El síndrome de la perfección
A veces lo perfecto es enemigo de lo bueno

                Por la Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga (M.N. 16566)

Fijarse metas y querer alcanzarlas es algo bueno, pero fijarse objetivos demasiado altos, casi inalcanzables, es una característica propia del perfeccionista.

No cabe dudas que poner metas y tratar no sólo de alcanzarlas sino de superarlas, nos ayuda a rendir más y a aumentar nuestra autoestima.

El perfeccionista es una persona muy exigente, consigo misma y en ocasiones también con los demás, lo cual a veces complica bastante la convivencia.

En la oficina:

Como jefe, nada lo conforma, porque sólo él es el perfecto y nadie puede hacer el trabajo tan bien como él.

Como empleado, el perfeccionista sufre y se angustia porque piensa que su trabajo no cumple con los objetivos que él mismo se impone, y lo invade la insatisfacción.

Los perfeccionistas pretenden también controlar las situaciones. Son extremistas, sin término medio. Las cosas están bien cuando se hacen como ellos quieren, o de lo contrario están mal.

Se sienten los reyes de la situación cuando tienen todo bajo control, pero su reinado es efímero porque la realidad de la vida les muestra en algún momento la otra cara del mundo.

En ocasiones el deseo de perfección lleva a la obsesión. La obsesión les exige cada vez más perfección, y así sucesivamente, hasta que la persona entra en un estado depresivo.

También, ante la imposibilidad de lograr la meta, puede aparecer la duda: puedo o no puedo, valgo o no valgo. La duda agota su energía y su capacidad para pensar y razonar.

¡Cuánto más simple y más fácil es aceptar los sí y los no de la vida, queriendo y disfrutando de lo que hacemos, y fijándonos metas mínimas como pequeños pasos para ir creciendo y superando los obstáculos para alcanzar los objetivos deseados!