> GRANDES DE NUESTRO TANGO

Azucena Maizani

Azucena Josefa Maizani nació en la ciudad de Buenos Aires el 17 de noviembre de 1902. A los cinco años de edad se fue con unos parientes a vivir a la isla Martín García, esa famosa isla ubicada en el medio del Río de la Plata a mitad de camino entre Argentina y Uruguay. Allí hizo sus estudios primarios. Regresó a Buenos Aires a los 17 años, y se dedicó a la costura trabajando en una fábrica de camisas y en una casa de modas. El canto ya por entonces le gustaba, de modo que cantaba tangos como aficionada. Una noche fue al Pigall, el cabaret donde actuaba Francisco Canaro y tras insistirle, logró que le permitiera cantar en público, acompañada por la orquesta de éste. Tras un pequeño ensayo en el intervalo, Canaro, sin saber el nombre de esa “morocha de espléndida juventud”, la presentó como “Azabache” y cantó dos tangos. Eso no continuó laboralmente, pero sin duda habrá incidido en lo que vendría, dado el empujón anímico que significaba haber cantado acompañada por el gran Canaro, el director uruguayo-argentino que ya por entonces era en sí mismo una institución de la música.

En 1922 trabajó como corista en la pieza “El bailarín del cabaret”, de la compañía de los hermanos César y Pepe Ratti; se presentaba en el teatro Apolo, y en la misma obra estaba el cantor Ignacio Corsini.

Fue como consecuencia de una fiesta familiar que su carrera comenzó a tomar relevancia. Allí había ido con Delia Rodríguez (era una conocida cantante), y en esa reunión estaba Enrique Pedro Delfino acompañando desde el piano a todo concurrente que se animara a cantar. De modo que Azucena cantó y dejó tal impresión en el virtuoso pianista que se sintió movido a presentarla a un empresario teatral, Pascual Carcavallo. Éste la escuchó y la contrató. Empezó solamente cantando un tango en el sainete “A mí no me hablen de penas” de Alberto Vacarezza. Era en el teatro Nacional (propiedad de Carcavallo) en julio de 1923 y la Maizani no tenía letra como actriz: sólo cantaba “Padre nuestro” compuesto especialmente para ella por Delfino y Vacarezza, acompañada por la orquesta de Salvador Merino. La noche del estreno el público con sus ovaciones hizo que repitiera el tango cinco veces. Éxito resonante.

Continuó en el teatro toda esa temporada y al mismo tiempo comenzó a trabajar en radio y a grabar discos. La misma suma que ganaba en el teatro por mes, la ganaba en radio por cada audición.

En el verano se unió a una compañía que representaba en el teatro Smart, y en 1924 pasó a trabajar en la obra “Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina”, con el legendario Florencio Parravicini, aquel famoso por los agregados improvisados, figura tan importante para el espectáculo argentino que mereció una película (“Flop”, en la que lo personifica Víctor Laplace) estrenada en 1990. Durante esa temporada Maizani estrenó las piezas de José Bohr “Pero hay una melena” y “Cascabel cascabelito” y comenzó a grabar con la orquesta de Canaro.

Trabajó en el teatro San Martín en la compañía encabezada por Héctor y Camila Quiroga estrenando dos tangos de gran calidad que luego se popularizaron: “Silbando” y “Organito de la tarde”. Era en 1925, y al año siguiente trabajó en el mismo teatro pero con Elías Alippi.

Entre 1923 y 1926 grabó acompañada por la orquesta de Francisco Canaro. Luego, siempre para el sello Odeón, por el piano de Enrique Delfino y el guitarrista Manuel Parada.

Durante 1927 actuó en el teatro Porteño, y algunos de sus éxitos fueron las interpretaciones de “Amigazo” (de Filiberto, Velich y Brancatti) y “Esta noche me emborracho” (de Discépolo), y “Pato” (este tango de Collazo lo había grabado Rosita Quiroga el año anterior).

En 1928 se unió en matrimonio con Juan Scarpino, y tuvo un hijo que muere al poco tiempo, tras lo que la pareja se separa.

Fue contratada por una importante emisora de la época de nuestra ciudad: Radio Prieto. Trabajó en el teatro Maipo. En 1929 hizo algunas presentaciones en Montevideo

Con el violinista Roberto Zerrillo realiza giras por el interior del país y luego un viaje muy importante por España y Portugal. La unión de Azucena y Zerrillo era artística pero también sentimental.

Entre 1929 y 1931, ya pasada al sello Brunswick, grabó con el acompañamiento del violinista Roberto Zerrillo, el piano de Oreste Cúfaro y Manuel Parada, amén de que en algunos de los temas suena el violín de Antonio Rodio.

Vuelven de Europa en 1932 pero, tras esos pocos años de ausencia en Buenos Aires, otras cancionistas están en el estrellato. Por nombrar las más trascendentes: Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Ada Falcón y Tita Merello. No le iba a resultar fácil recuperar el sitial destacado que había logrado hasta 1929.

Sin embargo, entre las primeras cosas que hizo entonces fue participar del primer largometraje sonoro argentino: “Tango”, donde canta el tango “La canción de Buenos Aires” (compuesto por ella con Oreste Cúfaro, con letra de Manuel Romero), la “Milonga del novecientos” (de Manzi y Piana) y acompañada por la Orquesta de Juan de Dios Filiberto, el tango “Botines viejos”. El filme fue estrenado el 27 de abril de 1933 en el Cine Real. Pero no era su primera participación en cine: antes de ir a Europa había rodado una película muda.

Sigue filmando, y como cantante, la película “Monte criollo”, en la cual aparece cantando el tango del mismo nombre, con letra de Homero Manzi y música de Francisco Pracánico. Luego viene “Nativa”, en la que, además de cantar, tiene un papel actuado pero sin relevancia.

Pese a la difícil pero auspiciosa reentrada laboral en Buenos Aires, en 1936 es víctima de un duro golpe: su nueva pareja y representante artístico se suicida al ser descubierto, porque la había estafado. Es que ella ganaba muchísimo dinero, y el joven Rodolfo Caffaro no tenía las mejores intenciones. Las malas lenguas la acusaban de que ella había disuelto su matrimonio para estar con él, y que luego lo había llevado al suicidio. Entonces estaba en la pésima situación de estar en bancarrota (por la defraudación de él) y teniendo que aclarar todo y así resguardar su buen nombre y su carrera.

Apenas un mes después, Azucena se presentó en el cuadro final de una obra teatral que representaba la compañía de Pierina Dealessi; era una sala repleta, en su mayoría con mujeres. Otra vez, el reconocimiento y el apoyo del público.

En 1938 emprende una larga gira por los Estados Unidos. Para la colonia hispanoparlante participa de la película “Dí que me quieres” cuya dirección musical estaba a cargo de Terig Tucci, el músico que dirigió la orquesta de acompañamiento de Carlos Gardel en sus films. El Morocho del Abasto había fallecido tres años antes.

En la década de 1940 comienza su decadencia. Sin embargo, aún hizo algunas grabaciones más, colaboró en la recaudación de fondos para los damnificados por el terremoto de San Juan de 1944 cantando y haciendo colectas, actuó en Radio Argentina y realizó giras por el interior del país, Chile , Perú, Ecuador y Colombia, pero ya su figura pertenece al pasado. Puede notarse que la decadencia de su carrera fue en paralelo con el ascenso de las grandes orquestas de esa década recordada como la “dorada” del tango orquestal para bailar, cantado o no. Es que además el estilo de Maizani se caracterizaba por una gran expresividad, apoyándose mucho en las letras.

Con la compañía de Ivo Pelay actuó en 1948 en el Teatro 18 de julio (Montevideo) y en El Nacional en Buenos Aires. También solía actuar en cafés. En 1961 fue a Brasil, donde grabó un disco larga duración.

Dado que ya estaba lejos de sus mejores épocas, tanto desde lo vocal como del éxito y la fortuna, para ayudarla le hicieron (por iniciativa de Dorita Davis) un festival de homenaje en el teatro Astral. Fue en noviembre de 1962 y allí volvió a cantar; el público la colmó de aplausos. Seguiría cantando unos años más, no mucho más, porque en 1966 sufrió una hemiplejia. En toda su carrera, dejó más de 270 grabaciones.

Pese a no tener una educación formal en música, compuso algunos temas, “chifulando”, como ella decía, para aclarar que lo hacía como “chiflando”, silbando. Su obra más conocida y exitosa es el tango “Pero yo sé”, grabado por muchos artistas, inclusive hoy día. Pero también compuso otros temas recordables, como el ya mencionado tango “La canción de Buenos Aires”, y el vals “Pensando en ti” con versos de Celedonio Flores.

Azucena tuvo la gran suerte y privilegio de ser gran amiga de Carlos Gardel. Se conocieron en 1923 y “el mudo” le grabó su tango “La canción de Buenos Aires”, hecho en colaboración con Oreste Cúfaro y Manuel Romero. Algunos comparan la figura de Maizani con el de Gardel, pero en esto ha de incidir el paralelo de sus respectivas inéditas popularidades, y en el ser pioneros en calidad y masividad. Porque en lo estrictamente estilístico, Gardel era notablemente más dúctil.

Azucena Maizani falleció pobre y casi olvidada, el 15 de enero de 1970.