> Grandes de nuestro tango
Eduardo Rovira

 A treinta años de la desaparición física de uno de los grandes vanguardistas del tango, lo recordamos con una reseña biográfica que incluye mucha información para conocer a este intérprete y compositor infatigable,
desde su vida y sobre todo desde su música.

Su padre era empleado en los ferrocarriles (en poder de los ingleses, por entonces), y su madre, Pilar Gutiérrez. Un matrimonio humilde pero digno, que vivían en Lanús, donde Eduardo nació el 29 de abril de 1925. Eduardo tenía dos hermanas: Julia (mayor que él) y Nelly (menor).

Su padre viajaba mucho por razones de su trabajo, por ende solía estar ausente de su hogar. Aún así, en ocasiones Eduardo se refería a su padre, al recordarlo, como “mi hermoso padre”, como expresión de amor y respeto.

Desde niño le cumplieron el manifiesto deseo de tocar el bandoneón. Desde los 7 años aprendió Bandoneón, y Teoría y Solfeo, con Francisco Alessio. Fue su madre quien durante 2 años lo acompañaba desde Lanús hasta el centro para que su hijo tocara en la orquesta infantil de Alessio, y luego en la de Vicente Florentino. Según testimonio de su hermana Nelly, la decisión del niño de participar en esas orquestas era tan fuerte que no quedaban duda ni otra opción posible: había que acompañarlo y apoyarlo. Cuando llegaban inspectores o policías, él se tenía que esconder en los baños porque al ser menor de edad no podía estar en esos lugares, aún estando con su madre.

A la tempranísima edad de 9 años gestó su primera composición: el vals “A tu lado”. Cuentan que ya por esa época tocaba maravillosamente.

Comienza su carrera de bandoneonista y músico profesional a principios de los ‘40 con la orquesta de Vicente Fiorentino y su Barra Brava (así lo testimonió en unos apuntes a modo de borrador de currículum), trabajando en Radio Splendid y bailes; poco después, con el Cuarteto Los Ases que integraban los músicos de Roberto Firpo en el antiguo Cabaret Imperio y Radio Belgrano además de bailes.

A los 12 años formó su primer conjunto: un cuarteto típico y un cantor apodado Leoncito (que era hermano del actor Marcos Zuker). Esto duró muy poco. Trabajaron solamente en Radio Belgrano y bailes.

En 1939, con sólo 14 años trabaja con una orquesta de más renombre: la de Florindo Sassone. Con esta orquesta realizó su primera gira por el interior del país, y le quedan por siempre dos grandes recuerdos:

1) Cuando mi hermoso padre le dijo a Sasone “Cuídeme al pibe”

2) Conocí para mí al hoy más grande pianista que dio la música popular: OSVALDO MANZI.

Por la  misma época comenzó estudios de perfeccionamiento de bandoneón con Francisco Requena. También inició estudios con Pedro Aguilar, con quien cursó estudios de Armonía, Contrapunto, Dodecafonismo, Formas Musicales, Composición e Instrumentación, que continuaron incluso hasta los últimos tiempos de la vida de Rovira. A este Maestro le expresó eterno agradecimiento, “puesto que mi obra de tener algún valor se debe a su talento para la enseñanza”.

En 1941 tocó en la orquesta de Antonio Rodio, presentándose en Radio Splendid y bailes.

A los 18 años se integra a la Orquesta de Orlando Goñi, aquel pianista que justo antes había abierto para siempre un camino nuevo en la relación entre el piano y la orquesta, tocando para la primera orquesta de Troilo. La nueva orquesta tocó en el Café El Nacional, en la casa de baile Palermo Palace, en Radio Belgrano y bailes. Esta es la orquesta que recordaba con más cariño, porque:

1) fue la primera orquesta en la que actué con verdaderos arreglos e instrumentaciones: los que pertenecían a los para mí primeros orquestadores serios con que contó el tango: Héctor María Artola y Argentino Galván.(...) Goñi es el punto de partida del pianista moderno de tango. Además, en esta orquesta se juntó un cuarteto de bandoneones que dudo que hoy se puedan juntar: Antonio Ríos, Luis Bonat, Roberto Defilipo y Eduardo Rovira

En octubre de 1944 se casó en primeras nupcias con Blanca Rosa Defina. Era su vecina en la calle Varela, adyacente al cementerio de Flores.

De este matrimonio nacieron 3 hijos: Carlos Eduardo, en 1946, Jorge Luis en 1950 y Roberto, que nació en 1958. Años después, a sus tres hijos les dedicó el “Tango para mis Hijos”.

En 1944 es bandoneonista de la Orquesta de Miguel Caló; la de aquellos años es recordada como “la Orquesta de las Estrellas”, dado que estaba constituida por muchos integrantes jóvenes pero que ya se perfilaban como de una brillante carrera musical, entre ellos el pianista Osmar Maderna. Cuando al año siguiente éste forma su propia orquesta, Rovira se va con él a sumarle su bandoneón.

En 1946 tenía 21 años y, según deja asentado en esos apuntes, el servicio militar no permitió su ingreso a la Orquesta de Aníbal Troilo, “y ocupa mi lugar Piazzolla”.

En 1951 se produce una modificación: cambia el bandoneón por el piano. Fue en la Oruesta de Roberto Caló. Rovira tenía 26 años. También tiene una experiencia en la orquesta del popular cantor Alberto Castillo. La dirigió por un y también realizó un recordado arreglo de “Pobre mi madre querida”, aquel clásico del repertorio de Hugo del Carril. Es que, en algunas ocasiones, también participaba como arreglador, es decir, orquestando, escribiendo lo que tenía que tocar cada instrumento.

Pero sigamos leyendo sus apuntes autobiográficos:

Más o menos por el año 50 me agarró un aburrimiento tan grande que ya no podía seguir tocando así. Había una mecánica que respetar, que nos adormecía y estancaba: ahora viene el solo de violín, ahora vos, che, el del piano: dale te toca el solo a vos. Yo había estudiado música, pero si lo que estaba haciendo era música, prefería irme a vender panchos a la cancha. Entonces me pregunté: ¿Qué hago? ¿Vendo pan? ¿Me compro un taxi? No, estudio en serio, para ver si hay otras oportunidades. (de un repoertaje que le hizo Horacio del Prado en el año 1976.

De modo que en 1952 se decide a formar su Orquesta propia, pero aún creando música con la estructura del tango convencional. Entre sus primeros trabajos estuvo tocar en Radio Splendid. Sigue con esa orquesta, con la que entre 1954 y el 55 viaja a Portugal y España, se presenta junto a la compañía de ballet de Alfredo Alaria y con el vocalista Juan Carlos Fabri.

En 1956, en paralelo a la labor de su orquesta, Rovira se integró al grupo de Alfredo Gobbi. Allí surgió uno de sus más conocidos tangos: “El engobbiao”. Al gran director también le dedicó otro tango: “A don Alfredo Gobbi”.

En 1957 se suma a la orquesta de Rovira el cantor Alfredo del Río. Graban para discos T.K. Los temas cantables fueron “Frente al espejo”, “Yo quería ser feliz”, “El novio”, “Junto a tu corazón”, y los instrumentales eran “Bandó” y ”Quejas de bandoneón”.

Al año siguiente les llegó a tocar el turno a Jorge Hidalgo y José Berón (hermano de Raúl, quien fuera uno de los más valorados cantores de Miguel Caló). La búsqueda y el cambio fueron siempre una constante en la personalidad y el trabajo musical de Rovira.

En 1958 con su Orquesta Típica grabó un simple con 2 tangos: “Madre de los cabellos de plata” y “Por quererlo así”, y alterna el trabajo con su orquesta actuando también como primer bandoneón y arreglador de la orquesta de su admirado pianista Osvaldo Manzi, y en ese tiempo da a conocer su tango “Febril”.

Después arma un trío junto a Manzi al contrabajista Kicho Díaz y la voz de Silvia del Río.

En 1959 comenzó a colaborar con el Octeto La Plata como arreglador, y algunas veces participaba también como bandoneonista.

En 1960 Eduardo Rovira se muda a Adrogué, para convivir con Mabel Rodríguez, su nuevo amor. Se habían conocido en setiembre de 1957, durante un programa en Radio El Mundo. Ella estaba acompañando a una amiga suya, y por esa época cursaba danzas en la Escuela Nacional del Danzas, a la vez que trabajaba como encargada en la cafetería del Teatro Ópera. Por la casa de Adrogué pasaron también los hijos de él, pero el único que llegó a estar 2 años fue Roberto, que volvió al hogar de su madre. Más adelante la pareja se mudó a la ciudad de La Plata, el 30 de octubre de 1969.

En junio de 1962, Rovira había ofrecido en el aula magna de la Facultad de Medicina de la UBA un recital gratuito tocando alternadamente el bandoneón y el piano. Estaba Piazzolla, mezclado entre los estudiantes, quienes al descubrirlo comenzaron a aclamarlo vivamente. Rovira lo invitó entonces al escenario y le cedió su bandoneón, en el que Ástor improvisó durante unos minutos “Los mareados” y se fue. Rovira volvió a tocar su fueye, explayándose en largas variaciones sobre el mismo tango de Juan Carlos Cobián.

Rovira siempre admitió que el gran inicio del nuevo cambio vanguardista lo puso Piazzolla en 1955 con el Octeto Buenos Aires, pero también es cierto que Rovira no imitó la estética piazzolliana, a no ser que alguien demuestre que la fuga y el contrapunto los inventó Ástor. Él creó su propia música de vanguardia.

En 1960 empieza a tocar con una nueva formación propia: la “Agrupación de Tango Moderno”, un septimino formado por Reynaldo Nichele (violín solista), Ernesto Citón (violín), Héctor Ojeda (violín), Mario Lalli (2º violín), Enrique Lannoo (violonchelo), Fernando Romano (contrabajo) y Leopoldo Soria (piano), con el bandoneón, los arreglos y la dirección de Rovira. Eran todos músicos platenses, excepto, Rovira, Romano y Nichele. Esta formación grabó el primer disco verdaderamente personal y vanguardístico de Rovira: “Tangos en una Nueva Dimensión”, cuyos títulos eran: “Sónico”, Preludio de la guitarra”, “Tristoscuro”, “Febril” (todos de Rovira), “Baile de etiqueta” de Nichele, “Patético” de Jorge Caldara, “A Horacio Paz” de Lannoo, “Melancólico Buenos Aires” y “Tango del ángel” de Piazzolla, “Edición Extra” de J.A. Moreno, “Abril” de E. Duca y Mario Francini, y “A los amigos” de Armando Portier.

Durante el concierto de 1962, el septimino de Rovira (más el bandoneón suyo) estrenó los primeros 4 cuadros de “Tango Buenos Aires Opus 4”, que es una Suit de Ballet, precedidos por los poemas de Fernando Guibert (dichos por el mismo poeta). Esta fue la primera suit de ballet de estas características que existió, en base a folklore ciudadano. Rovira la había escrito en 1958, pero no la había sacado a luz porque sentía que no iba a ser comprendida. Consta de 6 cuadros en su primera parte y 5 en la segunda, y fue grabada también en 1962, por los mismos músicos del septimino, con una única sustitución: el violín solista ya no era Nichele sino Hugo Baralis. El álbum doble, en 2 longplays, fue publicado por Microfón. La suit nunca subió a escena con la interpretación de una coreografía (la parte de danza para la que está escrita la música), pese a que hubo un proyecto para los últimos meses de aquel mismo ’62 en el Teatro San Martín. El álbum fue reeditado, en un solo CD, por Fogón, bajo licencia de Sony-BMG, en 1997.

Otro longplay fue “Tango Vanguardia”, grabado en 1963 como serie de las producciones “Círculo Amigos del Buen Tango” utilizando el septimino: Nichele, Citon, Lalli, Lannoo, Romano, Osvaldo Manzi y Rovira. En uno de sus temas, Rovira emplea (por primera vez en la historia del tango) la técnica Serial Dodecafónica, ordenada y reglamentada por Arnold Schonberg. Y en otro, la cadenza de piano corresponde al Concierto en La Mayor K. nº 488 de W. A. Mozart.

Parte de esta obra se encuentra reeditada por Sony-BMG Música en un CD de la Colección Tangos del Sur, en la cual también está el CD de Reynaldo Nichele.

En la década del ’60 Rovira también integró como solista la orquesta de Héctor María Artola y el cuarteto de Reynaldo Nichele.

El mismo 1963 de “Tango Vanguardia” se dio un hecho que queremos mencionar por lo curioso, ya que sería el disco de música más popular (entendido de forma lisa y llana) de la carrera de Rovira, aunque no debería contárselo dentro de su carrera. Un longplay editado por el sello Microfón titulado "Valsecitos, rancheras y milongas" e interpretado por el "Cuarteto Lorenzo", que se pensaba vender masivamente en las provincias argentinas (y quizás también en países limítrofes). Tenía versiones de temas clásicos, pero también temas nuevos. Pese a lo que especifica el título, contenía además 2 polcas, 2 pasodobles y 2 foxtrots. El conjunto estuvo integrado por: Eduardo Rovira (acordeón a piano), Fernando Romano (contrabajo), Reynaldo Nichele (violín), Atilio Stampone (piano). Los nombres de estos músicos, a pedido de ellos, no se mencionaron nunca, ni en el sobre del LP ni en las láminas de cada faz del disco, ni de ninguna otra manera. Para mantener ese secreto desde el vamos, se grabó de noche. Billy Moro, Rigol y Nochero fueron los seudónimos de Mario Kaminsky, Eduardo Parula y Eduardo Rovira respectivamente pero todos juntos, en los créditos de autoría de los temas nuevos; en realidad el que los compuso esos temas fue Rovira. Ellos, Kaminsky y Parula, fueron socios productores con Rovira al momento de grabar este disco. Parula era además el representante de Rovira y además inseparable amigo. El proyecto fracasó (y por eso nunca se grabó el segundo disco que se pensaba), porque resultó demasiado bueno para lo que pretendían. Un disco corto (no llega a 25 minutos, en sumando los 12 registros), con temas cortos y contundentes, pero demasiado afinados y ajustados rítmicamente, sin las “suciedades” acostumbradas en temas bailables de géneros sumamente populares.

En 1966 formó un terceto, con el que tocó en varios locales y grabó un disco para E.D.U.L. (Editorial Discográfica de la Universidad del Litoral): “Tango en la Universidad”. Los otros dos músicos eran F. Romano en el contrabajo y Rodolfo Alchourrón en guitarra. Los títulos del disco son “Tango en tres”, “A Evaristo Carriego”, “Solo en la multitud” y “Al invitado” (todos de Rovira, y en los últimos 2 ejecuta el oboe, Pedro Cocchiararo toca el oboe), “Esquina” de Alchourrón, “5 de abril” de O. Vitale, y “Ciudad triste” de Osvaldo Tarantino.

En 1968 con el trío conformado junto a Salvador Drucker en guitarra eléctrica y Néstor Tucuta Mendy en contrabajo, grabó ocho temas para el sello Show Record (producidos por Oscar del Priore), en 4 sesiones desde el 23 de agosto al 14 de octubre, en el estudio Phonalex. Aparecieron en un longplay con el título “Sónico”, pero dada la duración tope de los vinilos, afuera quedó el tema “A don Alfredo Gobbi”, aunque hoy se puede conseguir completo en CD, reeditado por Acqua Records. Era la primera vez que un conjunto de corte tanguero (vanguardista, en este caso) grababa con todos los instrumentos amplificados electrónicamente, y además con un pedal de efectos trabajando mancomunadamente con el bandoneón y su intérprete. El resultado es muy interesante, y sólo puede ser comprendido escuchándolo, y quizás muchas veces. No hay modo de describirlo con palabras.

En Noviembre 1975 graban el longplay “Que lo paren” con  su “Agrupación de Tango Contemporáneo”, con Eduardo Rovira como arreglador, director y bandoneón, Nichele en violín, Néstor Mendy en contrabajo y Oscar Mendy en piano. Los temas elegidos, todos de su autoría, fueron:

“Que lo paren”, “Taplala”, “Majo Majú”, “Tango para Ernesto”, “Milonga para Mabel y Peluca”, “A Don Pedro Santillán”, “Tango para Charrúa”.

Aprovechó ese disco para rendirle su homenaje a La Plata (“Taplala” es La Plata dicho en el resve lunfardo) y a su amigo Rodolfo, a su amigo cuidador de caballos de carrera Don Pedro Santillán, a su amigo Charrúa, a Majo y Majú, las hijas de éste, a su amigo y representante Ernesto Armus, y a su amor Mabel Rodríguez. Este es el otro CD que se editó, ahora en formato CD, en 1997.

Cabe aclarar que Rovira y sus músicos jugaban a cambiarle el nombre al conjunto: cuando los que tocaban eran los hermanos Mendy, tomaba el nombre de “Agrupación de Tango Contemporáneo”, como para diferenciarlo del que incluía a Salvador Drucker que era “Agrupación de Tango Moderno”, y además, para tener otras oportunidades laborales y hacer otro tipo de arreglos, a veces más tradicionales.

Viviendo en Lanús, en 1967, comienza como orquestador y ejecutor del corno inglés, en la Banda de Música de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, de modo que viajaba casi todos los días a La Plata, hasta 1969, año en el que se instaló definitivamente en su primera casa en la capital bonaerense, en la Diagonal 80; allí vivió casi dos años, hasta que se compró la casa de Tolosa, en la calle 3. Aunque en varias reseñas se menciona esta última etapa suya, en La Plata y a cargo de la Banda de la Policía como de exilio y decadencia, en realidad no fue vivida de esa manera por Rovira. Al contrario: fue algo muy sentido y que obedecía a la necesidad espiritual de vivir en un lugar más sosegado, con la tranquilidad de un sueldo fijo, y todo un contexto que le permitía concentrarse en estudiar y componer.

En 1973, sin consultarlo, fue designado Director del Teatro Argentino de La Plata. Si bien él aclaraba que no era peronista, de cualquier modo ese cargo de gestión cultural se lo endosaron como carga pública. Su nombramiento oficial se realizó el 9 de Julio de 1973 en el mismo teatro, donde dirigió la Orquesta Estable. Ejecutó “Argentina”, poema sinfónico del cual es compositor. Tenía planes de dar gran impulso a las obras de autores argentinos, en especial nuevas obras, para las tres áreas existentes en ese alto coliseo: orquesta sinfónica, coro y ballet.

Según Pedro Aguilar, no pudo hacer mucho por el Teatro Argentino porque no tenía presupuesto, porque estaba plagado de cuestiones políticas y, según palabras textuales de Rovira: “estaba lleno de maricones a los que había que solucionarles problemas menores todo el tiempo”. Presentó la renuncia en tres oportunidades, antes de lograr que le fuese aceptada.

En Octubre de 1978 fue nombrado vocal de la Asociación de Docentes de la Dirección del Menor y la Familia, lo que le permitió dar clases de música en el Instituto Aguirre y en el Colegio Los Grillitos a niños sin recursos.

El 24 de noviembre de 1979: en la ciudad de Azul tocó por última vez en público, con una formación que incluía a Mendy en contrabajo, Carlos Gómez en guitarra y Elda Suárez como cantante. Allí presentó algunas de sus últimas composiciones: “Canciones Contemporáneas Argentinas”. Rovira comenzaba a incluir la poesía a su música, en colaboración con los poetas Alfredo Villata, Raúl Filgueira y Carlos Fiora.

Eduardo Rovira afirmaba acertadamente que la armonía que él empleaba tiene patrones distintos a los que empleaba Piazzolla. Además reconocía como principales influencias las de Bach, Beethoven y Bela Bartok, mientras que encontraba en Piazzolla la influencia más marcada de Stravinski.

“Tachado por algunos de ‘cerebral’ (término peyorativo en la moral tanguera) visto siempre bajo la sombra de Piazzolla (a pesar de las diferencias), sus escasos discos y su inmensa obra nunca generaron el interés que merecían” (apreciación del estudioso Sergio Pujol).

Eduardo Rovira conoció a dos de sus nietos: Sebastián –hijo de Carlos- y a Christian, hijo de Jorge. A ellos dos les dedicó sendos tangos: “Tango para Tato” y “Tango para Christian”.

Durante la década del ’70 recibió premios por varias obras suyas, por ejemplo de parte de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y de la Provincia de Buenos Aires.

Según Nélida Rouchetto: “Sin extravagancias ni superficialidades, sin prisa y sin pausa, dejó en sus breves 55 años de vida toda la psiquis de sus vivencias espirituales escrita en el pentagrama y en la densa sonoridad de sus trabajos grabados. Fue expresionista, clásico, tonal, atonal, dodecafónico, transiciones que le sirvieron para el lenguaje musical según el tema o el tratamiento orquestal, para una atmósfera intimista como se necesita en el tango, y al mismo tiempo fue ampuloso, grandilocuente”.

Eduardo Rovira tuvo obras suyas incluidas en la banda de sonido de varios cortometrajes y en la realización del espectáculo Ciudad Nuestra Buenos Aires, con poemas de Fernando Guibert y coreografía de Oscar Araiz.

Rovira falleció el 29 de julio de 1980, en la puerta de su casa en La Plata, de un segundo infarto (había tenido problemas cardiológicos de nacimiento, muy tardíamente tratados). Una temprana muerte, a los 55 años, para una personalidad de lo más tesonera y estudiosa, proclive a la auto-superación y que nunca claudicó en su afán de aunar la música popular con la de vanguardia.

Eduardo Rovira compuso alrededor de 80 tangos, 50 obras de música de cámara y 25 obras sinfónicas. Muy poco de esto es lo que dejó grabado, pero aún así, bien vale escucharlo.

Principales Fuentes consultadas y citadas:

*la biografía escrita por Ricardo García Blaya, publicada en Internet en www.todotango.com

*Especialmente los testimonios y opiniones seleccionadas: el sitio oficial de Rovira en Internet: www.roviraxrovira.com.ar (sitio que recomendamos especialmente).