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El tango me cambió la vida   
(Segunda Parte)

por :  Liliana Abayieva - Profesora de Tango-Danza
y vecina de Villa Devoto

Todos los que nos hemos acercado al Tango alguna vez, lo hemos hecho con temor, con mucha ansiedad, nos costó bastante tomar la decisión, a pesar de tener bien en claro dentro que era nuestra asignatura pendiente… Y llega el día esperado, la primera clase, y surgen las preguntas: ¿Cómo serán los instructores?, ¿Cómo será el grupo?, ¿podré bailar yo… a mi edad?, nunca hice nada que tenga que ver con lo corporal… ¿serviré?, etc. etc. Todas estas preguntas, y más, se nos presentan con respecto al baile y sobre todo al tango.

De lejos el tango nos subyuga, nos atrae como un imán, nos parece algo oscuro y prohibido, inaccesible, difícil de entender y aprender. Entonces nosotros los instructores les hacemos ver que no es así, que el tango es una danza popular, que tienen que sentirse naturalmente cómodos, que hay mucha fantasía en torno a él... no es que no haya algo de fantasía, pero eso no es todo lo que contiene.

Y por fin comienzan a caminar y caminar y cuando ya pueden bailar con el corazón abierto y a través de las piernas y pies, se inicia la búsqueda del tan ansiado equilibrio corporal y, por qué no, mental, espiritual.

Sobre los tacos, que hace bastante que no se usan, los pies al principio se quejan, porque estaban acostumbrados a ojotas y chinelas y ahora tienen los pies dentro de cofrecitos de cuero: los tan ansiados zapatos para bailar Tango. El primer par son para practicar y no son tan bonitos, como los que vimos en una vidriera del centro, con brillos y tacos finitos y altísimos…

Pero estamos aquí y ya estamos dando los primeros pasos, como cuando éramos bebés, como lo soñábamos y no es tan difícil como pensábamos. El instructor hace fácil lo difícil, ya que todo tiene que ser fácil.

Y ya sabemos el paso básico, y junto mis pies como si ellos se besaran: los talones juntos, las rodillas en tensión articular y sobre todo la postura. Tenemos que recordar el andar de los felinos porque el tango tiene mucho de ellos. Todo tiene que ser elegante, expresivo, seductor. A través de la fuerza expresiva de la música se llega a lo sutil, a la concentración hermosa de poder bailar la bella música del tango. Y llegar a todo esto nos cambia la vida, nos cuidamos y hermoseamos más, primero un corte de cabello, después elijo la ropa que voy a ponerme para ir a la milonga, y no me olvido del perfume, el abanico si hace calor porque es muy importante, ¿qué más? Cada una de ustedes lo sabe, lo intuye… es el encuentro con los compañeros del tango, tres minutos de enamoramiento es lo que dura un tango, hay tandas de 3 ó 4 tangos, volvemos a las mesas y se reanuda el baile con otra tanda y así pasa la tarde o la noche y nos vuelve incansables porque bailar el tango o la milonga en la milonga es la gloria.