Ataque de pánico

              Por la Lic. Valeria Picandet - Psicóloga (Bioenergética - EMDR - TIC - EFT)

Esta problemática, cada vez más frecuente de encontrar en los consultorios, se caracteriza por la aparición de crisis de pánico recurrentes, sin un factor externo desencadenante. No hay una objetiva situación de peligro, sino que es una respuesta a causas internas de la persona, relacionadas con la propia historia y a su vez favorecidas por las situaciones de estrés y ansiedad con que se vive diariamente.
Algunos de los síntomas que se pueden presentar en el transcurso de un ataque son: palpitaciones o taquicardia, sudoración, escalofríos, sensación de ahogo, vértigo, inestabilidad, mareos, náuseas, alguna parte del cuerpo dormida o anestesiada, etc. Acompañadas también de creencias negativas como ser: “me voy a desplomar”, “me falta el aire” “sufro una enfermedad grave”.
Las crisis duran entre 10 y 60 minutos y pueden estar limitadas a un breve período de semanas o meses, con recurrencias periódicas, o bien convertirse en algo crónico. A partir del primer ataque suele sobrevenir un cambio en la psiquis por el cual la persona comienza a prestar atención permanente a su cuerpo para estar alerta a la reiteración de esas señales fisiológicas de “catástrofe inminente” (ansiedad anticipatoria). Es un estar pendiente del cuerpo y semi desconectado del mundo externo. Como defensa de este supuesto peligro, se activa un estado de ansiedad que provoca una respiración corta y poco profunda que, paradójicamente, empeora el cuadro ya que la hiperventilación trae mareos, aumento del ph en sangre y reducción del dióxido de carbono, lo cual desencadena un nuevo ataque. Otras consecuencias de este estado de miedo generalizado son la acumulación de tensiones crónicas en la garganta, cuello, hombros y boca, junto con la sensación de que las piernas tienen escasa capacidad de sostén.
Es por esto que desde el enfoque Bioenergético se trabaja, no solo con la historia personal, sino fundamentalmente con la respiración, el enraizamiento y la profundización de la autopercepción. El paciente necesita fortalecer su base de sustentación, confiar en que las piernas lo sostienen para evitar la sensación de derrumbe. También mediante ejercicios de expansión de la respiración irá conectándose con la propia vitalidad y la capacidad de sentir. El miedo va cediendo, dando paso a una vida más independiente y placentera, en conexión con el sí mismo y el afuera (que no siempre es hostil).