Abel Aznar

No se lo suele ubicar entre los 10 ó 15 poetas tangueros favoritos, sin embargo participó de una cantidad interesante de sucesos comerciales. Pese a un comienzo en las letras que mereció la corrección de un gran director, luego pudo lograr la alquimia del gusto popular de su época. Hoy día se siguen reconociendo varios de aquellos temas. Habiéndose cumplido en marzo 30 años de su muerte, y cursando el mes del centenario de su natalicio, recordamos a Abel Aznar.

Abel Mariano Aznar nació el 26 de junio de 1913 en el partido de Merlo, en la zona Oeste de lo que hoy conocemos como el Gran Buenos Aires.

Su padre (de nacimiento, aragonés) trabajaba en los ferrocarriles, y quería que Abel llegara a graduarse de ingeniero químico, porque creía que así podía tener un crecimiento en el área ferroviaria. Llevó a su hijo a trabajar con él desde que era adolescente.

Abel pudo estudiar algo de violín entre los 8 y los 13 años, pero su educación formal fue haber cursado los estudios primarios.

Algo le ayudó mucho en su futuro: aprendió muy bien el inglés, dado que su madre era irlandesa. El padre de Abel tocaba la guitarra y el bandoneón, como aficionado, pero no quería incentivar la atracción del hijo por los versos, porque quería para él un porvenir distinto al que le podría proveer el ambiente artístico, con todos sus vericuetos y vaivenes.

Desde jovencito se sintió atraído por el tango, por la vida nocturna y por la poesía. Alguna vez pudo presenciar el arte tanguero del mítico Juan Maglio (“Pacho”), cuando este pionero bandoneonista iba de gira por los pueblos con su agrupación.

Desde inicios de la década del ‘30 se fue relacionando con personalidades del ambiente artístico. Primero fue Federico Mansilla, actor que dirigía una radio, quien le presentó al cantor Antonio Maida, y a Nelly Omar. Fue esta cancionista la primera figura que cantó un tango escrito por Abel Aznar: “Igual te quiero”, cuya música también le pertenecía al debutante. Fue en una emisión radiofónica, el 28 de junio de 1936. Esta noticia auspiciosa no llegó a ser un hecho plenamente feliz, porque sólo 4 días antes había fallecido el padre de Abel.

El joven Aznar tuvo que hacerse cargo de la familia, y así sumó un trabajo más al del ferrocarril: daba clases de inglés en la casa, por las noches. Por un tiempo se vio alejado del ambiente artístico, contra su voluntad.

Unos años después fue un pianista quien le volvió a brindar contactos: Armando Cupo le presentó al cantor Roberto Chanel y a la cancionista Laurita Esquivel.

Justo por esa época, Chanel empezaba a cantar con la Orquesta de Osvaldo Pugliese, entonces le llevó un tema que habían en colaboración él y Aznar. Pugliese, al leer la letra le dio a entender de un modo muy frontal que así como escribía, sus letras no funcionaría. Eran versos demasiado poéticos, y lo suficientemente alejados de lo popular como para que fuese muy difícil “imponer” un éxito. Con el tiempo, Abel llegó a valorar la sinceridad del joven pianista.

Tiempo más tarde su amigo Reinaldo Yiso le trajo una música del bandoneonista Luciano Leocata, al que Abel le impuso letra. La nueva creación se tituló “Y volvemos a querernos”, que gustó tanto al cantor Jorge Casal que lo acercó al director Florindo Sassone; lo estrenan en un bar de la calle Corrientes y luego lo graban, ya en enero de 1949.

Ese tango es grabado por la Orquesta de Pugliese con la voz del cantor Alberto Morán en mayo del mismo año, y entonces sí que resulta un éxito impactante. La idea de que la orquesta sumase esa obra al repertorio fue de Osvaldo Ruggiero, primer bandoneonista de la orquesta, que era sobrino de Leocata. Además, “Y volvemos  a querernos” fue el primero de una serie de tangos que se recuerdan como la serie “Y”, porque comienzan con esa letra que es desde el aspecto de redacción un conector, serie que fue una curiosidad pergeñada por Aznar.

Pugliese dejó registradas en disco varias creaciones de Aznar: “Y mientes todavía” con la voz de Alberto Moran en 1950; “Y todavía te quiero” con la voz de Jorge Maciel, en 1956; “Y no le erré” con el cantor Ricardo Medina, en 1959; “Sueño malevo”, con el cantor Alfredo Belusi, en el ‘60; “Jamás lo vas a saber”, con la voz de Maciel, en 1966.

El primero había sido, con la voz de Roberto Chanel, “La mascota del barrio”, cración de Aznar en colaboración con Reinaldo Yiso.

A lo largo de su extensa obra letrística (en SADAIC figuran 233 obras suyas, pero de las cuales llegaron a ser grabadas y editadas apenas 88) trabajó en conjunción con otros músicos importantes. Como pequeño muestrario: con Manuel Sucher crearon “Nuestra última partida” y “Te doy un beso y me voy”; con Azucena Maizani firmaron “Y no somos nada”; con Carlos Di Sarli, realizaron “De qué podemos hablar”.

Conviene consignar algunos temas más, de los más relevantes, con títulos como “Y te parece todavía”,  “El último guapo”, “Qué tenés que hablar de mí”, “Anoche te soñé”, “De puro curda”, “Azúcar, pimienta y sal”, “Jamás lo vas a saber”. Sus temáticas preponderantes fueron el amor y el engaño.

En 1978 incursionó en el cine, como guionista de “Tango, canción de Buenos Aires”, sin embargo fue un proyecto que no se llegó a terminar.

Quienes más lo conocieron atestiguan que Abel Aznar era una persona muy sensible, y que era un hombre flaco, que apenas comía.

Abel Aznar falleció el 5 de marzo de 1983.