El problema del desempleo

La desocupación en el mundo es un fenómeno realmente preocupante, ya que tres cuartas partes de los trabajadores no tienen un empleo estable. Y en América Latina se hallan en esa situación un 70% de los trabajadores. Los porcentajes varían, por ejemplo, en algunos países de Europa la desocupación es de apenas el 17%.

El número de personas desempleadas a nivel mundial se sitúa en más de 200 millones, ya que el ritmo de crecimiento de la fuerza de trabajo supera el de la creación de empleo.

“Estamos enfrentando un doble desafío: reparar los daños causados por la crisis económica y social mundial y crear empleos de calidad para las decenas de millones de personas que cada año se incorporan al mercado laboral”, señaló el Director General de la OIT, Guy Ryder.

“El crecimiento económico es inferior al esperado, tanto en su nivel como en su grado de inclusión”, agregó. Ryder es un inglés nacido en Liverpool en 1956, que asumió la titularidad de la Organización Internacional del Trabajo en octubre de 2012.

El desempleo de larga duración sigue siendo marcadamente alto. La incertidumbre mundial y la falta de empleos decentes alimentan el malestar social y la migración en muchas partes del mundo. Entre 2009 y 2016, la proporción de población en edad de trabajar que desea migrar al exterior aumentó en casi todas las regiones del mundo.

“Sólo una cuarta parte de los trabajadores a nivel mundial tiene un contrato que no es temporal o de corta duración”, dijo Raymond Torres, director del Departamento de Investigaciones de la OIT. En las tres cuartas partes restantes de los trabajadores “son contratos que no garantizan al trabajador ni siquiera una estabilidad en el horario de trabajo. El trabajador tiene que responder a una demanda de la empresa en el caso de que haya trabajo disponible para realizar”, explicó. Y agregó “tiene que estar disponible, pero tampoco tiene garantía de que todas las semanas va a tener el mismo volumen de trabajo”.

Un paso positivo es que algunos países mejoraron la protección social de los trabajadores informales. En países como Bolivia y Uruguay se mejoró el acceso de los trabajadores del sector informal a la seguridad social y a la cobertura de salud.

Desempleo juvenil. Cada año se incorporan al mercado laboral cerca de 40 millones de jóvenes, según un informe. Uno de los mayores desafíos es resolver el problema de la transición de los jóvenes a la vida económicamente activa.

En algunos países se están diseñando carreras en consulta con el sector empresarial.

Respecto al alto desempleo juvenil, el departamento de investigación de la OIT dijo que es importante tener presente que las dificultades que están viviendo los jóvenes desde el comienzo de su vida laboral pueden condicionar el resto de su carrera profesional.

Esto ha llevado a muchos jóvenes a abandonar la búsqueda de empleo, y otros muchos se han visto obligados a emigrar, en búsqueda de oportunidades laborales en otros países.

La tecnología como causante de desempleo. Una investigación de la OIT concluye que, después de la crisis económica mundial, la tecnología es la primera causa del aumento del desempleo en el mundo. Un director de esa organización sostiene que “los robots, los ordenadores, la impresión 3D y la automatización, incrementan la productividad pero reducen el potencial de crear empleos del sector manufacturero”. Esto ha llevado a que incluso naciones como Japón hayan registrado un descenso en el número de empleos en este sector a causa de las innovaciones tecnológicas.

El acelerado avance tecnológico nos lleva a preguntarnos hasta qué punto contribuye al crecimiento y la evolución del ser humano, o representa a largo plazo una amenaza para nuestro bienestar.

Si se mira la situación con detenimiento, es posible ver que esta preocupación ha estado presente en todas las épocas y ha sido una constante en la historia de la humanidad.

La tecnología ha tenido la capacidad de suplir y desplazar el trabajo humano. Desde la invención de la rueda, los robots, pasando por la invención de la imprenta y la máquina de vapor, las novedades en materia tecnológica han transformado la economía y el mundo laboral, eliminando trabajos tradicionales y creando nuevos roles.

Aunque cada nuevo avance tecnológico ha tenido la capacidad de generar nuevos empleos, las tendencias revelan que son muchos más los que se eliminan.

Con el fin de suplir un poco este vacío se ha buscado, en tiempo reciente, capacitar a los trabajadores en tecnología, con el fin de que puedan ocupar otros puestos en los que se requiere menos mano de obra y más trabajo intelectual; sin embargo, es insoslayable que esta iniciativa no representa una solución de fondo, ante el gran número de personas que cada día pierden sus empleos.

Debe tenerse en cuenta este tema como un gran reto que enfrenta la humanidad en la actualidad. Es vital que tengamos la capacidad de adaptarnos a los cambios pero sin deshumanizarnos y que se haga uso de la herramienta “inteligencia” para dar con soluciones que permitan mantener el equilibrio entre los avances tecnológicos y nuestro bienestar.

Que sea la tecnología la que esté a nuestro servicio, y no lo contrario.

Una forma de contrarrestar las consecuencias del avance tecnológico es un experimento que consiste en dividir al personal en una mitad que trabaja 7 horas diarias y la otra que lo hace durante 6 horas, sin modificar salarios. Esta medida tiene un antecedente: la experiencia de la automotriz Toyota, que fijó para sus trabajadores una jornada laboral de 6 hs, en dos turnos (mañana y tarde) obteniendo resultados positivos. Sin embargo, la iniciativa es resistida por sectores políticos y empresariales.

En los últimos 200 años se ha reducido el tiempo de trabajo de unas 12 horas por día a menos de 8 horas diarias y la semana de trabajo se redujo de 7 a 5 días.

Si no continuamos con esta tendencia, la oferta de horas de trabajo es mayor que la demanda. Se puede solucionar si cada persona trabaja menos horas por semana.

El gobierno podría fijar un impuesto sobre las horas extras, haciendo lo mismo con las horas trabajadas que sobrepasen un cierto límite por semana. ¿Aceptarían esto las empresas? Al no pagar horas extras, los costos de trabajo son menores. Al tener una demanda creciente de bienes, las ventas y la producción serán mayores. Al trabajar menos turnos por día, durante siete días de la semana, las máquinas estarían trabajando, la inversión bajaría y los costos serían más bajos con ganancias más altas.

Al trabajar menos horas por semana, se tendrán más horas disponibles para estar con la familia, para entretenimientos, deportes y hobbies (pasatiempos). Al no haber una sobreoferta de horas de trabajo, los sueldos y salarios serían más altos.

Ahora: ¿que pasa con el salario de las personas que trabajan menos horas para que las desempleadas puedan trabajar? En el primer momento reciben menos salario, por trabajar menos horas. Como resultado de trabajar menos horas, hay escasez de personal, por lo cual las empresas tienen que subir los salarios para conseguir el personal que precisan.

La manera para reducir el desempleo y para vivir mejor es la de distribuir el trabajo disponible, trabajando menos horas por semana.

En nuestro Congreso Nacional se encuentran dos proyectos de ley para reducir la jornada laboral; uno de ellos a 40 horas semanales en lugar de las actuales 48 horas (presentado por el Bloque Socialista) y otro a 36 horas semanales (presentado por el Senador Osvaldo Ramón López, Partido Nuevo Encuentro de la Prov. de Tierra del Fuego). Ambos proyectos buscan distribuir con más equidad el trabajo existente entre más trabajadores y generar más puestos de trabajo.

 

 

 

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