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Justo José de Urquiza

Justo José de Urquiza nació el 18 de octubre de 1801, en Talar de Arroyo Largo (hoy Arroyo Urquiza) , Entre Ríos, - 11 de abril de 1870) fue un militar y político que llegó a ser varias veces Gobernador de la provincia de Entre Ríos y Presidente de la Confederación Argentina (previa a la República) entre 1854 y 1860.

Su padre fue Josef de Urquiza y Álzaga, un inmigrante del norte español que, junto a su esposa Cándida García, se radicaron en la provincia de Entre Ríos, dedicándose a la actividad rural en la costa occidental del río Uruguay, cerca del caserío de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), donde consiguió la cesión de la propiedad de extensas tierras. Sirvió en la defensa de esa zona durante las guerras con Portugal y contra los indígenas charrúas, por lo cual se le reconoció un alto grado en la milicia. También participó en el cabildo de su villa y en 1801 fue nombrado comandante general de los “partidos de Entrerríos”, con asiento en Concepción del Uruguay, organizando las milicias locales para perseguir vagos y bandidos, y combatir el contrabando. Prestó un servicio especial enviando tropas a la defensa de Montevideo durante la segunda invasión inglesa, en 1807.

Al llegar a la zona de C. del Uruguay las noticias de la formación de la Primera Junta, reunió un cabildo abierto, junto al cual acató la autoridad recién formada. Pero al poco tiempo le llegaron advertencias desde Montevideo sobre los propósitos independentistas de los patriotas, y pronto estuvo del lado de los realistas. La Junta le ordenó cortar comunicaciones con Montevideo, entonces Urquiza renunció y adhirió a la ocupación de las villas entrerrianas por los realistas. Cuando Michelena evacuó Concepción del Uruguay, se retiró a Colonia (Banda Oriental) junto con las tropas que quisieron seguirlo. Posteriormente pasó a Montevideo, aunque muchos de sus soldados regresaron a Entre Ríos. Mientras estuvo en Montevideo su estancia fue saqueda por los soldados de Blas Basualdo, que secuestraron a su hijo Justo José por algunos días.

Cuando faltaba poco para que Montevideo cayera en manos patriotas, Josef Urquiza regresó a la zona del río Uruguay a fines de 1813.

En 1817 Justo José fue enviado al Colegio de San Carlos en Buenos Aires, pero dos años después, por la clausura del colegio, debió abandonar sus estudios, y se fue a instalar en Concepción del Uruguay, dedicándose a la actividad rural y comercial, para la cual demostró una enorme capacidad.

En 1820 tuvo su primera hija extramatrimonial (porque pasaron 33 años más hasta que se unió en matrimonio); más tarde tendría muchos hijos ilegítimos más.

Por todo ese tiempo Josef Urquiza no tuvo figuración política ni militar, pero durante 1820 apadrinó el ascenso de Francisco Ramírez a la responsabilidad de caudillo de toda la provincia. Un dato interesante es que este caudillo, por parte de madre, era medio hermano de Ricardo López Jordán (el padre, no el hijo homónimo del que leeremos luego). El hermano mayor de Justo Urquiza, Cipriano, trabajó para Ramírez durante la vigencia de la República de Entre Ríos. Los servicios que prestó para ese gobierno fueron como secretario, y luego ministro.

La República de Entre Ríos o República Federal Entrerriana, fue un estado semi-independiente integrante de las Provincias Unidas del Río de la Plata fundado por Francisco Ramírez, antes subordinado de José Gervasio Artigas, el 29 de septiembre de 1820, extendiendo su duración hasta poco después de su muerte el 10 de julio de 1821. Pese al nombre de “República”, no tuvo tiempo ni ocasión de ser en los hechos un estado separatista, sino que esa denominación fue una especial impronta de aquellos años de caudillismo acendrado.

En 1820 Justo Urquiza tuvo su primera hija extramatrimonial; con el tiempo tendría muchos hijos ilegítimos más.

Trabajó junto a su cuñado hasta que pudo encarar su propio negocio: cueros y astas que despachaba a Buenos Aires y Montevideo. Urquiza prosperaba económicamente, a paso lento pero firme, y a la vez aumentaba su influencia en Concepción del Uruguay. La ciudad lo nombró oficial del cuerpo de cívicos, que se encargaba del orden en la ciudad y en el campo. Allí tomó contacto por primera vez con la política y con los debates sobre la forma de gobierno a adoptar por el nuevo país, ya independiente. Él optó por el federalismo, y a los veinticinco años llegó a ser electo diputado a la legislatura provincial, donde presentó una serie de proyectos para mejorar la administración y economía de la provincia; propició propuestas educativas innovadoras. También desde ese rol dirigió la oposición a la Constitución Argentina de 1826 (la Rivadaviana), que fue rechazada por su provincia, al igual que por todas las demás. Su buena labor legislativa incrementó su influencia y su prestigio político.

Desde 1828 en adelante fue comandante militar y civil de toda la costa del río Uruguay, con el grado de Coronel. Esa zona era el segundo departamento provincial, y el cargo era el que seguía en jerarquía al de gobernador, manejando los destinos de la mitad más rica de Entre Ríos.

Durante esa década se fue convirtiendo en uno de los hacendados y comerciantes más ricos del país; extendió una poderosa red de clientelismo económico, que después le sirvió de apoyo político.

En 1830 apoyó la invasión a su provincia del general unitario Juan Lavalle y de Ricardo López Jordán (padre), que fracasó, pero al año siguiente apoyó otra similar. La nueva invasión también resultó fracasada, y entonces debió refugiarse en Santa Fe, protegido por el caudillo Estanislao López.

En 1832 acompañó a Pascual Echagüe en la campaña militar que resultó vencedora y que así erigió a éste como Gobernador de Entre Ríos. Bajo el gobierno de Echagüe, Entre Ríos vivió un período de paz, reforzado además por la influencia pacificadora del gobernador porteño Juan Manuel de Rosas. Cabe aclarar que, desde 1835, éste fue como un dictador electo por el voto popular de su provincia, ya que gobernaba con la suma de todos los poderes; extendió su dominio sobre las demás provincias, ejerciendo de hecho un poder central que no le correspondía de derecho. Echagüe ejerció un gobierno progresista, evitándose problemas porque apoyaba a Rosas en su oposición a la sanción de una constitución nacional.

Entre Ríos era un territorio que ocupaba una posición estratégica, ya que estaba cerca de Buenos Aires, de la conflictiva Banda Oriental, del Imperio del Brasil y de la provincia de Corrientes. En su territorio se dieron grandes batallas.

A mediados de 1838, la tranquilidad de la provincia se vio amenazada por la sublevación de Fructuoso Rivera, que derrocó al presidente uruguayo Manuel Oribe. Ese mismo año murió Estanislao López, el caudillo santafesino, y Echagüe ubicó como Gobernador de Santa Fe al hermano del difunto gobernador, Juan Pablo López.

La primera provincia en rebelarse militarmente contra Rosas fue Corrientes. Su gobernador, Genaro Berón de Astrada, retiró la delegación de las relaciones exteriores a Rosas y le declaró la guerra, lo mismo que a Echagüe. Berón tuvo que enfrentar con sus solas fuerzas el ataque que le lanzó Echagüe, uno de cuyos jefes de división era Urquiza.

Los ejércitos se encontraron en la batalla de Pago Largo, cerca de Curuzú Cuatiá, el 31 de marzo de 1839. Fue una completa victoria de los federales, en la que Urquiza tuvo actuación destacada. Berón resultó muerto en la persecución que siguió a la batalla, tras la cual centenares de prisioneros fueron ejecutados; en general, los correntinos acusaron a Urquiza por esos crímenes.

Después de colocar un gobernador federal en Corrientes, Echagüe pasó con su ejército a Uruguay. Pero fue derrotado por Rivera en la batalla de Cagancha, el 29 de diciembre, en la que la indecisión del general Lavalleja fue más determinante que la brillante actuación de Urquiza. Desde entonces, las relaciones de Urquiza con Echagüe fueron muy malas.

En su ausencia, Lavalle había pasado por Entre Ríos, invadiendo a continuación  a Corrientes. Allí reunió un nuevo ejército, con el que a mediados de 1840 invadió Entre Ríos. Mientras Urquiza controlaba la costa del Uruguay, Echagüe lo enfrentó en dos batallas indecisas. Urquiza derrotó a uno de los coroneles unitarios en Arroyo del Animal, cerca de Gualeguay. Poco después, Lavalle pasaba hacia la provincia de Buenos Aires; allí intentó ocupar la Ciudad de Buenos Aires, pero fue derrotado sin lucha, con lo que se fue hacia el norte, encontrando la derrota en Tucumán y la muerte en Jujuy.

Algunos meses después, Echagüe invadió Corrientes, dejando a Urquiza protegiendo sus espaldas. El nuevo comandante de Corrientes era José María Paz, que derrotó fácilmente a Echagüe en la batalla de Caaguazú, el 28 de noviembre de 1841.

Poco después de la derrota caducó el cuarto mandato de Echagüe en Entre Ríos. El 15 de diciembre de 1841, la legislatura eligió gobernador a Justo José de Urquiza. Mantuvo el poder en la provincia hasta su muerte, casi treinta años más tarde. Fue gobernador durante 18 años, a lo que hay que sumar seis años de federalización de la provincia bajo su propia presidencia, y cuatro de un empleado suyo, José María Domínguez, de 1864 a 1868, entremedio de 2 períodos de 4 años (cada uno) de Urquiza. En total, 28 años; más que Rosas en Buenos Aires.

Enseguida delegó el mando en Vicente Zapata, y abandonó la capital. Días después, Paz ocupó Paraná, y Rivera ocupó Concepción del Uruguay. Urquiza se retiró a la isla del Tonelero, protegida por pantanos y arroyos, y se puso a organizar un ejército con miles voluntarios entrerrianos, dándoles formación militar. Entre ellos estaba un joven, hijo homónimo de un viejo general que estaba prisionero de Rosas por unitario: era Ricardo López Jordán.

Paz se hizo elegir gobernador de Entre Ríos, pero la falta de ayuda del gobernador correntino Pedro Ferré lo obligó a ir en busca de Rivera, cruzando la provincia. En el camino perdió casi todo su ejército, que pasó a engrosar el de Urquiza. Éste ocupó Paraná sin oposición, y enseguida inició la campaña en el interior de la provincia.

Simultáneamente, Oribe regresaba desde el norte, donde había derrotado a Lavalle, y atacó al gobernador santafesino Juan Pablo López (que se había pasado de bando), derrotándolo con facilidad. Echagüe se hizo cargo del gobierno santafesino y Oribe cruzó el Paraná, siguiendo su marcha hacia el Uruguay.

Rivera tomó el mando del ejército unido uruguayo-unitario. Urquiza se unió a Oribe y juntos avanzaron hacia el río Uruguay, cerca del cual derrotaron completamente a sus enemigos en la batalla de Arroyo Grande, el 6 de diciembre de 1842.

Mientras Oribe continuaba su avance hacia Montevideo, ocupando la mayor parte del territorio uruguayo, Urquiza invadió Corrientes, y allí puso un gobernador federal, Pedro Cabral, dejando además una guarnición entrerriana en Goya.

Después, Urquiza acompañó el muy lento avance de Oribe hacia la capital uruguaya. Lograron imponerle el decidido sitio, y con eso se estaba iniciando el período que los uruguayos recuerdan como Guerra Grande.

Sin embargo, el bloque anglo–francés y las actividades de corsarios al servicio del gobierno de Montevideo continuaron afectando al gobierno entrerriano. El capitán italiano Giuseppe Garibaldi saqueó Gualeguaychú; y a los pocos días el griego Cardassy capturó todos los barcos del puerto de Paraná.

En Corrientes, Joaquín y Juan Madariaga, dirigiendo una reacción dirigida, tomaron el poder. Expulsaron a los de la guarnición, y enseguida atacaron Entre Ríos; la defensa quedó a cargo del general uruguayo Eugenio Garzón, mientras una rebelión en el interior de la provincia costó la muerte de Cipriano de Urquiza. Los correntinos evacuaron Entre Ríos, y Urquiza pudo seguir sus campañas en el Uruguay; allí derrotó a Rivera junto al río Yí, y el 27 de marzo de 1845 lo venció definitivamente en la batalla de India Muerta, luego de casi 2 años de persecución.

En Corrientes, los Madariaga habían puesto al frente de su ejército al general Paz, que organizó un nuevo ejército. Urquiza invadió la provincia y derrotó a Juan Madariaga en la batalla de Laguna Limpia, tomándolo prisionero. Por el archivo de éste, se enteró de que José María Paz, el genial estratega unitario, pretendía llevarlo hasta el extremo norte de la provincia, para derrotarlo en una trampa similar a la que había usado para vencer a Echagüe, en un lugar de muy difícil acceso. Entonces continuó avanzando, saqueó la provincia, se hizo amigos correntinos y, al llegar hasta la trampa de Paz, dio media vuelta y regresó a Entre Ríos.

En vez de atacarlo, Urquiza le propuso un pacto a Madariaga. Los dos gobernadores se reunieron en Alcaraz, Entre Ríos, en agosto de 1846 y firmaron los Tratados de Alcaraz, donde reafirmaban la vigencia del Pacto Federal de 1831. Con ello se devolvía el encargo de las relaciones exteriores a Rosas, y Corrientes quedaba liberada de la obligación de apoyar la guerra en el Uruguay. Pero estos acuerdos disgustaron a Rosas, porque promovían la libre navegación de los ríos e insistían en la necesidad de organizar constitucionalmente al país. Rosas comisionó a su secretario Máximo Terrero para denunciar ante los gobernadores “el desvío, la miseria y la ceguera del General Urquiza”. Las diferencias de Urquiza con el poderoso caudillo porteño ya eran públicas y los llevaba a un enfrentamiento sin vuelta atrás.

Las presiones de Rosas activaron el conflicto entre Corrientes y Entre Ríos, haciendo caer los acuerdos de Alcaraz. La guerra se reanudó y Madariaga fue vencido definitivamente en el Potrero de Vences en noviembre de 1847. El gobierno de Corrientes quedó en manos de un hombre de confianza de Urquiza, el Coronel Benjamín Virasoro.

Terminadas esas campañas de combate de 1846 y 1847 (en Uruguay y Corrientes), Urquiza volvió a ocuparse personalmente de las tareas de gobierno que había confiado en su ausencia a Antonio Crespo, su gobernador delegado.

Su gobierno fue paternalista, porque gobernó sin consultar al pueblo pero en beneficio de éste. Gobernaba desde Concepción del Uruguay o desde su campamento militar de Calá. En varios sentidos fue muy similar a Rosas y a otros caudillos de la época. Protegió a la ganadería, favoreció la instalación de saladeros de carne vacuna (muy importantes porque no existían las heladeras eléctricas), hizo exigir la papeleta de conchabo a todos los peones rurales (para asegurarse que todos tuviesen trabajo y evitar la vagancia, cuatrerismo, etc); mejoró los caminos y los puertos, instaló molinos de agua, y ayudó al establecimiento de pequeñas industrias. Ejerció un poder de policía muy eficaz, pero muy cruel, ya que a la menor falta, los delincuentes eran sencillamente ejecutados.

Ordenó llevar la contabilidad con una precisión desconocida hasta entonces. Impuso un control fiscal estricto, y una dedicación intensa a los funcionarios y empleados; redujo el gasto público sin descuidar las funciones del estado. Inclusive hizo publicar mes por mes los gastos e ingresos por la prensa.

Su principal preocupación fue la educación; extendió las escuelas primarias que había fundado su antecesor y fundó nuevas escuelas secundarias, públicas y modernas. La primera que fundó fue la de Paraná, pero luego de una serie de conflictos con el gobierno de esa ciudad, el cuerpo de profesores pasó al otro colegio fundado por Urquiza, el actual Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Tendría un gran auge durante el tiempo en que Buenos Aires se separara de la Confederación, bajo la dirección de Alberto Larroque, que lo transformó en el colegio secundario más moderno de su época, y por muchos años compitió en prestigio con el de Buenos Aires y el de Córdoba. Y para 1848 ya había escuelas públicas en todos los distritos de la Provincia.

 

 

Se llegaron a publicar tres periódicos simultáneamente, se fundaron teatros, escuelas secundarias de mujeres, bibliotecas públicas, etc. Llamó a su provincia a varios emigrados ilustres, sobre todo a federales antirrosistas, como Pedro Ferré, Manuel Leiva y Nicasio Oroño, pero también a unitarios como Marcos Sastre y otros. El ambiente que se respiraba en la provincia era mucho más libre que el de Buenos Aires u otras del interior.

Hacia 1850 Entre Ríos era una de las provincias más prósperas de la Confederación. Atraía a inversores extranjeros y llevaba a los emigrados argentinos en Montevideo y otros lugares (por ej. Esteban Echeverría, Sarmiento y el mismo General Paz) a poner los ojos en su gobernador y percibirlo como el único capaz de finiquitar el régimen rosista.

A mediados de 1850, cuando la ciudad sitiada de Montevideo estaba por caer, el Imperio del Brasil decidió apoyar a los sitiados. En respuesta, Rosas inició el proceso para llegar a una guerra contra el Imperio. Varios opositores interpretaron que el gobernador porteño estaba abriendo un nuevo frente de conflicto, para seguir posponiendo el momento de la sanción de la Constitución; Urquiza se sumó a esa interpretación, pese a que seguía sin mostrar señal alguna de ese pensamiento.

Rosas lo designó comandante del ejército de operaciones contra Brasil, y le envió armamento y refuerzos. Pero, al mismo tiempo, le exigió suspender el tráfico mercantil con Montevideo, que consideraba contrabando (y boicoteador del sitio) pero había tolerado hasta entonces por necesitar a Urquiza y a Entre Ríos.

Comenzó a contactar a los emigrados de Montevideo, y posteriormente también a los representantes del Imperio. Para lanzarse a la aventura de enfrentar a Rosas, necesitaba dinero, y la seguridad de que sería apoyado. A principios del año siguiente comenzó a llegar ese dinero, y en abundancia, desde la cancillería brasileña. Entonces Urquiza hizo su primer movimiento.

Cada año, Rosas presentaba su renuncia a la Gobernación, sabiendo que la Legislatura no se la aceptaba, y los gobernadores tampoco le aceptaban la renuncia a ejercer la conducción de las relaciones exteriores. El 1º de mayo de 1851, el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto conocido como el “pronunciamiento de Urquiza”. Ahora Urquiza y su Legislatura cambiaban el libreto conocido, aceptando esta renuncia y reasumiendo para Entre Ríos el manejo de política exterior y de guerra. Inclusive, en el pronunciamiento se reemplazaba como proclama final la ya familiar “¡Mueran los salvajes unitarios!”, con la frase “¡Mueran los enemigos de la organización nacional!”.

Por esa época, Urquiza tenía 50 años, y conoció a Dolores (hija de don Cayetano Costa y doña Micaela Brizuela) durante una fiesta en Gualeguaychú en la que el invitado de honor era Sarmiento. Dolores fue la única esposa del caudillo, su fiel compañera de los últimos años, y la madre de 11 criaturas más, nacidas del matrimonio.

La única provincia que apoyó el Pronunciamiento fue Corrientes; las demás condenaron en todos los documentos públicos la actitud de Urquiza y, siguiendo el modelo de la prensa porteña, lo tacharon de “loco, traidor, salvaje, unitario…”

El conflicto era principalmente económico; era la reacción contra la dominación política y económica de la Provincia de Buenos Aires. Entre Ríos venía reclamando, desde bastante antes, la libre navegación de los ríos, que necesitaba para el florecimiento de su economía porque permitía el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires.

Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidió enfrentar al gobierno bonaerense.

A fines de mayo se firmó un tratado entre el gobierno de Entre Ríos, el de Montevideo y el Imperio del Brasil. Acordaba una alianza entre los tres para expulsar a Oribe, llamar a elecciones libres en todo el territorio uruguayo, y enfrentar juntos a Rosas, si éste declaraba la guerra a una de las partes, lo que se daba por descontado, porque era costumbre de Rosas tener siempre abierto algún frente de batalla para ampararse en las “circunstancias extraordinarias” y así justificar su negativa a organizar constitucionalmente al país.

En julio, el ejército entrerriano cruzó el río Uruguay. En el camino se le unió la mayor parte del ejército de Oribe, que se puso a órdenes del general Garzón, candidato a presidente de los aliados. Y por el norte entraron los brasileños. El ejército avanzó sin oposición hasta las inmediaciones del campamento del Cerrito, donde se iniciaron conversaciones de paz con Oribe. El 8 de octubre se firmó un pacto entre las partes, por el que las fuerzas de Oribe se incorporaban al ejército de Urquiza, y había un olvido de todas las querellas, tipo “ni vencedores, ni vencidos”. Oribe se retiró a su estancia, donde moriría pocos años después.

Urquiza, por la fuerza, incorporó a su ejército a las tropas argentinas que habían sitiado Montevideo, pero dejó escapar a sus jefes. Entre los que se retiraron a Buenos Aires se contaban algunos jefes valiosos, como los coroneles Jerónimo Costa, Hilario Lagos y Mariano Maza.

El congreso uruguayo tuvo que firmar un tratado con el Brasil, por el que se le reconocía al Imperio el derecho de intervenir en su política interna y se le entregaba una gran franja limítrofe, hasta entonces en disputa entre las 2 partes; lo entregado fue poco menos de un tercio de su superficie.

El momento que Rosas anunció públicamente que declaraba la guerra al Imperio del Brasil, era una circunstancia que a Urquiza le servía para activar su cruzada contra el porteño. Ese momento llegó, y el entrerriano irmó un nuevo tratado de alianza contra el él.

El emperador de Brasil, Pedro II, proveería infantería, caballería, artillería y todo lo necesario, incluso la escuadra. El tratado firmado entre Urquiza y los brasileños decía en una de sus partes: "Su Excelencia el señor Gobernador de Entre Ríos se obliga a obtener del gobierno que suceda inmediatamente al del general Rosas, el reconocimiento de aquel empréstito como deuda de la Confederación Argentina y que efectúe su propio pago con el interés del 6% por año. En el caso, no probable, de que esto no pueda obtenerse, la deuda quedará a cargo de los estados de Entre Ríos y Corrientes, y para garantía de su pago, con los intereses estipulados, Sus Excelencias los señores gobernadores de Entre Ríos y Corrientes, hipotecan desde ya las rentas y los terrenos de propiedad pública de los referidos estados."

Tras la actitud de Urquiza, Córdoba declaró que era un infame traición a la patria y dijo que Urquiza se había prostituido a servir de avanzada al gobierno brasileño”, y los gobernantes de tras provincias hicieron pronunciamientos en el mismo sentido. Intentaron formar una coalición militar para defender a Rosas, pero era demasiado tarde.

Urquiza reunió en Entre Ríos el llamado “Ejército Grande”, formado por tropas entrerrianas, correntinas, los emigrados unitarios, los soldados argentinos del sitio, unidades “coloradas” del ejército uruguayo y tropas del Imperio. Con todos ellos cruzó el río Paraná en buques brasileños, y derrocó al gobernador santafesino Echagüe.

En camino hacia Buenos Aires ocurrió un hecho que mostraba la lealtad de los porteños hacia Rosas. Un regimiento entero se pasó a las fuerzas de Buenos Aires, asesinando al coronel unitario Pedro León Aquino y a casi todos los oficiales; eran de las fuerzas porteñas que se habían unido, obligadas, a Urquiza en Montevideo.

Como de costumbre, Juan M. de Rosas puso al mando de las fuerzas de su provincia al general Ángel Pacheco; pero esta vez no respondió como debía y dejó avanzar al ejército hacia la capital. De modo que Rosas, a sus casi 59 años, asumió él mismo el mando de su ejército, esperando a Urquiza cerca de su campamento de Santos Lugares.

El 3 de febrero de 1852 se encontraron los 24 mil hombres de Urquiza con los 23 mil de Rosas en la batalla de Caseros. Fue la batalla más grande que se haya dado jamás en América del Sur.

Fueron pocas horas de batalla, y el vencedor fue Urquiza. Hubo muchos ejecutados, como los coroneles Martiniano Chilavert y Martín Santa Coloma; y todos los soldados del regimiento de Aquino, que fueron colgados de los árboles del parque de Palermo.

Urquiza alistó a sus hombres en el “ejército grande” y avanzó sobre Buenos Aires, derrotando a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de Febrero de 1852.

Apenas algunas horas más tarde Rosas fue forzado a escribir su renuncia. Finalmente se embarcó en el buque de guerra Conflict hacia Inglaterra, de donde nunca volvió estando vivo.

Al día siguiente de Caseros, los terratenientes porteños, como por ejemplo los Anchorena, primos de Rosas, renegaron de su pasado rosista y trataron de congraciarse con las nuevas autoridades.

El “Ejército Grande” podría haber entrado a Buenos Aires al otro día de Caseros, sin embargo Urquiza esperó 17 días. El 20 de febrero, aniversario de la batalla de Ituzaingó, fue la fecha de entrada triunfal a Buenos Aires, elegida como desagravio al Imperio brasileño.

Las fuerzas de oposición al Gobernador eran un conjunto extraño: Federales antirrosistas, unitarios, jóvenes intelectuales, autonomistas, que sólo tenían en común su oposición a Rosas. De tan heterogéneo era cuasi imposible que se mantuviese unido: se fue dividiendo en numerosos bandos políticos.

Si la caída de Rosas parecía significar el fin de las contiendas provinciales, no fue así, desde entonces los enfrentamientos se tornaron más encendidos que nunca; el país parecía estar a punto de estallar en pedazos.

Urquiza se instaló en la casa de Rosas en Palermo. Hizo algo que Lavalle había hecho antes: para asegurarse el apoyo político, repartió dineros públicos entre muchos oficiales y allegados. Las órdenes de pago más modestas eran por veinte mil pesos. Don Vicente López y Planes cobró 200 mil pesos y aceptó asumir como gobernador de Buenos Aires.

Enseguida comenzaron a llegar más emigrados desde Montevideo, que pronto coparon el gobierno en la ciudad.

Urquiza envió al interior a Bernardo de Irigoyen, con la misión de entrevistarse con la mayor cantidad de gobernadores posible para invitarlos a una reunión de gobernadores, a celebrarse en San Nicolás de los Arroyos.

La reunión se llevó a cabo los últimos días de mayo, y allí se acordó reunir un Congreso Constituyente en la ciudad de Santa Fe, con dos diputados por provincia. Además, Urquiza quedaba con el cargo de Director Provisorio de la Confederación, sin definir realmente sus funciones.

La legislatura porteña rechazó el Acuerdo, pues quería tener más representantes que las demás provincias; pero se escudó para el rechazo en el cargo concedido a Urquiza, quien respondió disolviendo la Legislatura.

Una revolución, el 11 de septiembre, encaramó en el poder a los unitarios de Buenos Aires, y los diputados porteños no se incorporaron al Congreso. Urquiza estuvo a punto de imponerse por la fuerza, pero a último momento decidió creer en las posibilidades de negociar con los porteños. En eso se equivocó, porque no hubo acuerdo en el corto plazo. Decidió bloquear el puerto de Buenos Aires, pero con el tremendo error de poner al frente de la escuadra al coronel norteamericano John Halsted Coe. El Marino yanqui vendió la escuadra a Buenos Aires el 20 de julio de 1853 (por 5000 onzas de oro) con lo que los porteños dijeron “chau bloqueo”.

La secesión era un hecho. El Congreso sesionó sin la presencia porteña, y aprobó una Constitución federal y liberal, adaptación de José Benjamín Gorostiaga de Las Bases de Juan Bautista Alberdi. Este político e intelectual tucumano escribió ese proyecto que copiaba en gran parte la constitución de los Estados Unidos, pero tenía también influencia de la Constitución Argentina de 1826.

El 30 de abril de 1853, horas antes de la sanción de la Constitución Nacional nació la primera de la lista de hijos matrimoniales de Urquiza, y la beba fue llamada Dolores (igual que su madre). Luego irían sucediéndose los nacimientos de 10 hijos más del matrimonio.

Por una ley sancionada durante su presidencia (la Ley Federal Nº 41) doce de los hijos extramatrimoniales que Urquiza había tenido de soltero, fueron legalmente reconocidos, poniéndolos en un pie de igualdad a los 11 hijos matrimoniales. Urquiza tuvo una vida amorosa muy intensa. Casi podría decirse que se tomó al pie de la letra la frase de Alberdi: “En América, gobernar es poblar”, realizándola personal y especialmente.

Urquiza obligó a los diputados federales a aceptar el proyecto de Gorostiaga. Necesitó incluso que varios renunciaran, negándoles el pago de sus dietas. De esa manera se logró: el 1º de mayo de 1853 se sancionó la Constitución, la misma que aun rige hoy (aunque tras varias modificaciones). Hasta la reunión del Congreso Nacional, el Congreso Constituyente se hizo cargo del Poder Legislativo. Entre las principales leyes que sancionó estuvieron la que convertía a Paraná en capital del país hasta que Buenos Aires se uniera al mismo, y otra aprobando un tratado de libre navegación de los ríos con Francia e Inglaterra, que ponía el derecho de navegar los ríos interiores en igualdad de condiciones con la navegación en alta mar, esto es, completamente libre de todo control. En junio, el soborno a los jefes de la escuadra federal terminó con el sitio de Buenos Aires.

El 9 de julio, en todas las capitales de provincia se juró fidelidad a la Constitución.

La Confederación Argentina era una irregular amalgama de 13 provincias que respondían a un gobierno con capital en Paraná. Por el otro, el Estado de Buenos Aires, con intereses definidos, una posición financiera más sólida y una relativa unidad política.

En opinión del historiador Felipe Pigna, la Confederación Argentina intentó llevar adelante un modelo que pretendía “olvidarse” de Buenos Aires e instalar una nueva nación. Esto implicaba crear un sentimiento nacional más fuerte que las identidades regionales, tarea que no sencilla la tarea.

En marzo del año siguiente, los Colegios Electorales de las provincias eligieron a Urquiza presidente de la Confederación Argentina, con el unitario sanjuanino Salvador María del Carril como vicepresidente. Asumió el 1º de mayo de 1854.

Una de sus primeras medidas fue federalizar todo el territorio de la provincia de Entre Ríos para seguir gobernando su provincia, con la salvedad de que las municipalidades conservaron cierta autonomía.

Su gobierno se dedicó especialmente a la educación y a la instalación de tribunales de justicia. Nacionalizó el Colegio y la Universidad de Córdoba y el Colegio de Concepción del Uruguay. Hizo construir edificios públicos en Paraná, y comenzó la instalación de colonias agrícolas de inmigrantes en su provincia y en otras provincias del Litoral (Esperanza, en Santa Fe, fue de las más conocidas) para desarrollar la producción lanera y cerealera

Durante casi la mitad del tiempo de su Presidencia, no residió en Paraná, sino que gobernaba desde el Palacio San José, que se estaba construyendo cerca de Concepción del Uruguay. Durante sus ausencias lo reemplazó Del Carril, como establece la Constitución, pero tenía muy malas relaciones con el ministro del interior, Santiago Derqui; con el tiempo, ambos terminaron liderando partidos opuestos dentro del mismo gobierno.

En las relaciones exteriores, Urquiza logró la paz a cambio de la libre navegación de los ríos interiores, y reconoció la independencia de Paraguay. Se regularizaron las relaciones con la Santa Sede, rotas desde la Revolución de Mayo. Las embajadas más importantes se instalaron en Buenos Aires y no en Paraná. El embajador en casi toda Europa era Juan B. Alberdi, que estableció relaciones cordiales con los países europeos. Su gestión más importante fue lograr el reconocimiento de la independencia argentina por España.

La Confederación manejaba un presupuesto escaso, por la falta de recursos económicos y naturales; la zona más rentable era la Mesopotamia, productora de ganado y cereales. Urquiza trató de combatir esa pobre situación económica, firmando tratados comerciales con Estados Unidos, Francia e Inglaterra, pidiendo créditos al Brasil (la banca del barón de Mauá), estimulando la inmigración, creando las mencionadas colonias agrícolas. Pero los problemas económicos del interior eran estructurales: faltaban tierras, capitales, y no había suficiente mano de obra. Para peor, las mercaderías salían del puerto de Rosario pero necesitaban pasar por la aduana de Buenos Aires, que hacía aumentar mucho los costos por las fuertes sumas que exigían; esto complicaba demasiado el comercio con el exterior. La emisión de papel moneda organizada por su primer ministro de economía, Mariano Fragueiro, fue un fracaso. Las finanzas estaban permanentemente en rojo, y era una situación que no se podía sostener mucho tiempo más.

La Confederación Argentina endureció sus políticas hacia Buenos Aires: en 1857 se dictan las Leyes de Derechos Diferenciales, que establecían ventajas a los productos que llegaban a su territorio sin pasar por Buenos Aires. Era una abierta provocación a los porteños, entonces el gobernador Alsina promulgó un decreto prohibiendo el paso por aguas porteñas de productos de la Confederación. El conflicto ya pasaba a ser una guerra económica.

Desde Santa Fe y Entre Ríos se lanzaron varios ataques hacia la provincia rebelde, pero éstos terminaron con la cruel represión de la invasión del general Jerónimo Costa, en 1855, que fue ejecutado sin juicio junto con casi todos sus oficiales.

Ninguno de los intentos de Urquiza de reincorporar Buenos Aires prosperó, por el contrario, en Buenos Aires crecía la idea de declarar la independencia. Los gobiernos porteños apoyaban cualquier revuelta liberal contra el gobierno de la Confederación, pero tampoco lograban poner en peligro la estabilidad de ésta.

En 1859, el caudillo sanjuanino Nazario Benavídez, amigo de Urquiza, fue asesinado. Su muerte fue festejada en Buenos Aires. Con esa muerte Urquiza perdió la paciencia. Exigió la entrega de los asesinos e intervino el gobierno de la provincia. Inmediatamente lanzó un ultimátum contra Buenos Aires: o se reincorporaban, o se reiniciarían los choques bélicos.

Buenos Aires eligió la guerra. Los dos ejércitos se encontraron en Cepeda el 23 de octubre de 1859. Las tropas de Urquiza derrotaron a las del general Bartolomé Mitre. A continuación el entrerriano avanzó hacia Buenos Aires y exigió la reincorporación. El gobernador Alsina renunció y se firmó con su reemplazante, Felipe Llavallol, el Pacto de San José de Flores o “de Unión Nacional”. el 11 de noviembre de 1859

De acuerdo con el mismo, la provincia rebelde revisó la Constitución y propuso modificaciones a la misma, Buenos Aires otorgaba subsidios a las provincias y se comprometía a pagar los gastos de la nueva convención constituyente, donde se incorporarían las reformas propuestas por Buenos Aires; sin embargo, Buenos Aires alargaba los plazos de la incorporación y mantenía el control de las rentas nacionales a través de la aduana.

La Convención Constituyente especialmente reunida en Santa Fe en 1860 aprobó las reformas sin discusiones.

Según el punto de vista de los federales del interior, en vez de castigar a la provincia por su rebeldía, se la había premiado. La elección de Mitre como nuevo gobernador aparecía como una garantía de que la provincia sólo aceptaría incorporarse a la Confederación, a a condición de que se le permitiera controlarla.

En mayo de 1860, Urquiza entregó el gobierno nacional a su sucesor, Santiago Derqui.

Poco después se dejó sin efecto la federalización de la provincia de Entre Ríos, quedando fuera de la misma la ciudad de Paraná. Y una nueva constitución provincial declaró a Concepción del Uruguay capital de la provincia. Se esperaba y así fue: Urquiza volvía a ser el gobernador, apenas 50 días después de dejar la presidencia.

Continuó su política de promoción de la educación y la colonización, pero se entrometió continuamente en el gobierno de Derqui. Para sacarse de encima su tutela, éste se apoyó en Mitre, pero eso sólo sirvió para debilitar su gobierno.

Una serie de conflictos con Buenos Aires, incluyendo nuevos problemas en San Juan y el rechazo de los diputados por Buenos Aires por una cuestión legal, llevaron a que Mitre desconociera el Pacto de San José.

Entonces Derqui se preparó para una nueva guerra contra la provincia rebelde. Reunió un importante ejército en Córdoba y lo unió a las fuerzas de Urquiza. Éste fue puesto al mando del ejército.

Pero Urquiza no quería pelear, y trató por todos los medios de llegar a un arreglo con Mitre. Se sentía traicionado por el presidente, y decidió que no iba a vencer para dejarle el triunfo.

Mitre se negó a cualquier trato e invadió la provincia de Santa Fe. Nuevamente las fuerzas porteñas y del interior se enfrentaron, esta vez en Pavón el 17 de septiembre de 1861. La caballería confederada había destrozado a la porteña, y si la infantería de Mitre pudo desplazar a la de Urquiza, fue sólo porque éste no la empleó a fondo; ni siquiera movió su reserva. Urquiza retiró sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. Esta vez la victoria fue para los porteños, que extendían así su dominio a todo el país.

 []Sin atender los pedidos del presidente ni de sus propios comandantes de caballería, entre ellos López Jordán, Urquiza regresó a Entre Ríos. Mientras tanto, Mitre, que se había retirado derrotado a San Nicolás, tardó varias semanas en comprender que había quedado vencedor por abandono. Invadió Santa Fe, masacró a la reserva federal en Cañada de Gómez y envió un ejército a ocupar Córdoba y otro a Cuyo.

Debilitado política y económicamente, Derqui se exilió en Montevideo. Urquiza consideró caducado el gobierno nacional, en lo que fue imitado por los demás gobernadores. El vicepresidente Juan Esteban Pedernera renunció en diciembre, y declaró disuelto el gobierno.

Mitre asumió el mismo gobierno nacional que había denunciado como despótico cuando lo ejerció Urquiza en 1852, reemplazó a todos los gobiernos federales de las provincias, y meses más tarde se hizo elegir presidente de la Nación.

Tras la derrota de Pavón, Urquiza se refugió en su Palacio San José y se dedicó a sus negocios agropecuarios.

Se negó a apoyar los levantamientos federales de los montoneros del Chacho Peñaloza y Felipe Varela contra la política del puerto de Buenos Aires que asfixiaba al interior y sólo reapareció públicamente en 1865 para apoyar a Mitre en la Guerra del Paraguay. Esta actitud desprestigió mucho su figura en las provincias y generó fuertes rechazos entre sus coprovincianos. En 1868 volvió a la vida política presentándose como candidato a presidente. Fue derrotado por Sarmiento quien a poco de asumir apoyó su nombramiento como gobernador de Entre Ríos y lo visitó en su palacio de Concepción del Uruguay.

Urquiza mantuvo la autonomía de su gobierno en su provincia y conservó el cargo de gobernador. No hubo un acuerdo explícito, pero sí un acuerdo tácito con Mitre, por el cual éste nunca amenazó a Urquiza. A cambio, Urquiza se mantuvo neutral durante todas las rebeliones federales de esa década, que varias las hubo contra la política del puerto de Buenos Aires que asfixiaba al interior. En La Rioja, el general Ángel Vicente (“Chacho”) Peñaloza mantuvo una larga rebelión hasta que fue asesinado en 1863, muerte de la que fue principal responsable Sarmiento. Cuatro años más tarde, Felipe Varela y Juan Saá dirigieron otra rebelión en Cuyo y La Rioja, pero ésta fue aplastada. Éstas y otras revoluciones federales se hicieron en nombre de Urquiza, y sus dirigentes pidieron repetidamente ayuda y órdenes al jefe natural del Partido Federal, que era Urquiza; pero Urquiza no se movió.

Su gobierno no fue tan progresista como los anteriores. Su provincia se vio beneficiada por la política librecambista de Mitre, aunque las incipientes industrias tuvieron que cerrar. Pero la ganadería floreció más que nunca... Entre Ríos vivía sobre todo de la ganadería... y Urquiza era un ganadero.

Reforzó su sistema casi feudal: nadie podía vender ni campos ni hacienda sin primero darle aviso a Urquiza, que tenía el derecho de prioridad. De esa manera pudo aumentar sin riesgos su ya enorme fortuna.

Al estallar en Uruguay, iniciada En 1863 el general Venancio Flores, con apoyo de Mitre, invadió Uruguay, iniciándose lo que se conoce como la “Guerra Chiquita” Urquiza se mantuvo también neutral. La mayor parte de los federales entrerrianos trataban de ayudar al gobierno uruguayo. Cuando la ciudad de Paysandú fue atacada por la flota brasileña y las fuerzas de Flores, hasta dejarla destruida, muchos federales entrerrianos y porteños (entre éstos, Rafael y José Hernández) lucharon a favor de los defensores. El bombardeo se veía desde Concepción del Uruguay, y se oía desde el Palacio San José; a Urquiza le llegaron cientos de cartas invitándolo a entrar en acción, pero Urquiza no se movió, siempre mantuvo su pacto tácito con Mitre.

En las elecciones provinciales de 1864, promovió la candidatura de José María Domínguez contra la del general López Jordán, que seguía siéndole leal, pero podía pretender actuar con autonomía. Domínguez, en cambio, gobernó como un dependiente del viejo caudillo. El gran costo fue seguir ganándose la enemistad de un aliado de muchos años, y también seguir alimentando las suspicacias en su propio partido y provincia.

La caída del gobierno uruguayo provocó el inicio de la Guerra del Paraguay (o “de la Triple Alianza” contra Paraguay), en 1865. Mitre llamó a todas las provincias a movilizarse contra el gobierno del Mariscal Francisco Solano López, y Urquiza repitió el llamamiento al pueblo entrerriano. Los federales entrerrianos estaban indignados; escribían contra la guerra y a favor del gobierno paraguayo. López Jordán escribió a Urquiza: “Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca, general: ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos para pelear a porteños y brasileños. Estamos prontos. Éstos son nuestros enemigos”.

Pero Urquiza estaba obteniendo un gran provecho de la guerra: ya había reunido la mayor parte de los caballos de la provincia para vendérselos a Brasil.

Poco después ordenó movilizar todas las fuerzas provinciales en el campamento de Calá. En un gesto insólitamente racista, ordenó movilizar a todos los “pardos y morenos” entre los 20 y los 30 años. Se presentaron 8.000 voluntarios, la mayor parte de ellos convencidos de que iban a unirse a los paraguayos contra los brasileños. Reunidos en cinco columnas, comenzaron a marchar hacia el norte, pero al llegar al pueblo de Basualdo, se enteraron de qué lado iban a pelear: simplemente se fueron a sus casas. Mediante amenazas, logró reunir otra vez a su gente, pero al llegar al campamento de Toledo, nuevamente desertaron en masa. Esta vez, Urquiza hizo fusilar a varios, pero ni aún así logró reunir un tercer contingente. Entonces reunió los 800 soldados de infantería de línea de su provincia y los embarcó a la fuerza hacia el frente.

En 1868 se presentó a las elecciones presidenciales como candidato del partido federal, pero perdió por una diferencia aplastante contra el candidato de una parte del unitario: Domingo Faustino Sarmiento. En cambio, logró hacerse elegir nuevamente gobernador de su provincia, y en mayo de ese año asumió nuevamente el gobierno provincial. Sarmiento apoyó su nombramiento.

Con todas sus actitudes desde Pavón, el prestigio de Urquiza caía rápidamente. Su gobierno cerró los periódicos opositores y arrestó a los directores de los mismos.

En 1870 terminaba la Guerra del Paraguay. Urquiza recibió en su Palacio San José, con gran despliegue de desfiles y brindis, al presidente Sarmiento, el principal responsable de la muerte del Chacho y el más terrible enemigo de los federales. Era la sanción visible del acuerdo tácito y ya muy duradero del caudillo con los unitarios, y los federales lo tomaron como un insulto, como la gota de colmaba el vaso, como un gesto ofensivo y sin retorno.

El general López Jordán organizó rápidamente una revolución; el primer objetivo era, supuestamente, apoderarse de la persona del gobernador, para forzarlo a renunciar o expulsarlo del país. Envió en su busca al coronel Simón Luengo, cordobés que había visto la represión de los porteños en su provincia, donde habían derrocado al menos dos gobernadores federales; que había visto los crímenes de los coroneles de Mitre y Sarmiento en su provincia y en las vecinas. Era más que difícil imaginar misericordia de parte de tal personaje.

Urquiza fue asesinado en el Palacio San José el 11 de abril de 1870: una partida de cincuenta hombres al mando de Luengo llegó con caballos al grito de “¡muera el traidor Urquiza!”, y redujo la guardia. Urquiza salió a defenderse con un fusil, pero fue herido de un tiro en la cabeza y rematado con 5 puñaladas.

Ese mismo día eran asesinados en Concordia también sus hijos Justo Carmelo y Waldino; los dos eran amigos íntimos de López Jordán, lo que tanto podía interpretarse como una marca de mayor saña vengativa tanto como de intento de coartada de que L. Jordán no había tenido responsabilidad en el crimen.

El asesinato de Urquiza contó con amplio apoyo popular entre los entrerrianos. Tres días después, López Jordán fue elegido gobernador por la Legislatura.

Al tiempo, López Jordán fue acusado de haber querido encabezar una rebelión contra el gobierno nacional. En 1871, pese a una heroica resistencia, la provincia fue sometida por la fuerza. Los federales, tanto jordanistas como urquicistas, fueron proscriptos, y las garantías que Mitre había tácitamente acordado con Urquiza desaparecieron. La provincia fue ocupada militarmente y perdió para siempre la importancia que había tenido.

Los restos de Urquiza descansan desde agosto de 1872 en la Catedral de la Inmaculada Concepción (en C. del Uruguay). Su recuerdo y su paso por la historia, aún a más de 130 años de su muerte, siguen alimentando polémicas entre quienes ven en él a un libertador que puso fin al régimen rosista y al gran impulsor de la organización constitucional del país y entre quienes lo consideran un traidor a la causa federal.  

Esta nota fue redactada en base a otras dos: la biografía presente en Wikipedia.com, y la que se encuentra en elhistoriador.com.ar de Felipe Pigna.

Nota:  el texto en azul y con letra Tahoma corresponde a la segunda parte, que complementa a lo aparecido en la Revista AquíDEVOTO
de setiembre 2010, pero sin haber sido publicada en papel.