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Dejarse caer

por la  Lic. Valeria Picandet (Psicóloga y Terapeuta Bioenergetista)

Todos sabemos (o deberíamos saber) que una caída es menos peligrosa cuando abandonamos todo intento de controlarla. Sin embargo, ante la proximidad del golpe, el primer impulso es tratar de resistirse, frenarse, hacer las piruetas mas extravagantes con tal de no terminar tumbados, y lo único que logramos es aumentar los riesgos de lastimarnos mucho peor. El secreto es dejarse llevar, permitir que las corrientes fluyan libremente por el cuerpo, y no asustarse de la sensación.

Los deportistas de alto rendimiento aprenden a caerse, entrenan para caerse y no lastimarse y no estaría mal que el resto de los comunes mortales pudiéramos tomar algo de esto, tanto para nuestro cuerpo físico como para el emocional.

En la terapia Bioenergética hay un ejercicio que se suele usar en determinados momentos y cuya ejecución es bastante sencilla pero que frecuentemente produce reacciones muchas veces inesperadas o sorprendentes para los propios pacientes. El ejercicio consiste básicamente en dejarse caer en un colchón después de sostenerse en equilibrio sobre una pierna durante el tiempo que la persona pueda aguantar. No encierra peligro alguno, pero la mayoría de las personas tienen miedo de dejarse caer y, si lo vencen y finalmente lo hacen, suelen incorporarse rápidamente como no tolerando el estar tendidos (a pesar de lo cómodo que pueda resultar el colchón).

¿Cuál es la dificultad que se presenta? El caer representa para todos la rendición de nuestra posición defensiva. Hay diferentes respuestas según cada individuo, pero podemos hacer algunas generalizaciones:

>Corporalmente, aparece la sensación de vértigo, con su correspondiente mareo y cosquilleo; psicológicamente la caída representa la liberación corporal del control conciente, y como la mayor parte de la gente tiene miedo a perder el control de su cuerpo, esto de por sí les provoca ansiedad.

>Puede surgir  la sensación de que caer es estar indefenso, ser vulnerable, o tal vez la de que caer es estar solo, ya que si alguien cae probablemente se le dejará atrás. Y una de las más fuertes es el miedo a fracasar o perder el orgullo.

>La ansiedad de caer se conecta con cualquier situación que pueda provocar la sensación de caer en el cuerpo. Por ejemplo, la frase “caer dormido” tal vez sea algo más que una expresión literaria. Haciendo un paralelo entre lo corporal y lo emocional podemos entender el que tantas personas tengan dificultades para dormirse ya que entregarse al colchón a pesar de ser hermoso no siempre nos resulta fácil, pues lo que entra en juego es la capacidad del individuo para ceder el control de su ego, dado que esto supone el retiro de la energía de la superficie de la mente y del cuerpo.

Muchas veces lo recomendable sería que la voluntad por mantenerse erguido o armado o muy autocontrolado, ceda a una fuerza superior de la naturaleza que es la gravedad, y así aprender que no hay un efecto destructivo en ello. Si lo logramos, sentirse caer y no hacerse daño desahoga la profunda ansiedad neurótica que procede del conflicto interno entre un movimiento energético del cuerpo y el control inconciente para limitar ese movimiento.

Entonces, volviendo al principio, si permitimos que nuestro cuerpo llegue al piso de la forma más natural posible, tal vez nos evitemos algunas magulladuras importantes; y si paralelamente, en el campo psicológico, logramos caer en nuestras emociones, aceptándolas y conociéndolas, tal vez nos evitemos unos cuantos malestares.