Niños al diván

        por el  Lic. Marcelo Fraga - Psicólogo

Cerca de las cuatro de la tarde del tercer día, el niño, solo en su casa, se largó a llorar. Nadie lo escuchó, su mamá descansaba en una breve siesta luego de una mañana de trabajo en el centro y su padre recién llegaría cerca del horario de la cena. Lloró unos minutos y luego regresó al profundo y preocupante silencio que había mantenido desde el lunes, que fue su primer día de clases en esa nueva escuela.

Los padres pensaban que el silencio se debía al cansancio por ir temprano al colegio y no le dieron demasiada importancia. Tal vez también pensaron que estaba relacionado al cambio de colegio.

Lo cierto es que las preocupaciones cotidianas les impidieron ver que algo no estaba bien.

El viernes, antes de ir a la escuela, el niño vomitó imprevistamente, sin presentar ninguna clase de síntoma previo. Como no tenía fiebre, no le dieron mayor importancia al caso, y lo dejaron en el colegio como los demás días.

El episodio se repitió, esporádicamente, durante el mes siguiente, y el otro, y otro más.

En julio lo traen al consultorio porque anda mal en el colegio, porque no tiene amigos.

Ahí me entero que lo habían cambiado de institución porque no se había “adaptado” al que concurría el año anterior.

La palabra adaptación suele tener tantos significados como uno quiera darle, pero en estos casos no adaptarse solamente implica una cosa: sufrimiento. Y la escuela no está diseñada para que un niño sufra, sino para que aprenda disfrutando, cada día.

Los niños con traumas no resueltos son blanco fácil de de los hostigamientos de compañeros con cierto sesgo perverso. La perversión no es sólo del mundo de los adultos; un niño pequeño puede provocar en otro un daño increíblemente grande y perdurarle aún de adulto.

Un porcentaje significativamente grande de pacientes habían sufrido daño psíquico durante el período escolar, y lo seguían teniendo muchos años después, provocándoles importantes inhibiciones y síntomas diversos.

El problema de no resolver oportunamente los traumas es que, aunque optemos por cambiarlo de colegio, el niño se lleva consigo los traumas no resueltos. Es decir que lleva su debilidad adonde vaya, y esto es lo primero que observan los demás niños.

La desadaptación al grupo trae aparejadas, muchas veces, las dificultades en el aprendizaje, dado que no es posible aprender bien estando bajo presión.

Lo bueno de todo esto es que, hoy en día, tenemos herramientas para sanar los traumas y ayudar magníficamente en lo que cada niño necesita para desarrollarse.