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Juan Domingo Perón

Fue militar y elegido por el voto popular para 3 períodos presidenciales. Con sus políticas en los años ’40 se ganó el apoyo de los trabajadores, ya que los incluyó en la vida política e institucional del país. También, impulsado por su esposa María Eva Duarte, incluyó a las mujeres en los sufragios, tanto como electoras como elegidas. Con esto y más, marcó la historia argentina del siglo pasado, y aun hoy su figura sigue ejerciendo influencia en la política. A 65 años del 17 de octubre de 1945, intentamos acercarnos a su biografía, con una perspectiva histórica.

Juan Domingo Perón nació el 8 de octubre de 1895, en Lobos, Provincia de Buenos Aires.

Juan Perón, que llegaría a ser Presidente de la Nación, electo para tres períodos (lo que aún no ha sido igualado), no fue el primer integrante de la familia en tener cargos públicos. Su abuelo paterno, Tomás Liberato Perón (1839-1889), había sido Diputado Provincial por dos años, hasta 1870, y Catedrático de Química y de Medicina Legal entre 1870 y 1885, Vocal del Consejo de Higiene Pública (1873-1885), entre otros cargos. Casado con Dominga Dutey, una viuda uruguaya de origen vasco-francés, tuvieron tuvo tres hijos varones. Uno de ellos, Mario Tomás, abandonó la carrera de medicina en 1890 para trasladarse a Lobos, donde conoció a Juana Sosa (1875-1953), hija de un albañil y descendiente de españoles y aborígenes. Con ella tuvo, además de Juan Domingo en 1895, a Avelino Mario (1891-1955), ambos hijos naturales, pues Mario y Juana recién se casaron en 1901. En 1903 la familia se trasladó a la localidad chubutense de Camarones, porque Mario Tomás había sido designado para desempeñarse como Juez de Paz en ese lugar.

Juan Domingo asistió a la escuela primaria en Buenos Aires, para lo cual debió alejarse de sus padres y hermanos: se hospedó con sus tías paternas. Ingresó al Colegio Militar en 1910, graduándose en 1916 con el grado de subteniente de Infantería. En enero de 1919, ya como teniente, participó en la represión de los huelguistas de los sucesos de la Semana Trágica, durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen.

En 1928, la madre de Perón enviuda, y tiempo después se casó con un empleado rural.

En enero de 1929 Juan Perón se casó con Aurelia Eugenia Tizón, una muchacha de clase media, de unos 21 años por entonces.

En 1930, se acercó a los sectores cívico-militares que preparaban el golpe contra el presidente Yrigoyen. A fines de junio le hicieron conocer al general Uriburu, y desde entonces Perón, dentro de ese grupo en formación, trata de convertirse en el encargado de unirla con las otras que pudieran existir con el mismo fin. Realizaba gestiones para incorporar oficiales al proyecto, y el 3 de julio el teniente coronel Álvaro Alsogaray le comunicó que había sido designado para formar parte de la sección “Operaciones” del Estado Mayor revolucionario, del que Alsogaray era jefe. Pero al poco tiempo a Perón le crecían las dudas sobre las posibilidades de éxito del proyecto; el 3 de septiembre le comunicó a Alsogaray que se separaba del movimiento, aunque comprometiéndose a colaborar con el mismo cuando el momento llegase. La víspera del golpe, Perón fue designado ayudante del teniente coronel Descalzo, y el 6 de septiembre los dos fueron a la Escuela Superior de Guerra, para reafirmar su adhesión. Luego, fueron al Regimiento de Granaderos a Caballo con una columna, arrestaron a su jefe que se negaba a adherirse y lo reemplazaron por otro. Con tropas se formó una columna en la que Perón iba en un auto blindado y armado con cuatro ametralladoras, marchando a la Casa Rosada; la encontraron invadida por civiles que estaban causando destrozos, y trataron de desalojarlos pacíficamente. Durante ese día permaneció en el lugar resguardando la seguridad hasta que llegaron las tropas restantes; por la noche patrulló las calles de la ciudad para prevenir desmanes. Narrada de forma somera, esa fue su participación en momentos del golpe que derrocó a Yrigoyen en su segunda presidencia. En todo ese movimiento, Perón se sentía más cómodo en el ala más moderada, cuyo referente era el general Agustín P. Justo. En 1932, al asumir éste la presidencia, Perón tuvo oportunidad de vivir de cerca las cuestiones de gobierno y de la cúpula militar. Porque fue designado ayudante de campo del nuevo ministro de guerra.

En 1938 fallece, a raíz de un cáncer uterino, su esposa Aurelia; sus restos descansan en el Cementerio el Salvador de la ciudad de Rosario.

Perón fue agregado militar de Argentina en la Italia de Benito Mussolini, entre 1939 y 1941. Se especializó en alpinismo, esquí y alta montaña, pero lo más importante fue lo que vivió desde el punto de vista político y social; para el hombre de Lobos el régimen fascista era “un ensayo de socialismo nacional, ni marxista ni dogmático”.

De regreso en Argentina, Perón dicta una serie de conferencias sobre el estado de situación bélica en Europa, tras lo cual fue ascendido a Coronel y designado comandante en una unidad de montaña en la Provincia de Mendoza.

Ya entrada la década del 40, Argentina vivía momentos políticos muy inestables, porque el sistema de fraude electoral mostraba signos irreversibles de agotamiento; el gobierno del presidente Ramón Castillo perdía apoyo político de modo continuo y rápido. En los partidos políticos de la oposición, el movimiento obrero y las Fuerzas Armadas predominaba la idea de que había que terminar con el régimen conocido desde entonces como “década infame”, que se había iniciado con la caída de Yrigoyen.

En marzo de 1943 se creó una logia denominada G.O.U. (Grupo de Oficiales Unidos, o Grupo Obra de Unificación), integrada por oficiales del Ejército de mediana y baja graduación. En relación a la Guerra mundial en curso (la Segunda), e ideológicamente, era un grupo heterogéneo, porque había militares afines a los Aliados, y también neutralistas y germanófilos, aunque todos eran anticomunistas y se decían nacionalistas. Tanto es así que pocos coincidían en los objetivos finales de la logia. Prácticamente había una sola coincidencia: que era necesario derrocar a Castillo y eliminar el régimen de fraude. Varios historiadores sostienen que Juan Perón fue uno de los líderes del G.O.U., e incluso fue uno de sus fundadores. El coronel Perón pensaba que al final los aliados terminarían por imponer su superioridad de recursos y ganarían la guerra.

 

Golpe de Estado del 4 de junio de 1943

 

El ministro de guerra del presidente Castillo, capitán Francisco Filippi, era miembro fundador del G.O.U., y yerno del general Pedro Ramírez, y el 3 de junio Castillo le pidió la renuncia. Esto desencadenó la sublevación: los jefes de tropa se reunieron por la noche con los generales Rawson y Ramírez en Campo de Mayo. Al día siguiente una gran columna partió hacia allí para derrocar al presidente Castillo, iniciándose la llamada “Revolución del 43”.

El primero en ser designado Presidente, de facto, fue el general Arturo Rawson, que era partidario del tradicional neutralismo argentino, pero cuyas preferencias estaban virando hacia el bando aliado. Parecía una figura aceptable para todas las corrientes militares, pero cuando intentó formar su gabinete con sectores de derecha provenientes del régimen derrocado, los jefes militares exigieron su renuncia para designar presidente al general Pedro Pablo Ramírez. Ningún miembro del GOU integró el gabinete, pero el coronel Enrique P. González fue designado a cargo de la estratégica secretaría privada de la presidencia, y el Coronel Emilio Ramírez como Jefe de Policía.

Perón se desempeñó como secretario privado del ministro de Ejército, a las órdenes del general Edelmiro Farrell. El poder y la influencia creciente de Perón dentro del gobierno militar provino de su alianza con el sindicalismo argentino, principalmente con las corrientes sindicales socialista y sindicalista revolucionaria. Un sector del movimiento obrero, principalmente el socialista de la CGT Nº1, a través del dirigente mercantil socialista Ángel Borlenghi y el abogado ferroviario, también socialista, Juan Atilio Bramuglia, decidió entablar contacto con los coroneles Perón y Domingo Mercante. Las conversaciones establecieron una alianza inicial para la sanción de leyes laborales que venían siendo reclamadas largamente por el movimiento obrero, y por fortalecimiento de los sindicatos y del organismo estatal que regulaba las relaciones laborales. Para esto, Perón maniobró dentro del gobierno para que se lo designara al frente del Departamento Nacional de Trabajo y, dado el cierre del Congreso Nacional, puso en vigencia por decreto un gran número de leyes de tema y carácter social, similares a las que desde décadas antes habían sido presentadas por los diputados socialistas (Alfredo Palacios es el más recordado) en el Congreso, pero que eran rápida y rutinariamente descartadas por las mayorías conservadoras. La sanción de tales mejoras sociales de los trabajadores le prodigó poderosos enemigos entre los industriales, ganaderos y comerciantes. Sin embargo, la posición de Perón dentro del gobierno militar se fortaleció gracias al apoyo de un creciente número de sindicatos que apoyaban su gestión; éstos, a su vez, iban tomando conciencia de su verdadero poder como factor de presión pública.

En aquella dinámica, el coronel Perón consiguió que el Departamento de Trabajo fuera elevado al rango de Secretaría de Trabajo. Con el apoyo de una parte importante del movimiento obrero, empezó a desarrollar gran parte del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 que extendió la indemnización por despido a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiadas con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista; se creó el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohibieron las agencias privadas de colocaciones y se crearon Escuelas Técnicas orientadas a obreros. En 1944 se firmaron 123 convenios colectivos, que alcanzaban a más de 1.400.000 obreros y empleados, y en 1945 otros 347 convenios, para 2.186.868 trabajadores.

En ese marco los sindicatos comenzaron una época de gran crecimiento y comenzaron a afiliar masivamente a los nuevos trabajadores, los que estaban migrando masivamente a la ciudad desde las provincias, y también desde países limítrofes, que eran llamados “morochos”, “grasas” y “cabecitas negras” por las clases medias y altas, y hasta por los propios trabajadores “viejos”, descendientes de la inmigración europea.

Desde la nueva Secretaría de Trabajo y Previsión, Perón siguió trabajando fuerte, siempre tendiente a captar la voluntad política de los trabajadores.

El pensamiento político de Perón se componía con múltiples influencias: nacionalismo católico, el falangismo español, fascismo e incluso el socialismo. Era esencialmente pragmático. En sus discursos de 1944 Perón afirmaba que es necesario integrar al obrero al sistema como un consumidor, por cuestiones económicas pero sobre todo porque de esa manera se lo aleja de la influencia revolucionaria.

En 1944 el general Edelmiro Farrell desplazó de la presidencia al general Pedro Ramírez y nombró a Perón ministro de guerra y Vicepresidente. A la vez que Perón seguía acumulando cargos y poder, había sectores militares que se preocupaban también cada vez más por la creciente influencia del Coronel.

Pronto algunos sindicatos (especialmente los de ideología anarquista y comunista) que se habían mantenido alejados de Perón, se acercaron y comenzaban a unificarse en torno de la Secretaría de Trabajo. Sin embargo se daba la paradoja de que a la vez otros, ya afines a Perón y sus políticas, se alejan de la CGT en septiembre de 1945; eran cuatro importantes sindicatos: La Fraternidad (ferroviarios), la Unión Obrera Textil, la Confederación de Empleados de Comercio y el Sindicato del Calzado. La respuesta de Perón y de su colaborador Domingo Mercante a tal desafío se tradujo en otorgar mayores beneficios a los sindicatos que los apoyaban y a la vez quitaron personería jurídica a los gremios opositores, lo que implicaba, paradójicamente, una seria violación a los derechos del trabajador.

Entre esos bandos en conflicto se producían frecuentes bataholas. La tensión política iba en aumento, y la situación fue aprovechada por la facción del Ejército contraria a Perón, que presionó al Presidente Farrell, quien se decidió por quitarle apoyo a Perón y permitir el ascenso del grupo militar antagónico, encabezado por el General Ávalos. Consiguieron de Perón la renuncia a todos sus puestos el 9 de octubre de 1945 y, para mayor seguridad, lo encarcelaron en la Isla Martín García. Al conocerse estos hechos, los sindicatos comenzaron a movilizarse, con la preocupación de que el alejamiento de su líder derivara en la eliminación de todos los beneficios sociales obtenidos.

Pero muy pronto sucedería algo que no cabía entre las posibilidades imaginadas por los militares y por los grandes poderes del país (con excepción del nuevo poder de los sindicatos). El 17 de octubre de 1945, la Plaza de Mayo fue colmada por una muchedumbre que reclamaba el regreso de Perón y su restitución en todos sus puestos públicos. El coronel regresó ese mismo día y, desde el balcón de la Casa de Gobierno, acompañado por Farrell, anunció la creación de un nuevo gobierno compuesto por partidarios suyos, y su lanzamiento como candidato a las elecciones que tendrían lugar en febrero de 1946. Los acontecimientos tomaban un rumbo y, sobre todo un ritmo, completamente inesperados.

La movilización del 17 de octubre tuvo dos efectos inmediatos: por una parte forzó a Perón a retornar a la lucha política y por la otra incidió en el Ejército, porque algunos jefes militares que antes se le habían opuesto, oportunistamente pasaron a apoyar a Perón, y el resto se vio obligado a pedir su retiro o tolerar la marcha de Perón hacia la Presidencia.

El fortalecido coronel se tomó un corto lapso de descanso. También se casó, el 22 de octubre, en la ciudad de Junín, con Eva Duarte, la joven actriz que había nacido en 1919 en otra localidad bonaerense: Los Toldos, y que había pasado una sufrida infancia. Era la menor de una familia compuesta por ella, otras 3 hermanas y un hermano, y su madre Juana Ibarguren. El padre de todos era Juan Duarte, pero nunca reconoció a ninguna ni a Juancito, porque esa era una segunda familia formada por él; su esposa y progenie “legítima” estaban en Chivilcoy. Esa doble vida era, hasta los años ’40 una costumbre generalizada en el campo, para los hombres de clase alta. Evita sufrió desde niña por las descalificaciones que se usaban para casos como el de ella: era una hija “adulterina”. Por esas primeras décadas del siglo pasado, la discriminación por casos así era muy cruel. Tras la muerte de su padre, Evita, con sólo 7 años, debió presenciar una escena de gran escándalo cuando su familia fue a Chivilcoy y la familia legítima de Duarte les impidió el ingreso al velatorio, pese a lo cual lograron acompañar el cortejo fúnebre y asistir al entierro.

Se dice que Eva tuvo una participación importante en el aliento para la movilización de los descamisados, el 17 de octubre. Sin embargo, esa es una verdad construida adrede por el peronismo, pues en ese momento Eva estaba en Los Toldos. El que movilizó a las masas fue Cipriano Reyes, uno de los más importantes fundadores de este nueva era ascendente del peronismo: Cipriano Reyes, que una vez que Juan Perón fue Presidente (muy pronto, ya veremos), manifestó un disenso importante y fue perseguido y borrado de la historia.

Juan y Eva se habían conocido el 22 de enero de 1944, en el estadio Luna Park, durante un acto realizado por la Secretaría de Trabajo y Previsión, en el cual se condecoró a las actrices que más fondos habían recaudado en la colecta de solidaridad con las víctimas del terremoto que afectó tremendamente a la ciudad de San Juan. Eva ya había tenido sus primeras actuaciones sindicales: en agosto de 1943 fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.

Perón comenzó su campaña política, de cara a las elecciones de 1946. El sector de la Unión Cívica Radical que lo apoyaba formó la UCR Junta Renovadora, a la cual se sumaron el recién creado Partido Laborista y el Partido Independiente, en tanto la organización radical FORJA (en la que se enrolaban el intelectual Arturo Jauretche y el poeta tanguero Homero Manzi, entre otras personalidades), se disolvió para sumarse al movimiento peronista.

El avance de la figura de Perón dentro del gobierno militar, y su fortalecida alianza con los sindicatos obreros, generó una fuerte oposición tanto dentro como fuera de las Fuerzas Armadas, y especialmente en las clases medias y altas. En 1945, la embajada de Estados Unidos, promovió la unificación de las fuerzas opositoras, hasta conformar un gran movimiento anti-peronista que incluyó a los partidos Comunista, Socialista, Unión Cívica Radical, Demócrata Progresista, Conservador, la Federación Universitaria Argentina (FUA), la Sociedad Rural (terratenientes), la Unión Industrial (grandes empresas), la Bolsa de Comercio, y los sindicatos opositores. Durante su breve gestión como embajador, y valiéndose de un excelente dominio del idioma castellano, Bruille Braden actuó como un líder político de la oposición, en una neta violación del principio de no intervención en los asuntos internos de un país extranjero. A través de la conformación de ese frente de oposición, Braden estaba seguro de poder destruir a quien presentaba como “el Hitler del mañana”. Entre otras acciones, Braden propició en 1946, pocos días antes de las elecciones, la publicación de un informe denominado “El Libro Azul” en el cual se solicitaba la invasión militar de Argentina acusando a integrantes del gobierno de colaborar con las potencias del Eje, de acuerdo a documentos recopilados por el Departamento de Estado estadounidense. En sintonía con la publicación de este libro, los partidos políticos que sostenían la candidatura presidencial de Perón, publicaron un libro de respuesta que se tituló “El Libro Azul y Blanco” golpe de efecto con el cual se instaló hábilmente la consigna “Braden o Perón”.

Las elecciones del retorno a la democracia se realizaron el 24 de febrero de 1946. Perón las ganó con el 56% de los votos; triunfó en todas las provincias con la excepción de Corrientes.

Las primeras manifestaciones anti-peronistas masivas fueron organizadas por el movimiento estudiantil, bajo el lema de “abajo la dictadura de las alpargatas”. Las manifestaciones obreras que apoyaban las leyes laborales, contestaban “alpargatas sí, libros no”, surgiendo así esa vieja y nefasta dicotomía que aún hoy en ocasiones se menciona con alguna intencionalidad ideológica.

Primera Presidencia (1946–1952)

 

Desde la presidencia, Perón continuó con las políticas sociales que beneficiaron tanto a la clase trabajadora como al empresariado nacional, sobre todo industrial. Luego del triunfo electoral disolvió los tres partidos que se habían creado para sostener su candidatura, para unificarlos en una sola organización política, llamada primero Partido Único de la Revolución y luego simplemente Peronista o Justicialista. Cipriano Reyes, quién se negó a aceptar la disolución del Partido Laborista del que era su presidente, sufrió un atentado contra en el que resultó herido él y muerto su chofer. Más tarde fue encarcelado, acusado de planear el asesinato de Eva Perón, hasta el fin del gobierno peronista.

Expandió muchísimo la agremiación de los trabajadores en sindicatos que respondían a la corriente laborista y ayudó a establecer el predominio de la Confederación General del Trabajo (CGT) como central unitaria.

Aplicó a fondo la política de sustitución de importaciones mediante el desarrollo de la industria liviana que se venía impulsando desde la década anterior. El primer gobierno de Perón hizo que el país invirtiese también fuertemente en la agricultura, especialmente en la siembra de trigo.

Por el estancamiento del sector primario, había una escasez de divisas con las que se importaban los bienes de capital e insumos necesarios para el proceso de industrialización. Entonces el gobierno peronista concretó la nacionalización del comercio exterior mediante la creación del IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio) que significaba el monopolio estatal del comercio exterior. Éste le permitió al Estado obtener recursos que utilizó para redistribuir hacia la industria. Dicho intercambio intersectorial, del sector agrario a la industria, provocó el enojo de los productores del campo, ya que el Estado les compraba a precios devaluados.

El Estado Nacional compró los ferrocarriles a capitales extranjeros, en su mayoría ingleses, en 1948, y creó la empresa Ferrocarriles Argentinos. En 1947 anunció un Plan Quinquenal (el que se recuerda como el primero) para fortalecer las nuevas industrias creadas, y comenzar con la industria pesada (siderurgia y generación de energía eléctrica en San Nicolás y en Jujuy).

Durante el primer gobierno peronista el componente salarial del ingreso nacional superó, por primera vez en la historia, a la retribución obtenida en concepto de ganancias, intereses y renta de la tierra. En 1943 los trabajadores percibían el 44,4% del ingreso nacional, y los empresarios, capitalistas y rentistas recibían la mayor parte: el 55,6%; 5 años después, y gracias a los cambios introducidos por el peronismo, primero con Perón trabajando desde sus cargos en el gobierno militar y luego ya como Presidente, 1948 los trabajadores recibían el 53% contra 47% del sector más pudiente. Datos como este ayudan a entender el cariño inmenso y el agradecimiento eterno de los sectores populares hacia Perón y Evita.

También se desarrolló un amplio plan de viviendas para trabajadores, con lo cual en muchos lugares del país, los obreros pudieron tener su primera casa propia, pero sobre todo en el Gran Buenos Aires, que creció mucho poblacionalmente, como consecuencia de la gran masa migratoria proveniente de las provincias del Norte.

La relación con la prensa

Cuando Perón asumió el gobierno muy pocos periódicos lo apoyaban: Democracia, El Laborista y La Época. Pronto comenzaron las acciones más variadas para combatir a los medios opositores, y mantener en el redil a los afines. En primer lugar, la provisión de papel de diario (por esa época, todo de origen importado) era distribuido por el gobierno, fijando cuotas sumamente reducidas para los medios hostiles; también prohibieron el envío de determinados diarios por correo; frecuentemente iniciaban procesos judiciales por desacato contra los editores y directores de periódicos críticos; y también hubo muchas clausuras de medios de prensa no adictos al gobierno. La última instancia era la expropiación, lisa y llana, con entrega posterior a administraciones adictas al régimen, como ocurrió con los diarios La Prensa y La Nueva Provincia de Bahía Blanca. Michel Torino, propietario del diario El Intransigente de Salta, fue acusado de desacato y estuvo varios años preso.

En forma paralela, y aplicando una combinación de presiones (oficiales y sindicales) y beneficios, el gobierno fue adquiriendo periódicos, revistas y estaciones de radio, en forma directa o a través de testaferros. Así, por ejemplo, compró los periódicos Democracia, La Razón, Crítica y Noticias Gráficas, el conglomerado Haynes que reunía al diario El Mundo y la radio del mismo nombre así como revistas de diverso tipo, pero estas adquisiciones se mantenían en reserva sin dejarlas trascender al público. Al finalizar el gobierno de Perón (en 1955) sólo dos periódicos de circulación nacional (La Nación y Clarín) no pertenecían al Estado, el cual además controlaba la totalidad de las radios a las que la ley 14.241 había agrupado en cuatro cadenas.

En 1951 comenzó a transmitir LR3 Televisión Radio Belgrano, actualmente llamado Canal 7. Ese fue el nacimiento de la televisión en Argentina.

Política Sanitaria

En 1946 el Dr. Ramón Carrillo fue designado secretario de Salud Pública; en 1949 se crearon nuevos ministerios y el Dr. Carrillo siguió trabajando pero con el rango de ministro. Trató de llevar a cabo un programa sanitarista que se dirigía hacia la creación de un sistema unificado de salud, preventivo, curativo y de asistencia social de carácter universal; en ese sistema el Estado cumpliría un papel preponderante. Si bien tropezó con grandes obstáculos, se logró un mejoramiento sustantivo en las condiciones de la salud pública. Uno de esos obstáculos resultó ser la constitución o el afianzamiento de las obras sociales de los sindicatos, especialmente aquellos con mayor número de afiliados (por ej. los ferroviarios y los bancarios), y otro fue la actividad de la Fundación Eva Perón que en ciertas áreas se superponía con las de Salud Pública; ambos factores conspiraban contra el proyecto unificador de Carrillo. El número de camas en hospitales aumentó: era de 66.300 en 1946 (4 cada 1000 habitantes) pasó en 1954 a 131.440 (7 cada 1000 habitantes). Se hicieron campañas para combatir enfermedades endémicas como el paludismo, la tuberculosis y la sífilis, utilizando a gran escala los recursos del DDT para el primero y la penicilina para las últimas y se acentuó la política sanitaria en las escuelas al hacer obligatoria la vacunación en su ámbito. En 1942 unos 6,5 millones de habitantes tenían provisión de agua corriente y 4 millones tenían cloacas, y en 1955 los beneficiarios eran 10 millones y 5,5 millones respectivamente. La mortalidad infantil bajó: era de 80,1 por mil en 1943 y pasó al 66,5 por mil diez años después; la esperanza de vida subió: era de 61,7 años en 1947 y de 66,5 años en 1953.

Constitución Nacional reformada en 1949

La necesidad de incorporar nuevos derechos sociales y las nuevas funciones del Estado fueron los argumentos básicos que motivaron una Reforma de la Constitución Nacional. Así se incorporaron a la Carta Magna numerosas cláusulas sociales, tales como los derechos de la ancianidad, los derechos del niño, derechos de la mujer, derecho laboral con fuerte protección de los trabajadores, el hábeas corpus. También, las bases jurídicas para expropiar grandes empresas monopólicas. Reforzó también las facultades del Poder Ejecutivo, posibilitando incluso la reelección indefinida del presidente y que los representantes (Poder Ejecutivo) sean elegidos por voto directo.

La igualdad política de hombres y mujeres, se complementó con la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida que garantizó el artículo 37 (II.1) de la Constitución de 1949. El texto fue directamente escrito por Eva Perón. En 1955 la Constitución fue derogada, y con ella la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio y frente a la patria potestad, reapareciendo la prioridad del hombre sobre la mujer.

El sufragio femenino

En 1947, se sancionó la ley reconociendo a todas las mujeres mayores de 18 años el derecho a votar y ser votadas (sufragio femenino), existiendo recién entonces verdaderamente el sufragio universal en la Argentina, porque desde las elecciones generales de 1916, cuando fue elegido por primera vez el Presidente Hipólito Yrigoyen (el primer presidente que dio al país la Unión Cívica Radical, el primer partido político moderno de los argentinos) se empezó a usar la Ley Electoral que terminaba con el voto calificado e instauraba un “sufragio universal”, pero que no lo era completamente, dado que no incluía a las mitad de la población: las mujeres.

El derecho electoral de las mujeres ya estaba siendo reconocido, pero sólo en la provincia de San Juan, por la reforma de su Constitución provincial, en 1927. A nivel nacional, el derecho al voto venía siendo reclamado por las mujeres desde 1907, cuando Alicia Moreau y otras mujeres fundaron el Comité Pro Sufragio Femenino. Sin embargo ni la Unión Cívica Radical ni los conservadores apoyaron institucionalmente el reclamo y los proyectos presentados fueron sistemáticamente rechazados.

Sin embargo las resistencias al sufragio femenino no estaban ausentes tampoco en el peronismo. En ese sentido Eva Perón (Evita) jugó un papel importante. Luego del 17 de octubre de 1945, a propuesta de Evita, Perón desde su cargo de Vicepresidente, intentó sancionar la ley del voto femenino. Sin embargo las resistencias tanto dentro de las Fuerzas Armadas en el gobierno, como de la oposición, que alegaba intenciones electoralistas, frustraron el intento. También influyó el hecho de que la influencia de Evita dentro del peronismo era relativamente débil antes del 24 de febrero de 1946.

Luego de las elecciones de 1946, Evita comenzó a hacer abierta campaña por el voto femenino, a través de mítines de mujeres y discursos radiales, al mismo tiempo que su influencia dentro del peronismo crecía. El proyecto de ley fue presentado inmediatamente después de asumido el gobierno constitucional. A pesar de que era un texto brevísimo en tres artículos, que prácticamente no podía dar lugar a discusiones, el Senado recién dio media sanción al proyecto el 21 de agosto de 1946, y hubo que esperar más de un año para que la Cámara de Diputados le diera sanción, el 9 de septiembre de 1947, a la Ley 13.010, estableciendo la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres.

Política Educativa

Enseñanza Primaria y Secundaria:

Durante el gobierno peronista el número de inscriptos en las escuelas primarias y secundarias creció a tasas superiores a la de los años anteriores. Una gran parte de los hijos de clase media (quizá la mayoría) y de una parte significativa de los estratos altos de la clase trabajadora, accedió a la educación secundaria, con preferencia por la enseñanza comercial y técnica. La enseñanza religiosa en las escuelas primarias y secundarias que venía de la Presidencia de Ramírez se mantuvo hasta fines de 1954, ya veremos en qué contexto sucedió esto.

Uno de los motivos de irritación de los opositores fue la introducción en los textos escolares de dibujos, fotografías y textos laudatorios de Perón y Evita tales como "¡Viva Perón! Perón es un buen gobernante. Perón y Evita nos aman" y otros similares. Incluso en la escuela secundaria se introdujo la materia “Cultura Ciudadana”, una asignatura que era necesaria y quedaría instalada aunque cambiase de nombre, pero durante el gobierno peronista era en la práctica un medio de propaganda gubernamental. Una vez publicado el libro “La razón de mi vida” de Eva Perón, el mismo fue texto obligado tanto en el nivel primario como en el secundario.

Enseñanza universitaria:

Perón inició su gobierno con las universidades intervenidas desde el 30 de abril de 1946, señalándose en especial que el interventor en la de Buenos Aires era el doctor Oscar Ivanissevich, un ferviente opositor al cogobierno estudiantil. Durante ese año, por renuncias o cesantías, se fueron el 70 % de los docentes y un tercio de los profesores universitarios. Es que la casi totalidad de los intelectuales percibían a Perón, ya desde su surgimiento como figura en 1943, como una figura del régimen militar y, dentro de éste, formando parte de la fracción de coroneles pronazis. Escritores, artistas y universitarios liberales y democráticos fueron antiperonistas por esa razón, pero no como oposición a las nuevas políticas sociales. No es que no hubiese intelectuales peronistas (aunque eran pocos), sino que no tenían prestigio y reconocimiento en el ámbito cultural.

La reforma constitucional de 1949 dispuso que “Las universidades tienen el derecho de gobernarse con autonomía, dentro de los límites establecidos por una ley especial que reglamentará su organización y funcionamiento” pero continuó vigente la ley 13.031 aprobada en 1947 para regir el gobierno de las universidades, a las que convertía en una dependencia del Poder Ejecutivo: desde el rector hasta el último titular de cátedra eran designados por decreto, se suprimía la autonomía funcional y financiera y establecía la pena de expulsión a quienes actuaran “directa o indirectamente en política”, aunque esta norma nunca se aplicó a quienes militaban en el Partido Peronista, lo que se evidencia en los muchos funcionarios y legisladores del mismo que ocuparon puestos en las universidades.(Luna I, 389). La representación estudiantil fue eliminada de los consejos, se introdujo la exigencia de un certificado policial “de buena conducta” sin el cual no se podían proseguir los estudios y comenzó a haber policías de civil omnipresentes en aulas y oficinas universitarias.

Hubo una mejora notable en la infraestructura. En la Universidad de Buenos Aires se construyó el edificio de la nueva Facultad de Derecho y se crearon las de Arquitectura y de Odontología así como la universidad obrera, luego llamada Universidad Tecnológica. Además se remodelaron sedes en el interior del país. Se estableció por decreto 22/1949 la gratuidad de la enseñanza y ello fue un factor que ayudó a que entre 1945 y 1955 se triplicara el número de alumnos, pese a lo cual la cantidad de graduados tuvo escasa variación.

El 17 de mayo de 1951, por Decreto 9695/1951, el gobierno creó el Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas (CONITYC) antecedente inmediato del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).

El renunciamiento de Evita

En 1951, se acercaban las elecciones generales (presidencial incluida), que se realizarían el 11 de noviembre. El 22 de agosto se realizó, por iniciativa de la Confederación General del Trabajo, el cabildo abierto del justicialismo, en un palco levantado en la avenida 9 de julio y la Av. Belgrano, frente al ministerio de Obras Públicas, para proclamar la formula presidencial Perón-Eva Perón para el periodo 1952-1958. Evita no aceptó en principio, y rogó que no la obligaran a hacer lo que no quería hacer. En una larga charla con la multitud, Evita dijo que “Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores” Sin embargo, ante la insistencia popular, pidió cuatro días para pensarlo. Terminante, el pueblo no quería esperar más, pidiendo su aprobación en ese mismo momento, entonces Evita continuó diciendo: “Les digo a todos que yo tenía tomada otra posición pero haré al final lo que el pueblo diga. ¿Ustedes creen que si el puesto de vicepresidente fuera una carga y yo hubiera sido una solución no hubiera contestado que sí? Es que estando al lado del general Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidente no es más que un honor y yo aspiro nada más que al honor del cariño de los humildes de mi patria”.

Es que ella estaba muy enferma, y el cáncer estaba haciendo estragos en su salud. Tanto que, tal como siempre se recuerda, en aquella reunión la habían mantenido erguida gracias a un arnés, aunque la multitud no lo notaba.

El 31 de agosto, por la noche y por cadena de radiodifusión, el país conoció oficialmente la respuesta de Evita. Comunicó su “decisión irrevocable y definitiva” de renunciar a la candidatura a Vicepresidente.

Hortensio Quijano

El candidato a Vicepresidente que completó la fórmula peronista fue el mismo Vicepresidente del primer período: Hortensio Quijano. Había nacido en Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes, el 10 de junio de 1884, y estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires, y recibió su título de abogado en 1909, y el doctorado en Jurisprudencia diez años después. Se destacó como dirigente de la Unión Cívica Radical en Corrientes, resultando elegido en reiteradas oportunidades como convencional nacional.

En sus comienzos estuvo alineado tras la figura de Hipólito Yrigoyen pero luego adhirió al sector antipersonalista contrario al yrigoyenismo.

En 1918 fue candidato a gobernador de Corrientes por la Unión Cívica Radical, pero resultó derrotado. Se desempeñó como colaborador del Presidente Marcelo T. de Alvear (1922-1928). Fue abogado del Banco de la Nación Argentina, filial Goya. En el Chaco se dedicó a la actividad agro-forestal, dejando su exitoso estudio de abogacía en Corrientes. Fundó el Banco Popular y la Sociedad Rural de Corrientes. De 1936 a 1949 fue presidente de la Sociedad Rural de Resistencia. Producida la Revolución del 43 dirigió el grupo de radicales que apoyó a Juan D. Perón, llegando a desempeñarse como Ministro del Interior del presidente Edelmiro J. Farrel, funciones que ejerció del 4 de agosto al 31 de octubre de 1945. En ese mismo octubre fundó la Unión Cívica Radical Junta Renovadora, junto con Armando Antille, Juan I. Cooke, Eduardo Colom, entre otros, en apoyo a la candidatura presidencial de Perón para las elecciones de 1946. En la campaña electoral Quijano se volcó a la tarea de recorrer todo el país en busca de radicales para sumarse al nuevo grupo político y estar en mejores condiciones de derrotar (como ya leímos, así fue) a todo el resto del arco político agrupado en la llamada Unión Democrática. En esa tarea, Quijano consiguió reunir importante apoyo, con gran entusiasmo.

En las elecciones, la fórmula Perón-Quijano resultó victoriosa, y con un amplio margen: el 62% de los votos. Así, la fórmula completa que había gobernado tan exitosamente los últimos 6 años, fue reelegida. Hasta el día de hoy, fue la única vez que un Vicepresidente volvió a ser elegido por voto popular. Sin embargo, el destino quiso que esto no pudiese tener efectos en la práctica, porque Hortensio Quijano falleció el 3 de abril de 1952, en ejercicio de la Vicepresidencia, pero no había comenzado aún su segundo período.

SEGUNDA PRESIDENCIA

La fecha de reasunción de Perón fue el 4 de junio de 1952. El cargo de Vicepresidente quedó vacante, por el momento.

El segundo gobierno peronista se caracterizó por el agotamiento de la política distributiva que había sido uno de los pilares del primer gobierno. Entonces se producen algunos cambios significativos en lo económico. Los salarios, que habían aumentado considerablemente hasta ese momento, se congelaron (los precios también) por medio de contratos bianuales. El IAPI comenzó nuevamente a subvencionar al sector agrario. Se logró controlar el proceso inflacionario. El llamado al capital extranjero, con el objetivo de desarrollar la industria pesada, fue motivo de polémicas, y atrajo las críticas de los opositores, entre ellos Frondizi.

El Segundo Plan Quinquenal planteaba volver a una economía más tradicional y la aplicación de ajustes en los salarios y en las políticas sociales. Las huelgas y los conflictos sociales se generalizaron. En 1952 Perón convoca a sindicatos y empleadores al Congreso Nacional de la Productividad, con el fin de generar un proceso de diálogo social tripartito para enfrentar la crisis. El Congreso fracasa por la incomprensión de los mecanismos de diálogo social tanto por parte de los sindicatos como de las empresas, e incluso de los propios funcionarios del gobierno peronista.

Las bases del modelo peronista comenzaban a tambalear. La Segunda Guerra ya había terminado hacía 7 años, y por ende los extraordinarios ingresos por exportaciones ya no existían. Había que hacer profundos cambios en los lineamientos económicos y políticos. En este sentido, Perón buscó un acercamiento con los Estados Unidos, que se plasmó en el polémico contrato petrolero firmado con la Standard Oil de California, que contradecía gran parte de los principios doctrinarios peronistas y daba enormes ventajas a la compañía norteamericana.

Política Exterior

La misión que había realizado Perón en Europa, y su formación profesional, hacían que las relaciones exteriores ocuparan un lugar importante en sus preocupaciones de gobierno. Opinaba que en la posguerra la Argentina tenía una posición privilegiada por ser gran productora de alimentos en un mundo que los requería en abundancia, lo que le significaba una oportunidad que el país debía aprovechar. Por otra parte, consideraba inevitable que en un futuro no lejano ocurriera otro conflicto bélico de magnitud, y entonces su posición sería aún más ventajosa.

Las simpatías filonazis de algunos integrantes del gobierno surgido del golpe de Estado de 1943, sobre todo en su primera etapa, así como el mantenimiento de la posición de neutralidad del país ante el conflicto mundial, había provocado mucha desconfianza en los países aliados y, sobre todo, en la prensa y en algunos funcionarios de los Estados Unidos, que no fue disipada por la (tardía) declaración de guerra al Eje, decisión por la que había abogado el Coronel Perón como Vicepresidente de la Nación. Esto había llevado a una situación de relativo aislamiento diplomático, al punto que la falta de reconocimiento del presidente Farrell impidió que el país estuviera representado en la Conferencia Interamericana que culminó con el Acta de Chapultepec, en 1945. Al asumir Perón la Presidencia, se lo siguió identificando con esa del gobierno que lo precediera.

El primer Ministro de Relaciones Exteriores (Canciller) que designó Perón fue el abogado laboralista de formación socialista Juan Atilio Bramuglia y la primera misión que le encargó fue la reinserción de Argentina en el mundo.

Poco tiempo después de asumir su primera Presidencia, Perón envió al Congreso para su tratamiento las Actas de Chapultepec, y el Acta de creación de la Organización de las Naciones Unidas. En el mensaje que las acompañaba no explicitaba su posición, pero dio instrucciones concretas y reservadas a los legisladores para que fuesen aprobadas, y además el canciller concurrió al Congreso para defenderlas.

Entre ruidosas manifestaciones de sectores nacionalistas que se oponían a las adhesiones, el Senado aprobó la ratificación por unanimidad. En la Cámara de Diputados había dentro de los dos bloques quienes sostenían posiciones distintas que, incluso, podían llegar a provocar alejamientos.

Con distintos matices, buena parte de los diputados de la oposición opinaba en contra de la adhesión, con objeciones que eran muestra del asombroso “irrealismo de los opositores” y de que “la marca de un nacionalismo sin concesiones había impreso profundamente su ideología” (son opiniones del historiador Félix Luna). Algunas de las expresiones de los diputados Arturo Frondizi, Luis Dellepiane y Ernesto Sanmartino se refirieron a la ONU como “un edificio que se derrumba” (Dellepiane), decían que quedaban en poder de gobiernos extranjeros “nuestras decisiones de guerra y paz, nuestros recursos económicos y hasta el valor de nuestra moneda" (Dellepiane) o afirmaban que con las Actas “podrían llegar a destruirse la formación, no solamente de una conciencia nacional, sino también la formación del país desde los puntos de vista económico, financiero, militar y cultural” (Frondizi).

En el momento de la votación, los opositores se abstuvieron para evitar que se hicieran evidentes sus diferencias internas, y los peronistas aprobaron la adhesión con la oposición de siete de sus miembros.

La valoración del gobierno de Perón que tenía Estados Unidos comenzó a cambiar, ayudada por la salida del Departamento de Estado de funcionarios que se habían manifestado más críticos. El 3 de junio de 1947 el presidente Truman produjo un gesto sin precedentes: invitó al embajador argentino, el Dr. Oscar Ivanissevich, a concurrir a la Casa Blanca, donde departió amablemente, con la notoria ausencia de Braden (el embajador estadounidense en Argentina) que dos días después renunció.

Inmediatamente, y contando con el beneplácito de Estados Unidos, el gobierno argentino anunció el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y a continuación inició tratativas comerciales y cerró acuerdos comerciales con Rumania, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia y Hungría (países por entonces socialistas, hegemonizados por la Unión Soviética).

El 6 de julio del mismo año Perón en un discurso exponía los principios de la denominada Tercera Posición entre capitalismo y socialismo, mediante la cual se daba a entender que en la naciente Guerra Fría la Argentina no se alinearía de forma automática ni con Estados Unidos ni con la Unión Soviética.

En 1948 la tensión entre los ex Aliados subió al máximo cuando la Unión Soviética bloqueó la comunicación por tierra de la zona de Berlín ocupada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia dejándole solamente la vía por aire. Al llegar la cuestión en el mes de octubre al Consejo de Seguridad de la ONU el representante de Estados Unidos que ejercía la Presidencia debió dejar el cargo por estar involucrado. La Presidencia del Consejo de Seguridad, fue asumida entonces por la representación argentina, que por indicación de Perón fue asumida directamente por el canciller Bramuglia, cuya activa gestión mediadora recibió comentarios elogiosos de los diplomáticos extranjeros.

José Paradiso considera sobre la política exterior del gobierno peronista que: “En ocasiones ella ha sido considerada una gran responsable de las desventuras argentinas posteriores, otras veces como la expresión de un razonable pragmatismo cuando no como la obra de un sagaz visionario. Probablemente ninguna de estas versiones sea la correcta, aunque cada una de ellas puede reclamar para sí una parte de la verdad”.

Al mismo tiempo, aún despierta controversias entre los historiadores la acogida en la Argentina de numerosos nazis prófugos durante y después de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos, Adolf Eichmann, Joseph Mengele, Erich Priebke, Dinko Sakic, Josef Schwammberger, Gerhard Bohne, Walter Kutschmann, Ante Pavelic. Recién desde julio de 2003 los gobiernos argentinos han cooperado con las investigaciones (por ejemplo, abriendo archivos secretos), es decir, 29 años después de la muerte de Perón, y a más de 50 años de concluida la Segunda Guerra Mundial.

Mala relación con los no peronistas

El gobierno de Perón se caracterizó por el fuerte y permanente conflicto entre peronistas y anti-peronistas: los oficialistas acusaban a los anti-peronistas de participar en complots, actos terroristas e intentos de golpes de estado, mientras que el anti-peronismo acusaba el proceder autoritario del gobierno, el control de los medios de comunicación y las acciones represivas.

Dado el enfrentamiento frontal entre peronistas y antiperonistas, durante el gobierno de Perón se produjeron algunas violaciones de derechos humanos debido a la persecución de opositores, especialmente de los comunistas. Vale recordar que el gran pianista y director de orquesta de tango Osvaldo Pugliese era por convicción uno de éstos (y de los que compatibilizaban prédica con ejemplo práctico en su propia vida, pues su orquesta funcionaba con métodos cooperativistas) y era muy frecuente que la policía lo detuviese, y entonces su orquesta se presentaba con un clavel rojo (símbolo del socialismo) en el piano. Años después, cuando Perón volvió a ser Presidente en los años ’70, invitó a Pugliese a reunirse con él, y el Maestro asistió, previo pedido de permiso a su partido, y Perón le pidió disculpas por aquellas persecuciones.

El organismo más cuestionado, de los utilizados por el gobierno peronista, fue la Sección Especial de la Policía Federal, que aplicaba sistemáticamente la tortura contra los opositores.

En las universidades, los estudiantes protestaban por el bajo nivel educativo y la insoportable presencia de profesores de tendencias fascistas, que estaban nombrados por el gobierno. Líderes como el radical Ricardo Balbín y el socialista Alfredo Palacios sufrieron la cárcel y el exilio.

Uno de los primeros atentados fue sufrido en 1947 por el dirigente sindical y diputado nacional Cipriano Reyes (1906-2001), integrante inicialmente del bloque peronista pero que se opuso a la decisión de Perón de disolver el Partido Laborista junto a los otros dos partidos que habían sostenido su candidatura en 1946, para crear un único partido peronista. En el atentado murió el chofer de Reyes y él mismo resultó herido. Poco después, Cipriano Reyes y otros dirigentes laboristas, fueron detenidos bajo la acusación de estar planeando el asesinato de Eva Perón. Los detenidos fueron severamente torturados por la Policía Federal y condenados en un proceso judicial en el que no se respetaron la garantías de los acusados. Otros opositores que sufrieron tortura fueron los militantes universitarios Ernesto Mario Bravo y Luis Vila Ayres (comunista el primero y socialista el segundo) y el abogado radical Juan Ovidio Zavala. En 1949, en el marco de una huelga de trabajadores del azúcar en Tucumán, fue detenido y torturado por la policía en los sótanos de la Casa de Gobierno de Tucumán hasta resultar muerto, el sindicalista Carlos Aguirre.

El 15 de abril de 1953 un comando civil antiperonista realizó un atentado terrorista en la Plaza de Mayo haciendo estallar dos bombas durante una manifestación sindical organizada por la CGT. El resultado inmediato fueron 5 trabajadores muertos, y más 90 heridos. Con posterioridad sufrieron torturas el radical Roque Carranza (el mismo que en 1983 fue Ministro de Defensa del Presidente Raúl Alfonsín, durante el primer tiempo de la recuperada democracia) y el demócrata progresista Carlos Alberto González Dogliotti, ambos responsables del atentado en Plaza de Mayo. También, Yolanda J. V. de Uzal y los hermanos María Teresa y Jorge Alfredo González Dogliotti.

Esa tendencia de confrontación se acentúo, incentivada por la crisis económica que sobrevino en 1952, coincidentemente con la muerte de Eva Perón, hechos que debilitaron notablemente al modelo peronista y le fue restando apoyos.

En 1954 Perón decidió que era conveniente que volviera a haber alguien con el cargo de Vicepresidente. Para ello, convocó a elecciones, que hasta ahora fueron las únicas elecciones vicepresidenciales de la historia. El candidato peronista, el Almirante Alberto Tessaire, ganó con el 62,5% de los votos frente al radical Crisólogo Larralde. La contundente consagración del almirante no se atribuyó tanto a su carisma (era endeble) como a la lealtad que en público le profesaba a Perón. Pero, como ya veremos más adelante, Tessaire demostró que su lealtad era tan acérrima como volátil.

Ese mismo año, la Iglesia Argentina decidió apoyar a un partido Demócrata Cristiano; no necesariamente era algo especial contra los peronistas, porque hasta aquel momento apoyaban en muchas cosas al gobierno. La decisión tenía directa relación con obedecer las orientaciones mundiales del Vaticano respecto a eso. Perón se ofendió porque consideraba a su partido democrático y cristiano, y no veía la necesidad de crear otro. Entonces ese frente de conflicto estalló. Perón, con su mentalidad militar, decidió contraatacar, con medidas de gobierno que, si bien eran progresistas, para la Iglesia (y aún más en medio del conflicto) eran todas señales de una guerra desatada contra ella: sancionó una Ley de Divorcio, legalizó los prostíbulos y suprimió la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas. La Iglesia encabezó la oposición y, el 11 de junio de 1955, la tradicional procesión de Corpus Christi se transformó en una multitudinaria manifestación antiperonista. El descontento eclesiástico alentó la disconformidad militar y comenzó a prepararse un nuevo golpe cívico militar.

1955, el año del derrocamiento y exilio de Perón

Ya desde 1951 sectores cívico-militares antiperonistas venían desarrollando actos terroristas, a través de los denominados Comandos Civiles. Éstos, integrados por conservadores, radicales y socialistas, llevaron a la acción un intento de golpe de Estado, el 16 de junio de 1955. Lo hicieron junto con la Marina de Guerra y sectores de la Iglesia Católica. El Ejército instaló tanques y baterías antiaéreas para proteger al Presidente, por lo que a los insurgentes se les ordenó atacar a los miembros del Ejército y a los civiles que apoyaban a Perón, con una veintena de aviones de la Aviación Naval tirando bombas sobre la multitud que se encontraba en una manifestación, en la Plaza de Mayo y una parte del centro de la ciudad de Buenos Aires. Los ataques continuaron hasta las 18 horas. El Golpe de Estado no pudo producirse, fue evitado, pero los resultados en cuestión de vidas fue tremendo: causaron la muerte de 364 civiles, y hubo más de 800 heridos. El hecho es conocido como “El bombardeo de Plaza de Mayo” y es una de las masacres más graves de la historia argentina.

Al día siguiente, la policía de la ciudad de Rosario detuvo sin orden judicial a Juan Ingalinella, médico y dirigente del Partido Comunista Argentino (PCA). Ingalinella fue torturado hasta causarle la muerte y su cuerpo fue hecho desaparecer.

Otros de los que participaron en la insurgencia terminaron pidiendo asilo político en Uruguay.

Luego Perón, en un discurso público por radio, pidió calma a la población. Pero sus seguidores, en respuesta a los ataques, incendiaron varias iglesias en el centro de la capital.

Perón dio entonces por finalizada la llamada revolución justicialista, y llamó a los partidos políticos opositores a establecer un proceso de diálogo que evitara la guerra civil. Por primera vez en años, los opositores pudieron utilizar los medios de difusión estatales. Pero para entonces los partidos opositores ya no estaban interesados en llegar a un acuerdo con Perón, y utilizaron la oportunidad para difundir su oposición al gobierno y denunciar por radio la falta de libertades. Poco después Perón dio por concluidas las conversaciones.

El 16 de septiembre de 1955 las Fuerzas Armadas derrocaron a Perón. La CGT, sectores del peronismo e incluso sectores opositores fueron a reclamar armas para impedir la toma del poder por los militares, pero el presidente se las negó y se exilió temporalmente en Paraguay. Perón estaba ya sin fuerzas, y sobre todo sin ánimo, para revertir la situación, y prefería alejarse.

Apenas triunfó la autodenominada “Revolución Libertadora” y huyó Perón, el almirante Tessaire culpó de “todos los males del país” al depuesto Perón, el mismo a quien en campaña para ser su Vicepresidente elogiaba hasta el hartazgo.

(Continuará)

El resto de la nota será publicado aquí próximamente.