Violeta Parra

Violeta Parra nació el 4 de octubre de 1917 en Chile. Su madre fue Clarisa Sandoval Navarrete, campesina y modista, y su padre Nicanor Parra, profesor de música. El nombre completo era Violeta del Carmen Parra Sandoval. Violeta tuvo cinco hermanos y dos medio hermanos. Como veremos más adelante, varios integrantes de su numerosa familia desarrollaron actividad artística.

Si bien se sabe que nació en el sur chileno, en la provincia de Ñuble, hay controversia sobre el lugar exacto del nacimiento. La Municipalidad de San Carlos afirma, en su sitio oficial y un cartel a la entrada de la ciudad, ser “la cuna de Violeta Parra” y la casa ubicada en la calle El Roble al 531-535 fue declarada monumento histórico en 1992 porque supuestamente allí nació la cantante. En cambio, la familia de Violeta no ratifica este dato y en el sitio web de la Fundación Violeta Parra se afirma que la folclorista nació en San Fabián de Alico, localidad ubicada al este de San Carlos. Sin embargo, Isabel Parra, presidenta de la institución en honor a su madre, apoyó en 2013 la casa de San Carlos al afirmar que ella “será una sucursal de la fundación en el sur”.

Su infancia transcurrió principalmente en el campo. Entre 1919 y 1921, la familia residió en Santiago, pero regresó ese mismo año al sur, a Lautaro; después se trasladó a Chillán y finalmente se instaló en Villa Alegre.

Su madre se esforzaba sobre la máquina de coser para ayudar en la economía de la numerosa familia. Violeta sufría continuamente de enfermedades, incluyendo un ataque de viruela a los tres años. Mientras mejoraba, se divertía junto a sus hermanos en las aguas del vecino río Ñuble y en los aserraderos y barracas de la zona.

Los niños revelaron precozmente su inclinación al espectáculo. Imitaban a los artistas de los circos que se instalaban en las proximidades del hogar. Se disfrazaban con atuendos de papel; Violeta y su hermano Lalo cantaban a dúo y montaron varias representaciones por las que cobraban entradas a los niños.

A sus diez años Violeta se inicia en la guitarra y el canto junto a sus hermanos Hilda, Eduardo y Roberto. A los 12 compuso sus primeras canciones.

Terminada la escuela primaria Violeta empezó la escuela normal, pero luego del primer año tuvo que abandonar los estudios secundarios para trabajar en el campo y así colaborar con familia debido a que su padre enfermó gravemente. Los hermanos lucharon por sobrevivir saliendo a cantar en restaurantes, posadas, circos, trenes, campos, pueblos, calles e incluso burdeles.

Los problemas económicos se agravaron cuando el padre falleció, en 1931 y, al año siguiente, Violeta se fue a vivir a Santiago invitada por su hermano, el futuro “antipoeta” Nicanor Parra, que estudiaba allí. Retomó los estudios en la Escuela Normal de Niñas, donde no se sintió a gusto, porque era el canto y no la escuela lo que le interesaba. Por eso, la dejó y comenzó a cantar en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio junto con su hermana Hilda, en un dúo de música folclórica llamado “Las Hermanas Parra”, con lo que tenía una fuente de ingresos.

En 1935 su madre y hermanos llegaron a Santiago. En 1937 Violeta inició su carrera artística en el restaurante El Popular de Avenida Matucana 1080, interpretando boleros, corridos, cuecas, rancheras y tonadas junto a sus hermanos Clara, Eduardo, Hilda y Roberto; luego también en El Tordo Azul, ubicado enfrente. En esos lugares conoció a Luis Cereceda, empleado ferroviario, con quien se casó en 1939, año en que nació la primera hija, Isabel.

En 1943 nace otro hijo, Ángel. Violeta se une a una compañía de teatro que realiza giras por todo Chile. Canta canciones españolas y se hace llamar “La Violeta de mayo”.

El matrimonio no tardó en tener problemas, dado el carácter inquieto y lleno de distracciones de Violeta (cantaba en botes del puerto, se presentaba en radios y se había unido a un grupo de teatro), que no se acomodaban al ideal convencional de esposa. Se separaron en 1948, pero antes, Cereceda, que militaba en el Partido Comunista, iniciaba a Violeta en la actividad política y ambos participaron ayudando en la campaña presidencial de Gabriel González Videla (1946).

En 1950, nació su hija Carmen Luisa Arce Parra y ese mismo año contrajo matrimonio con el padre de la niña, Luis Arce, que era carpintero. En 1952, nació su hija Rosita Clara, quien falleció dos años después. En la misma época, editó sus primeros discos junto con su hermana Hilda, para el sello RCA Victor. Se trataba de grabaciones en formato single de canciones populares chilenas, como “El Caleuche”, “La cueca del payaso” y “La viudita”. El dúo funcionó de manera constante hasta 1953.

En 1952 trabaja en circos populares. Junto a sus hijos realiza giras por el país y por los alrededores de Santiago. Impulsada por su hermano Nicanor comienza a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folclórica chilena. Abandona su antiguo repertorio y realiza recitales en las universidades, presentada por el hombre de letras, Enrique Bello Cruz. Nace su hija Rosita Clara.

A principios de la década de 1950 comenzó su extensa labor de recopilación de tradiciones musicales en diversos barrios de Santiago y por todo el país. En estas andanzas, conoció a diversos poetas, incluyendo a Pablo Neruda y Pablo de Rokha. Su hermano Nicanor la estimuló a asumir con personalidad propia la defensa de la auténtica música chilena, en contra de los estereotipos que hasta ese momento eran moneda corriente. Es así como su repertorio, hasta entonces basado en boleros, cantos españolescorridos mexicanos y valses peruanos, pasa a las canciones más tradicionales del campo chileno. Violeta se afirma en el camino descubriendo los valores de la identidad nacional como ningún otro artista lo había hecho antes.

Esta labor de recopilación está plasmada en más de tres mil canciones, reunidas en el libro “Cantos folclóricos chilenos” y sus primeros discos en solitario, editados por EMI Odeon. Esos discos contienen sus primeras composiciones basadas en las formas folclóricas tradicionales. Las canciones “Casamiento de negros” y “Qué pena siente el alma” se convirtieron en dos de sus canciones más conocidas. Alcanza con esto el primer plano de la popularidad.

En 1954 mantuvo en la Radio Chilena el programa “Canta Violeta Parra”, y ganó el Premio Caupolicán a la folclorista del año, lo que le valió una invitación para presentarse en un festival juvenil en Varsovia (Polonia). Así es que viaja por primera vez a Europa, para participar en ese quinto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Varsovia. Desde allí se traslada a París, donde reside durante dos años, realizando incontables presentaciones y anuda contactos para la difusión de su trabajo. Graba en la Fonoteca Nacional del “Musée de l’Homme” de La Sorbonne. Es por esos tiempos que publica sus primeros LP (disco larga duración), como “Guitare et chant: chants et danses du Chili” (Guitarra y canto: cantos y danzas de Chile”) de 1956 y una serie de canciones grabadas que se editarían en diversas compilaciones posteriormente, que incluían exclusivamente canciones recopiladas del folclore chileno.

El éxito obtenido en Europa era inédito para cualquier artista chileno, y Violeta se llenó de inspiración y creatividad. Fue en París donde se enteró de la muerte de su hija Rosita Clara, en Santiago de Chile. Termina su unión nupcial con Arce, el padre de sus dos hijas menores.

Ya de regreso en Chile, en 1957, se traslada al sur con sus hijos Carmen Luisa y Ángel, contratada por la Universidad de Concepción. Realiza investigaciones folclóricas en la zona, descubriendo las cuecas del sector.

En 1958 funda el Museo Nacional del Arte Folclórico Chileno, de la Universidad de Concepción. Aparecen los LP “La cueca…” y “La tonada presentada por Violeta Parra”, con tapas ilustradas por pintores chilenos.

Regresa a Santiago. Cuatro discos suyos aparecieron en ese periodo, “Canto y guitarra” (1957), “Acompañada de guitarra” (1958), “La tonada” y “La cueca” (los dos últimos de 1959, con varias de sus primeras composiciones, las que se habían publicado antes en Europa. Asomaba la cantante preocupada de temas sociales (“Yo canto a la diferencia”), la brillante constructora de décimas y composiciones poéticas (“Verso por desengaño”) y la musicalizadora de poemas (“Cueca larga de los Meneses”, de su hermano Nicanor). Los discos se grabaron con el mínimo acompañamiento de una guitarra de madera, y en la actualidad se encuentran descontinuados, al igual que su álbum editado en Argentina (donde se censuró su polémica canción social “Por qué los pobres no tienen”) y el álbum “Toda Violeta Parra” (1960).

En 1959 viaja a recopilar el folclore de la isla de Chiloé, en el sur de Chile, donde organiza recitales, cursos de folclore, cerámica y pintura. También escribe el libro “Cantos folklóricos chilenos”, que reúne toda su labor de investigación, con fotografías de Sergio Larraín y partituras musicales de Gastón Soublette.

Incursiona en la cerámica, comienza a pintar y a bordar arpilleras. Construye su “Casa de palos” en la calle Segovia, en La Reina, y ofrece recitales en los centros culturales más importantes de la capital. Viaja al norte a investigar y grabar la fiesta pagano-religiosa de La Tirana. Compone música para el poema “Los burgueses”, de Gonzalo Rojas. Escribe las “Décimas autobiográficas”, que narra en versos su vida. Acompaña las primeras grabaciones de su hija Isabel.

Sufre una severa hepatitis, lo que la tiene recluida, y con esto su labor como arpillerista y pintora alcanza gran desarrollo. Toda esa actividad artística se diversificó: trabajó en cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras, que presentó en las dos primeras ediciones de la Feria Chilena de Artes Plásticas (1959 y 1960). Trabajó un tiempo en un museo de arte popular y folclórico que ella misma fomentó a crear en la Universidad de Concepción y luego viajó por casi todo Chile, ofreciendo cursos de folclore y recitales.

En 1960 viaja por el sur de Chile, en jornadas folclóricas con sus hijos Isabel y Ángel, el conjunto Cuncumén y Julio Alegría, encargado de la gira.

Al siguiente año viaja a Argentina. En nuestro país residió en General Pico y en Buenos Aires. Ofreció cursos de folclore, cerámica, pintura y arpilleras. En Buenos Aires expone sus pinturas y actúa para la televisión. En junio se reunió en la capital argentina con sus hijos Ángel e Isabel y su nieta Tita y se embarcan juntos a Europa, invitados al Festival de la Juventud, en Finlandia. Viajan por la Unión Soviética, Alemania, Italia y Francia. Se establece en París.

Lanza al mundo del disco a sus hijos Ángel e Isabel, bajo la denominación “Los Parra de Chile”, que hacen recitales en radio y televisión. Borda arpilleras y hace esculturas en alambre.

En este periodo, forjó una firme relación con el antropólogo y musicólogo suizo Gilbert Favre, con el que vivió en Ginebra, compartiendo su tiempo entre Francia y Suiza. Él fue el  destinatario de sus más importantes composiciones de amor y desamor: “Corazón maldito”, “El gavilán, gavilán”, “Qué he sacado con quererte”, entre otras. En esa ciudad suiza ofrece recitales en teatros y estudios de televisión junto a sus hijos y nieta. Expone su obra plástica. Gilbert Favre era 18 años menor que Violeta, pero se convirtió en el gran amor de su vida, el que la marcó fuerte. Vivieron juntos de 1960 a 1965.

Continuó sus grabaciones con el LP “Recordando a Chile”, también conocido como “Una chilena en París”, que incluyó dos canciones compuestas y cantadas en francés. También grabó otros temas muy importantes de su carrera, como “Paloma ausente” y “Arriba quemando el sol”.

En 1962 grabó para el sello Arión una serie de canciones editadas en diversas recopilaciones posteriores. Fue una etapa de gran nostalgia, tal como lo atestiguan canciones tan sentidas como “Violeta ausente”.

En 1963 graba, también en la capital francesa, composiciones revolucionarias y campesinas que aparecerán casi una década más tarde en el álbum “Canciones reencontradas en París”.  Son sus textos más combativos: canciones como “Miren cómo sonríen”, “Qué dirá el Santo Padre”, “Arauco tiene una pena” y “Según el favor del viento”, que formaron la base de la corriente musical conocida como la Nueva Canción Chilena.

En abril de 1964 Violeta expone sus arpilleras, óleos y esculturas de alambre en el Museo de Artes Decorativas, Pabellón Marsan, del palacio del Louvre (en París). Es la primera exposición individual de un artista hispanoamericano en la historia de ese emblemático museo.

Al siguiente año se publica en Francia su libro “Poésie populaire des Andes”. En Ginebra, la televisión suiza filma el documental “Violeta Parra, bordadora chilena”. Violeta retorna definitivamente a Chile en junio. Canta con sus hijos en la Peña de Los parra, en Santiago, y publica por Odeón el LP “Recordando a Chile (Una chilena en París)” y un disco junto a su hija Isabel. Es invitada a la Feria Internacional de Santiago (FISA), donde instala una peña folclórica.

En diciembre de 1965 en La Cañada 7200, de comuna La Reina instaló una gran carpa con el plan de convertirla en un importante centro de cultura folclórica, junto con sus hijos Ángel e Isabel y los folcloristas Rolando Alarcón, Víctor Jara y Patricio Manns, entre otros. Pese a su sueño de convertir la carpa en un referente para la cultura de Chile, la respuesta no fue muy motivadora, dado que el público no la apoyó en la medida que esperaban.

En 1966 Emi-Odeón edita el LP “Carpa de La Reina”, colaboración de Violeta y otros artistas, y el EP “El tocador afuerino”, trabajo instrumental para cuatro y quena creado junto a Gilbert Favre.

El final de su relación con Gilbert Favre, quien se marchó a Bolivia en 1966, originó una de sus canciones más conocidas, “Run Run se fue pa'l norte”, y la dejó en un estado de ánimo muy vulnerable. Lo fue a ver a Bolivia y lo encontró casado. Vuelve a Chile con grupos del altiplano que presenta en su carpa, en televisión y en La Peña de Los Parra.

Lanzado en 1966 y grabado junto con sus hijos y el músico uruguayo Alberto Zapicán, el disco “Las últimas composiciones de Violeta Parra” incluye dos temas que alcanzaron el mote de himnos: “Gracias a la vida” y “Volver a los 17”, además de otras canciones como “El rin del angelito”, “Pupila de águila”, “Cantores que reflexionan”. “Gracias a la vida” ha sido interpretada por artistas como Mercedes Sosa, Raphael y Pedro Vargas  “Volver a los 17”, ha sido interpretada por importantes figuras latinoamericanas como Joan Manuel Serrat, Milton Nascimento, Franco Simona, entre muchos otros. “Gracias a la vida” también tuvo muchísimas versiones, como las de Mercedes Sosa, Rápale, Pedro Vargas  , y las tendrá aún más, dado que es una de las canciones emblemáticas del repertorio latinoamericano, una de esas canciones antológicas que no pasan de moda.

Se dice que su última relación amorosa fue con Alberto Zapicán.

Tras algunos intentos fallidos, Violeta Parra se suicidó, con un disparo. Fue a los 49 años, el 5 de febrero de 1967 en su carpa de La Reina. Una capilla ardiente se levantó en la carpa y su funeral se llevó a cabo dos días más tarde.

Sus restos fueron depositados en un nicho de la galería 31 del Cementerio General de Santiago.

Muy pronto, y también a lo largo del tiempo, se suceden actos recordatorios de homenaje a su figura y su obra artística, tanto en Chile como en el extranjero.

Mientras que para muchos resulta paradójico que la autora de “Gracias a la vida”, un himno a la existencia, se suicidara, incluso tan pronto como sólo un año después de escribirla, otros analistas de su obra perciben en la letra, en el estilo de musicalización, en los tonos usados y en la monotonía de sus temas el reflejo de un estado de ánimo depresivo y una canción de despedida.

En 1970 se edita su autobiografía poética: “Décimas. Autobiografía en verso”

Con el objetivo de rescatar la figura y el legado de Violeta Parra, se creó la Fundación Violeta Parra en julio de 1991. Presidida por su hija Isabel Parra, busca “reunir, organizar y preservar su obra; proyectarla en Chile y en el exterior para que puedan acceder a ella estudiantes, artistas y público en general”.

En 1992, por iniciativa de sus hijos se creó en Santiago de Chile la Fundación Violeta Parra, la que se propone reagrupar, ordenar y difundir la obra de su madre.

A 80 del nacimiento de Violeta Parra, en 1997 vuelve a exponerse su obra visual en el Museo de Artes Decorativas del Museo del Louvre, París. Participan la Fundación Violeta Parra y la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

Póstumamente, le fue otorgada a Violeta Parra la medalla Gabriela Mistral, en 1998.

Coincidiendo con los 90 años de su nacimiento, en 2007 inauguraron en el Centro Cultural Palacio La Moneda una exposición permanente de su obra visual.

En 2011 se estrenó la película “Violeta se fue a los cielos”, dirigida por Andrés Wood basada en el libro homónimo de Ángel Parra, y protagonizada por Francisca Gavilán. Esta película ganó varios galardones, entre los que destaca el Gran Premio Internacional del Jurado en el Festival de Sundance (enero de 2012).

En memoria y reconocimiento a Violeta Parra, el 4 de octubre, día de su nacimiento, fue elegido en Chile para celebrar el Día de la Música y de los Músicos Chilenos.

Algunas líneas para su perfil  (es un extracto de... ver abajo Fuente 2)

Un músico valenciano que la conoció: "Genial, pequeñita, enamoradiza, poco agraciada". Ella misma tenía pobre concepto de su aspecto físico: "Soy la mujer más fea del planeta", escribió una vez. Y solitaria: "Toda mi vida fui muy sola; por eso me he metido en tanto camino oscuro". La define el folclorista Payo Grondona: "Muy simpática, exigente en su oficio, mandona, matriarcal, empeñosa, tribal, arriesgada". Y Fernando Sáez, su mejor biógrafo: "Tendencia a deprimirse, tremenda humildad en la consagración; podía ser maternal, cariñosa y divertida, y de un momento a otro podía volverse exigente y dominante a grados insoportables". El escritor peruano José María Arguedas declara que era "lo más chileno de lo chileno, y lo más universal de Chile". Y Pablo Neruda: "Santa Violeta, tú te convertiste en guitarra con hojas que relucen al brillo de la luna... en pueblo verdadero, en paloma del campo, en alcancía". La defiende Nicanor Parra, su hermano, que escribe poesía con una sonrisa: "Se te acusa de esto y de lo otro. / Yo te conozco y te digo quién eres, / ¡oh corderillo disfrazado de lobo!".

Fuentes:

1) la cronología biográfica en
http://www.violetaparra100.cl/biografia

2) Es un fragmento del perfil en la nota de Daniel Samper Pizano en:

https://elpais.com/diario/2003/08/19/revistaverano/1061244015_850215.html

3) La nota en https://es.wikipedia.org

 

Bienvenida

Violeta Parra está grabada en la memoria de un país que reconoce en su obra un universo donde conviven con la misma fuerza el lamento mapuche y el silencio del desierto de Atacama, la rabia frente a la injusticia y la gratitud de existir, la soledad más profunda y la plenitud del amor.

Su melancolía existe en medio de un imaginario fértil, lleno de identidad pero sin fronteras. A través de ella hablan la cordillera y los ríos, y habla también un pueblo entero. Su voz, tan propia, tan suya e inconfundible, fue al mismo tiempo un canto que nos interpretó a todos.

Por eso hemos elegido hacer de los cien años de su nacimiento una celebración nacional. Porque queremos conmemorar la creación y la vida de esta mujer brillante, chilena y universal, genio de la palabra, la música y las artes visuales. Y porque queremos recordar que el horizonte que nos hace posibles como comunidad, viene también dado por la obra de nuestros grandes artistas. Porque del arte magistral que nos retrata, también surgimos y nos modelamos como patria.

Hoy damos inicio a lo que será un recorrido por muchos caminos hacia Violeta Parra. Un recorrido dedicado a la celebración y también un esfuerzo consciente y coordinado por visibilizar y difundir su obra artística, política, humana, en todo el territorio nacional, y también fuera de nuestras fronteras.

Para Chile, esta es una gran oportunidad de acercarse a Violeta Parra, de relevar su legado, tan vivo en sus canciones, en su obra plástica, en su investigación. Desde “Maldigo del alto cielo” hasta “Violeta ausente”, desde su autobiografía en décimas hasta sus arpilleras, desde su trabajo de investigación y rescate hasta sus obras instrumentales, es posible vislumbrar la dimensión y profundidad de Violeta Parra, su sentido vivo y doloroso aún, su capacidad para entendernos y retratarnos a todos.

Como dijo alguna vez su hermano Nicanor, “este país debería llamarse Violeta”. Quizá los doce meses que tenemos por delante sean la oportunidad que necesitamos para entender cuánta verdad hay en esas palabras.

¡Que empiece la fiesta, que “el día de tu cumpleaños es cosa muy principal”!

Michelle Bachelet Jeria 

Presidenta de la República de Chile

04 / 10 / 2016

Texto tomado de:

http://www.violetaparra100.cl

 

Gráfica de la película "Violeta se fue a los cielos" (2011)

 

 

 

 

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