De la muerte no se habla

por:  Mirta Olga Lacancellera - Psicoanalista - Psicoanalítica Social - Tecnicatura Sup. en Consultoría Psicológica

Sabemos, gracias a Sigmund Freud, que nuestra propia muerte no se puede concebir, no tiene representación en el inconsciente. Pero... ¿qué nos ocurre ante las pérdidas de nuestros seres queridos, en especial de un hijo? 
¿Podría derivar en una enfermedad? ¿Por ejemplo, en un cáncer?
Veamos el siguiente caso, que corresponde a la vida familiar y laboral de un médico alemán: el Doctor Ryke Geerd Hamer. Este controvertido especialista en medicina interna ejerció durante 15 años como jefe de diversos servicios en varios hospitales de Alemania. En la década de los años '70 llevaba ya un tiempo dándose cuenta que la medicina era muy especulativa, que no encajaba entre las otras ciencias. Se dio cuenta de que faltaba algo, que no habìa orden ni concierto.
En 1978, tras la muerte de su hijo Dirk, que fue un hecho determinante, Hamer padece un cáncer de testículo. Su esposa, que es médica oncóloga, desarrolla un cáncer en la mama izquierda. Esto lleva a Hamer a cuestionar: ¿Cómo es posible que dos personas sanas, y relativamente jóvenes, desarrollen un cáncer? Lo relaciona con el hecho traumático de la muerte del hijo de ambos.
En esa época Hamer trabajaba como médico en una Clínica Ginecológica, por lo que estaba en condiciones especiales para llevar a cabo una tarea de investigación. Así, empezó a hacer algo que, aunque es muy básico, no lo hacen los médicos en la actualidad. Empezó a conversar con el paciente para saber su opinión sobre la causa de su enfermedad. Le empieza a preguntar a los pacientes con cáncer si han vivido alguna historia altamente traumática en su vida. Para su sorpresa, encuentra que prácticamente todas esas mujeres refieren una historia muy dramática, de un tiempo anterior a la aparición de la enfermedad. Entonces el investigador analiza por descarte, por tipo de enfermedad, y encuentra que en 100 casos con el mismo tipo de cáncer, todos refieren el mismo tipo de hecho traumático, con diferentes matices, pero siempre hay un denominador común, lo que lo lleva a comprender inicialmente la relación entre las vivencias de las personas (psiquis) y el órgano lesionado.
Este médico comprende el error de la medicina oficial: divide el cuerpo humano en especialidades, Un gran error, porque por ese camino se pierde la visión del conjunto.