Alba Solís

El 3 de febrero falleció esta magnífica cantante de tangos, olvidada.

La beba que con el tiempo llegó a ser conocida como Alba Solís, tuvo como nombre verdadero Ángela Herminia. Tanto su madre como su padre eran italianos: Herminia Trapanese y Oreste Juan Guillermo Lamberti. De los tantos inmigrantes que llegaban a montones para tratar de tener una vida mejor que en sus países de origen. La beba nació el 18 de octubre de 1927, en nuestra Ciudad de Buenos Aires. Más precisamente, por la zona de Floresta. Aunque su familia se mudó tiempo después al barrio de Constitución más adelante volvieron casi hasta Floresta, porque se radicaron en Flores.

La niña tenía apenas cuatro años cuando hizo su primera aparición, en la recordada “Pandilla Marilyn”. Luego de ese tierno debut, participó en las Matinés de Juan Manuel.

Años después, ya siendo una actriz jovencita, trabajó con Atilano Ortega Sanz y Mario Amaya (Churrinche).

El tango fue desde siempre su gran pasión, y lo encaró tal como lo sentía. Ya siendo muy famosa lo explicaba así: “Siempre me mostré tal cual soy”.

Ángela estudió con la cantante lírica italiana María Naftri, pero a lo que aprendía con ella le agregaba las cosas salidas de su propio temperamento y sus dotes naturales para el arte escénico. Así, con ese importante combo, le sacaba gran rédito a esa gran voz que tenía (en tono, en color, en caudal), logrando interpretaciones únicas, personales, de una altísima calidad expresiva. Muchas grabaciones que dejó, son extraordinarias.

Cantó en Radio Mitre, en 1945. Muchos años después, dejó una muy buena grabación de la canción de María Elena Walsh titulada “El 45” , un emotivo tema en que la cantante-narradora es una mujer recordando su inocente adolescencia en aquel año, tan importante para Argentina como para el mundo.

También concursó en “Buscando la Voz del Tango”, que organizaba Radio Splendid, y así consiguió un contrato de cuatro años de trabajo en la emisora.

Rápidamente se ganó un lugar en el espectáculo como una gran estrella.

Tal como ella recordaba, todo se le fue dando muy naturalmente. La vida la fue llevando a eso. Se fue ganando al público, desde sus comienzos.Luego también tuvo actuaciones en Radio Belgrano y Radio El Mundo.

Algunos signos característicos del estilo personal que fue forjando eran el extra de sentimiento con que usaba los tonos graves de su voz, cómo levantaba los brazos para agregarle fuerza expresiva a ciertas frases, y cómo se movía por el escenario.

Luego llegó el momento en que le tocó trabajar en la revista porteña. Este género teatral, que juntaba baile, cómicos, vedettes, tango, otras músicas,  que estaba por esos años de gran auge, y Alba Solís pronto alcanzó el estrellato también en ese rubro. Se presentaba en los principales escenarios de la revista, como cantante y también como actriz. Incluso bailó algunos tangos formando pareja con un querido personaje del tango y la escena teatral argentina: Tito Lusiardo.

Actuó en “Blum”, el gran suceso teatral de Enrique Santos Discépolo. Ahora que mencionamos al creador del tango Cambalache, es propicio contar otro acontecimiento que lo tiene a él y a Alba como protagonistas. En 1951 el poeta y letrista Homero Manzi, ya muy enfermo y con poca esperanza de sobrevida, compone, junto a Aníbal Troilo el tango “Discepolín”, tema que Enrique escucha por primera vez en el cabaret El Colonial, interpretado por Alba; pocos meses después, fue el mismo Discepolín el que “emprendió el último viaje”, y es poético pensar que se fue a encontrar en el más allá con su gran amigo Homero.

Con Mariano Mores, Los Mac Ke Mac's, Ubaldo Martínez y los bailarines Mayoral y María Elena, actuó en la comedia musical “Buenos Aires canta al mundo”.

Cuando Francini y Pontier volvieron a formar una orquesta juntos, en 1973, para actuar especialmente en Japón, le confiaron la responsabilidad a Alba Solís de ser la vocalista femenina del conjunto. Triunfaba en el exterior, el lejano Oriente, y con una de las orquestas más importantes, que siempre es recordada especialmente por la calidad inigualable de la mayoría de sus arreglos musicales, muy vanguardísticos pero que no pierden por ello su fuerte color tanguero.

Un año después, regresaba de una actuación en la ciudad de Rosario cuando sufrió un accidente automovilístico. Se recuperó, pero sólo luego de realizar exigentes ejercicios de rehabilitación.

Luego fue figura principal del espectáculo “Tango Argentino”. Este fue un espectáculo muy importante en la historia del tango argentino, porque fue el primero que hizo renacer al tango, que ya estaba lejos de sus años de gran popularidad en nuestro país, pero desde el exterior. Realizado por algunos de los más destacados músicos y bailarines, deslumbró en Nueva York, permaneciendo allí por mucho más tiempo de lo esperado. Y también recorrió varias de las principales capitales del mundo, también con mucho éxito. Aunque la función original del show era crear una fuente laboral, la extraordinaria repercusión mundial del mismo hizo que se adicionara la función que cumplió para con el género que ya desde su título homenajeaba. Porque hoy día se reconoce que “Tango Argentino” fue la punta de lanza con que el tango logró renacer, primero desde el el público extranjero en el mundo, y años después en el propio país de origen, con el acercamiento de nuevos milongueros, las generaciones de jóvenes argentinos que se volvieron a interesar por el baile de tango, primero como baile social y luego también por el de escenario.

“Tango Argentino” le permitió a Alba Solís pasear por el mundo su voz. Ella le aportó al espectáculo toda su expresividad, y son muy recordadas en especial sus interpretaciones de los tangos “Uno” (de los ya mencionados Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo, y “La última curda” (de Troilo y Cátulo Castillo).

Con mucha frecuencia, y durante muchos años, trabajó en los más importantes reductos del tango en Buenos Aires, como “El Viejo Almacén” y “Caño 14” .

En las últimas décadas, ya no trabajaba continuamente, pero se dedicaba a la enseñanza de vocalización, tan importante para desarrollar el canto. También, cada tanto hacía algunas presentaciones especiales.

En los últimos tiempos ya estaba muy afectada por el EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), que cosechó debido a sus muchos años de fumadora. La misma inclemente enfermedad que se llevó al popularísmo Sandro, aunque no tenía una edad tan avanzada. Dentro del tango, otro de los casos famosos de grandes figuras que se llevó tempranamente el cigarrillo es el del cantor Alberto Morán.