Autónomos y Monotributistas (Primera Parte)

    por:  Patricia Inés González - Contadora Pública Nacional

Hoy en día, entre las personas físicas que se desempeñan de manera independiente, existen dos regímenes paralelos, en función de los ingresos obtenidos. Estamos hablando del régimen de autónomos, por un lado, y el régimen de monotributo, por otro.

No obstante ser bastante distintos conceptualmente, es común que haya  confusión con respecto a qué es lo que incluyen, o, dicho de otra forma, qué es lo que estamos pagando. El propósito de estas líneas es explicar las diferencias básicas entre ambos.

Monotributo: Para ser monotributista existe un límite de facturación anual. Con la última reforma de escalas implementada por la A.F.I.P.,  pueden ser monotributistas, en principio, aquellas personas que facturen hasta  $ 400.000 anuales (en los últimos doce meses inmediatamente anteriores). Sin embargo, pueden también serlo aquellos que tengan ingresos entre $400.000 y $600.000 anuales, siempre que los ingresos provengan únicamente de venta de bienes muebles,  tengan entre 1 y 3 empleados según la categoría que les corresponda. Hay también otras condiciones para entrar en monotributo, que ampliaremos en un próximo artículo.

Al abonar mensualmente monotributo estamos pagando, por un lado, el aporte jubilatorio y a la obra social, y también IVA e impuesto a las ganancias. Es decir que hay un componente previsional (referente a la jubilación y la obra social) y otro impositivo, que libera al contribuyente de la presentación mensual de IVA y la anual de ganancias.

No cubre el pago de impuesto a los ingresos brutos, por lo que, si la actividad no está exenta, deberá hacerse la inscripción aparte, según la jurisdicción en la que corresponda tributar.

Autónomo: Aquellas personas físicas que trabajen en forma independiente y no puedan estar incluidas en monotributo, o sean directivos de una sociedad no monotributista, deben inscribirse como autónomos. El pago mensual, a diferencia del de monotributo, incluye únicamente el aporte previsional, debiéndose presentar  las declaraciones juradas de ganancias e IVA, si corresponde, y corriendo por cuenta del contribuyente el pago a una obra social, además de la inscripción en ingresos brutos, según corresponda.

En la próxima edición ampliaremos sobre la problemática de ambos casos y sobre la situación de los jubilados que siguen ejerciendo su actividad independientemente.

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