> GRANDES DE NUESTRO TANGO

Argentino Galván

Se cumplen 50 años del fallecimiento, a la temprana edad de 47 años, de este músico que, más que como violinista o director, quedó en la historia de nuestro tango como uno de los mejores arregladores.

Argentino Liborio Galván nació el 13 de julio de 1913 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. En la misma localidad cursa sus estudios primarios. Aunque sin formación musical sistemática, su padre era guitarrista y payador, y músicos y cantores frecuentaban su casa, de modo que el pequeño Argentino estuvo ya desde siempre relacionado con gente que hace música. Desde los 12 años, empezó a dedicarse a la música, estudiando violín.

En 1931 forma su primera agrupación, un sexteto en el que participaba un hermano menor, Raúl. Ya comenzaba a arreglar y también, poco a poco, a componer.

El mismo año pasó por Chivilcoy un sexteto que estaba de gira: Osvaldo Pugliese con su nuevo sexteto (el que remplazó al que había formado en binomio con el violinista Emilio Vardaro, que tuvo efímera existencia). Los violinistas del sexteto eran Alfredo Gobbi y Enrique Cantore, y al escuchar la música de Galván, lo incitaron a que viajase a Buenos Aires, cosa que en aquel momento no realizó, pero esa confianza expresada por los músicos visitantes sin duda habrá sido importante para el jovencito.

Ya por entonces tenía compuestos un vals (“Madre mía”) y un tango (“Mariposa”). El tango tenía letra de Ramón Giachetta, otro vecino de Chivilcoy, y al año siguiente Osvaldo Fresedo lo sumó a su repertorio, aunque sin grabarlo.

Luego forma un trío de guitarras para que lo acompañen en unos solos de violín; ya en 1934 incorpora un cantor, Carlos Claudel (Carlos Devenutto), quien más tarde en Buenos Aires cantó con el conjunto de José Luis Padula. Incluso para esta agrupación de guitarras y violín los arreglos de Galván eran novedosos, originales, atractivos.

En 1934 se hace algunas escapadas a la Capital, y en agosto de 1935 realiza su última actuación con su conjunto. Es que ya había decidido probar suerte en Buenos Aires. Claudel lo vincula a Padula; el joven Galván tiene breves actuaciones en la orquesta de Alberto De Caro, también con el pianista Enrique Delfino por Radio Splendid.

Lo que siguió fueron trabajos con varias formaciones, la de Juan Canaro, la de Florindo Sassone y, en 1937, la de Miguél Caló, como primer violín.

Por entonces, vivía en la pensión “La alegría”, en la calle Salta, y en ese lugar compartió charlas y bohemios momentos con otros grandes de nuestro tango, como Enrique Mario Francini, Julio Ahumada, Armando Pontier, Héctor “Chupita” Stamponi, y otros. Pensando en su situación, reconoce que no tenía condiciones para ser un violinista de lo mejor, y entonces llega a la conclusión de que su vocación, realmente, era lo otro que venía haciendo desde siempre: hacer arreglos, orquestaciones. Decide entonces empezar a dedicarse exclusivamente a eso.

Entró a la orquesta de Caló un violinista que sí era un ejecutante excelso, virtuoso y versátil como pocos: Raúl Kaplún. Entonces Argentino Galván dejó el instrumento y empezó a escribir para el lucimiento de este nuevo primer violinista; en esos arreglos a menudo le exigía el máximo de su destreza, para aprovechar sus dotes y así con esos solos del romántico instrumento llegar a nuevas alturas de belleza orquestal en el tango. Empezó lo que se conoce como una época maravillosa de la orquesta de Caló.

En esos años 40 que estaban comenzando se desarrolla notable y definitivamente la figura del arreglador, en algunos casos (como el de Galván desde aquel momento) con una especialización profesional que aportaba como dedicación exclusiva, o sea sin que además participase en la orquesta como instrumentista. Esta nueva relevancia del arreglador surge como una necesidad, dado que estaban apareciendo nuevos directores de orquesta, jóvenes y capacitados, agregándose a los que ya estaban y entonces, por esa mayor competencia, se necesitaba el arreglador para armonizar y pulir los estilos interpretativos de los conjuntos, y que así cada agrupación tuviese ese estilo único e inconfundible que tanto se valora hoy día respecto de aquella dorada época, la del auge de nuestro tango bailable.

Es en la orquesta de Aníbal Troilo donde Galván podrá ir desarrollando un estilo renovador. Hacía prevalecer las cuerdas en el tratamiento del conjunto. Cuando Troilo debuta en Radio El Mundo en 1940, ya cuenta con los arreglos de Galván. Su primer trabajo es “Pimienta”, el tango de Fresedo, casi como un agradecimiento al gran Maestro que fue el primer grande que interpretó una obra suya, cuando aun era muy joven.

Para Troilo hizo muchos arreglos, sería largo detallarlo; mencionaremos dos: en primer lugar la obra que Troilo consideraba más importante, “Recuerdos de bohemia”, realmente revolucionario para ese tiempo (1946), donde Galván deja que se note claramente la influencia de su compositor predilecto: Claude Debussy, y era un arreglo de tal extensión que ocupaba las 2 caras del disco de 78 revoluciones por minuto, pues constaba de un preludio introductivo y un desarrollo de cinco minutos de duración en forma de fantasía; también la “Selección de tangos de Julio De Caro” (1949), en la que De Caro no deja de estar presente en toda la obra, aunque sus temas están abreviados, cortados, variados.

Arreglos en la misma línea hizo con selecciones de tangos de Bardi y de Cobián, pero no pudieron ser publicados en disco, porque ya ni siquiera entraban utilizando ambas caras del disco en 78 rpm (los discos “de pasta”, en que sólo entraban algunos minutos por cada lado, y que fueron anteriores a los discos “LongPlay”, los “Larga Duración” que podían contener sin problemas más de 10 temas). Sin dudas fue para el gran arreglador una frustración, pero años después tuvo la oportunidad de resarcirse haciendo temas de esos grandes compositores cuando creó “Los astros del tango”.

Para Aníbal Troilo y su orquesta arregló muchos temas; entre ellos mencionaremos el sublime del vals “Palomita blanca” (de Aieta y García Jiménez, del repertorio gardeliano), para el dúo Alberto Marino-Floreal Ruiz (1944), el de “Milonga triste” que grabó Marino, y sobre todo el histórico arreglo de “Sur” (de Troilo sobre letra de Homero Manzi) de 1948, para que lo cante y grabe Edmundo Rivero.

Ya casi desde sus inicios Aníbal “Pichuco” Troilo tuvo el mérito de aceptar arreglos hechos con ciertas audaces libertades, que buscaban innovar, primero con Galván y con Piazzolla, y luego con Ismael Spitalnik, Héctor Artola, Julián Plaza y otros. Así, el sonido troileano siempre fue cambiando, pero sin perder personalidad, porque “el Gordo” siempre revisaba los arreglos con su goma de borrar (para todas las notas que “sobran”, según su estilo y gusto, y eso es algo que contaba Piazzolla), y además estaba claro que los arregladores debían trabajar teniendo en cuenta el estilo de la orquesta.

Pese a que en aquel tiempo trabajó mucho para Troilo, también lo hizo para otras orquestas, como la de Osvaldo Pugliese (“Adiós Bardi” y “La beba”), la del binomio Francini-Pontier (“Tigre viejo”), Osvaldo Fresedo (“El día de tu ausencia” compuesto por Galván, con letra de Manuel Arcos), José Basso (“Rosicler”), entre otros arreglos.

En aquellos años de tanto trabajo compuso, además del mencionado, otros tangos: “Me están sobrando las penas” (con Basso y Bahr), “Cafetín” y “Esta noche estoy de tangos” (con letras de Homero Expósito) y “Nuestra cita” (con Agustín Delamónica).

Su estilo como arreglador le daba siempre predominio a las cuerdas, con solos breves y variados, y con casi permanente intercalación de pequeños adornos en el acompañamiento. Era muy sobrio en la estructuración de los arreglos pero, contrariamente, daba un extraordinario e inigualado preciosismo en el desarrollo de los mismos. Sin dudas aunaba asombrosamente características como buen gusto artístico, sabor de tango y corrección musical; una ecuación si no perfecta, muy personal y efectiva.

También hizo experiencia en el jazz: integró varias formaciones, la más importante de las cuales fue la Brighton Jazz, que dirigía junto con Elvino Vardaro. A este gran violinista y amigo, Galván le dedicó la composición “Violinomanía”.

En 1948 se presenta en Radio El Mundo dirigiendo una orquesta de tango de 35 músicos. En la década del ‘50 realizó la banda sonora de algunas películas argentinas (como “Tres Anclados en París”, “La Vuelta de Rocha”, “Los Pérez García”, “Captura Recomendada”, pero sin mayor suerte porque esas obras cinematográficas no tenían un gran nivel artístico. Y dirigió, sucesivamente, las orquestas de acompañamiento de muchos cantores y cancionistas, como Oscar Alonso, Roberto Maida, Horacio Deval, Carmen Duval, Jorge Vidal, María de la Fuente, Eduardo Adrián, Raúl Berón, Virginia Luque, Roberto Quiroga, Oscar Fuentes y Ranko Fujisawa.

En 1953 promovió la creación de la Sociedad Argentina de Orquestadores y Arregladores (SADOA), entidad de la cual fue el primer presidente. Los músicos pretendían el reconocimiento de su trabajo intentando reformar los estatutos de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC). También pedían la difusión del nombre del arreglador en la etiqueta de los discos y en las ediciones impresas. Pero la resistencia por parte de las empresas grabadoras, y de los directores de orquesta, fue más fuerte, y con el tiempo todo se desmoronó. Aun hoy hay músicos que intentan reivindicaciones similares, o más actuales, para que el trabajo de los arregladores sea reconocido como lo que son: un tipo especial de composiciones, pero composiciones al fin, y sea tratado, recompensado y defendido del modo que merece.

En el año 1956 Galván toma a su cargo la orquestación del Ballet Folklórico Argentino de Santiago Ayala, “El Chúcaro”. Con el transcurso de los años, este gran artista del baile autóctono llegó a ser el mayor emblema de los bailarines folklóricos.

En 1958 forma Los Astros del Tango, un verdadero conjunto de cámara, de altísima calidad, con marcado predominio de cuerdas. Argentino Galván es director y arreglador del conjunto, formado por Elvino Vardaro, Enrique Francini en violines, Mario Lalli en viola, José Bragato en violonchelo, Julio Ahumada en bandoneón, Rafael del Bagno en contrabajo, y Jaime Gosis en piano. En algunas versiones está el violín de Simón Bayur y el contrabajo de Ítalo Bessa o Tito Colom. Debutan en octubre en Radio Splendid y llegaron al registro fonográfico tres veces, en el sello Music Hall, con la particularidad de dedicar cada disco a dos autores. En esos tres discos Larga Duración ofrecieron los tangos de los pioneros Agustín Bardi y Eduardo Arolas (en un disco), de Enrique Delfino y Anselmo Aieta (en otro LP), y de Julio De Caro y Juan Carlos Cobián en el tercero. Al menos los 2 primeros, aunque quizás dificultosamente, se consiguen hoy día en CompactDisc, y el de Delfino y Aieta resulta, en una palabra, “exquisito”. Con estas grabaciones de Los Astros del Tango se puede comprobar la alta idoneidad de Argentino Galván como arreglador; podía darle gran relieve al tango sin que deje de tener el sabor tanguero, y sin necesidad de una orquesta de muchos músicos. Además, debido a que ya cerca de los años 60 las grabaciones técnicamente eran superiores, las de los Astros son sumamente disfrutables.

En 1960 graba un disco donde se reseña “La historia de la orquesta típica”, con el subtítulo “El tango en su evolución instrumental”. Son 34 ilustraciones sonoras, que comienzan con la de “Don Juan” por un trío de guitarra, flauta y violín, bien al estilo de primeros tangos, y va siguiendo la línea histórica y estilística hasta llegar al modernismo de Piazzolla. Eran instrumentistas de los mejores, recreando a los clásicos; algo muy didáctico, a la vez que significaba homenajear a todas esas obras y autores. Una encomiable idea, que plasmó con la colaboración del gran historiador Luis Adolfo Sierra, que hizo el folleto que acompañaba el disco.

Otras composiciones de Argentino Galván que merecen ser recordadas son los tangos “Fierro a fondo”, “Para baile solamente” (instrumentales), “Me están sobrando las penas” (cantable), la “Milonga con traje nuevo”, y “Para que trabaje el grandote”; ésta obra fue pensada especialmente para el lucimiento del contrabajo: si bien ya había habido tangos con algún solo de contrabajo, aunque fuese muy infrecuente (por ejemplo, la recordada variación de contrabajo en “Canaro en París” por la Orquesta de Pugliese), otra cosa es componer un tema completo para que el protagonista sea el más grave de los instrumentos de cuerdas, y en esto fue pionero Argentino Galván con ese tema de tan simpático nombre. Algunos años después, Ástor Piazzolla hizo algo similar en “Contrabajeando”.

En marzo de 1960 dirigió la llamada Orquesta Gigante del Tango, actuando en el Cine-Teatro Ópera. Cinco meses después comienza a trabajar en un repertorio para llevar a Japón, encabezando toda una embajada musical y artística. Piensa en varios “Astros”, como Vardaro, Gosis, Ahumada, del Bagno, y completaría el grupo con músicos japoneses. Ya tiene compuesto para la ocasión un tango convenientemente titulado “Sayonara”. Radio Belgrano, a manera de despedida, pone a su disposición una orquesta de 50 músicos para que exponga dicho repertorio. Sin embargo, todo ese interesante trabajo y viaje quedó como un proyecto nunca realizado, porque el 8 de noviembre Argentino Galván muere, sorpresivamente.

Vaya nuestro recuerdo respetuoso y nuestro homenaje pleno de agradecimiento y cariño a este magnífico músico, no tan recordado por el gran público pero sí por los músicos. El estupendo arreglador que, junto a otros de los que arreglaban para Pugliese, hizo escuela entre los músicos jóvenes, que son los que mantendrán vivo el tango los años por venir, y con posibilidades de revitalizaciones siempre esperadas y merecidas. Cerramos esta sintética semblanza de vida, pero sobre todo de obra, de este incansable creador, con un pensamiento del mismo Argentino Galván:

“Ante todo, no creo en el tango moderno, creo en el tango simple y sencillo. En cambio creo, sí, en la orquesta moderna. Y ésta es la que no se conforma con repetir siempre lo mismo, con monotonía y falta de impulso creativo, sino que busca nuevos timbres que van a enriquecer y modernizar el tango sin desvirtuarlo”.