidad: Ángel Vargas. Este apellido lo tomó de un novelista cuyas obras leía mucho: el colombiano José María Vargas Vila. Y el angélico nombre de pila lo adosó por sugerencia de su madre. Por aquella misma época se casó con Zelmira Iraldi. Fue un matrimonio fugaz, pero que tuvo 2 hijos: Rodolfo Salvador y Carlos José; éste falleció a la edad de 5 años.

La primera orquesta para la que cantó fue la de Landó-Mattino, donde cantó estribillos en un café que en estas biografías mencionamos mucho: el Café Marzotto, que estaba en Corrientes 1124. Era 1930 y todavía, junto a esas primeras actuaciones profesionales, Vargas prosigue su labor de tornero en un frigorífico.

Al año siguiente pasó a la orquesta del afamado Augusto Pedro Berto, uno de los Maestros que pueden ser mencionados como “pioneros” del tango argentino. Por entonces actúa con el seudónimo “Carlos” Vargas con el que se presentaba en algunas emisoras porteñas, como LR2 Radio Argentina y en LS2 Radio Prieto.

En 1931 fue vocalista del cuarteto de Armando J. Consani, actuando en los bailes de clubes sociales de los barrios de Capital Federal, del Gran Buenos Aires, y e incluso muchos otros lugares del país.

En 1932, durante una presentación con ese grupo en Quilmes, le presentan al pianista Ángel D’Agostino y, ese mismo año, Vargas concreta algunas presentaciones con la agrupación de éste. Las primeras performances con D’Agostino y su orquesta fueron en el teatro Cómico, de Corrientes 1280. Esto se presta para el comentario irónico, pues con el tiempo se demostraría que el binomio de los dos Ángeles, lejos de ser cómico o grotesco, pasó a ser algo muy serio e importante para el tango.

Luego es contratado por José Luis Padula, autor del famoso tango “Nueve de julio”. Con esta agrupación realiza sus primeras grabaciones: el tango “Brindemos compañero” y la ranchera “Ñata linda”. Las 2 canciones fueron registradas el 4 de noviembre de 1935.

Antes de hacer esas grabaciones había vuelto, en 1934 y por un tiempo corto, con D’Agostino: aquella vez debutaron en el cine Florida y, luego de reeditar sus felices presentaciones en el Select Buen Orden, el Carioca y otras salas importantes, le agregaron el célebre cabaret Chantecler (de Paraná al 400). El pianista era 4 años mayor que el querido cantor.

En 1935 volvió para acompañar al viejo Augusto P. Berto en sus últimos tiempos en la música. Estuvieron ligados a Radio Argentina. Luego Ángel Vargas cantó con el trío de Antonio Sureda (formando dúo con Santiago Devin).

Mientras volvía a juntarse con D’Agostino para presentaciones en público, en 1938 graba 2 estribillos para la famosa Orquesta Típica Víctor, dirigida por Federico Scorticatti (la orquesta llevaba ese nombre por ser propiedad del sello discográfico RCA Victor): el tango “Adios Buenos Aires” y el vals “Sin rumbo fijo”. En 1939 graba el tango “Incertidumbre” con la Víctor, y el 11 de abril graba 2 temas con acompañamiento de guitarras, el tango “La bruja” y “Milongón”.

Pero la popularidad del tenor de voz acariciante no llegaba aún. Recién en 1940, ya afianzado, el binomio compuesto por Ángel D’Agostino y su Orquesta con Ángel Vargas como cantor de la misma comienza su etapa más brillante, fecunda y recordada. Sus éxitos eran escuchados en el carnaval del teatro Broadway y en LR1 Radio El Mundo. También empezaron a grabar una importante discografía. El primer disco estaba conformado por los tangos “No aflojés” (de Pedro Maffia y Sebastián Piana) y “Muchacho” (de Celedonio E. Flores y Edgardo Donato), y lo grabaron el 13 de noviembre de 1940. También se presentaron en muchos salones de baile, como el Palermo Palace, y realizaron numerosas giras por el país.

Ya al año siguiente era la orquesta que ocupaba el primer puesto en el gusto popular, según el programa radial “Ronda de Ases”. Y en ese mismo 1941 Vargas conoció a la que luego se convertiría en su segunda esposa: Ana María Salomone. De ese matrimonio nacieron una hija y dos varones: Ana María, y José Ángel y Julio Mario.

En 1942 Enrique Cadícamo realiza dos cortometrajes cinematográficos con esta orquesta, donde interpretaban los tangos “El cuarteador’ y “Tres esquinas”. Éste tango (con letra de Cadícamo y música de D’Agostino y el bandoneonista Alfredo Attadía) tiene varias curiosidades: la letra de Cadícamo le canta a un lugar real de Buenos Aires: casualmente en Barracas, el barrio natal de Vargas; la versión de D’Agostino-Vargas es sin duda la mejor y más recordada, todo un símbolo del binomio, e incluye el que quizá sea el solo de violín a la vez más corto, simple y bello de la historia del tango. Y algo de estos cortometrajes suele encontrarse en Youtube, el famoso portal de videos en Internet (tipear en la barra URL del explorador: www.youtube.com y, una vez dentro, en la celda de búsqueda tipear angel vargas, o tres esquinas, o directamente tipear en la URL: http://www.youtube.com/watch?v=abvRPrdciKQ
y así aparecerá un corto con los 2 tangos juntos).

En 1943 los músicos de D’Agostino, por problemas monetarios con éste, formaron otra orquesta, para acompañar a Vargas como solista. La dirigió el bandoneonista Alfredo Attadía, y debutó el 8 de Julio de 1943 en el Club Apolo. Pero al poco tiempo, dado que se solucionó el inconveniente, todos regresaron con D’Agostino, para continuar el imparable éxito. Prueba de ese furor es que, en un solo mes, llegaron a animar 30 bailes. Y la gran atracción era la figura y el canto de Vargas. Según cuenta Attadía, cuando tocaban un tango instrumental, el público pedía a gritos al cantor.

Ya por aquellos dorados años recibió el apodo tanguero de “El Ruiseñor de las Calles Porteñas”. Fue Raúl Ástor quien le otorgó ese bello y tan merecido mote. Vargas tuvo algunas intervenciones en la película “Su última pelea”.

El 10 de setiembre de 1946 el binomio D’Agostino-Vargas graba su último disco, con los tangos “Demasiado tarde” y “Camino del Tucumán”. En total, en esos años de pasión popular, dejaron registrados 94 canciones, entre tangos, milongas y valses. Maravillosa colección de tango que está siempre ahí, lista para ser escuchada y disfrutada. Entre todo eso, además de los títulos ya citados, no queremos dejar de mencionar los tangos “Un copetín”, “Agua florida”, “A pan y agua”, “Palais de glace”, “Ninguna”, “Mano blanca”, “Esta noche en Buenos Aires”, el hermoso vals “Esquinas porteñas” (con letra de Homero Manzi y música de S. Piana), y las milongas “Entre copa y copa”, “En lo de Laura” y “El morocho y el oriental”.

Ese mismo año los dos Ángeles, de común acuerdo, deciden separarse. Luego de cantar acompañado por guitarras en Radio Aconcagua (en Mendoza), en 1947 el querido “Angelito” Vargas hizo sus primeras grabaciones como solista: “Se lustra, señor” y aquella linda “Milonga para Gardel” que empieza con “Me hubiera gustado verte, Carlitos Gardel añoso...”. Ese disco fue grabado el 3-11-1947. Su orquesta estaba dirigida por el bandoneonista Eduardo Del Piano.

Después de ese primer director, la orquesta de acompañamiento de Vargas tuvo otros: el pianista Armando Lacava, y los bandoneonistas Edelmiro “Toto” D'Amario, Luis Stazo y José Libertella. Como solista (acompañado por su propia orquesta) dejó más de 90 temas grabados, juntando los registros hechos con la colaboración de todos esos directores. También hizo algunas grabaciones con el trío de Alejandro Scarpino, el compositor del famoso tango “Canaro en París”.

De los discos como solista queremos mencionar el tango “Ya no cantas chingolo (Chingolito)” de Antonio Scatasso y Edmundo Bianchi, que grabó con Lacava, porque fue la única grabación de Vargas en dúo con otro cantor, y que además éste era su hermano, Amadeo Lomio.

Como solista se presentó en la Confitería La Armonía (Corrientes 1443), Confitería Ruca (Corrientes 1328), Sociedad Rural Argentina, Club Estudiantes de Buenos Aires (Francisco Beiró 5175), Club Atlético Boca Juniors, Cine Sol, Club Gimnasia y Esgrima de Vélez Sarsfield, Club Social Nueva Chicago, Club Social Rivadavia (Rivadavia 6465), Sportivo Buenos Aires (Gaona 1249), Club Independiente (sede Rivadavia al 8000), entre otros.

Pero un dato no tan conocido es que Angelito Vargas, además de ser el querido cantor, fue también compositor y letrista. Hizo los siguientes tangos: “En la milonga (con D’Amario y Carlos Russo), “Lucio Paredes” (con Lacava y Horacio Sanguinetti), “De alto rango” (con Arsenio Álvarez y Juan Bitonte), “Canto como yo sé” (con Juan Viera y Nolo López), “Glorias del ayer” (con Riel y Reinaldo Yiso), “Tango a Gardel” (con letra de Leopoldo Díaz Vélez). También creó el vals “El espejo de tus ojos” y la milonga “Porque me siento feliz”, ambas obras en colaboración con Mario Perini.

En sus últimos tiempos tuvo el proyecto de hacer un álbum junto a las guitarras de Roberto Grela. Hubiera sido buenísimo escuchar al Ruiseñor acompañado por el gran guitarrista, pero la muerte impidió que eso sea posible.

El 30 de junio de 1959 José Lomio (Ángel Vargas) fue internado en el Sanatorio Bosch (en Agote 2475), adonde le extirparon un pulmón canceroso. Pocos días después, durante una transfusión sanguínea (parte del postoperatorio), ya no pudo más. El 7 de julio de 1959 falleció, en la Ciudad de Buenos Aires. Murió bastante joven y con la voz y la capacidad de cantar aún en muy buenas condiciones.

Este año se cumplieron 50 años de ese momento. El más querido de los cantores de orquesta se iba, sin decir adiós, como queriéndonos decir: “¡Si yo no me fui!! ¡Estoy en cada disco, en cada baile, en cada oído, en cada bailarín, en cada corazón!”