Ernesto Sábato

Una rápida nota biográfica para recordar al gran escritor,
intelectual y referente cívico, recientemente fallecido

Ernesto Sábato murió en la madrugada del 30 de abril, debido a una bronquitis que complicó su delicado estado de salud; sus restos fueron velados en el Club Defensores de Santos Lugares, enfrente de su casa. Incesante fue el acudir de gente a despedirlo.

Tenía 99 años; le faltaban 55 días para cumplir los 100.

“Se fue el más grande”, dijo Ricardo Alfonsín, antes de entrar en el velatorio. Filmus dijo que con la muerte de Sábato “ la Argentina pierde un baluarte del pensamiento humanista, pacifista y racional” y recordó que siempre había sido un hombre preocupado por las consecuencias de la técnica sobre la condición humana, y mencionó “Hombres y engranajes”, un ensayo del escritor.

Graciela Fernández Meijide comentó que tuvo la oportunidad de “conocerlo bien cuando fui miembro de la Conadep. Era una persona muy culta y muy valiente, teniendo en cuenta el momento histórico en que empezamos a trabajar, cuando las amenazas eran constantes”.

Un vecino contaba que “Sábato siempre venía al club, le encantaba, hasta hace unos años jugaba al ajedrez, pero en la medida que su salud se debilitó dejó de hacerlo, y hasta hace dos semanas venía a jugar al dominó”.

Los padres de Ernesto Roque Sábato nacieron en Calabria, Italia, y al llegar a Argentina se establecieron en Rojas, Pcia. de Buenos Aires, donde el 24 de junio de 1911 nació Ernesto; desde chico escribía y pintaba, actividades que siempre le apasionaron.

En 1923 termina los estudios primarios en la Escuela N° 1 de Rojas.

En 1936 se casó con Matilde Kusminsky Richter, por matrimonio civil. Al año siguiente se doctoró en Ciencias Físico-matemáticas. El 25 de Mayo de 1938 nació el primer hijo de Ernesto y Matilde.

La Asociación Argentina para el progreso de las Ciencias, a instancias del Dr. Bernardo Houssay, le otorga una beca para trabajar en el laboratorio Jolliot-Curie de París y hacia allí viaja junto a su mujer y el hijo.

En 1940 regresó a Buenos Aires, con la decisión de abandonar la ciencia, pero por cumplir con quienes le habían dado la beca y por la necesidad de trabajar, enseña en la Universidad de La Plata, en la cátedra de ingreso a Ingeniería y en un postgrado sobre Relatividad y Mecánica Cuántica. Tuvo como alumnos, entre otros, a Balzeiro y Mario Bunge.

Poco después cumple su decisión de romper con la ciencia, y se dedica por completo a la literatura.

Comienza su relación con la gente del “Grupo Sur”. Conoce entre otros a Victoria Ocampo, directora de la revista, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges; solían estar tardes y noches enteras hablando de literatura y filosofía.

En 1943 Sábato se había mudado a un departamento que alquilaba en el barrio porteño de Palermo y poco tiempo después se instaló definitivamente en Santos Lugares.

Ha escrito tres novelas: “El túnel” (1948), “Sobre héroes y tumbas” (1961), y “Abbadón el exterminador” (1974), además de varios ensayos. En las últimas décadas había vuelto a otra de sus primeras pasiones: el dibujo y la pintura.