La soledad

por la  Prof. Estela González (docente de piano y música)

La música se compone en soledad, pero las personas que la escuchamos podemos pensar que en el mundo hay millones de personas interesantes y sensibles que percibimos el mensaje emocional y filosófico de estos sonidos.

Por lo tanto, escuchar música en soledad no es estar solo. Es entrar en un mundo infinitamente rico.

Beethoven y Smetana vencieron una forma de soledad atroz: el aislamiento que provoca la sordera. Ninguno de ellos se rindió, y crearon magníficas obras desde su mundo silencioso.

La última sonata de Beethoven, la Sonata Nº 32 en do menor, con sólo dos movimientos, concentran todo un mundo: este compositor, sordo y de vida solitaria, poseía una riqueza interior con lo que algunos contemporáneos suyos sólo podían soñar.

Desde el inicio se presenta el habitual conflicto de Beethoven con el destino. Él pensaba: ¿por qué precisamente yo, que amo a las personas, me veo excluido de su compañía? A la lenta introducción le sigue una vehemente fuga. Y, a continuación, viene el legado del compositor: variaciones sobre un tema de genial sencillez, que va desapareciendo poco a poco hasta convertirse en algo casi inmaterial. Una obra de gran intensidad, surgida del triunfo contra la soledad y la desesperación.  (continuará)