El paciente depresivo y su familia

        por la  Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga

Cambios de humor, decaimiento, irritabilidad, disminución del interés y del placer, problemas con el sueño, variaciones de peso y/o del apetito, sentimiento de culpa, pérdida de energía, desesperanza, etc.

Cuando la presencia de algunos de estos síntomas altera la vida de un individuo, y se presentan solos o acompañados de otras patologías, estamos frente a un trastorno depresivo.

El comienzo es lento, y el paciente piensa ya va a pasar”. Espera para contárselo a su familia y se esfuerza cada día más para disimular su estado. No estamos preparados para enfermarnos y mucho menos para preocupar a nuestras familias.

La familia, por su lado, percibe que algo está pasando pero tampoco se anima a preguntar.

Un día alguien toma conciencia de que existe un problema, y dice “basta”. Puede ser tanto el paciente como algún familiar. Preguntas sin respuestas, dudas, angustia, hasta que, por fin, deciden hacer una consulta y arriban al diagnóstico: depresión.

El tratamiento, en la mayoría de los casos, consiste en psicoterapia con control psiquiátrico.

Durante el transcurso de la enfermedad se producen cambios significativos en el paciente y en su entorno. La pregunta de la familia es: ¿cómo ayudarlo?

Es en este momento en el que la familia también necesita ser ayudada. Se le debe explicar cómo actuar en las distintas situaciones que se presenten, sin insistir con preguntas y con consejos que terminan por angustiar más al enfermo.

Lo aconsejable en estos casos es solicitar Terapia Familiar. Este tratamiento le va a brindar a la familia la contención y el asesoramiento necesario.

Cuando un integrante de la familia se enferma, la enfermedad la padece no sólo el paciente sino también su familia.