Falleció Stephen Hawking
                           Q. E. P. D.                     

 

Stephen Hawking, el físico más conocido mundialmente en las últimas décadas, falleció el 14 de marzo, en su casa de Cambridge, en Inglaterra. Cambridge es una ciudad universitaria muy antigua, y está aproximadamente a 80 km de la ciudad de Londres. Hawking tenía 76 años; si se hubiesen cumplido los pronósticos médicos, no debería haber superado los 25 años y no hubiese llegado hacer todo lo que hizo y a ser el importante científico que fue. La muerte fue anunciada la misma mañana del 14 por sus hijos, y no informaron causas de la muerte, aunque dijeron que “expiró en paz”.

Este científico enfocó su obra en las leyes básicas que gobiernan el universo. Y llegó a ser miembro de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Stephen William Hawking había nacido el 8 de enero de 1942 en Oxford. Fue el mayor de los cuatro hijos del prestigioso biólogo Frank Hawking y de Isobel Walker, matrimonio que había llegado a la ciudad universitaria huyendo de los bombardeos alemanes sobre Londres. La infancia estuvo  marcada por la vida bohemia de una familia cuyo coche familiar era un clásico taxi negro londinense. Después del nacimiento de Stephen, la familia volvió a Londres, donde su padre encabezaba la división de parasitología del Instituto Nacional para la Investigación Médica. En 1950 se mudaron a St Albans, y allí acudió al instituto de St Albans, donde hizo sus estudios básicos. Allí fue un estudiante mediocre, pero su brillantez fue reconocida por sus compañeros: lo apodaron "Einstein", por su facilidad para comprender la ciencia.

Stephen tuvo dos hermanas menores, Philippa y Mary, y un hermano adoptado llamado Edward.

En un primer momento, Hawking quiso estudiar matemáticas en la Universidad, inspirado por su profesor, pero su progenitor quería que estudiara en el University College de Oxford, como él había hecho. Al no existir un profesor de matemáticas en aquel momento, en el college no aceptaban estudiantes de esa disciplina, por lo que Hawking se matriculó en ciencias naturales y consiguió una beca. Una vez en el University College, se especializó en física. Su interés en esa época se centraba en la termodinámica, la relatividad y la mecánica cuántica. Su tutor de física, Robert Berman, dijo posteriormente en The New York Times Magazine: “Solo le bastaba saber que se podía hacer algo y él era capaz de hacerlo sin mirar cómo otros lo hacían... Por supuesto, su mente era completamente diferente de las de sus coetáneos”.

Se matriculó en matemáticas y física en Oxford en 1959, estudios que encontró tan fáciles que, según él mismo calculó, sacó adelante con sólo mil horas de estudio: una hora cada día.

Solo la cosmología capturó de verdad su interés, pues esta especialidad encara de frente y plenamente la gran pregunta del origen del universo. A ella dedicó sus estudios de posgrado en la universidad de Cambridge, a la que ha seguido vinculado hasta el final. Allí empezaron a agudizarse los síntomas que ya había detectado en Oxford: dificultad al hablar o, por ejemplo, al atarse los cordones de los zapatos. En 1964, un año después de alcanzar su Licenciatura, le fue diagnosticada una grave enfermedad.

Tenía 22 años cuando le dijeron que tenía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que es una enfermedad neurodegenerativa. Los médicos le señalaron que le quedaban sólo dos años de vida. Es una enfermedad para la que aún hoy no hay cura, sólo algunas acciones para retardarla un poco, y paliativos.

Sin embargo, para sorpresa de todos, vivió 54 años más. Además, los vivió sin abandonar su importante actividad. Gracias a su rotunda determinación de vivir, y a su gran fuerza de voluntad.

Pasó los siguientes dos años (esos mismos dos años del oscuro pronóstico… ¿casualmente?) con más dedicación a escuchar a Wagner, leer ciencia ficción y beber, que a investigar. Cuando la enfermedad pareció estabilizarse regresó con entusiasmo al estudio para su doctorado de física, con la gran ayuda de su tutor,  Dennis William Sciama, y a la investigación. Logró su doctorado en física en Cambridge en 1966 y con los años y el constante trabajo alcanzó más de una docena de títulos honorarios.

A medida que la terrible enfermedad avanzaba (se va agravando, por eso se la denomina “degenerativa”) le iba limitando su capacidad de moverse, cada vez más: primero lo obligó a moverse en una silla de ruedas; tiempo más tarde fue incapaz de hablar sin la ayuda de un sintetizador de voz que le diseñaron especialmente.

De esa manera, con una voz robótica, pudo vencer al silencio, y este detalle singular redondeó al asombroso personaje, que fue alcanzando fama mundial, y rango de leyenda.

 “Aunque había una nube sobre mi futuro, encontré, para mi sorpresa, que disfrutaba más de la vida en el presente de lo que la había disfrutado nunca”, dijo en una ocasión.

En 1965 se casó con Jane Wilde, estudiante de filología. Ese matrimonio, del que nacieron sus tres hijos y que Hawking definió como “un punto de inflexión” en su vida, tuvo final en 1990. Hawking se volvió a casar en 1995 con Elaine Mason, una de sus enfermeras. El anterior esposo de Mason era el que había creado el sintetizador de voz que usaba el científico. Jane Wilde escribió un libro sobre su vida con Hawking en el que le describía como un “emperador todopoderoso” que encontró en su segunda mujer a “alguien dispuesta a adorarlo a sus pies”.

Sin embargo, en los primeros años de la década pasada, tras una serie de visitas al hospital por misteriosas lesiones, la prensa empezó a publicar historias, respaldadas en relatos de diversas enfermeras, sobre supuestos abusos físicos por parte de Elaine a su marido, que él siempre negó, negaciones por la cuales la Justicia no avanzó en investigaciones. En 2006 se divorciaron.

Hawking saltó a la fama junto a su colega Roger Penrose a finales de la década de los sesenta. El motivo, su teoría de la singularidad del espacio-tiempo. Los dos físicos aplicaron un nuevo y complejo modelo matemático creado a partir de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. Esto llevó a Hawking, en 1970, a probar el primero de sus varios teoremas de singularidad, que proveen una serie de condiciones suficientes para la existencia de una singularidad espaciotemporal en el espacio-tiempo. Este trabajo mostró que, lejos de ser curiosidades matemáticas que solo aparecen en casos especiales, las singularidades son una característica bastante genérica de la relatividad general. Es como si aplicasen la lógica de los agujeros negros al universo entero

Hawking fue uno de los más jóvenes en ser elegido miembro de la Royal Society, en 1974. Ese mismo año, visitó el Instituto de Tecnología de California (Caltech) para trabajar con su amigo Kip Thorne, que impartía clases allí. Hawking seguiría teniendo relación con Caltech, pasando allí un mes al año desde 1992, hasta su muerte.

Luego de analizar emisiones de rayos gamma, Hawking sugirió que después del big bang se formaron diminutos agujeros negros primitivos. Junto con Bardeen y Carter, propuso las cuatro leyes de la termodinámica de los agujeros negros, trazando una analogía con la termodinámica. En 1974, calculó que los agujeros negros debían de crear y emitir térmicamente partículas subatómicas, lo que actualmente se conoce como radiación de Hawking, hasta que gastan su energía y se evaporan. La definición de esa radiación

Su más famoso hallazgo científico fue el del fenómeno que se conocería como la radiación Hawking, por la que los agujeros negros desprenden energía hasta desaparecer.

En 1985, una neumonía empeoró su salud, los médicos le hicieron una traqueotomía, y esto obligó  a respirar por un tubo. Nunca más pudo usar su voz. El físico logró comunicarse gracias a un artefacto electrónico, el sintetizador de voz que ya mencionamos.

Paulatinamente fue perdiendo el uso de sus extremidades, así como el resto de la musculatura voluntaria, incluyendo la fuerza del cuello para mantenerse con la cabeza erguida; con todo esto su movilidad se tornó prácticamente nula. Iba inexorablemente hacia la parálisis total, la que le habían pronosticado los médicos, aunque 50 años después de lo que debería haber sido. La silla de ruedas que utilizaba en público estaba controlada por un ordenador que manejaba a través de leves movimientos de cabeza y ojos. Con la contracción voluntaria de una de sus mejillas, componía palabras y frases en su sintetizador de voz; el deterioro de su estado le llevó a poder comunicarse con un  ritmo muy lento: una palabra por minuto. Por esto, a finales de 2011 solicitó ayuda técnica a la compañía Intel para la mejora del sistema de predicción de palabras.

Los últimos tiempos, el control de su cuerpo quedó reducido solamente a la flexión de un dedo y el movimiento de los ojos.

Además de por su brillantez y sus cualidades divulgativas, Hawking se convirtió en una referencia mundial por la obstinación con que se agarró al mundo.

Mientras la labor de otros prestigiosos científicos transcurre en la sombra, la rara enfermedad y su modo de afrontarla fueron un elemento importante para ascender a Hawking a la categoría de figura de culto para el gran público. Contribuyó también a su enorme popularidad su idea, casi obesesiva durante años, de que la ciencia descubriría algún día “la teoría del todo”, que desarrolló en su libro “Breve historia del tiempo / Del Big Bang a los agujeros negros”, publicado en 1988. Esta obra se volvió un éxito de ventas a nivel internacional, convirtiendo a su autor en una de las mayores celebridades del mundo científico desde Albert Einstein.

Como uno de los sucesores de Isaac Newton y como Profesor Lucasiano de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, Hawking estuvo involucrado en la búsqueda del gran objetivo de la física: una “teoría unificada”. Elaborar una teoría como esa resolvería las contradicciones entre la Teoría General de la Relatividad de Einstein, que describe las leyes de gravedad que gobiernan el movimiento de los grandes objetos, como los planetas, y la Teoría de Mecánica Cuántica, que enfoca el mundo de las partículas subatómicas.

Hawking encaró esa búsqueda casi como una misión religiosa: dijo que encontrar una teoría del todo le permitiría a la humanidad “conocer la mente de Dios”. Stephen Hawking utiliza repetidamente la palabra “Dios”  en su discurso público de divulgación científica, pero años después de aquel libro tuvo que explicar que menciona a Dios solamente en sentido metafórico (su ex esposa en un libro lo había acusado de usarlo solamente con objetivos de marketing, porque Hawking en realidad es ateo). "No soy religioso en el sentido normal de la palabra. Creo que el Universo está gobernado por las leyes de la ciencia. Esas leyes pudieron haber sido creadas por Dios; pero Dios no interviene para romper las leyes”.

En 2010 el científico aseguró en su libro “El gran diseño”, escrito junto a Leonard Mlodinow, que la física moderna descarta a Dios como creador del universo, tal como en el pasado lo hizo el darwinismo, que echó por tierra las ideas de Dios como creador de los seres vivos. En algunas partes de ese libro Hawking dice que una nueva serie de teorías torna superfluo pensar en la existencia de un creador del Universo, que Dios no creó el Universo y que el Big Bang fue la consecuencia inevitable de las leyes de la física. “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que haya algo en lugar de nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos. No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el Universo”.

La publicación de esos extractos de aquel libro (“The Grand Design”) en los que manifiesta básicamente que Dios no creó el Universo, causó una fuerte polémica y críticas por parte de los representantes de numerosas religiones.

“Una teoría unificada completa y consistente es sólo el primer paso: nuestra meta es un entendimiento total de los eventos a nuestro alrededor, y de nuestra propia existencia”, escribió en "Breve Historia del Tiempo".

En una ocasión explicó: "Mi objetivo es la comprensión completa del universo, por qué es como es, y por qué existe".

Sin embargo, en sus últimos años insinuó que podría no existir una teoría unificada.

Antes de "Breve Historia del Tiempo" ya había publicado otras dos obras, una en 1969 y otra en 1973.

A “Breve Historia…” le siguieron al menos otras 13 obras científicas y divulgativas. Una de ellas es una secuela mucho más accesible: “El Universo en una cáscara de nuez” (de 2001). Allí actualizó a los lectores en conceptos como la súper gravedad y la posibilidad de un universo de 11 dimensiones. Otras fueron:

 “Agujeros negros y pequeños universos y otros ensayos” (1993), “La naturaleza del espacio y el tiempo” (1996, escrita con Roger Penrose), “A hombros de gigantes, los grandes textos de la física y la astronomía” (2002), “El futuro del espaciotiempo” (2003), “Pérdida de información en agujeros negros” (2005), “Brevísima historia del tiempo” (2005), “Dios creó los números: los descubrimientos matemáticos que cambiaron la historia” (2005), “El tesoro cósmico” (2009), y “El gran diseño” (The Grand Design, en 2010), escrito con Leonard Mlodinow.

Alrededor del año 2004 propuso su nueva teoría acerca de las simas o agujeros negros, un término que por lo general se aplica a los restos de estrellas que sufrieron un colapso gravitacional después de agotar todo su combustible nuclear. Según Hawking, el universo está prácticamente lleno de pequeños agujeros negros y considera que estos se formaron del material original del universo.

En 2006, junto a Thomas Hertog de la CERN (el gran colisionador de hadrones que está debajo de la superficie en Europa, y que pudo probar la conocida como “partícula de Dios”, entre otros avances), Hawking propuso una teoría basada en la top-down cosmology, según la cual el universo no tenía un único estado inicial y, por tanto, los físicos no deben pretender formular una teoría que explique la configuración actual del universo sobre la base de un estado inicial en concreto.

En enero de 2014 presentó un polémico artículo defendiendo que no existían los agujeros negros. Al menos que no existían de acuerdo con cómo se habían entendido hasta entonces. Un agujero negro es un lugar de gran densidad y energía. La teoría hasta entonces decía que a partir de un punto, la energía (la luz) no podría escapar a la gravedad del agujero negro. Hawking argumentó, en cambio, que sí podría, que no existía un horizonte de sucesos, un punto de no retorno, sino un horizonte aparente. Así, el agujero negro contendría la energía durante un tiempo, antes de dejarla escapar.

El director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Rafael Rebolo, recuerda a Hawking como una "mente brillante atrapada en una jaula", después de mantener relación con él en sus tres visitas a sus instalaciones. De esa relación surgió la idea de nombrarle profesor honorario del IAC, cosa que el británico aceptó encantado. “Tenía grandes inquietudes y siempre trataba de formular preguntas sobre nuestro trabajo, sobre si encontraríamos planetas similares a la Tierra”, rememora Rebolo, que no olvida la primera pregunta que le hizo el famoso astrofísico, sobre si los telescopios Cherenkov que se están instalando en La Palma podrían corroborar la llamada “radiación de Hawking”, llamada así en su nombre.

En una entrevista concedida a EL PAÍS en 2015, el físico se refirió a la vida extraterrestre, una de sus últimas obsesiones. “Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado se parecería mucho a lo ocurrido cuando Colón desembarcó en América: a los nativos americanos no les fue bien. Estos extraterrestres avanzados podrían convertirse en nómadas, e intentar conquistar y colonizar todos los planetas a los que pudiesen llegar. Para mi cerebro matemático, de números puros, pensar en vida extraterrestre es algo del todo racional. El verdadero desafío es descubrir cómo podrían ser esos extraterrestres”.

Durante años, y más insistentemente en sus últimos años de vida, el científico británico advirtió que la humanidad enfrenta una serie de amenazas que podría llevar a su extinción, desde el cambio climático hasta la destrucción nuclear, virus genéticamente diseñados, seres extraterrestres e incluso los robots. Debido a estos problemas, Hawking afirmaba que la vida del ser humano en la Tierra solo durará unos 100 años más “si tenemos suerte”.

Todos esos últimos años la discapacidad de Hawking le impedía hacer los tediosos cálculos necesarios para mantenerse liderando su área de investigación, y por eso se concentró en generar nuevas y frescas ideas en lugar de hacer cálculos difíciles, que eran ejecutados por sus estudiantes.

La excepcionalísima combinación del apabullante intelecto de Stephen Hawking, su intuición, su fuerza y su sentido del humor, combinados con una destructiva enfermedad, convirtieron a este ser en “el” símbolo de las infinitas posibilidades de la mente humana, y de su insaciable curiosidad.

Su vida, en lo profesional y en lo personal, fue un constante desafío a los límites. Hawking viajó por todos los continentes, incluida la Antártida. Celebró su 60 cumpleaños subiendo a un globo aerostático. Cinco años después, probó la gravedad cero a bordo de un Boeing 727. Cuando le preguntaron por qué hacía todo eso, respondió: "Quiero demostrar que la gente no debe estar limitada por discapacidades físicas, siempre que su espíritu no esté discapacitado".

Ganó premios, entre ellos el Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2016. El Prenio Nobel no llegó a tiempo, tal vez porque su especialidad (la astrofísica) es una parte muy específica y en gran medida novedosa de la física.

Se convirtió en una suerte de ícono de la cultura popular, como demuestra la cantidad de estrellas del cine y de la música que expresaron sus condolencias por la muerte del respetado científico. Hawking apareció en la serie “The Big Bang Theory”, de la que se declaraba fan. Aparece brevemente con su misma identidad en un capítulo de la quinta temporada, y en otro de la sexta sólo se oye su robótica voz.

Su figura tiene una aparición dibujada con el estilo de Matt Groening en “Los Simpson”, donde le dice a Homero, el personaje principal de la mundialmente famosa serie animada estadounidense: “Su teoría sobre el universo en forma de dónut (rosquita) es interesante, Homer. Puede que tenga que robársela".

También hubo una película en los cines, “La teoría del todo”, de 2014, de ficción (no documental) pero basada en la vida de Stephen Hawking, centrándose en su amor, su vida personal y sobre todo la superación de su enfermedad.

Y, por supuesto, en base a su obra se hicieron varias películas y series documentales.

En el ámbito de la ciencia se lo llamaba con respeto “Professor Hawking”. El año pasado, al cumplir 75 años dio una conferencia en la que hoy parece como que empezó a despedirse. Dijo: “Ha sido un momento glorioso estar vivo e investigar sobre física teórica. Nuestra imagen del Universo ha cambiado mucho en los últimos 50 años, y estoy feliz de haber hecho una pequeña contribución”.

El profesor Stephen Toope, vicerrector de la Universidad de Cambridge, también le ha rendido tributo con estas palabras: "El profesor Hawking fue una persona única que será recordada con cariño y afecto no sólo en Cambridge, sino en todo el mundo. Sus contribuciones excepcionales al conocimiento científico y a la popularización de la ciencia y las matemáticas han dejado un legado indeleble. Su personaje fue una inspiración para millones. Le echaremos de menos".

“Estamos profundamente entristecidos por el fallecimiento de nuestro padre hoy”, dijeron sus tres hijos, Lucy, Robert y Tim, en un comunicado publicado la mañana del miércoles 14, con el que hicieron público el deceso de Hawking. “Era un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado sobrevivirá por muchos años. Su coraje y persistencia, con su brillo y humor, inspiraron a personas por todo el mundo. En una ocasión dijo: ‘El universo no sería gran cosa si no fuera hogar de la gente a la que amas’. Le echaremos de menos para siempre”.