Rossana Falasca 

Hace días se cumplieron 60 años del nacimiento de una cantante muy especial. Cantó cuasi profesionalmente desde niña, aunque géneros diferentes al tango. Una vez que llegó a Buenos Aires, captada por el tango aggiornado, se hizo rápidamente famosa en el país y tuvo una fama internacional también importante.

Vivió sólo 29 años, y llegó a grabar un puñado de álbumes larga duración.

En febrero se cumplieron 30 años de su muerte.
Tal vez muchos no la consideren una “grande” del tango (y seguramente no entra en el Olimpo), pero nos permitimos una licencia para incluirla en esta sección, por su especial voz y porque su recuerdo bien lo vale.

Rossana Inés Falasca nació el 27 de Abril de 1953 en la provincia de Santa Fe, más exactamente en el pueblo llamado Humboldt, en la zona central de la provincia (a 61,5 km de la capital provincial, en el Departamento Las Colonias). Su padre era un inmigrante italiano, Ado Falasca, y su madre, Paula Theler, argentina. Rossana era la tercera de cinco hermanos: María Cristina, Ado, Roberto y Daniel. Su padre, sus dos tías y sus hermanos eran músicos.

Ado Falasca era sastre, y además cantaba, música melódica mayormente. Cuando la pequeña Rossana tiene 10 años, él se da cuenta de que canta bien, y que su voz es muy agradable para el canto. Tal es así que la suma, al poco tiempo, a su grupo musical, con lo cual también a las giras que solían hacer los fines de semana por pueblos vecinos.

Allá por 1960 participó en un programa de Radio Santa Fé, y fue a los trece años que debutó frente a las cámaras de televisión, en canal 13 de Santa Fe. Luego también tuvo apariciones televisivas en Entre Ríos y en Córdoba.

En 1968 participó en el Festival que se realizó en Río Ceballos (ciudad de Córdoba). Allí concurrieron grandes artistas del ambiente artístico argentino. Por aquella época, ya en plena adolescencia, cantaba en italiano en la orquesta de su padre, junto a sus hermanos Ado y Daniel.

Contando ya dieciséis años, actúa con la orquesta de su padre en Rafaela (ciudad santafesina), ocasión en que la escucha el productor Julio de Martino, quien queda prendado de su voz, y convence a Ado para llevarla a Buenos Aires. Vienen junto a los hermanos Ado y Daniel. El debut de la joven rubia en nuestra ciudad fue el 9 de marzo de 1969, en un local de café concert en el que cantó durante una semana. Fue un viaje corto, pero tuvo oportunidad de iniciar amistades con personalidades del ambiente artístico.

Rosanna siguió en su actividad artística “pueblerina” junto a su padre. Pero unos meses después, en agosto del ’69, su padre vuelve a Buenos Aires y anota a su hija, en “Grandes Valores del Tango”, el famoso programa televisivo que emitía Canal 9, para concursar. Durante todo el mes de agosto Rossana actúa en un boliche, pero tres veces por semana porque los fines de semana volvían al pueblo para actuar en los bailes y en el programa de radio Santa Fé.

En el concurso televisivo cantó el tango-canción “Madreselva” y ganó la ronda, pero por un acuerdo la apartan del concurso como participante, para hacerla figura exclusiva del canal por cuatro años.

Su primera grabación profesional la hizo teniendo 17 años, edad que no era muy frecuente que un artista pudiese grabar un longplay, un álbum de canciones, y menos en el ámbito tanguero. Pero “el fenómeno Rossana Falasca” sin duda lo ameritaba.

Ese primer álbum lo deja registrado con el acompañamiento de la orquesta de Luis Stazo, y contiene entre otros los tangos “Amor de verano” y “Bajo mi piel”, ambos de Stazo, la “Balada para un loco” de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer y el clásico “Sin lágrimas” de Charlo y José María Contursi.

Rossana Falasca tenía un tono de voz grave (aunque no exageradamente), cálido, de colores profundos, y también un agradable rostro de tez blanca que irradiaba dulzura; amén de una grácil silueta.

Fue el mismo año, 1971, cuando grabó con la orquesta de Lito Escarso: “Madreselva” y “Rondando tu esquina”, entre otros temas.Comienzan un tiempo ajetreado, cargado de giras; primero por Uruguay, Paraguay, Chile, y luego por muchos países de Centroamérica, y otros países de Sudamérica. Con el tiempo también llegó a visitar México. Hubo planes de viajar a Europa y a Japón, pero no se pudo arreglar porque no podía llevar a su familia.

La trayectoria de la artista iba viento en popa. Forma parte de una especie de movimiento que se dio en llamar “Cruzada joven del Tango” junto a María Graña, Rubén Juárez, Reynaldo Martín y otros, que no pudo ganar a cantidades importantes de jóvenes para el tango, pero sí pudo en el camino del intento revitalizar momentáneamente al género.

En 1975 Rossana es contratada por la empresa EMI-Odeón, junto con la orquesta de Raúl Garello, y esta combinación de artistas graba nuevas interpretaciones de varios tangos clásicos: “Pero yo sé”, “El último organito”, y “Nostalgias”, entre otros.

En 1982, con la empresa discográfica Polydor, graba sus dos últimos larga duración, con el acompañamiento de Orlando Trípodi dirigiendo su orquesta y su cuarteto. Esta vez mencionamos a “Cuenta conmigo”, “Sur”, “El pañuelito”, “Bien criolla y bien porteña” y “Los pájaros perdidos”

Rossana también tiene oportunidad de compartir su belleza, su carisma, su ángel por medio del cine. En este medio artístico le toca compartir elencos con figuras famosas de la tele, y con músicos relacionados con el rock o bien con la música melódica, y ella encarnaba el rol de interpretar algún tema con sabor a tango.

Las películas en que actuó fueron: “Arriba juventud”, dirigida por Leo Fleider, “Siempre fuimos compañeros” (1972), dirigida por el actor Fernando Siro, con el cantor pop Donald, que se hizo en la ciudad balnearia de Mar del Plata y “Te necesito tanto amor”, de 1976, dirigida por Julio Saraceni.

El mismo año que había grabado sus dos últimos LP (y cassettes, para la época) ya se había corrido el rumor de que ella estaba enferma. Ella lo negó en el reportaje de una revista, pero el 7 de noviembre de 1982 los médicos le habían detectado un cáncer maligno, y la operaron de urgencia.

A los pocos meses, el novio de Rossana, Luis Hernández (ingeniero e industrial) la lleva a una quinta bien apartada, en Don Torcuato, para su mejor recuperación. Y dado que los médicos no le pronosticaban más de 4 ó 5 años de vida, su novio empezaba a charlar de adelantar el casamiento. Pero lamentablemente lo peor se adelantó, y en vano fueron los esfuerzos de los médicos, y la fuerza que la misma paciente ponía. El corazón no resistió, y no le dejó terminar siquiera el verano.

El 20 de febrero de 1983 en la quinta de Don Torcuato, falleció Rosanna Inés Falasca, apenas a los 29 años de edad. Se iba para siempre “La Alondra”, ese ángel, dejando el enigma irresoluble de una pregunta eterna: ¿qué hubiera llegado a ser y a hacer con una trayectoria más extensa?

En su ciudad, Humboldt, está su mausoleo, y también hay una calle con su nombre.