Una visión de
los problemas intestinales

    por:  Dra. Ángela Olmedo - Médica homeopática (tel. 4501-0744)

Entre los más problemas intestinales más comunes tenemos: flatulencia, cólicos, digestión lenta, estreñimiento, diarrea, parásitos, colitis, espasmos, divertículos, apendicitis, ulceraciones, colon irritable, colon dilatado, fístulas, cáncer de colon, enfermedad de Crohn, celiaquía, prolapso, candidiasis crónica.

Esta última fue tratada en la edición anterior de esta revista.

Flatulencia. Los gases pueden provenir de procesos metabólicos normales y también de ciertos elementos como bebidas carbonatadas y levaduras, así como por exceso de aire tragado. Pero generalmente los gases denuncian condiciones anormales del intestino; nutrientes mal digeridos desarrollará microorganismos nocivos que generan desechos metabólicos perjudiciales que impiden la supervivencia de microorganismos benéficos y necesarios; los divertículos incrementan esta problemática al acumular material generador de putrefacción.

Divertículos. Se generan por una suma de factores; el principal es la debilidad en las fibras musculares del intestino, por carencia de minerales y/o por exceso de exigencia debido al estreñimiento, lo que genera una hernia en la pared del colon, que acumula material putrefactivo y promueve el desarrollo de microorganismos indeseables, convirtiéndose en fuente de infección e inflamación.

Por el peligro que genera la ruptura de una de estas hernias intestinales, hay que preocuparse en remover las causas de los divertículos y no acostumbrarse a coexistir con el problema.

Colon irritable. Es consecuencia de desórdenes nutricionales y estrés. Sus síntomas: dolor intestinal, alternancia de diarrea y estreñimiento, mucosidad en las evacuaciones y padecimientos emocionales como depresión, ansiedad, fatiga crónica, malestar general.

Es fundamental para su diagnóstico descartar que haya otras enfermedades digestivas que puedan provocar síntomas similares. Aunque el médico diagnostique colon irritable, ello no debe impedir que mantenga sospechas de posibles enfermedades intercurrentes.

El examen físico y los tests practicados (tacto rectal, rectoscopia, colonoscopía, estudios de laboratorio, estudios de las heces) no revelan ninguna anormalidad.

Los cambios en la dieta pueden ayudar a algunos pacientes, aunque no hay una dieta aplicable a todos. Una dieta rica en fibra, ejercicio regular y disminuir el estrés ayudan al tratamiento.

Celiaquía. Es la intolerancia permanente al gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, avena, cebada y centeno (TACC) y productos derivados de estos cuatro cereales.

Esta intolerancia produce una lesión característica de la mucosa intestinal provocando una atrofia de las vellosidades del intestino delgado, lo que altera o disminuye la absorción de los nutrientes de los alimentos (proteínas, grasas, hidratos de carbono, sales minerales y vitaminas).

Pueden padecerla tanto niños como adultos y la incidencia es mayor en mujeres que en varones. Aparece con más frecuencia entre miembros de la misma familia.

La mucosa intestinal se normaliza cuando se inicia la dieta sin TACC, la cual debe respetarse de por vida.

Parásitos. Una flora intestinal equilibrada impide el desarrollo anormal de microorganismos indeseables, pero cuando ese equilibrio se rompe, sobreviene la invasión de parásitos.

Algunos parásitos ingresan al intestino con los alimentos y no pertenecen a las especies normales de nuestra flora. Otras veces la exuberante multiplicación de los parásitos es un intento de supervivencia de ejemplares de la flora “autóctona”, frente a la agresión por la ingesta de antibióticos y químicos presentes en alimentos como lácteos, pollo, carnes. Además de irritar, inflamar y ulcerar tejidos, estos huéspedes fuera de control generan reacciones alérgicas, depresión inmunológica; las infecciones parasitarias pueden causar una gran variedad de síntomas: gases, inflamación, diarrea, pérdida de peso, cólicos y dolor abdominal, estreñimiento, náusea, vómito, pérdida de apetito, fiebre, erupciones cutáneas, tos, comezón en el ano y deposiciones con sangre o fétidas.

Las correcciones depurativas y nutricionales resultan efectivas. Complementario, inocuo y muy efectivo resulta el propóleo y tiene la ventaja de que llega a todo el organismo, a diferencia de los antiparasitarios, que sólo transitan por el tubo digestivo.

Apendicitis. Es una especie de divertículo ubicado al inicio del colon y que suele inflamarse, dando lugar a la apendicitis; esa inflamación anuncia graves desórdenes bacterianos y mal funcionamiento intestinal. Su extirpación no resuelve las causas; si la situación no está al borde del colapso, lo más indicado es combatir la causa del problema, o sea desinflamar la zona, limpiar los intestinos y regenerar la flora intestinal.

Técnicas de limpieza intestinal. Frente a una acumulación anormal de desechos en los intestinos, y a los problemas que esto genera, siempre resultará beneficioso practicar un drenaje. También hay que modificar las causas que generaron dicha acumulación (carencia de fibra, desequilibrio de la flora, excesos proteicos, etc.), para evitar la repetición del proceso; en casos leves puede ser suficiente con incorporar fibras vegetales solubles e insolubles para normalizar el tránsito.

El uso de hierbas purgantes, enemas y lavaje colónico son recursos que deben utilizarse con mucho cuidado, por sus posibles efectos agresivos y violentos, pero son siempre preferibles al estancamiento prolongado, aunque no hay que hacerse dependientes de estos métodos para regularizar la función intestinal.

La enema de agua consiste en introducir unos 300 cc de agua tibia en el recto por medio de una pera de goma especial para ese fin, lubricando la cánula con aceite, cuidando que la pera esté llena para que no entre aire; se hace de pie y no es necesario retener el agua; de ser necesario se puede repetir y no existe riesgo de acostumbramiento.

Otra forma es la enema de café, que se prepara con 2 cucharadas soperas de café en grano recién molido con ¼ litro de agua hirviendo, se cuela bien y se aplica con cánula; se retiene unos 10 o 15 minutos y luego se evacua. Esta práctica equivale a una diálisis del fluido sanguíneo; mejora la tensión nerviosa, la depresión, las alergias y los dolores agudos.

También se puede recurrir a la limpieza intestinal con agua salada tibia, consistente en hacer correr agua a través de todo el tubo intestinal, no sólo por el colon, hasta evacuarla con el mismo color que se ha ingerido, lo cual indica que el proceso concluyó.

Si no se logran resultados con estos métodos, habrá que recurrir al lavaje colónico; por su complejidad, requiere la supervisión de un especialista y elementos específicos.

Fuente: “Intestinos. Técnicas caseras para una vida saludable”, por Néstor Palmetti, Técnico en Dietética y Nutrición Natural. Editorial Kier.