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Bio-Hormigón
El material que se repara a sí mismo

En la Universidad Técnica de Delft, en los Países Bajos, han desarrollado el bio-hormigón un material que literalmente está vivo y que puede regenerar el desgaste de las edificaciones.

Para preparar bio-hormigón se mezcla el concreto tradicional con cepas de la bacteria Bacillus Pseudofirmus, que en estado natural pueden habitar incluso en ambientes tan hostiles como cráteres de volcanes activos. “Lo increíble de estas bacterias es que forman esporas y pueden sobrevivir por más de 200 años en el edificio”, explica Henk Jonkers, científico holandés que forma parte del origen de este invento. A esa mezcla se añade lactato de calcio, que es lo que las bacterias comen, y el bio-hormigón está listo.

Cuando se forman grietas en las edificaciones construidas con este material, las bacterias que habitan en él quedan expuestas a los elementos, principalmente el agua. La humedad que penetra las fisuras despierta a los microorganismos, que entonces comienzan a alimentarse del lactato de calcio; el producto final de su digestión es piedra caliza. Este material sella las fisuras en el bio-hormigón en un periodo de alrededor de tres semanas.

No hay límite para el largo de la grieta que este material puede reparar: pueden ser centímetros, pueden ser kilómetros. El ancho de la grieta sí presenta una limitación: no debe ser mayor a 8 milímetros.

Pese a ello, el bio-hormigón (al que también se lo denomina "Bio-Concreto") puede ahorrar miles de millones de dólares en el mantenimiento de estructuras tan variadas como edificios, puentes o represas. Según HealCon, la organización que está promoviendo el uso de nuevo material, sólo en Europa se gastan al año US$ 6800 millones en reparar construcciones debilitadas.

Como parte de las evaluaciones a las que se somete al bio-hormigón, Jonkers informó que se ha utilizado este material para construir canales de irrigación en Ecuador, un país altamente sísmico.

“Aunque puede ser más caro que el hormigón tradicional, pronto se nota el beneficio económico porque ahorra en costos de mantenimiento”, señaló el científico al diario inglés The Guardian.

También prometen que viejos edificios surcados por grietas, de esos que abundan en América Latina y que corren el riesgo de desplomarse hasta con los temblores más leves, podrían tener una esperanza.

La Universidad Técnica de Delft tiene en el mercado un spray, hecho sobre la base del mismo principio, que puede aplicarse directamente a pequeñas grietas.

Aunque la idea de un edificio que se repara sólo resulta fascinante, el bio-hormigón aún debe de superar la prueba más dura: el mercado. El costo del nuevo producto puede ser prohibitivo para grandes proyectos de infraestructura. Según The Guardian, mientras el metro cúbico de hormigón tradicional puede costar 80 dólares, el nuevo material superar los 110.

Por esta innovación, Henk Jonkers fue nominado al premio mejor inventor europeo, en 2015.

Fuente:  www.lanacion.com.ar