+

¡Cuánto enojo!

por la  Lic. Valeria Picandet (Psicóloga y Terapeuta Bioenergetista)

En general, a todos nos cuesta bastante expresar nuestro enojo de manera eficaz y apropiada, pero tenemos que aprender a amigarnos con esta emoción ya que sirve para proteger y conservar la integridad física y psicológica del organismo. Forma parte de una función más amplia que es la “agresión”, que literalmente significa avanzar y es lo opuesto a la “regresión” (retroceder).

¿Cuantas veces los padres reprimen a sus hijos enojados (que hacen una rabieta o hasta agreden a sus propios padres) y posiblemente los castigan por lo que consideran un comportamiento inadecuado? Desafortunadamente lo que estamos provocando con este accionar es miedo en el chico a expresar su enojo, transformándose más tarde en un adulto mutilado. Un niño necesita aprender los códigos de comportamiento social, pero esto debe ocurrir de manera tal de no dañar su personalidad quebrantando su espíritu y convirtiéndolo en una persona sumisa a la autoridad.

En nuestro cuerpo el enojo se vive como una onda de excitación que asciende por la espalda y se transmite a los brazos, que se cargan de energía para golpear. Si una persona no puede enojarse suele quedar inmovilizada en una posición de miedo que es con la cabeza echada hacia atrás y los hombros levantados, es por esto que expresar el enojo liberará el miedo, así como llorar libera la tristeza, y el cuerpo podrá retornar a una forma más armónica.

Si bien el enojo se asocia con el pasado, proviene directamente de las tensiones musculares crónicas, que limitan el organismo y reducen su libertad de movimiento. Es la reacción natural contra la pérdida de la libertad. Esto significa que cualquier tensión muscular crónica en el cuerpo esta asociada con él. UNA PERSONA ENOJADA ES UNA PERSONA TENSIONADA y se moverá de manera tal de no sentir el dolor de dicha tensión. Pero si uno no siente la tensión tampoco siente enojo alguno. Acepta la limitación de sus movimientos y la pérdida de libertad como normales. Sucediendo también comúnmente que sale a flote el enojo como irritación ante pequeñas frustraciones o como rabia, ante las más importantes. En definitiva, no se expresa adecuadamente en las situaciones y momentos en que sería necesario.

A medida que nos ponemos en contacto con nuestro cuerpo (por ej. a través de ejercicios bioenergéticos) estas partes tensionadas se vuelven conscientes así como las emociones que ellas guardan, siendo el siguiente paso poder descargar las mismas. Generalmente el enojo se expresa golpeando, mordiendo o arañando, es una función de la parte superior del cuerpo, pero para que pueda expresarse eficazmente requiere de una fuerte base de seguridad en sí mismo. De una persona que siente que no tiene piernas fuertes sobre las cuales apoyarse, difícilmente se puede esperar que se sienta cómoda con sus sentimientos de enojo.

En el trabajo terapéutico (Bioenergético) se apunta a restablecer la capacidad del individuo para sentir y expresar su enojo, así como cualquier otra emoción que surja. Así se va logrando que las viejas pautas de conducta lentamente vayan cambiando y estos cambios lentos suelen tener un efecto positivo muy notorio.