¡¿Por qué no la llamé?!
(Recuerdos personales sobre María Elena Walsh, por Liliana Abayieva)

Tenía 13 años, ya me habían cortado las trenzas, era rubia, muy flaca... (patitas de tero, decía mamá).

Corría el año 1952 y nos mudamos a una localidad del oeste del Gran Buenos Aires.

Decidí no hacer la secundaria porque quería ser pianista y dedicarme sólo a la música, pero papá, una semana antes de que empezaran las clases, dijo que tenía que estudiar, que era bueno tener una preparación para la vida, y me dio a elegir entre bachiller o comercial.

Cuando yo dije que “podría ser maestra”, él me contestó: “No, tenés que ser independiente”, y me anotó en un colegio comercial privado de Ramos Mejía.

Papá había hecho construir una casa grande en San Antonio de Padua, y por segunda vez volvimos a ese lugar.

Comencé primer año y por primera vez la vi. Debía tener veinte o veintiún años, rubia, de ojos celestes, de voz suave, encantadora, y era nuestra profesora de inglés.

Yo corría con ventaja porque mis padres hacía dos años que nos mandaban, a mi hermana y a mí, a clases de inglés, aunque prefería el francés.

Un día le conté que estudiaba piano y quiénes eran mis maestros, Helena Larrieu y Aníbal Narváez, y oh! casualidad que ella los conocía a través de sus amigos Pepe Fernández y su hermana que, como yo, también estudiaban piano en el conservatorio de la calle Segurola.

La tuvimos de profe durante dos años, y tengo registrada en mi pequeño album de firmas de compañeros de profesores (en aquellos años se usaba así) una cuarteta que me dedicó cuando nos despedimos. Ella se iba a Francia, a estudiar a la Sorbona, y yo a otro colegio.

La cuarteta de María Elena Walsh:

“El tiempo se pierde

y el amor se gana.

Una rosa verde

cortaré mañana”.

Un año más tarde me manda una postal desde París, donde me decía que estaba estudiando y habían formado un dúo con otra artista argentina, Leda Valladares, y cantaban folklore todos los días en un boliche.

Pasaron muchos años... Las vueltas de la vida me llevaron a no ser pianista sino actriz de teatro y radioteatro, pues había cursado el ISER en la especialidad de actriz de radio y televisión.

Ya corría el año 1960. Comencé a actuar en televisión en 1964, nació “Lilita”, la animadora del programa “La hora de los pibes”, en Canal 13, que tuve oportunidad de conducir.

Gracias a la influencia de aquella profesora de inglés que era María Elena Walsh. Me sentía feliz de poder llevar adelante, con sus canciones y con su ejemplo ilimitado de libertad creativa, aquel programa para niños.

En una fiesta del canal a la que asistían todos los artistas, conozco al cantor Hernán Figueroa Reyes, un popular folklorista de aquellos años que, sabiendo lo que yo hacía, porque sus hijos veían el programa, me invita a ir a la CBS Columbia para grabar lo que cantaba. Y el arreglador y director musical en esa compañía fue Oscar Cardozo Ocampo, que más tarde sería el arreglador y músico de las grabaciones de María Elena, y su acompañante en vivo.

En el año 1988 yo ya cantaba tangos, y canté en el salón de SADAIC, donde María Elena, por entonces, ya formaba parte de la comisión directiva, creo que fue una de las últimas veces que la vi.

Desde comienzos del 2010 quería llamarla y contarle que en mi nuevo CD “El tango... de mujeres y amor” he incluido el tema suyo “Serenata para la tierra de uno”, que emocionó a tantos argentinos que tuvieron que exiliarse por razones políticas.

El día 10 de enero de 2011 nos enteramos que te fuiste de gira, y todavía me pregunto... ¿por qué no te llamé?

Quería decirte, María Elena, que nos has marcado el camino con la valentía, con inteligencia y con el amor por las cosas bellas.

Tal como escribió Margarita Yourcenar: “No hay pasado ni futuro, tan sólo una serie de presentes sucesivos, un camino perpetuamente destruido y continuado por el que avanzamos todos”.

escrito por:  Liliana Abayieva - Actriz, Cantante y Bailarina de Tango. Además, es vecina de Villa Devoto