Dr. Abel Albino
Fundador y Presidente de Fundación CONIN

El Dr. Abel Albino en 1972 se graduó con el título de médico en la Universidad de Tucumán. Al año siguiente, viajó a Chile para especializarse en Pediatría en el Hospital Luis Calvo Mackena; ahí tuvo el honor de conocer al Prof. Dr. Fernando Mönckeberg, donde se contactó por primera vez con la problemática de la desnutrición infantil.

En 1987 se doctoró en Medicina en la Universidad Nacional de Cuyo.

Decidió entonces regresar a Mendoza y organizó un congreso en el que invitó al Prof. Dr. Fernando Mönckeberg, quien disertó sobre la única debilidad mental que se puede prevenir y revertir, la única creada por el hombre, la debilidad mental del desnutrido.

Así, junto a un gran número de colaboradores, el Dr. Abel Albino creó el 4 de septiembre de 1993 la Fundación CONIN (Cooperadora de la Nutrición Infantil), tomando el exitoso modelo de Conin Chile, ideado por su fundador el Dr. Fernando Mönckeberg, quien logró exitosamente quebrar el flagelo de la desnutrición infantil en su país y gracias al cual Chile posee el índice más bajo de desnutrición de Latinoamérica.

Los primeros años de la vida constituyen la fase más dinámica en el proceso de crecimiento y éste resulta extremadamente vulnerable a las diferentes condiciones. Los déficits o excesos en el estado nutricional infantil están asociados a múltiples factores del ambiente en el que el niño vive desde su concepción.

“Ningún desarrollo es posible cuando tenemos ejércitos de niños débiles mentales por desnutrición. Debemos preservar el cerebro y luego educarlo”, repite la frase tres veces, como una confirmación fundamental. “La principal riqueza de un país es su capital humano. Y si ese capital humano está dañado, ese país no tiene futuro”.

Años más tarde, en 1992, pasó por Mendoza un profesor de la Universidad de Navarra, especialista en biología molecular, que lo invitó a sus clases. Cuando llegó a Europa, sintió el impacto de “ver esos países tan pequeños y tan poderosos y no dejaba de pensar en el nuestro, uno de los más ricos del mundo, tan empobrecido”. Ya no estaba feliz en el Viejo Continente y decidió regresar al país para ocuparse de la debilidad mental generada por el hambre.

De nuevo en Mendoza, organizó un curso al que invitó a Mönckeberg y le pidió que le enseñara sobre desnutrición y que lo ayudara a abrir un centro. Recuerda que su maestro le dijo: “No sabés lo feliz que vas a ser”. Y reconoce: “Nos pareció más que interesante que nos propusieran ser felices. Si uno hace el bien y encima lo pasa bien, es un negocio redondo”.

El comienzo no fue fácil y debió renunciar a su trabajo en el hospital para poder ocuparse del nuevo proyecto. Se quedó sin obra social, sin sueldo y hasta hipotecó su casa. “Mucha gente pensó que estaba loco, pero mucha me ayudó. Es que si uno genera confianza, la gente es solidaria”, reflexiona. En la actualidad, sigue atendiendo su consultorio y vive de eso.

“Ningún desarrollo es posible cuando tenemos ejércitos de niños débiles mentales por desnutrición. Debemos preservar el cerebro y luego educarlo”; el Dr. Albino repite esta frase tres veces, como una confirmación fundamental. “La principal riqueza de un país es su capital humano. Y si ese capital humano está dañado, ese país no tiene futuro”.

No importa quién es el “culpable”, a quien le corresponde reparar este flagelo. Todos somos responsables, por los niños, por nuestra patria e incluso por nosotros mismos. Hagamos algo. Colaboremos económicamente, con lo que cada uno pueda.

Para informarse más, y eventualmente también colaborar, entrar a la página www.conin.org.ar

 

 

 

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