Armando Pontier

Armando Francisco Pontier nació el 29 de agosto de 1917, en la ciudad de Zárate (provincia de Buenos Aires). Su apellido de nacimiento era Punturero, modificado a Pontier cuando inició su carrera artística.

Por la ausencia de su madre, tuvo una infancia especial, con un grado de tristeza importante, mitigada por un padre que trató de compensar esa carencia brindándole afecto, contención, y que influyó muy bien en los estudios del hijo. Desde temprana edad Armandito aprendía música, tocando la guitarra, aunque su verdadero deseo era aprender el piano, pero lo costoso del instrumento se lo impedía. Un día, estando en Buenos Aires su padre, encuentra un bandoneón con un precio al que podía acceder, y así el pequeño tuvo en sus manos, a la edad de 8 años, un instrumento con teclado, el instrumento del tango por antonomasia. Desde entonces progresó en paralelo en la educación primaria y secundaria y la educación musical en la academia de Juan Elhert, donde aprende solfeo, armonía y composición.

De la mano de su maestro llega a Buenos Aires, con sus compañeros de estudios: Enrique Francini (violinista), Héctor Stamponi (pianista) y Cristóbal Herreros (bandoneonista) para actuar en Radio Prieto, como parte de la Orquesta de Juan Elhert. Era 1937, y apenas al año siguiente ya empiezan a trabajar en agrupaciones de primera línea. Francini fue convocado para tocar en la Orquesta de Argentino Galván en Radio Stentor, y allí fue, pero este avance resultó corto, porque ya se venía uno mejor aún: el maestro Miguel Caló estaba preparando una orquesta de músicos muy bien seleccionados, y ya tenía contratados a los bandoneonista Carlos Lazzari y Domingo Federico y al pianista Osmar Maderna. Ahora estaba contratando a Francini y a Armando Pontier, de modo que éstos siguieron trabajando juntos. Esa emblemática orquesta de Caló es la que fue recordada siempre como la “La orquesta de las estrellas”. Pero ese alto nivel de estrellato no significaba que Pontier se sintiese realizado, que ya había llegado al límite. Al contrario: tanto él como su amigo Francini siguieron estudiando y alcanzaron la maestría en armonía y composición.

A mediados de la década del ’40, en pleno apogeo de las orquestas tangueras, la formación sublime de Caló se fue disolviendo: primero se fueron Domingo Federico y Maderna, y luego Francini y Pontier. El violinista y el bandoneonista unían otra vez sus destinos, pero esta vez para compartir el liderazgo de una nueva orquesta.

El debut de la Orquesta Francini-Pontier fue en un lugar que debutaba con ellos: El Tango Bar, en Corrientes entre Talcahuano y Libertad. Aquel primer día de setiembre de 1945 la Orquesta de Francini y Pontier empezaba su historia, con Alberto Podestá como primer cantor. Éste venía de cantar en la orquesta del maestro Di Sarli, pero también había coincidido con sus nuevos directores en la de Caló. En ese primer tiempo la orquesta del binomio tocaba por la tarde en el Tango Bar, y a la noche lo hacían en el Tibidabo. Al empezar 1946 inician sus presentaciones en Radio El Mundo, y con tanto éxito y buenos antecedentes, la compañía discográfica RCA no duda en ficharlos, y así llegan a grabar su primer disco 78 rpm. De un lado tenía el tango “Margo”, con música de Pontier y letra de Homero Expósito, y del otro el tango “Sirva otra copa”, ambos interpretados vocalmente por Podestá.

La orquesta estaba conformada así: Juan José Paz en el piano; en la fila de bandoneones, Pontier, Ángel Domínguez, Nicolás Paracino y Juan Salomone; en los violines, Francini, Pedro Sarmiento, Aquiles Aguilar y Mario Lalli; Rafael del Bagno en el contrabajo y las voces de Raúl Berón y Alberto Podestá.

El prestigio y el éxito les permitió trabajar siempre con vocalistas de los mejores, y que estaban en sus mejores momentos: además de los ya citados Podestá y Berón, Roberto Rufino y Julio Sosa. También cantaron otras destacadas voces: Roberto Florio, Héctor Montes, Pablo Moreno, Mario Lagos y Luis Correa. Es que también los maestros Francini y Pontier ¡sabían elegir cantores!

En 1947 se suma al trabajo un músico de gran valía: Argentino Galván, que con sus arreglos orquestales hizo un gran aporte para que la orquesta tuviese una personalidad propia, un sonido inconfundible. Francini, Pontier y Galván volvían a coincidir en el tango, en otro momento de sus carreras, y con resultados antológicos.

Lo que dejó grabado la Orquesta de Francini-Pontier es en general de una calidad especial, podría decirse superior. Sin embargo, la cifra de obras en disco no es limitada, como cabría esperar: en total son 130 temas. Mencionaremos algunos títulos: “Nunca tuvo novio”, con Roberto Rufino, “El ciruja”, con Julio Sosa, “Por una muñeca”, con Roberto Florio, “Remolino” con la voz de Raúl Berón, “Anoche”, cantado por Pablo Moreno, y los instrumentales “A los amigos”, compuesto por Pontier; “Tema otoñal”, de Francini, “A la guardia vieja” y “Pichuco”. Ah! También se cuenta el tango “El ciruja” como la primera grabación del uruguayo Julio Sosa en Argentina.

También, merced al éxito, quedó registrada una participación en la película “Los Pérez García”, versión cinematográfica de un gran suceso radiofónico homónimo. La orquesta aparece interpretando “La vi llegar”, con la voz de Alberto Podestá, en 1948.

Armando Pontier tenía una carácter más fuerte que Francini, y era el que arreglaba los contratos. El violinista era más soñador, más “bohemio”, y esto influyó para que aceptase usualmente trabajar con otros conjuntos, en especial para las grabaciones (función a la que hoy día se la denomina comúnmente “ser sesionista”). Solía estar muy ocupado, y tenía que hacer actos de magia para estar en todos lados. Así que llegó un momento en que Pontier se cansó y le planteó a su socio y amigo: “Nosotros hicimos un cartel juntos, y vos te vas a tocar con uno y con otro. Para eso nos separamos y listo”. De común acuerdo y amistosamente, el binomio de directores se disolvió. La última grabación (realizada el 21/7/55) tenía “Tanguera”, el tango instrumental de Mariano Mores, famoso mundialmente, y “Por unos ojos negros” (tango de Dames y Sanguinetti) cantado por Roberto Florio.

La primera orquesta dirigida exclusivamente por Armando Pontier estaba formada en la fila de bandoneones por Pontier, su amigo Nicolás Paracino, Antonio Roscini y Ángel Digiovanni; los violines a cargo de Alberto del Bagno, José Sarmiento, Ernesto Gianni y Pedro Desret; Ángel Cichetti al piano y el contrabajo su otro gran socio musical, Fernando Cabarcos. La responsabilidad vocal la tenían Julio Sosa y Roberto Florio, luego suplantado por Oscar Ferrari.

Durante más de diez años, la orquesta de Pontier mantuvo contrato con Radio Belgrano, tocando en sus estudios y para los radioescuchas con permanente éxito. También fue estrella de los bailes de carnaval del Centro Asturiano, con Julio Sosa y Oscar Ferrari, sobre finales de los años ’50. Poco después empieza Héctor Darío, cantando en lugar de Julio Sosa, y en 1961 Roberto Rufino empieza a cantar remplazando a Ferrari.

En 1963 el maestro Miguel Caló emprende una recreación de la “La Orquesta de las Estrellas”, de la cual participaron Francini, Pontier, Domingo Federico, A. Podestá y Raúl Berón. El importante lugar de pianista lo tuvo Orlando Trípodi, pues Maderna ya no estaba con vida.

En 1966 Pontier reagrupa a su orquesta, convocando de nuevo Alberto Podestá y sumando la voz de Héctor Darío. Hace su primera gira a Japón, en 1967.

Ya eran tiempos difíciles para las grandes orquestas, y en ese nuevo contexto de grupos más chicos, Pontier formó un sexteto, al que sumó las voces de Oscar Ferrari y Carlos Casado, realizando presentaciones en Radio Municipal y en el local nocturno Marabú. También tocan en TV y graban un disco larga duración.

 

Para 1973 deciden rearmar el binomio orquestal con Francini para hacer una nueva gira por Japón; con ellos va la cantante Alba Solís e músicos destacados como: Omar Murtagh, Néstor Marconi y O. Valente.

Como compositor, Armando Pontier tiene cantidad importante de obras, de las cuales mencionaremos algunas “Trenzas”, “Corazón no le hagas caso”, “Milongueando en el 40”, “Cada día te extraño más”, “Tabaco”, “Anoche”, “El milagro”, “El vals soñador”, “Bien criolla y bien porteña” (milonga) y temas instrumentales muy buenos, como “A los amigos”, “A Zárate” y “A tus pies bailarín”, entre otros. Junto al letrista uruguayo Federico Silva compuso muchos temas; Goyeneche grabó un álbum con 14 de esos temas, con el acompañamiento de Aníbal Troilo (publicado por el sello RCA Victor). Algunos títulos de esa cancionística: “El puente”, “Romance de la ciudad”, “Es nuestra despedida”, “Para poder volver”, “Marielena” y “Nuestro Buenos Aires”.

El 27 de agosto de 1978 muere Francini, su socio y amigo de casi tantos años, en el escenario del boliche Caño 14, donde estaba tocando con el pianista Héctor Stamponi.

Armando F. Punturero falleció en su departamento del barrio de Belgrano. Un triste día de Navidad, el 25 de diciembre de 1983, porque por propia decisión se iba un gran músico y, según sus amigos, un hombre de bien.