El sistema familiar

La familia sana

por la Lic. Mónica Cersósimo - Psicóloga (M.N. 16566)

¿Cómo establecemos la diferencia entre una familia que funciona dentro de lo “normal” y otra patológica o enferma?

Como no hay un criterio aceptado universalmente, para poder definirla debemos tener en cuenta varios factores: el origen de la misma, sus creencias, el sistema en el cual está inserta y la interacción entre sus miembros.

La familia “sana” es dinámica, está en un proceso de evolución y cambio permanente y tiene reglas que a menudo no son concientes pero que son lo suficientemente fuertes para servir como directrices en todo el proceso de crecimiento. En la familia patológica, también llamada disfuncional, las reglas sirven para restringir el cambio y mantenerla estática.

Con el transcurso de los años la familia va pasando las distintas etapas del ciclo vital, afrontando los conflictos y problemas que de por sí son inevitables, aceptando las nuevas circunstancias sin temor a perder el cariño que los une.

Es fundamental el respeto mutuo y la libertad bien entendida, que permita que cada uno tenga su espacio físico y psicológico, sus ideas propias y su autonomía. Los temas conflictivos se discuten sin que se vea amenazada la continuidad y unión del grupo.

El respeto y la buena comunicación entre las generaciones son los pilares que sostienen a la familia: padres que sepan escuchar, hijos que puedan confiar en sus padres y abuelos que se relacionen con la generación más joven con amor y aportando la sabiduría de los años vividos.

Dinámica familiar

Las familias tienen períodos de transición en que sus integrantes deben redefinir su relación interna y así cambiar las reglas del sistema. Luego de este reacomodamiento la nueva estructura familiar es vivida como satisfactoria, brindando sensación de seguridad y estabilidad.

Habitualmente la familia atraviesa res períodos de crisis: los dos primeros son el pasaje del estado de pareja sin hijos al de familia con hijos pequeños, y luego  la familia conformada por adultos y adolescentes y el tercero se produce cuando los hijos dejan definitivamente el hogar.

En la familia disfuncional todo cambio es considerado como una amenaza, la familia se comporta como si viviera en una casa en ruinas donde el hecho de cambiar un libro de lugar podría ser suficiente para que se desplomara el techo. Además, las necesidades individuales no son tenidas en cuenta y el costo emocional es muy alto.

 

 

 

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