Edgardo Donato

En febrero se cumplieron 50 años de la muerte de este violinista, director y compositor. Fue el creador del famoso tango “A media luz”, y de muchos otros más. Alguien lo llamó,
con razón, el “violín juguetón” del Tango Argentino

Edgardo Donato nació el 14 de abril de 1897, hijo de un matrimonio italiano, pero en el barrio de San Cristóbal, en la Ciudad de Buenos Aires, en lo que hoy es la Av. Belgrano, a la altura del 1600. Ernesto Donato, su padre, había nacido en 1871. Tocaba la mandolina, aunque años después pasó al violoncello y siguió haciendo música siempre, incluso dirigiendo una orquesta de cámara en Montevideo.

Apenas con 2 años de edad, Edgardo fue a vivir, junto a su familia, a Montevideo, (capital de la R. O. del Uruguay), ciudad donde permaneció mucho tiempo, durante su vida. Esto, junto a la circunstancia de que allí compuso dos de los tangos que le hicieron más popular, hizo que quedara en el imaginario colectivo la idea de que él había nacido en la banda oriental, pero no fue así.

Apenas cursado el 5º grado de la escuela primaria, debe dejarla para trabajar en un taller de esculturas.

A los diez años comenzó a estudiar música con su padre y luego en un conservatorio. A los 21 años comienza con su padre en la música lírica, tocando el violín, con atuendo elegante, serio, aunque su temperamento siempre fue mucho más tendiente a un fresco humorismo.

No pasó mucho tiempo hasta que se pudo sumar a la orquesta del “Negro” José Quevedo, un

bandoneonista argentino, donde el piano estaba a cargo de Enrique Delfino. Pero esto era aún en la capital uruguaya.

En 1919 se convierte en músico de la orquesta de Carlos Warren, primera orquesta uruguaya dedicada al jazz. Los jueves les tocaba compartir fecha de tocar con la Orquesta de Eduardo Arolas (el apodado “El Tigre”, autor de “La cachila”, “El marne”, y otros importantes tangos de la Guardia Vieja, varios de los cuales pueden considerarse “inmortales”), que viajaba desde Buenos Aires. El violinista Donato se sumaba en esas ocasiones a los músicos de Arolas... ¡nada menos que a la agrupación del mítico bandoneonista!

En 1922 compone su primer tango exitoso: “Julián”, pero ese suceso recién le llegó un par de años después, con letra de José Panizza. Un dato curioso es que la letra agregada por éste dice “¿Por qué me dejaste, mi lindo Julián? Tu nena se muere de pena y afán...” sin embargo, el Julián al que originalmente estaba dedicado el tango por su compositor, era un baterista con el que él había tocado en Uruguay y del cual contaba jocosamente que estaba lejos de poder ser considerado lindo. Y sobre el estreno y lanzamiento a la fama de este tango quedó una sombra de duda: se cree que Donato llevó el tango a Rosita Quiroga, pero ésta lo rechazó, aparentemente porque el tango tenía una carga erótica que no le convenía (“Nene, cómo extraño tus caricias, tus besos y tus sonrisas”), y entonces el compositor se lo llevó a Iris Marga, y esta actriz sí lo estrenó, en la revista “¿Quién dice miedo?”, que la compañía de Roberto Cayol tenía en el Teatro Maipo. Fue un éxito, y eso hizo que Rosita lo grabase en 1924, y después también en 1926. Pero Iris Marga luego decía que se había atrevido con Julián porque la Quiroga ya lo había hecho, pero igual siempre se siguió jactando de haberlo llevado a la fama.

Eran tiempos de mucho trabajo para Donato: seguía actuando en las dos capitales del Plata. Estuvo en la inauguración del cabaret Tabarís de Buenos Aires y amenizando bailes en el club Uruguayo, de Montevideo, con la orquesta de José Domingo Pécora. También intervino como pianista en radio Paradizábal de Montevideo, como violinista en el conjunto de Adolfo Carabelli en el cine-teatro Ópera, reemplazó a Julio De Caro en sus actuaciones en Ciro's y trabajó en el cine Select Buen Orden en el conjunto de Roque Citro (todo esto en Buenos Aires). En esta misma época hay actuaciones de una agrupación formada por los tres hermanos Donato más batería, saxo y bandoneón en el café Avenida, donde su camino cruzó el del diplomático y autor teatral uruguayo Carlos César Lenzi

En 1923 empiezan a sonar sus temas “Corazoncito de oro”, “Muchacho”, “Beba”, con letras de Celedonio Flores.

A media luz”, fue un tango que compuso un tiempo después, y según rememoró, lo creó durante un viaje en tranvía. Se convirtió en uno de los tangos más famosos, no sólo de aquella época sino de toda la historia del tango. Primeramente se tocó en Montevideo, en una obra musical: “Su majestad la revista”, con la voz de una vedette chilena. Pero poco después lo grabaron Firpo, Canaro y Gardel.

En 1927 Edgardo Donato regresa a Montevideo, y forma una orquesta denominada Donato-Zerrillo, formada por Héctor María Artola, Juan Turturiello y Héctor Gentile, en bandoneones; en violines los dos directores y Armando Julio Piovani (que también cantaba), A. Bancalá en contrabajo. También lo integraban dos hermanos de Donato: en el piano Osvaldo, y Ascanio en cello. Roberto Zerrillo era otro violinista que Donato conoció en aquellas épocas con Warren, y se habían hecho amigos. Debutaron en Montevideo el 14 de julio de 1927, en el café Avenida, de Montevideo. Luego trabajaron en los teatros Smart, Nacional y L'Aiglon y en LOV Radio Brusa y LOK. Actuaron en la temporada veraniega de 1928 en el hotel Carrasco, en los teatros Urquiza y Solís, en el cine Parlante y en el cabaret Chantecler. Tenían gran éxito.

Se trasladaron entonces a Buenos Aires, contratados por Agustín Álvarez, para tocar en el cine Select Lavalle. Debutaron en Buenos Aires el 18 de marzo de 1928. Eran publicitados como “Los 9 ases del tango, la más formidable orquesta típica criolla que jamás se ha escuchado”.

Posteriormente José Spera reemplazó a Artola cuando éste partió hacia Europa.

Grabaron para el sello Brunswick, desde aquel primer disco constituido por “Seguí no te parés” y “No me engañes, por favor” (1929). En esa etapa discográfica, tuvieron ocasión de acompañar el trabajo vocal de otras grandes figuras como Azucena Maizani y Agustín Magaldi. Un cantor que participó como estribillista grabó en 20 de la cincuentena de grabaciones para la Brunswick: Luis Díaz.

En el 30, luego de una gira corta junto a la cancionista Azucena Maizani, se disuelve el binomio; Zerrillo iniciaba viaje a Chile y a España con la Maizani, que por entonces era una estrella de las más deslumbrantes. Pero antes de la separación definitiva crearon un nuevo tango junto a Zerrillo y con versos de María Luisa Carnelli: “Se va la vida”, que se convirtió en éxito tanto cantado por Maizani como cuando lo hizo Magaldi.

Donato continúa con la orquesta, ahora como su único director. Empiezan grabar en el sello Brunswick y tocan en cines y teatros; también, en LS9 Radio La voz del aire, donde eran anunciados como “Los ocho ases del tango porteño, Edgardo Donato y su formidable típica criolla”. Eran: Turturiello, Vicente Vilardi y Miguel Bonano, en bandoneones; Edgardo Donato, Piovani y Pascual Humberto Martínez, en violines; Osvaldo Donato en piano, Ascanio Donato en el cello y José Campesi en contrabajo.

Los cantores eran Luis Díaz, Antonio Rodríguez Lesende, Carlos Viván y Teófilo Ibáñez.

La orquesta tomó un estilo más vivaz y bailable, con arreglos especiales para los bandoneones y mayor espacio para los lucimientos individuales, sobre todo para el violín solista de Donato, que así podía dar rienda suelta a sus pizzicattos y a todo su “juego”, la alegría con que tocaba. Por ejemplo, muchas veces se lo veía hacer una juego especial: tocaba moviendo la caja del violín mientras sostenía el arco en posición vertical apoyado en su rodilla.

La orquesta actuó en la inauguración del cine Broadway, volvió en 1931al Select Lavalle para pasar luego al Rialto, en el barrio de Flores y trabajó en diversas radios. Hacia fines de 1931 amenizaba bailables en el teatro San Martín, que eran transmitidos por LS9 con una orquesta gigante.

En el concurso realizado en 1932 por la Sociedad de Beneficencia en el teatro Colón Donato obtuvo el segundo premio con el tango “El huracán”, compuesto en colaboración con su hermano Osvaldo y al que Nolo López agregó letra. El que cantó fue el nuevo vocalista del grupo, el boxeador Félix Gutiérrez. Otras importantes orquestas que participaron del certamen fueron la de Maffia y la de Lomuto.

Para el sello Brunswick la Orquesta de Edgardo Donato grabó más de 130 temas. Pero en 1932 pasó a la Victor: la primera grabación fue “El Huracán”, con su nuevo vocalista Félix Gutiérrez. Sigue siempre trabajando para esta discográfica, con excepción de un breve paso por el sello Pampa. ¡Sumaron más de cuatrocientos registros!

Edgardo Donato actuó con su orquesta en 1933 en “¡Tango!”, de Moglia y Barth, la primera película sonora argentina y en el filme “Los tres berretines” del mismo año.

Ese mismo año la orquesta fue consagrada por votación popular en el segundo lugar en el Campeonato Nacional del Tango realizado en el Luna Park. El primer premio fue para el conjunto de Julio De Caro.

Donato siguió con actuaciones radiofónicas en LR8, Radio Prieto, y en La Voz del Aire, y en 1934 se incorpora Antonio Maida como su nuevo cantor.

Cabe mencionar que Edgardo Donato fue amigo incondicional del gran Carlos Gardel, pese a lo cual nunca le pidió que cantase algo suyo. De hecho, cuando el zorzal grabó “A media luz”, lo hizo movido por el éxito enorme que estaba teniendo este tango.

En la noche de la despedida a Gardel, tributada por sus amigos en el stud de Francisco Maschio horas antes de su último viaje, Donato estuvo presente con su orquesta completa. No le podía fallar a su amigo.

También pasó por la orquesta de Donato el por entonces novel cantor Hugo del Carril que en 1935 grabó “Se cayó la estantería”, de Donato y Rubinstein.

El mismo año compuso la música del filme “Riachuelo” (en colaboración con Máximo Orsi), en la que actuaba Luis Sandrini, y el tango homónimo, cantado por Alberto Gómez, obtiene gran éxito. En 1936 su orquesta se unió a un conjunto gigante formado además con los integrantes de las orquestas de José Canaro, Julio De Caro, Francisco Lomuto y Ricardo Tanturi, con los que alternaba la dirección. Para esa época la formación de Donato era la siguiente: Turturiello, Vilardi, José Budano y Marchessi (bandoneones), Edgardo Donato, Piovani, Mirillo y Pollicita (violines), Osvaldo Donato (piano), Ascanio Donato (cello), José Campesi (contrabajo), y Washington Bertolini (seudónimo de Osvaldo Bertoni) en acordeón a piano. Cantaban Horacio Lagos, Lita Morales y Romeo Gavio.

Donato también musicalizó las películas “Picaflor” (1935) y “Así es el tango” (1937).

En 1938, ya con la cancionista María de la Fuente, además de las actuaciones en Radio Stentor y Radio El Mundo animó bailes, en Montevideo y también en Buenos Aires. En 1940 animó los bailes de Carnaval del Pueyrredón, en el barrio de Flores.

En 1944 actuó con su orquesta en la confitería Arco Iris y forma un cuarteto evocativo: “Los caballeros del recuerdo”, con Francisco Pracánico, en el piano, Anselmo Aieta, en el bandoneón y Domingo Donnaruma y el mismo Donato en violines, dedicado a la ejecución de obras de la Guardia Vieja.

En 1945, su hermano Osvaldo formó orquesta propia, a la que llevó la mayoría de sus músicos. Edgardo Donato organizó entonces una nueva formación con Ernesto “Titi” Rossi como primer bandoneón y arreglador, Julián Plaza, Veseiro y Conti en los otros bandoneones, Rolando Curzel como primer violín, Bernardo Blas en piano, Domingo Donnaruma en bajo y los cantores Alberto Podestá y Roberto Beltrán, a los que luego se agregaría Pablo Lozano. En ese año dejó el sello Víctor para pasar a grabar para Pampa.

En 1948 apareció en la exitosa (y ahora recordada) película “Pelota de trapo con el cantor Oscar Fuentes. En 1950 actuó en el Tango Bar, en 1951 en el café Marzotto y en 1955 reapareció por Radio El Mundo con el cantor Oscar Peralta.

Si bien Donato podría haber vivido tranquilamente gracias a lo obtenido con “A media luz”, solamente con ese tango, él fue un compositor prolífico, como solía ocurrir por aquellas épocas. Y aunque tenían distinto grado de valor, el total suma alrededor de 200 obras, y además de las que ya nombramos, mencionaremos algunas más: “Volvé”, “Cartón ligador”, “Ni te perdono ni te olvido”, “Siga el tango”, “La Quebrada”, “Corazoncito de oro”, “Toda mía”, “Por eso grito”, “A engrupir a los giles”, “De milonga corrida”, “Así es el tango”, “Dejála que siga”, “Olga”, “Hasta luego”, “Pobre soñador”, “El hijo de Julián”, “Muñequita de trapo”, “Sisley”, “Congoja”, “La milonga que faltaba”, “Berretines” y el candombe “Siga el baile”. También recordamos un tango titulado “T.B.C.”, del cual Troilo grabó una buenísima versión que se suma a sus inolvidables instrumentales de la primera época.

Para las letras contó casi siempre con colaboradores de valía: Bayón Herrera, Manuel Romero, Maruja Pacheco Huergo, Luis Rubistein, Homero Manzi, Juan C. Thorry, Ivo Pelay, Víctor Soliño, Roberto Fontaina, Enrique Cadícamo, Enrique Dizeo, Héctor Marcó, además de los que ya estaban mencionados.

Ya había pasado bastante tiempo desde que se había retirado, ya no trabajaba, cuando falleció, el 15 de febrero de 1963, a causa de un infarto agudo de miocardio, en nuestra Ciudad de Buenos Aires.

Jorge Palacio “Faruk” escribió una monografía sobre Donato, en la que expresó que “era feliz cuando jugaba con el arco, la caja y las cuerdas. No pasó inadvertido para la Historia Grande del Tango. De ninguna manera. Nos dejó el recuerdo de un violín juguetón”.

Para cerrar esta nota acudiremos a una apreciación del gran estudioso del tango José Gobello: “Quizá la fama de Donato sea inferior a la que merece un grande del tango como fue. Sin duda contra este grande conspiró la circunstancia de que cuando él triunfaba el número de grandes era también muy grande”.