Distintos cuerpos,
distintas historias

por la Lic. Valeria Picandet - Psicóloga y Bioenergetista

Todos nosotros creamos cuentos y mitos para dar sentido individual y colectivo a la existencia. La sociedad nos cuenta cómo comportarnos a través de historias, y éstas van siendo escritas por cada uno de nosotros a medida que nacemos, crecemos y nos formamos como individuos. Nos contamos historias que nos ayudan a racionalizar algún acontecimiento o a encontrar un camino para actuar.

Crear historias es integrar elementos de la experiencia conectándolos con elementos ingeniosos o imaginativos. Un orden, un sentido, un significado, y una continuidad de organización y forma, se mantienen por medio de una historia. Estas narraciones que organizamos sobre nuestro pasado, presente y futuro, constituyen sistemas de creencias que perpetúan una forma corporal y psicológica determinada. Llevan consigo pautas musculares de excesiva o escasa formación, de excesiva o escasa excitación. Toda historia posee un mensaje externo (“soy un mártir”, “puedo dominar a los demás”, “soy inseguro”) que refleja un diálogo interior de imágenes, palabras, símbolos y sensaciones. La memoria incluye estas pautas musculares y excitatorias que son como la historia actualizada en el presente. Las historias son organizadoras de acción que ayudan a integrar las experiencias que tenemos y generan una continuidad sobre lo que ha venido ocurriendo, de manera que el organismo pueda organizar a partir de ellas una forma adecuada para generar contacto y supervivencia.

Al principio, la historia nos es dada. “Eres incapaz, tonto, no mereces ser querido” ... “qué nene malo” ... “sos un burro, no servís para nada”. No importa quién nos dé el mensaje, acabamos creyéndolo y perpetuándolo como imagen corporal.

Nuestra historia puede encontrarse en sueños, imágenes, pensamientos, fantasías y acciones. Al final de la vida somos la historia que hemos hecho carne.

Si nos animamos a transitarlos, hay caminos para conocer cuál es la historia que narra nuestro cuerpo y luego poder decidir qué hacer con esta información.

El organismo es más plástico de lo que creemos. No es un mecanismo rígido. Puede crearse una nueva organización, tal vez comenzando simplemente con la pregunta de si queremos perpetuar, o no, una actitud pasada, hacia nosotros mismos o hacia los demás.

(Conceptos extraídos de: “La experiencia somática”,
Stanley Keleman)