Alfredo Gobbi

Se están celebrando 100 años del nacimiento del llamado “Violín Romántico del Tango”, y lo consideramos una muy apropiada ocasión para conocer a fondo a Alfredo Julio Gobbi, quien fue uno de los principales creadores del Tango Moderno. En sólo 53 años de vida, tuvo una intensísima actividad que le dio mucho a nuestro tango.

Segunda (y última) Parte

Para definir al estilo de Alfredo Gobbi, será mejor que acudamos a las apreciaciones de los que saben; en este caso, al estudioso Luis Adolfo Sierra:  Sin alardes excesivamente académicos, pero dentro de un tratamiento armónico de depurada musicalidad, utilizó Alfredo Gobbi para su orquesta una división rítmica muy singular, logrando un tipo de tango preferentemente lento y acentuado, con atrayente utilización del "rubatto", de la "sincopa" y de los sutiles matices de interpretación que confieren jerarquía y belleza sonora a las manifestaciones artísticas de ese carácter. Los solos instrumentales encuentran siempre preferente y exacta ubicación en sus planteos orquestales, permitiendo el lucimiento de los instrumentistas, con particular predominio de su inimitable “violín romántico”. El “violín romántico” de Alfredo Gobbi, de "vibrato" pequeño, de expresivo "portamento", de legítima estirpe "decareana". Por lo demás, tiene preponderante influencia en la modalidad interpretativa de Alfredo Gobbi, el tratamiento del piano como eje conductor de toda su estructura orquestal, ajustado siempre a esa forma tanguística que se ha dado en llamar "marcación bordoneada", y que creara virtualmente con Orlando Goñi, en sus largos años de estrecha camaradería y fraternal amistad, unidos en su impenitente bohemia por una inocultable afinidad artística. (...) Gobbi no sólo concebía -como Fresedo, como Troilo- hasta en sus matices más sutiles el tango que quería ofrecer, dejándole al arreglador la mera faena de traducir esos matices en signos convencionales. Gobbi era su propio arreglador, de modo que reunía así tres de los cuatro elementos que integran una versión tanguera: arreglo, dirección, interpretación instrumental. Y en ocasiones tan memorables como las ofrecidas por “Orlando Goñi” (1949), “El andariego” (1951, dedicado a su padre), “Camandulaje” (1955), también la autoría.  (en “Historia de la Orquesta Típica” de Luis Adolfo Sierra”).

En los arreglos de Gobbi se percibe una amplia gama de elementos rítmicos y armónicos, y así cada grabación que escuchemos de esta orquesta renueva nuestro interés, sigue atrayendo siempre de nuevo, como si volviese a sorprendernos en cada tema.

El bandoneonista Osvaldo Piro, que empezó su carrera profesional -a los 16 años- en la orquesta de Gobbi, afirmó que este “fue un creador de formas, un inventor de formas tangueras. En la temática musical hay tantos misterios... y más en la música popular, que se escribe de forma tan distinta todos los días. Los compositores tienen esa cosa de autenticidad que sale de las tripas, tienen la posibilidad y la libertad de inventar constantemente. Así pasa con el jazz en Estados Unidos, y con la bossa nova en Brasil. Gobbi era uno de esos creadores en el tango.

Un extraordinario músico que también conocía y admiraba a Gobbi fue otro bandoneonista: Ástor Piazzolla, el baluarte de la vanguardia tanguera. Y sobre el músico nacido en Francia dijo: “Para mí Alfredo fue el padre de todos nosotros, los que hicimos el tango moderno. Fue un gran intuitivo, pero escribía arreglos muy interesantes. Yo digo siempre que Gobbi le inculcó el estilo a Pugliese y Pugliese le inculcó el suyo a Gobbi, y de ese ir y venir nacen todas las cosas lindas de la década del ’30, que van a explotar después en la del ’40”.

Respecto a su desarrollo como instrumentista, diremos que aunque no llegó a ser un virtuoso violinista, tampoco excluía ciertos detalles de virtuosismo, necesarios para poder expresar todo el lirismo que tenía dentro. Es cierto que Gobbi tenía menos formación académica que su admirado Julio de Caro, pero supo emplear (y aun mejorar, en algunos casos) la mayoría de los efectos tangueros que usaba éste en su violín. Sobre el Gobbi violinista, Horacio Ferrer escribió: “Ejecutante de invariable buen gusto, profundamente emotivo y con el arco ‘lleno de tango’, dejó pasajes solistas de auténtica maestría, como los que realizó en “Si sos brujo”, “Pelele”, “Entrador” y “Orlando Goñi”.

En su orquesta siempre tocó el violín, al contrario de otros directores más famosos, que en algún momento dejaban el instrumento y sólo aparecían en actitud de dirigir. En el piano no llegó a tocar de forma profesional, pero hay testimonios de que sacaba buenas músicas de este instrumento: Piro dice que “cuando se sentaba al piano a tocar era una maravilla, parecía Francisco de Caro armonizando, era de una creatividad increíble”. Y Piazzolla dijo: “Tocaba el piano con tres dedos, y sonaban cosas bellísimas, como un valsecito que me había dedicado a mí”. Además, es importante mencionar que muchos de los temas los componía en el piano, aunque a la hora de orquestar ya no lo hacía a la manera clásica, empezando por el piano, sino que empezaba por el bajo o por cualquier otro instrumento. “Llegaba al ensayo con las partituras y casi siempre las partituras quedaban de lado, ya que finalmente terminaba expresándose con sonidos guturales”, atestigua el famoso locutor y conductor Roberto González Rivero (Riverito), que fue presentador de la orquesta de Gobbi desde julio de 1948, al mismo tiempo que debutaba en la orquesta el cantor Jorge Maciel.

El gran Alfredo Gobbi le otorgaba una relevancia fundamental a los ejecutantes solistas de su orquesta, y esto hizo que pudiese tener, durante los años de su funcionamiento, a instrumentistas tan buenos como, por ejemplo, César Zagnoli, Ernesto Romero, Lalo Benítez, Roberto Cicare, Osvaldo Tarantino (pianistas); Mario Demarco, Edelmiro D'Amario, Cayetano Cámara, Alberto Garralda, Tito Rodríguez, Eduardo Rovira, Osvaldo Piro (bandoneonistas); Juan José Fantín, Omar Sansone, Alcides Rossi, Ramón Dos Santos, Osvaldo Monteleone (contrabajistas), Antonio Blanco, Bernardo Germino, Hugo Baralis, Haroldo Gessaghi, Miguel Silvestre y Eduardo Salgado (violinistas). Agrupar a solistas de la mayor idoneidad en el género, primera línea, y a otros instrumentistas capaces y responsables, creaba una buena retroalimentación, por la cual los mejores músicos querían tocar en la orquesta de Gobbi (además, porque los arreglos que tocaban eran de alta calidad) y, y a su vez la orquesta nutría su prestigio por siempre tener músicos de los mejores.

Por lo mismo que describimos en los últimos 2 párrafos, la gran riqueza musical de los arreglos, y por la indudable calidad de los músicos, es que la orquesta de Gobbi sonaba a gran orquesta, pese a que tenía la misma cantidad de músicos que las otras orquestas de la época. Y esto se sigue percibiendo, con la mera escucha, en las grabaciones, que siguen sonando muy vigentes, muy vivas.

Los cantores que tuvieron la suerte de sumar sus voces a la orquesta de Gobbi (sucesivamente, durante los años que ésta trabajó) fueron Walter Cabral, Pablo Lozano, Oscar Ferrari, Osvaldo Ribó, Carlos Heredia, Hugo Soler, Héctor Maciel, Jorge Maciel, Ángel Díaz, Héctor Coral, Carlos Almada, Tito Landó, Alfredo Del Río, Mario Beltrán y Carlos Yanel.

Los testimonios suelen coincidir en que Alfredo Gobbi era un hombre triste, melancólico, con un mundo interior con recovecos a los que era difícil entrar; incluso, que tenía cierto misticismo religioso. No se conoce demasiado sobre las causas de esto, pero sí hay algunos datos pueden aportar algo de luz a este aspecto gris, en sombras, de su personalidad. En primer término, la hermana muerta cuando tenía pocos meses de vida, en Madrid, y que Alfredo y sus hermanos no conocieron, porque había sido anterior a su nacimiento. Eso marcó mucho a los padres de Alfredo, y a toda la familia. Años después de eso, también hubo otro hecho triste: otro hermano, Virginio, se cayó debajo de un tranvía y perdió una pierna, a la edad de 8 años. Son el tipo de cosas que marcan a una familia, y Alfredo debe haber asimilado esos golpes de la vida de un modo que fueron tallando esa personalidad introvertida, en la que la bohemia que heredó de sus padres (y que un grado de vida bohemia es inevitable en el ambiente artístico más nocturno) se confundía con periódicos abusos de consumo de bebidas alcohólicas.

Osvaldo Piro cuenta que Gobbi “se abandonaba, desaparecía (...) Imbuido en su melancolía, no tenía la disciplina necesaria, como pasó con tantos músicos de esa época, para luchar por el camino del éxito”, y menciona una frase que muchos repetían: “El peor enemigo de Alfredo Gobbi era él mismo.

Si bien la Orquesta de Alfredo Gobbi siguió trabajando hasta el final de su vida, cada vez lo hacía con menor frecuencia. Así es que alternaba el menguante trabajo de su orquesta, con el complemento económico que le significaba tocar el piano en cafés y lugares chicos y desafortunados (por ejemplo, en el barrio de Once), y así sobrevivió los últimos años. Con las frustraciones de no haber podido estudiar lo suficiente para poder expresar de la mejor manera todo lo que tenía, y quizás también de no haber alcanzado mayor éxito popular y fortuna. Incluso con la tristeza añadida por el trabajo que se reducía (y muchas veces, también se degradaba), no exclusivas suyas sino sufrido -en mayor o menor medida- por todos los músicos tangueros, en las décadas sucesivas a las del 40, cada vez más. Esas frustraciones, sumadas al ambiente nocturno, y ahora más sórdido, en que se movía, habrán incidido para que esa tristeza tuviese una retroalimentación nefasta con el uso de sustancias perjudiciales, que fue lo que lo llevó a una muerte temprana, demasiado temprana.

Este músico tuvo y tiene influencia sobre músicos contemporáneos suyos y también sobre posteriores. Y también unos cuantos músicos le expresaron gratitud y honor a través de lo mejor que podían: la música. Troilo le dedicó “Milonguero triste”, Eduardo Rovira hizo “El engobbiado” y Ástor Piazzolla escribió y tocaba el “Retrato de Alfredo de Alfredo Gobbi”. Esas son las dedicatorias más importantes que tuvo.

Alfredo Gobbi murió el 21 de mayo de 1965, en nuestra Ciudad de Buenos Aires. Un músico que popularmente no es recordado en la medida que merece, pero que siempre será importante para los músicos, y será revalorizado por los bailarines y tangueros en general.