> Grandes de nuestro tango

Osvaldo Fresedo

Hace 25 años inició su gira hacia la eternidad este bandoneonista, director y compositor que, con una larga vida y carrera, llegó a registrar más de 1200 grabaciones. Fue uno de los pioneros y su obra surcó la mayor parte del siglo XX. Le dio siempre gran relieve al tango, desde su aristocrático estilo.

Osvaldo Nicolás Fresedo nació en la ciudad de Buenos Aires (Lavalle 1606) el 5 de mayo de 1897. Su padre se llamaba Nicolás Fresedo y la madre Clotilde García; la familia tenía una posición económica cómoda, pese a lo cual se mudaron al barrio de La Paternal (en Elcano y Del Campo), que no era de lo más aristocrático; Nicolás era un comerciante bastante rico.

Al comunicar en su hogar el deseo de hacer música, su madre le ofreció enseñarle piano, pues ella era profesora de ese instrumento. Pero Osvaldo ya estaba deslumbrado por el bandoneón; solía ir a escuchar a Augusto Pedro Berto (el autor de La palanca) al Café Venturita de Villa Crespo. Entonces Osvaldo eligió empezar con la concertina que tocaba su padre, ya que este instrumento es mucho más parecido al bandoneón. Muchas veces se hacía la rabona del secundario para pasarse horas practicando, aprendiendo algunos tanguitos que le pasaba Carlos Besio, que era un conductor de mateo que tocaba el bandoneón de oído.

Así llegó el momento del debut: en 1913, con un trío completado con su hermano Emilio en violín y Martín Barreto tocando la guitarra, en el café Paulín. También ayudaban a animar celebraciones locales, y actuaron en el café Paulín.

Al año siguiente tuvo otro debut: su inicio como compositor: Carlos Posadas (otro pionero del tango) le estrenó el tango “Chupate el dedo”, y el cuarteto de Berto hizo lo mismo con el tango “La ronda”, enseguida rebautizado por el mismo Fresedo como “El espiante”. Ya desde esos inicios Fresedo era conocido como “El Pibe de La Paternal”. Esa clase de apodo era habitual: “El Pibe de Flores” era el bandoneonista Pedro Maffia, “El Pibe Ernesto” era el violinista Ernesto Ponzio, “El Pibe de Wilde” era el bandoneonista Carlos Marcucci.

Por esos años fue trabajando con varios grupos: trío con Emilio y su violín y con el guitarrista José Ricardo; otro trío con el violinista David Tito Rocatagliatta y con el pianista Juan Carlos Cobián (grabaron una versión del tango fresediano “Amoníaco” en el cual Cobián tocaba la guitarra); un quinteto con Julio Doutry y Francisco Canaro en violines, José Martínez (compositor de tangos como “Pablo” y “El cencerro”) en piano y Leopoldo Thompson en contrabajo. Este quinteto, efímero pero de integrantes notorios, trabajó (a instancias de Roberto Firpo) en el aristocrático cabaret Royal Pigall; el trato eran 5 pesos la noche más el derecho a pasar el platito, y la primera noche pudieron juntar... ¡200 pesos! Previamente Fresedo, Martínez y Canaro habían actuado en el cabaret Montmartre con un cuarteto completado con Rafael Rinaldi en violín; en realidad era un trío pero convertido en cuarteto, con la adición de Canaro, para cumplir con ese contrato de tiempo muy acotado.

El trabajo conjunto con Cobián se revelaría como que fue importante para la evolución del estilo de Fresedo, siempre tendiente a las clases altas, por su refinado gusto, los matices suaves, los ligados, los románticos solos del piano... aunque sin abandonar las marcas de pertenencia al género tanguero, que tienen que ver más con el sentimiento arrabalero.

En 1917 tuvo una experiencia especial: grabó para el sello Telephone como bandoneonista en la orquesta dirigida por Roberto Firpo y Francisco Canaro, la misma que se había formado para animar bailes de carnaval en Rosario; vale recalcar que estamos mencionando grandes nombres de la historia del tango argentino, pero que en aquellos años estaban con sus carreras en pleno momento de crecimiento. La lista de nombres nos da lo que hoy podemos calificar como una orquesta tre-men-da: José Martínez doblaba a Firpo en el piano, en los bandoneones, Osvaldo Fresedo, Eduardo Arolas, Minotto Di Cicco, Deambroggio y Pedro Polito; en los violines, Francisco Canaro, Julio Doutry, Agesilao Ferrazano, David Roccatagliatta y Scotti; en flauta, Michetti; en clarinete, Juan Carlos Bazán y en el contrabajo L. Thompson. Todo un seleccionado.

En 1918, Fresedo forma su primer conjunto, en el que tocaron el pianista José María Rizzutti y los violinistas Julio De Caro y Juan Koller y Hugo Baralis (el padre del Hugo Baralis violinista que tocó décadas después con Troilo y con Piazzolla), a cargo del contrabajo. Esta agrupación de Fresedo se presentó en el Casino Pigall con tal éxito que se convirtió en la orquesta de moda. Pero eran años muy intensos, como podremos deducir: en 1920 Fresedo viaja a Estados Unidos con Rocatagliatta y el gran pianista Enrique Delfino; allá Fresedo encabezó la Orquesta Select, que grabó alrededor de 50 temas para el sello Victor.

De regreso en Buenos Aires, volvió a agrupar a su sexteto, pero con Cobián en el piano.

Continuó grabando para la Victor, pero en 1925, al pasar al sello Odeón, participa de un hecho histórico, como fue el acompañar a Carlos Gardel en la grabación de los tangos “Perdón viejita” (compuesto por Fresedo) y “Fea”. Lamentablemente, el sistema de grabación era aún el acústico, con el correspondiente detrimento en la calidad de sonido.

Vale mencionar la afición de Osvaldo Fresedo por algunos deportes, pues participó en carreras de bicicletas y motocicletas. También pudo conseguir su brevet (permiso) de aviador civil (en 1923), algo que nunca fue habitual para personas provenientes de clases populares, y entonces parece signo de distinción y a la vez de una persona audaz, si tenemos en cuenta el grado de evolución de la tecnología aérea por aquellos años.

La aceptación de Fresedo es tal que en 1927 tuvo presentándose cinco orquestas al mismo tiempo, la principal de ellas en el cabaret Tabarís, sobre calle Corrientes. Entonces Osvaldo debía apurarse para ir de un local a otro y estar al menos un poco en cada lugar donde tocaba una orquesta suya. La que acompañaba los filmes mudos en el cine-teatro Fénix, (en Flores), era dirigida desde el piano por Carlos Di Sarli, quien luego tendría su propia orquesta, permanentemente una de las preferidas de milongueros, bailarines, músicos, todo el ambiente tanguero. El estilo de Di Sarli estuvo influido especialmente por el de Fresedo, y llegado el momento le rindió tributo al dedicarle al Pibe de Paternal el emblemático tango “Milonguero viejo”.

Al año siguiente llegó con su orquesta a París y a Nueva York. Era otro claro signo de que su orquesta ganaba fama internacional; a esas culturalmente importantísimas ciudades volvió unos años después: a la primera en 1930 y a N.Y. en 1935.

El estilo de Fresedo quedó identificado con características y elementos entre los que ya mencionamos varios. Fue de los que no le tuvieron reparos ni miedo a introducir timbres nuevos: por ejemplo, incorporó los sonidos del arpa y el vibráfono; incluso usó (aunque aplicada cuidadosamente) la batería, cosa que en su momento no era para nada habitual en el tango. Esto estaba relacionado además con otra de las cualidades: su búsqueda permanente y esencial del equilibrio instrumental, tal como podemos advertir en estas palabras que el mismo Fresedo ha expresado: “Yo creo que lo que hay que hacer es dar al público una música sencilla, sin complicaciones en cuanto a la melodía, que se entienda bien, y a la vez acrecentar la sonoridad, pero sin sonidos raros ni sincopados. Lo difícil es encontrar el equilibrio sonoro de un conjunto. No cuesta nada poner un solo de violín o de bandoneón y dejar al resto haciendo fondo. La cuestión es que toda la orquesta suene bien. Aquí entra a jugar el director, que es quien debe -mediante la instrumentación- poner un poco de sabor, un poco de gusto”.

La misma idea de armonía y equilibrio se completaba con los cantores, entonces ponía especial cuidado en su selección y dirección, para que no desentonaran con la exquisitez de su estilo orquestal. Los más destacados de sus cantores fueron Roberto Ray, Ricardo Ruiz, Oscar Serpa, Armando Garrido, Osvaldo Cordó y Héctor Pacheco.

Fresedo escribió numerosas y exitosas piezas, pero muchas veces eran de las que no se caracterizan especialmente por ser de las de melodías más profundas. Uno de sus tangos más conocidos, “El once” es un título que no está inspirado en el barrio conocido como Once (como podría pensarse), sino en que fue estrenado durante el undécimo Baile del Internado, que eran reuniones organizadas por los practicantes de los hospitales porteños, el 21 de setiembre de 1924.

Otro, uno de sus tangos más versionados, es el melodioso “Vida mía”, una de cuyas versiones fue grabada por su orquesta con Tito Schipa, el famosísimo tenor lírico italiano. Otros tangos surgidos de su inspiración son “Pimienta”, “Arrabalero”, “Cielito mío”, “Muchachita de Montmartre”, “Sollozos”, “Tango mío”, “El once” (que con letra de Emilio Fresedo se llama “A divertirse”), “Aromas”, “Volverás”, “Siempre es carnaval”, “Ronda de ases”, “De academia”, “¿Por qué?”, “Tango azul”, “Si de mí te has olvidado”, “Oro y seda”... Incluso algunos títulos le fueron inspirados por su gusto por volar: “Desde las nubes” y “La Ratona”, que era el nombre de su avioneta.

Alrededor de 1950, ingresó a la orquesta de Fresedo un bandoneonista: Roberto Pansera. La orquesta estaba en su apogeo, pero el Maestro no se dormía en los laureles sino que estaba incorporando a un gran músico, un estudioso que al poco tiempo ya le estaba aportando su trabajo para seguir renovando y enriqueciendo la música.

Osvaldo Fresedo falleció el 18 de noviembre de 1984, en nuestra ciudad de Buenos Aires. Tuvo una larga trayectoria La suya fue la trayectoria tanguera de las más extendidas, y sumó alrededor de 1.250 grabaciones, a lo largo de 63 años en esa encomiable tarea de registrar la música para disfrute de contemporáneos suyos, y de tangueros y melómanos de hoy y de siempre.