La importancia de la vida social

              Por la Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga (M.N. 16566)

Nacemos y crecemos dentro de una sociedad y, por lo tanto, somos seres sociales. Nuestra vida se desarrolla en contacto con nuestra familia y con otros que no pertenecen a ella.
Ya desde la escolaridad, que cada vez empieza más temprano, los niños empiezan a contactarse con sus pares y así van aprendiendo a comunicarse y a relacionarse. A partir de la escuela llegan los amiguitos y se comparte la vida social.
Así van creciendo hasta llegar a la edad adulta y es así como también van cambiando su forma de vida social según el ámbito donde se desempeñan.
¿Qué pasa entonces en la vida adulta? ¿Se mantienen los lazos sociales? A veces sí, a veces no.
Las nuevas familias que se van formando, a veces se encierran en sus propias historias y se olvidan del mundo exterior.
La unión familiar es lo máximo a lo que podemos aspirar, pero cuidado con las situaciones de asfixia donde todo empieza y termina dentro de la propia casa.
Cada uno de los integrantes de la familia necesita tener su propio mundo dentro de la familia, y también su propia vida social.
Más allá de los encuentros familiares que son una demostración de afecto y que facilitan el diálogo y la buena comunicación, las familias pueden compartir encuentros sociales.
La vida social nos lleva a tener relaciones de amistad y la amistad es una de las claves de nuestro bienestar emocional.
En los jóvenes, los amigos son un pilar fundamental tanto en su ocio como en su consuelo.
En el caso de los adultos, los amigos son como una forma de llenar un vacío cuando los hijos se van o, cuando por otras cuestiones, se necesitan reforzar los vínculos sociales.

Para pensar:
Muchos opinan acerca de cómo se debe vivir, pero lo importante es cómo se quiere vivir. La manera correcta tiene que ver con una buena elección de vida.