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Papa Francisco
Nuestra ciudad tiene el orgullo y la felicidad de haber dado al mundo el actual jefe máximo de la Iglesia Católica y Apostólica Romana.

Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, hijo del matrimonio de italianos formado por Mario Bergoglio, contador (no empleado ferroviario, según circuló) y Regina María Sívori, ama de casa.

Su barrio de siempre fue Flores, en una casa sencilla, de tipo “chorizo” y con glorieta, de la calle Membrillar al 500, a dos cuadras de la Plaza de la Misericordia. Y fue por allí donde jugó al fútbol. Asistió a la escuela N° 8, Coronel Pedro Cerviño, donde su maestra de primer grado fue Estela Quiroga; el Papa la recuerda bien porque hasta que ella murió en 2006, a los 96 años de edad, mantuvieron una correspondencia regular; si hasta la invitó de manera especial a su ordenación sacerdotal.

Solía ir a la cancha a ver a San Lorenzo, a su estadio, recordado hoy como el Viejo Gasómetro, junto con sus padres y sus cuatro hermanos: Oscar, Marta, Alberto y María Elena, la única que aún vive.

Se diplomó como técnico químico en la ENET 27, Escuela Nacional de Enseñanza Técnica que hoy día depende de la ciudad, pero que sigue funcionando en el mismo lugar de nuestra zona: en Baigorria y Virgilio.

Trabajó aproximadamente dos años en un laboratorio de Buenos Aires, pero ya tenía una inclinación religiosa marcada y manifiesta, de modo que a los 21 años se decidió a ingresar en el Seminario de Villa Devoto, para así llegar a ordenarse sacerdote.

Durante los primeros cuatro años su madre no lo visitó, pues no compartía su decisión. En esa época sufrió una grave pulmonía que obligó a extirparle la parte superior del pulmón derecho. En 1958 continuó con sus estudios en Chile, ingresando al Seminario Jesuita de Santiago.

De regreso en nuestro país, obtuvo la Licenciatura en Filosofía en el Colegio Máximo San José, en la localidad de San Miguel de Tucumán.

La docencia desempeñó un papel muy importante en la biografía del cardenal Bergoglio, ya que impartió lecciones en muchos colegios, seminarios y facultades.

Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y de Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 dictó iguales materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires. De 1967 a 1970 cursó la Licenciatura en Teología en el Colegio Máximo de San Miguel.

Fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús el 13 de diciembre de 1969 por Mons. Ramón José Castellano, Arzobispo Emérito de Córdoba. Al año siguiente viajó a España, al hogar jesuita de Alcalá de Henares.

Fue profesor en la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia y rector del Colegio Máximo de Tucumán. El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial de la Argentina, cargo que ejerció durante seis años.

Residió un tiempo en Alemania, y al volver fue destinado al Colegio del Salvador, de donde pasó a la Iglesia de la Compañía, de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.

Entre 1980 y 1986 fue rector del Colegio Máximo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma casa y Párroco de la parroquia del Patriarca San José, en la diócesis de San Miguel de Tucumán.

El 20 de mayo de 1992 el Papa Juan Pablo II lo designó obispo titular de la diócesis de Auca (Oca), hoy Villafranca Montes de Oca (Burgos, España), germen de la actual arquidiócesis de Burgos; se desempeñó hasta 1998.

Fue ordenado obispo el 27 de junio de 1992, en la catedral de Buenos Aires, por el cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires. El Código de Derecho Canónico establece que cada obispo debe ser titular de una diócesis, por aquello de que “no puede existir un obispo sin su diócesis“. En el caso de los obispos auxiliares, al no poder ser titulares de la diócesis donde ejercen su ministerio, la Santa Sede les nombra titulares de diócesis históricas. Por esto es que, mientras Jorge Mario Bergoglio era obispo auxiliar de Buenos Aires (1992-1997) y arzobispo coadjutor de Buenos Aires (1997), el papa Juan Pablo II lo nombró obispo titular de la diócesis de Oca.

En 1998, cuando el cardenal Quarracino murió, Bergoglio se transformó en el primer jesuita de la historia en estar al mando de la Curia porteña; desde el 28 de febrero de 1998 fue el arzobispo de Buenos Aires. Pero no por eso cambió sus costumbres: siguió viajando en colectivo y en subte, y viviendo en el hogar sacerdotal. Renunció a vivir en la arzobispal de Olivos. Estuvo en la cumbre de la Curia porteña hasta que viajó a Roma para participar del Cónclave que finalmente lo transformó en el papa número 266, el primero que no es europeo, el primer papa jesuita, tras la renuncia de Benedicto XVI, que se retiró al terminar febrero, y pasó a ser, según su propia indicación, “Papa emérito”.

Bergoglio es autor de los siguientes libros: “Meditaciones para religiosos”, 1982, “Reflexiones sobre la vida apostólica”, 1986, y “Reflexiones de esperanza”, 1992.

Tuvo una gran presencia en la Conferencia Episcopal Argentina, institución que ha presidido durante seis años, de 2005 a 2011. Así, con aquella elección, fue el primer jesuita que llegó a ser primado de la Argentina.

He aquí algunos gestos que caracterizan a este jesuita argentino, ahora en el más alto cargo eclesiástico mundial:

>El papa Francisco se comunicó por teléfono con un obispo amigo que vive su ministerio en los cerros salteños y un referente social que lucha contra la trata de personas, a quien se presentó simplemente como “el padre Jorge” o “Bergoglio”.

>Monseñor Miguel Hesayne, militante de los derechos humanos que salió a defenderlo de las acusaciones en su contra por su actuación en la época de la dictadura militar, dijo que recibió un llamado del Papa: “Me llamó dos veces. La primera no me encontró y me dejó dicho en el contestador que me llamaría más tarde, y así fue”.  Mons. Miguel Hesayne consideró “una gran calumnia” las acusaciones de “vinculación” o “colaboración” con la dictadura militar, y defendió al pontífice de quienes lo acusaron de “entregar” a los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, en la época en que era superior de la Compañía de Jesús (que de todos modos no tenía una jerarquía similar a la de los obispos, quienes sí tenían rango suficiente como para poder interceder ante los militares y llegado el caso lograr algún beneficio para algún detenido).

>El Papa también sorprendió al sacerdote Alejandro Pezet, párroco de Rita de Cassia, en Rosario de Lerma, localidad ubicada a 33 kilómetros de Salta capital. La comunicación fue en respuesta a una carta que el religioso le enviara 24 horas antes al Vaticano. “Gracias por tu carta” le dijo el Papa al cura. Pezet precisó que el Papa lo llamó para agradecerle el mensaje y para interiorizarse sobre el trabajo pastoral que viene realizando en la región de los valles y cerros salteños. En otro tramo de esa conversación telefónica, el Papa envió saludos a la gente de la comunidad y agregó: “Deciles que el Papa los bendice y hacelos rezar por mí. No dejen de rezar”.

>Gustavo Vera, de la organización La Alameda, reveló que el pontífice le dejó un mensaje en su celular, con motivo de su cumpleaños: “Gustavo, soy Bergoglio, llamaba para saludarte y desearte un feliz cumpleaños. Un abrazo”.

>La madrugada del 19 de marzo, saludó a la multitud que realizaba una vigilia de oración en Plaza de Mayo, esperando la misa de ese día en el que iniciaba su papado.

>También llamó al canillita que le vendía el diario en el puesto ubicado en Hipólito Yrigoyen y Bolívar, para cancelar la suscripción porque debió quedarse en Roma.

El Papa Francisco desestimó vivir en el lujoso apartamento que han habitado los papas anteriores. “Aquí entran 300 personas” exclamó escandalizado cuando estuvo en él. Consta de diez habitaciones, incluidos imponentes salones con suelos de mármol profusamente decorados, una biblioteca, estudio médico, capilla, cocina, comedor. Es el apartamento pontificio situado en la tercera planta del Palacio Apostólico del Vaticano, en el que desde 1903, cuando Pío X se instaló allí por vez primera, viven los Papas. En una decisión sin precedentes, el papa Francisco ha decidido poner punto final a esa tradición.

Desde su elección como sumo pontífice manifestó en varias ocasiones su deseo de servir a los pobres, que prefiere vivir en la más modesta Casa Santa Marta, la residencia para eclesiásticos que se encuentra en el interior del Vaticano y donde se alojaron los 115 cardenales que participaron en el cónclave.

El papa Francisco se reunió el 16 de marzo en el aula Pablo VI del Vaticano con más de 5.000 periodistas, cámaras de televisión y fotógrafos que han cubierto el cónclave, un día antes de que rece el primer ángelus de su pontificado. Explicó el por qué de la elección de Francisco para su pontificado: se debe a San Francisco de Asís, el sacerdote que abandonó sus riquezas (era de familia acomodada) y se dedicó a los más necesitados, siguiendo un llamado divino.

“En la elección yo tenía junto a mí al arzobispo emérito de San Pablo, el Cardenal Hummes, un gran amigo. Cuando la cosa se estaba poniendo peligrosa, él me daba ánimo, y cuando se llegó a los dos tercios necesarios para la elección, él me abrazo, me dio un beso y me dijo: 'no te olvides de los pobres'. San Francisco de Asís, para mí, es el hombre de la pobreza, de la paz, el hombre que ama y cuida la creación, en este momento en que nosotros no tenemos una relación muy buena” con ella, señaló el Papa.. Y concluyó con la siguiente frase: “Aaah, cómo querría yo una Iglesia pobre y para los pobres”. Cuando finalizó su explicación recibió un masivo y sonoro aplauso. Por otra parte, Francisco destacó la importancia de los medios de comunicación social y agradeció el “intenso” trabajo que tuvieron estos días con motivo del cónclave que lo eligió: “mirá que han trabajado duro”, dijo el Papa, quien también expresó: “El rol de los medios fue en aumento y se convirtió en indispensable para el mundo”.

El sábado 23 de marzo se produjo un hecho histórico: el encuentro del nuevo Papa con el Papa anterior Benedicto XVI (es recién el segundo caso en la historia en que un Papa deja de serlo no por muerte sino por renuncia, y la única vez anterior ocurrió hace siglos); oraron juntos, conversaron a solas durante 45 minutos y almorzaron. Es la primera vez que un Papa se reúne con su antecesor.

El Vaticano trató, oficialmente, de “calumniosas y difamatorias" las acusaciones de que el entonces jesuita Jorge Bergoglio no hizo lo suficiente para proteger a dos sacerdotes secuestrados y torturados por la dictadura militar, que estaban bajo su jurisdicción.

El argentino Adolfo Pérez Esquivel, defensor de los derechos humanos desde los ’70, al menos (y por lo cual ganó el Premio Nobel de la Paz) aseguró que el Papa Francisco “no tuvo nada que ver con la dictadura. No fue cómplice de la dictadura (1976-1983), no colaboró. Prefirió una diplomacia silenciosa, de pedir por los desaparecidos, por los presos”, afirmó Pérez Esquivel en la rueda de prensa celebrada al término de una reunión privada con el pontífice argentino en el Vaticano; “sí hubo algunos obispos cómplices con la dictadura, pero no Bergoglio. Pocos obispos fueron compañeros de lucha contra la dictadura”.

Así Pérez Esquivel desvinculó al Papa de la férrea dictadura militar que dejó miles de desaparecidos, entre ellos varios sacerdotes, incluidos dos obispos.

La ex abogada del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) Alicia Oliveira, y la integrante de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos (APDH) y de la Conadep Graciela Fernández Meijide, entre otros, también desmienten categóricamente las calumnias contra el actual Papa.

El vocero vaticano Padre Federico Lombardi dijo que Jorge Mario Bergoglio “hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura”. Asimismo, “existen muchos testimonios que demuestran todo lo que hizo para proteger a personas durante la dictadura militar en Argentina”.

También, es conocido “el papel de Bergoglio, una vez obispo, en promover el pedido de perdón por parte de la Iglesia en Argentina por no haber hecho bastante en la época de la dictadura militar”. Sostuvo que uno de los dos sacerdotes a los que se refiere la denuncia, Jalics, de origen húngaro-alemán, vive en un monasterio en Alemania; muchos años después de los hechos celebró una misa junto con Bergoglio en Buenos Aires. El otro de los sacerdotes falleció hace más de diez años.

En la década de los ‘70, la intervención del actual papa argentino Francisco evitó que un militante político y un cura sean ultimados por el terrorismo de Estado. Así lo atestiguaron dos víctimas perseguidas por este tipo de violencia política. Se trata del dirigente sindical uruguayo Gonzalo Mosca, quien era buscado por la dictadura tanto en su país como en la Argentina, y del sacerdote José Caravias, sobre quien pesaba una amenaza de la Triple A, en 1975. Tras escapar de la dictadura uruguaya rumbo a Buenos Aires en 1977, Mosca supo que los militares argentinos también lo buscaban. “Entretanto, mi hermano mayor, que es sacerdote jesuita, fue a Buenos Aires a darme una mano”. Su hermano conocía a Bergoglio, entonces jefe de los jesuitas de Argentina (de 1973 a 1979), porque había sido su alumno, y le presentó el caso. Él le dijo: “venite con tu hermano que vamos a ver de qué forma lo puedo ayudar”. Esa misma noche Bergoglio los llevó a un convento jesuita en San Miguel, donde pasó varios días recluido, como si fuese alguien que estaba haciendo un retiro espiritual. “De noche me visitaba en el cuarto y me llevaba novelas para que me distrajera, me llevó una radio portátil para que escuchara música”, relató. Después de varios días, Bergoglio nos llevó al aeropuerto y me acompañó prácticamente hasta el avión para darme todo el respaldo y las garantías que podía con su investidura”, contó. Mosca logró cruzar a Brasil y viajar a Río de Janeiro, donde estuvo durante meses en una casa de los jesuitas hasta que pudo viajar exiliado a Europa.

Carlos Pérez Llana, ex embajador de Argentina en Francia, ha dicho que “hay mucha gente que incluso está dando testimonios de que él le dio a otro sacerdote un documento para que pudiera salir del país, que también protegió en sus oficinas y en algunos conventos a sacerdotes que estaban siendo perseguidos”.

Hasta usó su propio documento de identidad para facilitar un escape, se lo dio a un muchacho parecido a él para que pudiera cruzar la frontera disfrazado de cura. “Le dio su cédula y su camisa, la que visten los sacerdotes cuando no usan sotana, para que pudiera escapar”, dijo Alicia Pierini, amiga y dirigente de derechos humanos, a quien Bergoglio cuidó también, luego de que la dictadura la echara de su puesto de jueza y corriera riesgos junto con sus hijos.

Lo mismo afirmó uno de aquellos seminaristas de Angelelli que habían quedado desprotegidos, el hoy sacerdote Miguel Ángel La Civita. “Yo he visto que ayudó a mucha gente a salir del país en esos momentos en que había tanta gente desaparecida y recuerdo especialmente cómo en el Colegio Máximo se escondía gente, se preparaba la documentación y lo necesario para hacerla salir del país.

Que Dios acompañe a Jorge Mario Bergoglio, desde el 13 de marzo El Papa, Francisco, en su más alta misión ¡Recemos por él!

Palabras de Bergoglio mientras fue Arzobispo de Buenos Aires