Alberto Podestá

El que desde hace más de 50 años es conocido como el cantor de tango Alberto Podestá nació el 22 de septiembre de 1924, en la provincia de San Juan. Lo expresamos así, un poco rebuscado, para remarcar desde el principio que ese es su nombre artístico. Su nombre de nacimiento es Alejandro Washington Alé. De todos modos, su apellido artístico está tomado de su familia, como enseguida veremos.

El apellido Podestá era el de su madre, que quedó viuda cuando el futuro cantor y sus cinco hermanos eran chicos. Fueron ayudados por su abuela, pero igual los problemas económicos obligaron a la familia a reorganizarse: el hermano mayor quedó como principal sostén de la familia, pero Alejandro tenía que ayudar, entonces tuvo que ponerse a trabajar.

Su primer empleo fue como chocolatinero en un cine de su ciudad natal, San Juan, sala que era propiedad de un amigo de la familia. El niño allí ganaba unos pesos que le permitían cumplir con su ayuda a la familia.

Un tío trabajaba como inspector de las películas Paramount, justo la empresa cinematográfica internacional en la que estaba filmando Carlos Gardel, y así Alejandro, el futuro cantor Alberto, quedó prendado por siempre con el canto y la figura del Morocho del Abasto. Siempre lo mencionó como su primer maestro de canto, dado que todo en sus inicios fue emulando a Carlitos, con toda su intuición de niño-grande. Fue aprendiendo los temas del repertorio gardeliano, y las iba cantando para su madre, pero también en patios y fiestas familiares.

Lo llevaron a participar de una audición de radio (en LV5 Radio Los Andes) que se llamaba “Rayito de sol”, donde los chicos solían cantar, para mejor repercusión, temas que estuviesen en boga. Por supuesto que cantó algunos éxitos de Gardel. Tras esa presentación el apodo ya se caía de maduro, y empezaron a llamarlo cariñosamente “Gardelito”.

Unos pocos años después, tuvo la gran suerte de escuchar a su ídolo en vivo, y sin moverse de San Juan: fue en 1933, cuando Gardel estaba en gira por las provincias cuyanas, apoyando la difusión de sus más recientes películas (que a su vez eran fundamentales para su difusión como cantor) y llegó a esa ciudad. Cantó en el Cine-Teatro Cervantes, y el tío hizo que ingresara a la sala, y al fin “Gardelito” pudo ver y escuchar en directo al auténtico Gardel.

Luego de que los espectadores vieron la novedad cinematográfica del cantor, titulada “Melodía de arrabal”, llegó el momento más esperado: “el Mudo” cantó, con el acompañamiento de sus guitarristas. Uno de éstos, Pettorossi, medía casi 2 metros , y esa altura poco frecuente impresionó al niño, y fue uno de los detalles que quedaron grabados en su memoria.

Ya tenía 9 años y empezaba a hacerse famoso en su provincia. Empezó a cantar también en otros programas de radio, y en el “Atlantic”, con la orquesta de Igarzábal. Así siguió su gran época de “fogueo” (disculpen la metáfora militar) en su terruño, en la que claramente estuvo influenciado en su estilo por el gran Carlos Gardel, aún ya fallecido éste en 1935.

Años después, ya siendo el pequeño Alejandro Alé un adolescente, un muchachito como se decía, llega durante una gira el famoso y exitosísimo dúo cómico Buono-Striano. Lo escuchan cantar y al encantarse con él le hablan de lo bueno que sería que venga a la Capital , a Buenos Aires; ellos prometían relacionarlo con las principales figuras de la escena nacional, lo que seguramente iba a resultar en buenas oportunidades de trabajo artístico.

Fue en 1939 que, apoyado por Hugo del Carril, se instaló en Capital Federal. Uno de sus hermanos fue con él. En el verano, una chica jovencita de la pensión le dijo que lo iba a llevar al lugar donde tocaba Roberto Caló. Así lo llevó a la confitería “Paradise”, conoció a Roberto Caló, y logró que éste le tomara una prueba, ahí mismo. Este músico, junto a su hermano Juan, dirigía una orquesta, pero no tenía intención de incorporarlo. Sucedió algo mejor aún: lo recomendó para entrar a la orquesta de su hermano, el violinista Miguel Caló. Éste le tomó otra prueba en la confitería “Singapur” (estaba en Montevideo entre Sarmiento y Corrientes), que le pertenecía; tuvo que cantar durante dos horas enteras, sin amplificación, y también con micrófono, interpretando acompañado por un pianista, entre otros, los tangos “La mariposa”, “Cosas olvidadas”, “Martirio” y “La que murió en París”, lo que sabía cantar. El cantor recuerda que durante la prueba las chicas del cabaret lo alentaban, por lo bajo, y que luego también se acercaron para decirle “Bien, pibe” primero el violinista Francini, y luego el bandoneonista Pontier. Al fin, el director decidió incorporarlo, pese a que el cantor tenía aún sólo 16 años. El 13 de diciembre de ese año fue su comienzo en la orquesta.

Empezó en Buenos Aires ya en las ligas mayores, porque la Orquesta de Miguel Caló estaba empezando una época dorada, con músicos de la calidad más alta por entonces: Osmar Maderna en el piano, Domingo Federico y Armando Pontier en bandoneones, el exquisito Enrique Mario Francini en uno de los violines... y la lista seguía. A tal punto en ese tiempo fue reconocida la calidad de esa formación orquestal (que no duró demasiado tiempo) que el apodo que se ganó le duró por siempre: “ La Orquesta de las Estrellas”. Alberto Podestá tuvo la suerte de, aunque era muy joven y estaba empezando en la gran ciudad, haber sido parte de ese puntual momento glorioso, de esa gran experiencia. Fue una piecita de esa impresionante máquina tanguera que empezaba a maravillar.

Las primeras obras que grabó con Miguel Caló aparecieron con el nombre de Juan Carlos Morel, porque había otros cantores con el apellido Podestá y el director no quiso entrar en competencia de apellidos. El apellido artístico se lo impuso como homenaje a otro cantor que había tenido, Alberto Morel, que había fallecido muy joven.

Al entrar en la orquesta, primero le tocó trabajar en Singapur, de la calle Montevideo, que luego fue ocupado por un teatro y una academia de tango. En ésta, conoció a Homero Expósito, autor con Domingo Federico del primer tango que grabó Podestá. Además, registró dos maravillosos valses: “Pedacito de cielo” y “Bajo un cielo de estrellas” de Enrique Mario Francini y Héctor Luciano Stamponi como compositores, y la poesía de Homero Expósito y José María Contursi.

Esa primera etapa con la orquesta de Caló le duró dos años. Otras grabaciones memorables de esos días son “Dos fracasos” tango de Miguel Caló y Homero Expósito y “Yo soy el tango” de Domingo Federico y Expósito, ambos en 1941. De todos modos, no hay ningún disco que diga Juan Carlos Morel, porque en ese tiempo no salían los nombres de los cantores en los discos, sino que la leyenda era “tango con estribillo cantado”.

Desde que había empezado con Caló, el sueldo era siempre 250 pesos, que no era poco, pero además por el momento sólo ganaba eso, y además sólo se presentaban en el local que era de Caló.

Una noche allí en “Singapur”, el mozo le acerca una tarjeta que le había entregado un tal Vazquez. Éste resultó ser el representante del pianista y director Carlos Di Sarli, y el recado era que al terminar la actuación lo quería ver en un bar cercano. “Desde que me dieron la tarjeta hasta finalizar la actuación un frío corría por mi cuerpo. Pero juro que canté como nunca. Imagínense, poder cantar con Di Sarli, antes de cumplir los 18 años. ¡Era un sueño!”, recuerda el que ahora es un cantor nonagenario.

Con el representante charló un rato largo, hasta que en un momento le estipuló concretamente la propuesta. Podestá recuerda que enseguida dijo que sí, sin pensarlo, y quedaron para ir al día siguiente a la casa del maestro Di Sarli.

En realidad, no le resultaba fácil alejarse de la orquesta de Caló, porque allí estaba muy bien, y sobre todo por las muy buenas amistades que había entablado con varios de los geniales músicos. Pero cuando el representante detalló que iba a ganar 350 pesos por cada actuación en el cabaret; 250 cada vez en la radio y entre 30 y 35 pesos por cada baile, no dudó más. Entre todo, podía llegar a sumar 1300 pesos. Era muchísimo más que los 250 pesos fijos de la otra orquesta. Con esa plata iba a poder traer a su familia de San Juan, lo cual felizmente pudo realizar.

Al día siguiente, en la casa de Di Sarli, llegó el momento de charlar del nombre artístico. No iba a seguir usando el que le había puesto Caló, porque en el concepto del maestro, debía ser como “un cantor nuevo”. Le preguntó el apellido, y el Alé fue vetado inmediatamente. Le preguntó el de su mamá, y cuando le dijo Podestá, resultó al contrario de lo que había pasado con Caló; el cantor le advirtió que ya había otros cantores con otros apellidos, pero Di Sarli le dijo que no importaba, y además le hizo un augurio que se cumplió: de todos los que cantan con ese apellido, él iba a ser el único que lo haría por mucho tiempo.

Durante sus actuaciones en el local “Marabú”, ya con Di Sarli y su orquesta, conoció a jugadores de fútbol de River Plate, muchos de los más importantes de la historia de este club, como Ángel Labruna, Alfredo Di Stéfano, Pipo Rossi, Adolfo Pedernera, porque estaban entre los más o menos frecuentes visitantes de ese lugar. El fútbol, y en especial River, fueron desde siempre otra de las pasiones de Alberto Podestá.

Un tiempo largo que llevaba ya cantando con el maestro Di Sarli, y ganando toda esa fortuna, se encuentra con que ya no podía esperar más para traer a su familia a vivir a Buenos Aires. Ocurrió que en aquel recordado tremendo terremoto en San Juan en 1944, su familia perdió todo. Trajo a su mamá, a sus hermanos... a todos. Acá en la gran ciudad residieron en Concepción Arenal y Libertador, un barrio que ahora, en los últimos 15 años pasó a cotizarse mucho, a estar muy de moda.

Otro aspecto que resalta Podestá al rememorar la figura de Di Sarli, es que afirma que el director hizo mucho por enseñarle a cantar, para su perfeccionamiento como cantor de tangos. Era muy insistente en que no gritara, que fuese sumamente cuidadoso con el uso que le daba a su voz. Le decía que “cante con el interés”. No se refería al interés del público, sino que era una metáfora que tomaba el famoso concepto económico. Era que no cantase con “el capital” sino con el interés, o sea que no cantase con toda la voz que tenía, así siempre le quedaba resto, y así siempre podía hacer mejor los matices. Una muy buena enseñanza de un grande del tango como hubo pocos.

Con ese prestigioso director pianista, y su orquesta, tocaban en Radio El Mundo, una de las más importantes de la época, en bailes y también durante los bailes de Carnaval. Siempre con mucho éxito. Con la voz de Podestá, la orquesta de Di Sarli grabó en ese tiempo, entre otras cosas, el tango “Al compás del corazón”, “Nido gaucho” “Sombras del puerto”, la milonga “Entre pitada y pitada” y el vals “Estampa federal”. Pero no todo era color de rosa...

Ocurrió que Di Sarli lo había tomado pese a que tenía un cantor también bastante joven (apenas 2 años y medio más grande que Podestá) que tenía un éxito impresionante con el público: Roberto Rufino (ver la AquíDEVOTO de abril 2014 con su reseña biográfica). Por esto, cuando se anunciaba la orquesta el presentador decía: “Carlos Di Sarli, con sus cantores, Roberto Rufino y Alberto Podestá”, pero por cada cinco temas que cantaba Rufino, quizás a Podestá le tocaba cantar uno. En principio, el sanjuanino aguantaba su bronca, Rufino era un fenómeno cantando y en su relación con “la barra de Di Sarli” (el público fiel, que lo pedía tanto en los bailes como en el Marabú o en el Príncipe Georges... De modo que el más novato cobraba la plata casi sin cantar. Era una situación extraña, pero la cosa no quedó así. Rufino empezó a hacerle pasar cosas feas, como lo rememora Podestá: “era muy mal compañero. No era malo... era muy envidioso, celoso. Yo iba para ayudarlo a cantar, porque se sabía que venía mucho trabajo. El era un cantor de éxito y yo era un pibe nuevo. Pero él se sintió amenazado. Me hizo cosas fuleras... Largarme al ruedo a cantar un tango famoso que cantaba él, con toda la gente amontonada esperando a escucharlo. Aquel tango famoso era “Alma de bohemio”, que era un tango de la Guardia Vieja , que había compuesto Roberto Firpo en 1914 y le había agregado letra Juan Andrés Caruso. Era por aquel entonces, y sigue siendo uno de los principales tangos con los que se pueden lucir los verdaderos grandes cantores. Pero desafiado así, de sopetón, y sin ensayo alguno, y para colmo con todo el público esperando a escucharlo pero para compararlo con la versión que conocían y apreciaban, la de Rufino... a Podestá no le salió una buena versión, y pasó a ser un muy mal recuerdo. “Las noches del 42 en el Marabú eran un martirio para mí. Rufino me avasallaba, me humillaba. Yo ganaba mucha plata, pero no era feliz.” (ver Fuente 2)

“He llorado muchas veces. Llegaba a la pensión y seguía llorando. Diga que tenía una barra de amigos que estaban siempre conmigo y me apoyaban mucho”, contaba en una entrevista (ver Fuente 3)

Así las cosas, se veía obligado a tomar una decisión, y ya tenía pensado qué hacer. Había conversado con el bandoneonista y director Pedro Láurenz para entrar a su orquesta, entonces le planteó a Di Sarli su incomodidad de cobrar por no cantar.

De todos modos, la relación con Di Sarli no quedó mal, y volvieron a trabajar juntos, aunque nunca por un período prolongado. Inclusive, no pasó mucho tiempo antes de que Podestá pudiese volver a cantar con “El Señor del Tango”: fue en 1944, cuando Rufino dejó la orquesta para formar la suya propia, y así el cantor sanjuanino y Di Sarli volvieron a unirse laboralmente sin problemas, en ese momento y cada vez que se dieron las circunstancias. Un poco más adelante en el texto lo veremos.

Dentro de lo poco que el mercado discográfico le ofrecía a la orquesta de Láurenz, Alberto Podestá pudo registrar con ésta, para el sello Víctor, “Nunca tuvo novio”, el magnífico tango con música de Agustín Bardi y letra de Enrique Cadícamo. Tratando de dejar atrás el pésimo recuerdo tan reciente, el director lo convenció de preparar “Alma de bohemio”, y lo pudo cantar.

La Orquesta de Laurenz es contratada por el sello Odeón y entonces llega su tiempo de grabar y que además su nombre figurase en las etiquetas de los discos (en ese sello sí ponían el nombre del cantor). Graba su nuevo caballito de batalla, “Alma de Bohemio”, y en el reverso del disco se podía escuchar “Patria mía”. Luego siguieron “Garúa”, “Como el hornero” y el vals “Paisaje”. Hoy, tantas décadas después, la versión que se puede esuchar grabada por la agrupación de Laurenz con la voz de Alberto Podestá es tal vez la más recordada, y por siempre siguió siendo su gran caballito de batalla, gracias al bueno de Laurenz.

A Pedro Laurenz lo recuerda como “todo un cajetilla. Se podía decir que era uno de los directores de orquesta más elegantes que había. Cuando me llamó a cantar con él, luego de arreglar, pregunté donde se hacía la ropa la orquesta, y cuando me dijeron que era en Spiro y Demetrio casi me caigo; era una de las sastrerías más caras de Buenos Aires. Con Laurenz uno debía llevar toda la ropa al tono: camisas, medias, corbatas y pañuelos”. (ver Fuente 1)
Pero luego el sanjuanino volvió a la orquesta de Miguel Caló para completar una inolvidable dupla de cantores con otro grande: Raúl Berón, que por grabaciones de aquella época sigue siendo uno de los más valorados por los bailarines sociales, los “milongueros”. Laurenz también fue como bandoneonista a la orquesta de Caló, ahora en plena época de ser “La Orquesta de las Estrellas”.

Aunque estuvo en varias de las mejores y más importantes orquestas, hubo 2 de estas con las que se frustró varias veces su ingreso a ellas. Fueron las del bandoneonista Aníbal “Pichuco” Troilo y la del violinista Juan D’Arienzo. Con Troilo, en la primera vez que iba a empezar con él, iba a ser para remplazar nada menos que a Alberto Marino “ La Voz de Oro del Tango”, pero tuvo que realizar una gira previa, de un mes,  con Di Sarli al Uruguay; con Di Sarli ahora estaba cantando Jorge Durán, pero los orientales habían pedido expresamente que también querían a Alberto Podestá. Le comentó a Troilo esta situación, y el maestro le respondió comprensivamente y con un apodo cariñoso que le había puesto a su amigo: “Gordurita, hágalo”. Lamentablemente, al volver se encontró con que ya estaban ensayando en la troileana orquesta Edmundo Rivero y Floreal Ruiz, otros 2 cantores excelentes. Es que eran tiempos de mucho trabajo, y a veces no se podía esperar, había que aprovechar las oportunidades que se presentaban (y esto, tanto para los músicos como para las orquestas). Más adelante en el tiempo, cuando Podestá estaba actuando en Chile, Pichuco lo contactó para que esa vez sí se sumase a su conjunto, porque se le había ido Raúl Berón, pero los compromisos empresariales urgieron a Troilo: no podía esperar a que el sanjuanino regrese a Buenos Aires, y contrató a Carlos Olmedo y Pablo Lozano de forma inmediata. Igual dice que hablaba mucho con Troilo, y en especial de fútbol, porque los dos eran de River. “Había una linda relación. Dos veces estuve a punto de entrar a su orquesta y no pudo ser. Y bueno, ya está”.

La cosa con D’Arienzo fue que una vez, recorriendo las posibilidades que se presentaban, se enteró que D´Arienzo estaba buscando un cantor. Llegó, vestido con sus mejores pilchas, alrededor de las diez de la noche al cabaret Chantecler. Pero D´Arienzo no estaba, y el bandoneonista Héctor Varela le dijo que sin el “Rey del compás” no podía decidir nada. Después se supo que ya habían designado a Héctor Mauré. Y su probable unión laboral con D´Arienzo quedó así, frustrada por siempre, sin siquiera una prueba.

En 1944 ocurrió el primer retorno a la orquesta de Di Sarli, que ya mencionamos, ya sin sufrimiento, y fue una corta pero fructífera etapa en que dejaron registradas versiones exquisitas como los tangos “Nada” de José Dames y Horacio Sanguinetti; “Cero al as” de Arturo Galucci y Francisco Bohigas, “Motivo sentimental” de Emilio Brameri y el Dr. Carlos Bahr y “La capilla blanca” de Di Sarli y Marcó, entre otras cosas.

En el año 1945 hay una orquesta muy especial que se está constituyendo: es una dirigida conjuntamente por dos grandes músicos: los ya mencionados Enrique M. Francini y Armando Pontier. Sí, los amigos queridos que había conocido en la orquesta de Caló, ahora se decidían a formar una orquesta propia, y convocaron a Podestá para que cante. Actuaban habitualmente en “Sans Souci”, “Montecarlo”, “Picadilly” y “Tibidabo”. Entre los temas que dejaron grabados en esos tiempos está la lograda versión que hicieron que hicieron de “Margo”, el tango que había compuesto el mismo Pontier y con letra de Homero Expósito.

En 1947 vuelve trabajar con Di Sarli, y dejan grabadas, entre otras piezas, los tangos “Por el camino”, “Dinero dinero”; “La canción más triste” y “Soy aquel viajero”.

Luego regresó una vez más con el binomio de directores Francini-Pontier. En esta etapa llegó un cantor uruguayo, también joven: Julio Sosa. Éste tal vez llegó a ser el mejor amigo que tuvo Podestá; era un muchacho decidido pero que a la vez solía dar importancia a los consejos de los más experimentados, una persona ávida de conocimientos. Ya hemos reseñado su vida, pero ya que estamos, volvemos a lamentar su prematura muerte, años después, en pleno auge laboral, por una negligencia automovilística suya. En 1949 Podestá y Sosa grabaron a dúo el vals de Francini y Sanguinetti “El hijo triste”.

Con la orquesta Francini-Pontier, en los diferentes lapsos de tiempo en que colaboró Podestá, dejó registradas otras muchas cosas, entre las que mencionaremos los tangos “Qué me van a hablar de amor”, “El milagro”, “Calesita de mi barrio”, “La cumparsita”, “Sin palabras”.

Hay una película en que se puede ver a la Orquesta Francini-Pontier con Alberto Podestá. Es “Los Pérez García”, la versión cinematográfica del recordado programa de televisión, con el inolvidable actor Juan Carlos Altavista, muy jovencito por entonces. Dicho film se estrenó el 1 de febrero de 1950.

La razón por la que, ya consagrado y trabajando con el apellido que heredó de su madre, cambiaba tanto de orquesta, sin estar mucho tiempo con ninguna, es porque era muy requerido por todas esas orquestas, en una época (la década de 1940, siempre recordada como “la era dorada del tango” porque fueron los años de mayor auge del tango en general, y en particular de las más importantes orquestas) en que el trabajo para los tangueros abundaba, y siempre se aprovechaba, de modo que tanto cambio de formaciones, de orquestas, de cantores, y tanto ajetreo, era de lo más común, tal como en otras semblanzas de figuras de la época hemos ya explicado.

En 1951 empezó su etapa como solista; el debut fue en Radio Splendid, y trabajó en locales varios, en el cabaret “Maipú Pigall” y confiterías de nuestra ciudad.

Grabó algunos discos con acompañamiento de guitarras, para el sello Pampa.

Para las grabaciones de la faceta solista contó con acompañamientos de Alberto Di Paulo, Leopoldo Federico, Luis Stazo y Jorge Dragone, Tití Rossi. También trabajó acompañado con Roberto Grela y sus guitarras.

En 1955 los exitosos directores Francini y Pontier, que habían seguido trabajando con otros cantores, decidieron dividir sus caminos. Julio Sosa y Armando Pontier, con distintos porcentajes eran socios para seguir trabajando juntos, y habían decidido que el otro cantor iba a ser Alberto Podestá, que venía de Chile, porque Troilo lo había llamado para, ahora sí, que cante con su orquesta, como ya hemos consignado antes. El sanjuanino les explicó eso, excusándose porque no podría unírseles (a sus amigos Pontier y Sosa). Pero al poco tiempo se enteró que Troilo no lo había esperado, y así se quedó “sin el pan y sin la torta”... Lo habían requerido de dos orquestas: de una se había excusado, para entrar en la otra, en la cual no lo esperaron, y ya no pudo entrar en la primera. Enrique Francini se enteró que había quedado sin orquesta y así aprovechó la situación, puesto que él también tenía orquesta nueva y lo tomó como cantor. De esta etapa con “el Gordo” Francini quedaron las grabaciones de “Bailemos”, “Fueron tres años”, “Un tango para el recuerdo”.

Con Armando Pontier en 1963 estrenó un tango que resultó uno de los más grandes éxitos del tango entre los estrenados desde entonces: “Qué falta que me hacés”, con la música compuesta por Pontier junto a Miguel Caló, con versos de Federico Silva. El mismo año lo grabaron en un disco Long Play que resultó de la nueva formación de la Orquesta de las Estrellas de Miguel Caló.

Otros temas que grabó con Pontier y su Orquesta fueron “Pecado”, “Es nuestra despedida”, entre muchos otros.

La caída laboral del tango, ya muy notable bien entrados los años ’60, la encaró viajando mucho. Además de que ya estaban lejos los mejores años para el tango, en noviembre de 1964 falleció su gran amigo y cantor Julio Sosa. Entre 1967 y 1970 Podestá se radicó en Chile, donde continuó su carrera. En sus giras por América ha recorrido Colombia, Chile, Perú, Venezuela, Ecuador, México, República Dominicana y Estados Unidos (allí actúo en ciudades de las más importantes como Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Boston y Filadelfia).

En Colombia trabajó y grabó con Cristóbal Ramos, Ramón Ozán y Joaquín Mauricio Mora (éste como bandoneonista y no como pianista). En Venezuela con “Los caballeros del tango”, grupo de Raúl Garcés. En Uruguay con “El potrillo” César Zagnoli. En Chile con Lucho Ibarra.

A lo largo de su historia como cantor grabó aproximadamente 500 piezas; entre éstas, además de las ya mencionadas, se destacan sus interpretaciones de: el tango “Percal”, el vals “Bajo un cielo de estrellas” (éstos con Caló en distintas épocas); con Di Sarli en sus varias etapas, los tangos “Al compás del corazón”, “Nada”, “La capilla blanca”, “Nido gaucho”, y otros.

Podestá ha cantado varias veces en los programas de la televisión dedicados al tango, como el recordado “Grandes valores del tango”, producido por Alejandro Romay y conducido por el animador Silvio Soldán. También en TV cantó a dúo con Alberto Marino, para el viejo canal 2.

También incursionó en la creación directa de algunas obras; logró un éxito importante con un tango de su autoría, “El bazar de los juguetes”, en el que habla de los niños que por ser pobres no tienen juguetes. Desde que lo estrenó quedó incorporado a su repertorio, pues gustó mucho al público. Otros títulos de temas que él creo son “En un baúl de recuerdos”, “Tu amor ha de llegar”, “Mirándote partir”, “Cuando tu amor regrese”, “Sobre un mar de azoteas”.

También actuó durante mucho tiempo en el muy famoso local nocturno Caño 14, y al lado de Edmundo Rivero en otro conocido local, “El Viejo Almacén”, que era propiedad del querido Rivero. En teatro actuó junto al gran bailarín Juan Carlos Copes y su ballet.

En el siglo actual, y aunque teniendo muy avanzada edad, nunca abandonó completamente su carrera. Continuó con presentaciones en recitales esporádicos, también en milongas, donde los jóvenes lo veían como a un prócer, y él cantaba como sin notarlo, porque se considera un trabajador del tango, “no se la cree”, y en realidad nunca se creyó mejor que nadie. Paralelamente, ha actuado en el circuito for export, de San Telmo, en locales como “La esquina de tango” y “La Cumparsita”. Participó también en La Selección Nacional del Tango, proyecto que parecía para un momento puntual y sin embargo se mantuvo en el tiempo, aunque con reediciones esporádicas, y en el que participaron músicos tangueros de los mejores, como Leopoldo Federico, Rodolfo Mederos, Ernesto Baffa y Nicolás Ledesma, entre otros.

Realizó una gira por los estados de Brasil con el espectáculo “Una noche en Buenos Aires”, con el acompañamiento orquestal de Carlos Buono. Luego, debido a la edad, los viajes no son tan seguros, se complican, y así ya decía que a algunos lugares, por muy lejanos (por ejemplo, Japón), ya no vuelve más,

En 2005 y 2006 hizo presentaciones en el Centro Cultural Torquato Tasso, que ya por esos años se había convertido en un reducto donde solían tocar muchas de las principales figuras tangueras. Lo hizo con el guitarrista Hugo Rivas, y tuvo como invitados a algunos de sus compañeros de guardia: Tito Reyes, Juan Carlos Godoy, Osvaldo “Marinero” Montes, Aníbal Arias. Y también acompañaron al querido Alberto, por entonces con 82 años, había tangueros de generaciones que le siguen como el Chino Laborde (cantor), Javier “Cardenal” Domínguez (cantor y guitarrista) y Lidia Borda (cantante). También cantaba Betina, la hija de Alberto Podestá. “Me hace realmente bien mantenerme en actividad. Y me gusta estar en contacto con la juventud. También me da placer cantar con mi hija. Es buena, eh. No lo digo porque sea mi hija”.

Ya por esos tiempos, en algunas entrevistas expresaba su satisfacción porque no sólo no lo habían olvidado sino que decía que los jóvenes lo habían redescubierto. Eso que venía recibiendo de nuevo interés por su canto y su figura de cantor de orquesta histórico ya desde varios años antes, a la par que desde los últimos años de los 90 las milongas resurgieron de la mano de las nuevas generaciones de bailarines, los jóvenes que poblaron las pistas, y que en el siglo actual se reforzó con la llegada masiva de visitantes extranjeros, se vio reflejado en un evento importante: en 2007 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, en una ceremonia realizada en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña.

Por esos años, con tanto trabajo nuevamente, pudo por primera vez arreglar con un representante que lo ayude. “Son muy pocos los cantores que tuvieron representante: Ledesma, Castillo, Morán, no muchos más. Los demás nos las rebuscábamos como podíamos, por recomendaciones, por amistades, así he trabajado yo. Siempre dije que soy un trabajador del tango. ¿Y dicen que los que somos cantores no trabajamos? ¡Ja, macanas!”

Con tanto reconocimiento, se sentía acariciado. “Estoy en una nube. Los cantores pibes me hablan, me tocan, me piden consejos; Gustavo Santaolalla, que es un fenómeno de muchacho, me hace grabar para Café de los Maestros...”

Se refiere al proyecto cinematográfico y de presentaciones teatrales grupalesCafé de los maestros, en el que participó. El film documental, dirigido por Miguel Kohan sobre una idea de Gustavo Santaolalla (músico, productor discográfico y ganador del Oscar como musicalizador de un film) entrevista a las figuras más importantes del tango aún vivas. La idea estaba inspirada en lo que en el hemisferio norte fue el famoso proyecto “Buena Vista Social Club”, que rescató del olvido a un puñado de músicos cubanos y no sólo lo logró sino que se convirtió en un gran éxito internacional. Café de los Maestros ganó entre otros un Premio Clarín como Mejor Documental. Con el grupo de artistas de “Café de los Maestros” cantó en el Teatro Colón, en el estadio cubierto Luna Park y en el Teatro Argentino de La Plata. Del grupo formaron parte Mariano Mores, Leopoldo Federico, Ernesto Baffa, Atilio Stampone, Emilio Balcarce, José Libertella, Virginia Luque, Horacio Salgán y Lágrima Ríos. La película estuvo producida por el mismo Santaolalla y por otros dos cineastas muy importantes: la argentina Lita Stantic y el brasileño Walter Salles, y fue estrenada el 26 de junio de 2008. Quedó muy bien, es muy recomendable.

Además, filmó bajo las órdenes de Eduardo Calcagno una película que relata su vida, con la participación especial de Federico Luppi y Valeria Bertuccelli titulada “El cantor del tango”.

Otro reconocimiento que recibió fue que la Academia Nacional del Tango lo nombró Académico de Honor.

Tras recordar que con dos ocasiones fallidas no pudo cantar con Troilo, confiesa que aún más le hubiese gustado cantar con el maestro Horacio Salgán. “Hace poco se lo pude decir. ¿Sabe qué me respondió? Así, todo movedizo como es él, me dijo como si nada: "Hubiese sido lindo".” (fuente 2) Claro, el gran director, tan admirado por la mayoría de los músicos de tango, se retiró en los primeros años de este siglo. Sin embargo, Alberto Podestá sí se dio el gusto de cantar acompañado por el Quinteto Real, pero no por el que fundó don Horacio y mantuvo durante décadas, sino por el nuevo, que formó y tan bien dirige su hijo César Salgán.

Ahora en 2014, un día antes de cumplir los 90 años de vida, estará cantando en Mar del Plata, en un espectáculo titulado “Maestros del Tango”, con el Sexteto Roberto Siri, y también con la Orquesta Típica El Fierrazo como invitada. Será el domingo 21 a las 20 horas, en el Teatro Auditórium / Sala Piazzolla.

 

Fuentes:

1 -  “Los Recuerdos de Alberto Podestá”, nota de José Damiani que se publicó en “Cuadernos de difusión del Tango”, Nº 23, dirigido y editado por Salvador Arancio; se puede encontrar en www.todotango.com

2“Parece que me están descubriendo”, entrevista de Mariano del Mazo publicado en el diario Clarín, 14 de julio de 2005.

3“Siempre fui un trabajador del tango”, entrevista de Karina Micheletto, publicada en el diario Página/12 del 26/9/2006.

4“Alberto Podestá, resumen de su carrera en el tango”, por Pablo Tabeada, en www.investigaciontango.com

5 -  Nota biográfica redactada por Florentino “Tino” Diez, en www.terapiatanguera.com.ar

6Nota biográfica en www.wikipedia.com ( La Enciclopedia Libre )