“Adelgacé...
¿Y ahora qué hago?”

        Por:  Dieta Club Devoto (Dr. Cormillot)

Cuando se adelgaza hay una armonía que se rompe. Cada ser humano, en el transcurso de su vida, logra un equilibrio, entre otras cosas, incorporando y eliminando sustancias de todo tipo.

Incorpora comida, afecto, conocimientos.

Descarga desechos, sentimientos, trabajo, palabras...

Aunque la persona gorda está enferma, se encuentra en cierto equilibrio. No es el mejor que puede lograr, pero sí es el menos malo, ya que cada ser humano se pone en la situación menos mala que puede (y sólo a veces en la mejor). Con las personas obesas sucede lo mismo.

Al comenzar a adelgazar, este equilibrio se pone en juego. Al principio, el impulso suele cubrir la sensación de pérdida, pero con los kilos que se van, se va también un poco la motivación.

El corazón empieza a trabajar más descansado, los pulmones respiran con alivio, las rodillas crujen menos, la ropa comienza a quedar holgada, y los amigables enemigos halagan excesivamente su proeza de haber bajado los primeros kilos.

Entonces la fuerza revolucionaria del principio, decae. Y comienza un proceso de duelo...

>por el cuerpo que va cambiando;

>por la renuncia que se ha hecho a una forma de comer, pues necesariamente un plan para adelgazar implica una disciplina.

Este duelo puede ser mayor o menor, de acuerdo a la persona. Si la motivación para bajar sigue siendo buena, puede tratarse de un duelito siempre que el seguimiento del plan siga siendo el adecuado. Y en los casos de personas bien adaptadas psicológicamente, puede llegar a no aparecer.

En otros casos, especialmente cuando se usa cualquier método antinatural o antifisiológico para bajar de peso, lo probable es que aparezca el cuadro de abstinencia. Usted seguramente sabe que los alcohólicos que dejan la bebida, o quien deja el cigarrillo o cualquier otra sustancia tóxica, al cabo de unos días padecen una reacción especial que se produce porque cuando el organismo está habituado al consumo regular de alguna droga, al verse privado de ésta, protesta. En cada droga el cuadro es distinto, por diferentes motivos.

En la persona gorda se suele producir lo mismo, según el grado de dependencia o adicción que tenga con la comida. Otro factor que puede influir es que, al bajar de peso, algunas cosas alrededor suyo también cambian. La actitud de la gente puede ser distinta ded lo que usted espera. Y esto puede producir frustración. Entonces pueden aparecer irritabilidad, falta de deseos de hacer el tratamiento o cualquier otro tipo de síntomas o cambios (cierta tristeza, melancolía, miedos...)

A menos que la persona se asuste de esta situaciójn y genere un círculo vicioso pensando permanentemente en estas molestias, es posible convivir exitosamente con esa nueva persona que se refleja en el espejo.

Esto dependerá del buen o mal proceso de adelgazamiento que está realizando.

Adelgazamiento BUENO

Adelgazamiento MALO

Hace un plan integral que incluye un programa de alimentación, actividad física, educación obesológica.

Hace un plan unilateral. Se basa en ayunos o dietas muy restrictivas, o tiene toda la energía puesta en el gimnasio.

Sin preparados “adelgazantes” o con la medicación hoy en día aceptada internacionalmente.

Toma los preparados que le recetó el pseudo-homeópata, o se automedica.

Tiene expectativas adecuadas en relación a su descenso de peso.

Sus expectativas son irreales. Quiere bajar 10 kilos en 1 mes.

Baja progresivamente, de a poco.

Quiere batir un récord.

Tiene buena motivación.

Su motivación es pobre.

Ve más desventajas que beneficios en seguir siendo gordo.

No encontró cuáles son los beneficios de adelgazar.

Hace cambios de vida que lo ayudan a mantener su nuevo peso.

Sigue haciendo la misma vida.

Por otra parte, algunas personas ven beneficios en el exceso de grasa, y precisamente en la base de esto reside el miedo que es posible sentir al adelgazar, quizá por tener una creencia irracional que sostiene que al perder la imagen que el gordo guarda de sí mismo (y los kilos), se está más expuesto a salirse de lo cotidiano.

Es como si se dijera: “estoy casado/a, tengo mi hogar, mi trabajo, limpio mi auto los sábados a la tarde, voy a lo de mis suegros los domingos al mediodía, y quiero mostrarle al mundo que considero que cualquier cosa fuera de esto es una locura. No quiero fantasear con nadie, ni resultar tentador/a para nadie, mi pareja me prefiere gordito/a porque así no se siente celosa/o...”

Y así hasta el infinito, como un refuerzo externo de actitudes que muchas veces internamente no se sienten tan seguras.

Como en otras áreas de la vida, es cuestión de aceptar (o no) el desafío.

Y usted... ¿qué prefiere?