Los pequeños manipuladores

por:  Viviana Gonzalez - Docente

Todos los niños tienen la capacidad de convertirse en excelentes manipuladores.  Los niños manipuladores tienen dificultades para disfrutar lo que tienen y de darle un valor a sus méritos y a todo lo que los rodea. Tienden a estar disconformes con todo y por eso creen que disponiendo de otros y haciéndolos cumplir con sus requerimientos hallarán algo de satisfacción o de gratificación. De este modo, es común observar que cuando algo no sale como el chico esperaba, o al contradecirlo, tiene accesos de furia y rabietas, grite y llore con fuerza, se tire al suelo y patalee, y otras veces se desahoga rompiendo algún juguete.

Pero esta actitud no prospera cuando los niños tienen que integrarse a otro grupo social: la familia más amplia, la escuela, los amigos. Les  costará mucho aceptar las normas sociales establecidas.

Ciertamente, la "pequeña tiranía" es un problema de convivencia familiar cuya consecuencia más notable, de momento, sería sufrir algún bochorno cuando el niño hace una de sus rabietas en una reunión social o lugar público; sin embargo, los padres deben considerar que de prevalecer esta conducta su hijo tendrá serios problemas en sus relaciones sociales, además de que su desempeño escolar y hasta laboral puede volverse problemático.

A estos niños les cuesta saber hasta dónde pueden llegar. De allí que intenten conseguir todo lo que se les presente apetitoso, sin cuestionarse y sin mucho análisis de lo que conlleva cada pedido.

Todo niño depende de sus progenitores para satisfacer necesidades de alimento o abrigo durante los primeros dos años de vida, y el único medio con que cuenta para pedir auxilio es el llanto; no es extraño entonces que al crecer, y por comodidad, intente utilizar sus lágrimas y lamentos para conseguir lo que desea e imponer su voluntad. Aunque muchos adultos son capaces de fijar límites a los pequeños y darles a entender que no siempre pueden tener lo que desean, la ineficacia para decir "no" que caracteriza a los padres permisivos les hace perder el control de la situación y ser víctimas del chantaje.

Dada entonces su capacidad de pedir sin discriminar hasta dónde, se tratará de que sus padres puedan darle un lugar a sus demandas, sin permitir el abuso. Son los padres los encargados de ir trazando los límites razonables a todo aquello que exceda su capacidad para responder a los requerimientos. De ese modo comienza a darse cuenta que entre todo lo que pide, hay algunas cosas que no les son dadas y otras que sí.

Si esta limitación no se produce a tiempo, los niños comenzarán a verse cada vez más expansivos en su capacidad de pedir y de obtener.

El circuito comienza así, y llega a lo que podemos llamar “manipulación”.

Son niños que no aceptan un “no” como respuesta y que creen merecerlo todo. Y son capaces de establecer una relación de dependencia marcada por la dominación del niño sobre el adulto.

¿Cuál es la solución? Dar libertad de decisión al niño es una medida adecuada para su formación, pero también es indispensable que los padres sostengan la necesidad de respeto a las normas de convivencia fijando límites claros y coherentes.

También es importante actuar con firmeza. Para un niño va a ser más fácil comprender un argumento cuando se lo dice con tono sereno, convincente y de complicidad.

Es necesario explicar por qué. Cuando un chico entiende el motivo de una norma de conducta como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla y va a hacer conscientes algunos valores de comportamiento que ayudarán a la formación de una moral autónoma. Por ejemplo: “si rompés los juguetes de otros chicos van a sentirse tristes porque  los necesitan para seguir jugando”.

Otra cuestión a tener en cuenta es sugerir alternativas. Al marcar límites en el comportamiento del niño es válido ofrecerle otra opción que haga sonar menos negativa que una prohibición y le permita sentirse con menos desventaja al ver que sus sentimientos y deseos son aceptables. Y lo que nunca debemos olvidarnos es a manejar nuestras emociones. Cuando los padres están muy enojados se muestran más severos y pueden perder objetividad. Es necesario conducirse con calma, tomar aire profundamente y contar hasta 10 antes de reaccionar, mostrando así al pequeño con el ejemplo, que una conducta fuera de control no tiene razón de ser.

Finalmente, en el caso que sientan no poder manejar la situación y los pequeños puedan MÁS, se puede solicitar la ayuda profesional, para recibir orientación para enfrentar los berrinches y chantajes de estos pequeñitos que intentan imponer su voluntad.