Ernesto Baffa

Un fueye clásico y moderno para la Buenos Aires de la segunda mitad del siglo del tango

Nació el 20 de agosto de 1932, en el barrio de Floresta de nuestra ciudad. Su padre, llamado Antonio, era un albañil proveniente de Cosenza, Italia, que llegó a verlo tocar en su primera orquesta importante. Ernesto estudió bandoneón desde chico. Desde entonces, por siempre practicó los ejercicios de digitación que le enseñaron maestros como Francisco Sesta y Marcos Madrigal.

Debutó en la orquesta del pianista Héctor Stamponi, en 1948, como un integrante más de la fila de bandoneones. Luego formó parte de las agrupaciones de Alberto Mancione, Alfredo Gobbi y Pedro Laurenz, como así también acompañó al cantor Alberto Marino con su conjunto. Cual más cual menos, cada cual con su estilo, todos artistas de importancia, pero en 1953 fue cuando tuvo su primera oportunidad de ser bandoneonista primero de una orquesta, y de una bien especial, la del pianista Horacio Salgán, tan admirada por la mayoría de los músicos del ambiente. Todo un sinónimo de calidad artística y jerarquía musical. Baffa legaba para remplazar como solista nada menos que a otra gloria tanguera que sigue vivo aún hoy: Leopoldo Federico. Eran jóvenes aún, pero ya estaban en plena madurez artística, y con toda la plenitud de sus facultades como intérpretes en sus instrumentos.

Se mantuvo como primer fueye de la orquesta Salgán hasta la disolución de la misma, en 1959. Algunos solos destacados que dejó grabados en ese tiempo están en los tangos “Responso” y “Entre tango y tango” y en la milonga “Homenaje”.

Aun hoy se emociona al recordar un momento sublime de su vida, en momentos de desempleo. Estaba en la casa de su madre, cuando suena el teléfono y una voz conocida, casi familiar, le dijo “Hola, habla Pichuco ¡nene!... estoy en el Marabú, venite para acá que vas a empezar en la orquesta”. Ernesto suele contar que “voló” para ese local nocturno, porque esa voz con esa convocatoria era el inicio del cumplimiento del “sueño de su vida”, algo así como lo que porteñamente se conoce como “el sueño del pibe”.

En la orquesta del bandoneonista Aníbal “Pichuco” Troilo tocó por varios años, adaptando su estilo al de su nuevo Maestro y a la vez nutriéndose artísticamente de la influencia de ese ícono gigante del tango porteño. El gran dominio del instrumento y el sonido de calidad que lograba con el mismo, habían llegado al conocimiento de Troilo, y “el gordo”, con toda su sabiduría y generosidad, ofreció esas cualidades al público. Troilo siempre eligió instrumentistas con las mejores dotes, y a la vez, que podían ensamblarse muy bien al sonido de su orquesta.

“Baffita” (como a veces es tratado cariñosamente por sus amigos músicos) fue quien acercó a Raúl Garello a la orquesta. “Estudiaba conmigo, en la casa de mi finada madre, y un día surge una vacante: se va Fernando Tell y lo presenté a Troilo”. Garello se convirtió así en el bandoneonista de importancia en la última etapa de la orquesta troileana.

En 1965, a la par de la actividad como fueye de Pichuco, Baffa formó un trío con el pianista Osvaldo Berlingieri (compañero suyo en la troileana orquesta) y el contrabajista Fernando Cabarcos. Esta pequeña agrupación fue pronto el núcleo original de la famosa orquesta Baffa-Berlingieri. Estos dos músicos con apellidos con inicial B (lo destacamos por el tema que compusieron, titulado “B. B.” se hicieron cargo de las responsabilidades de arreglos y dirección de esta interesante orquesta. En su “Libro del Tango”, Horacio Ferrer dejó sentada su opinión de que la sonoridad de la orquesta Baffa-Berlingieri tiene cuño troileano y valiosas influencias de Astor Piazzolla y de Salgán que combinadas, logran un estilo propio. Con muy buenas ideas musicales y con un eficacia interpretativa, recordamos las las versiones de los tangos Mi Refugio,Verano Porteño, C.T.V. Pero además, otro aspecto destacadísimo que quedó como valioso aporte a la actualización del género fue el trabajo que realizaron como acompañamiento del cantor Roberto Goyeneche, durante varios años, a fines de los ’60.

Baffa y Berlingieri también interpretaron obras instrumentales propias, como por ejemplo “Calavereando”, “Con punto y coma” y “Par de dos”, “Ritual” y Boulevar”.

En 1970 formó su propio cuarteto con José Colángelo en piano, Ubaldo de Lío en guitarra y Rafael Del Bagno en contrabajo.De clara intención vanguardista, es autor de una lista larga de temas: “Mas allá del bandoneon”, “El Conventillo”, “Pa’ la guardia” (éste en colaboración con Antonio Scelza); “Porteñero” y “Chumbicha”, con Raúl Garello; “Tu amor y tu olvido”, con Roberto Pérez Prechi y letra de Ángel Di Rosa; “Sardiana”, con Enrique Munné; “Un tango para Bochini”, con Roberto Vallejos; también algunos en colaboración con Berlingieri: y el exquisito Par de dos, y el ya mencionado “B.B.”.

Brindó recitales en Europa y Japón, con notable éxito.

En las últimas décadas siguió en actividad, con su “Ernesto Baffa Trío”; el hecho obligado de trabajar con grupos bien reducidos no impidió que siguiese sosteniendo con decisión y eficacia sus conceptos musicales y sonoros.

Ya en los últimos tiempos su labor pública se vio muy reducida por problemas de salud.