Raúl Berón

Raúl Berón nació el 30 de marzo de 1920, en la ciudad de Zárate, provincia de Buenos Aires. En su familia hubo muchos músicos y cantores. De hecho, Raúl empezó de niño formando dúo con su hermano mayor, José, quien también desarrolló una carrera en el tango.

Llegado a Buenos Aires, el joven Berón se fue ganando lugar en los oídos y el corazón de la gente a través de la radio, actuando en varias emisoras, con el formato de cantor solista con guitarras. Era la época en que la programación de las radios estaba cubierta con artistas en vivo durante toda la jornada, lo que otorgaba a muchísimos cantores, cancionistas y músicos en general, la oportunidad de darse a conocer por el gran público. También, hay que decirlo, muchos veces era sólo eso, o casi, ya que no siempre esas actuaciones eran bien remuneradas económicamente. La mayoría no llegaba al reconocimiento popular, pero a Raúl Berón le fue bien.

Fue sumado como cantor en 1939 por la orquesta dirigida por el bandoneonista Miguel Caló, que tenía la ventaja, desde dos años antes con un arreglador de los mejores: Argentino Galván; también para el joven Berón fue una gran suerte entrar en ese momento, ya que pronto esa agrupación renovó sus filas con jóvenes músicos del más sobresaliente talento, como el pianista Osmar Maderna o el violinista Enrique Francini (los más importantes y recordados, pero hubo más).

El cantor debutó con Caló en el disco (sello Odeón) el 29 de abril de 1942, grabando un enorme éxito: “Al compás del corazón”, tango de Domingo Federico y Homero Expósito; el disco tenía en su lado B, “El vals soñador”. Dos temas muy para el deleite de las jóvenes que iban a los bailes.

Entre los 28 temas que registró con esta orquesta sobresalen “Entre sueños”, “Lejos de Buenos Aires”, “Tristezas de la calle Corrientes”.

Dejó a Caló, a cuya formación volvió momentáneamente una vez, para integrarse a la orquesta del pianista y compositor Lucio Demare. Con este conjunto grabó versiones antológicas de tangos como “El pescante”, “En un rincón”, “Qué solo estoy”, “Una emoción”, “Y siempre igual”. No fue Berón quien entonó y grabó en esa orquesta los tangos más célebres de su director, como “Malena” o “Mañana zarpa un barco”. No tuvo esa suerte. Pero sí cantó y grabó un par de grandes temas del pianista como el tango “Tal vez será su voz”, con letra de Homero Manzi, y el vals “No nos veremos más”.

Otra etapa importante en la trayectoria de Berón fue la de su vinculación con Francini-Pontier, el binomio formado por el violinista Enrique Mario Francini y el bandoneonista Armando Pontier, salidos de la orquesta de Caló y que, como el cantor, provenían de Zárate.

El Tango Bar, café con palco orquestal que se convertiría en un templo del género, contó con la actuación de la Orquesta Francini-Pontier el día de su inauguración, en 1945.

Esa agrupación tuvo la audacia de asumir una concepción musical muy orientada a la vanguardia, aunque sin salirse de la raigambre de la estructura del tango. Con ella Berón grabó, entre 1946 y 1949, un total de 13 temas como solista, además de otros tres a dúo. Sin embargo, su repertorio fue relativamente pobre, marcando un contraste innegable con los trascendentes temas que le asignaron a Roberto Rufino. Lo más interesante de la discografía de Berón con Francini-Pontier es “Y dicen que no te quiero”, “Como tú”, “Remolino” y “Uno y uno”.

Luego llegó la fulgurante incursión de Berón en la orquesta de otro bandoneonista: Aníbal “Pichuco” Troilo, que por entonces ya no era tan joven, y cuya agrupación llevaba años trabajando muy bien y siempre entre las preferidas por el público.

La conjunción de esa orquesta con la voz de Raúl Berón es probablemente la más venerada del tango, en la opinión del recordado periodista Julio Nudler, que dedicó mucho trabajo a favor del género tango.

En la orquesta de Troilo sí tuvo oportunidad de destacarse con temas importantes, no podía ser de otra manera. Entre las versiones más admirables mencionaremos algunas como “De vuelta al bulín” e “Ivette”, que eran viejos tangos de Pascual Contursi, y obras nuevas como “Discepolín”, conmovedor homenaje que Troilo y un moribundo Manzi le rindieron en vida a Enrique Santos Discépolo, el genial letrista de “Yira yira” y “Cambalache”, que también fallecería pocos meses más tarde.

Por esos años la voz del cantor, sometida a un empleo continuo, sin las pausas suficientes, por el consolidado éxito de Troilo, comenzaba a dar señales de fatiga.

Pero la fatiga de su voz no fue lo único que afectó lo que hoy podemos escuchar en los discos de esa época: también conspiraron las condiciones técnicas del sello TK, en el que había pasado a grabar la orquesta, condiciones técnicas que estaban bastante lejos de ser las más avanzadas y mejores.

Salvo un reencuentro en 1963 con Caló, Berón no volvió a incorporarse a ninguna orquesta. De toda esa etapa crepuscular pueden destacarse registros suyos de “Yo quería ser feliz” y “Porque soy reo”, con orquesta dirigida por Argentino Galván.

Tenía registro de tenor y un timbre de voz aterciopelado, y también estirpe gardeliana, características que supo aprovechar a su favor por años. Y por ende, también, favoreciendo a los que gustamos del buen canto y del buen tango.

El amplio y variado repertorio de Berón ilumina claramente que era capaz de cantar todos los temas y climas del género tango, desde los dramáticos a los festivos, que abordó siempre con buen gusto y mesura. Fue un cantor de tono íntimo, cálido, que supo moverse siempre en el circuito del tango más elaborado.

“Perteneció a una hornada de cantantes inteligentes, finos y cuidadosos, que incluyó a Alberto Marino, Oscar Serpa, Carmen Duval, María de la Fuente y otros. Quizá pueda reprochársele cierta oscuridad en la emisión, que por momentos dificulta la comprensión de las palabras”. *

Fue, para muchos, el mejor cantor de orquesta que tuvo el tango, aunque otros grandes vocalistas, como Floreal Ruiz o Roberto Goyeneche, le disputen -en las discusiones de los sabedores- ese cetro. De todos modos, consideramos que estas cosas siempre son materia opinable, y más cuando las “cuestiones de gustos” son tan subjetivas e interviene tanto la apreciación de las capacidades para cantar (de apreciación no tan subjetiva) como también el tipo de voz, cuestión en la que sí interviene mucho la subjetividad inconciente de cada persona que emite opinión.

Todo lo que repasamos en esta nota son razones poderosas para seguir disfrutando del arte vocal que legó para los tiempos Raúl Berón. Para los que hacemos la Revista AquíDevoto, este cantor está entre los más preferidos cantores de orquesta, coincidimos con esa opinión que, mencionábamos, es bastante habitual entre los tangueros. Sigamos siempre disfrutando de sus grabaciones con las varias importantes orquestas, ya sea sólo escuchando atentamente como también, los que saben, haciendo extensivo el disfrute a todo el cuerpo a través del baile.

* Esta nota fue redactada en base a la nota de Julio Nudler que se encuentra en www.todotango.com