La difícil tarea de poner límites

    por: Viviana Silvia González - Docente

Los límites para los niños son una guía que descubre un camino seguro por donde transitar, jugar y aprender, habilitando un creciente sentimiento de seguridad y control, y estableciendo las condiciones necesarias para el aprendizaje y el sano desarrollo emocional.

La cuestión de los límites en la educación de los hijos suele ser un tema recurrente en conversaciones espontáneas de la pareja entre sí, o con otros padres y también resulta un tema convocante en instituciones educacionales.
Muchas veces resulta más fácil acceder a los pedidos de los niños, por injustificados que sean, que tomarse el tiempo de enseñarles poniéndoles límites. El mensaje que les debe llegar es: "esto es así por tu bienestar. Otras veces, por sentimiento de culpa, por no brindar toda la atención afectiva que necesita, los niños los obligan a decir que SI ante todos los pedidos (juguetes, golosinas, etc).

Si bien en general se reconoce la importancia de establecer límites, cómo y cuándo introducir los "noes" son preguntas frecuentes cuyas respuestas se encuadran en un contexto más general que tiene que ver con los valores de los padres y de la sociedad y con la circunstancia particular de cada familia. Comentarios de los abuelos del estilo "cuando ustedes eran chicos no dejábamos que hicieran tal o cual cosa", ponen de manifiesto la diferencia que surge del contexto histórico- social.
Por otra parte, la evolución de los niños demanda en sus etapas distintos tipos y modalidades de poner límites.

En cualquier etapa del crecimiento, el "no" se instala sobre una base de "sí", los límites se construyen del interjuego entre el permitir y el prohibir. El permitirle al bebé explorar, tocar, chupar, jugar con cacerolas, cucharas, envases plásticos, trapos, es la base para decirle que no frente al uso de objetos que podrían lastimarlo o que preferimos preservarlos lejos de su alcance.
Hay dos razones principales por las cuales los padres deben poner límites a sus hijos. La primera es para mantenerlos seguros, y la segunda para ayudarlos a crecer autónomos.

Poner límites claros y que otro los acepte es muy complejo. Los mensajes a nuestros hijos desde el amor, y los límites, son necesarios y ayudan a crecer.

Decir NO con firmeza y convicción requiere estar seguros de que no deben hacer lo que se les niega o prohíbe.

Ser específicos, diciéndoles qué esperamos de ellos en cada circunstancia, orientándolos a través de ejemplos claros. No hacen falta los golpes y las situaciones violentas.

El niño prueba con su seducción y su desafío y uno puede responderle desde el amor, la seguridad y la coherencia.

Los niños son grandes observadores y aprenden por imitación, y son los padres y la familia sus principales referentes: se enseña con el ejemplo. Entonces es fundamental ser coherentes cuando se marcan límites.

A medida que el niño va creciendo, el "no" va acompañado de una explicación que irá facilitando la internalización del límite y permitiendo anticiparse a la situación. A partir de los dos años, esta anticipación puede "preparar el terreno" para la aceptación del límite": ... podés terminar de cambiar a las muñecas y después vamos a bañarte", "el último cuento y después a dormir..."
Pero esto no implica que puedan decidirlo todo: niños que no quieren tomar los remedios, o que llegan tarde a la escuela porque: "daba muchas vueltas para decidir lo que quería ponerse".
Dejar en manos de los niños la decisión del cuidado de su salud y la adaptación a la rutina del horario escolar es un descuido que aumenta su ansiedad, ya que no les permite que descansen en el adulto las decisiones de su cuidado.
En este sentido, son los padres quienes definen los horarios de alimentación, sueño, exposición frente a la TV , salidas, etc., aún cuando no estén presentes y los niños queden con sus abuelos o niñeras.

Ser consecuentes entre lo que decimos y lo que hacemos; no hacer amenazas imposibles de llevar adelante; cumplir con lo que prometemos; y, fundamentalmente, acordar previamente entre padres cuáles serán los límites y cómo los trasmitirán.

Poner límites no es una tarea sencilla, pero es saludable: implica comprometerse en el vínculo con los hijos. Por eso, los límites deben ser establecidos por aquellos en quienes se puede confiar y al mismo tiempo desafiar, sin que por ello corra riesgo la relación.

De lo dicho concluyamos: amarlos es respetarlos y permitirles, pero, con la clara convicción de que hay cosas que SI se pueden hacer y otras que, por cuidado o por respeto, están vedadas.